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DRAMATURGIA Y NARRATIVA DE LA MEMORIA
BLOG DE IVAN VERA-PINTO SOTO
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11 de Septiembre, 2017    General

EL TEATRO AFICIONADO EN IQUIQUE Y LA PAMPA

 

EL TEATRO AFICIONADO EN IQUIQUE Y LA PAMPA

Iván Vera-Pinto Soto

Cientista Social, pedagogo y escritor

 

 

Pedro Bravo Elizondo ha sido uno de los historiadores iquiqueños que nos ha dado suficientes pruebas que el Teatro Social tuvo un gran auge en el pasado, tanto en Iquique como en la pampa salitrera. Por lo mismo, podemos conjeturar que hasta el cuarto período del milenio anterior en nuestra ciudad y sus alrededores había una proliferación de agrupaciones teatrales y salas que satisfacían con creces la fuerte demanda del público local.

 

Desde nuestra lectura, todos estos espectáculos tuvieron un innegable valor, porque conformaron parte del tejido social y de la identidad regional, alcanzando una notoria resonancia en el ámbito cultural de Iquique y en las Oficinas Salitreras.

 

Es un hecho que gran parte de los miembros de este teatro aficionado fueron unos personajes idealistas, hicieron su quehacer por amor a su arte, ávidos a experimentar emociones nuevas, aventuras extravagantes, contar historias cándidas y también trágicas, sin mayores ambiciones económicas y bañados de una vocación desbordada de pasión.

 

Por lo demás, los relatos nos revelan que los integrantes de este tipo de teatro eran actores y directores dotados de buenas condiciones histriónicas, pero carentes de formación técnica-artística, sus dotes innatas los pusieron, de acuerdo con los estilos establecidos a la cabeza del teatro de comienzo del siglo XX, influidos por la mencionada “escuela de teatro española”, donde reinaba la improvisación de textos, la “morcilla”(jerga teatral que se traduce como las palabras o frases que improvisada y espontáneamente añade un actor al texto de su papel durante la representación), las chistes fuera de libreto, el histrionismo y el talento natural. No por todo ello, debemos quitarle mérito a sus labores y a sus producciones, pues éstas formaron parte del imaginario social de la gente y

contribuyeron a darle vida cultural a un territorio que vivió por esas décadas muchas penurias y sinsabores económicos y sociales. Hay quienes dicen que el teatro chileno se ha basado en la inmensa labor desplegada por el teatro no-profesional por muchísimos años y los antecedentes históricos así lo comprueban.

 

Con relación al anterior planteamiento, estimamos que aún hay una deuda por parte de la historiografía teatral chilena, pues son pocas las investigaciones que legitiman el quehacer teatral de este período y de sus hacedores aficionados.  

 

Algunos académicos pertenecientes a las casas universitarias decanas de la capital, con algo de desdén concluyen que el teatro nacional se inició con la creación de las escuelas de teatro universitario y con ello certifican que el teatro “serio, académico y profesional” solamente pudo existir en esos espacios restringidos de la sociedad chilena; por lo mismo, deducen que es una tarea inoficiosa investigar sobre las décadas anteriores y menos de lo que haya sucedido en provincias.

 

Para refutar dichas creencias es preciso analizar la importancia que tuvo el teatro aficionado para el público masivo en las décadas de 1910 y 1920, en un ambiente donde eran exiguas las alternativas para disfrutar del teatro, debido a que la ópera y la zarzuela extranjera -que en otrora tuvieron éxito- ya se batían en retirada y la población estaba divorciada socialmente de esa cultura elitista.

 

Para terminar, debemos reconocer que el teatro fue un ejemplo de especial distinción en esos años de crisis económica. Así lo atestigua Sergio González en su texto “Iquique Puerto Mayor” (1995): “Si bien el teatro tiene raíces en las Filarmónicas primero y en los partidos y movimientos obreros después, especialmente bajo la figura de Luis E. Recabarren, en los treinta y cuarenta, las compañías teatrales tuvieron un auge en todo el Norte Grande y en Iquique en particular. También, en los años cuarenta llamó la atención nacional la organización de la “Semana Tarapaqueña” en Iquique; en las décadas siguientes las Fiestas de la Primavera y los carnavales”. (66)

 

Estas consideraciones prueban que no siempre los ciclos económicos van de la mano con los estadios de desarrollo del arte y la cultura. Al parecer este tema es mucho más complejo y merece un análisis profundo. Pues si bien la cultura y el arte no son “transhistóricos”, sino que, por el contrario evolucionan y se determinan mutuamente, pero también hay que considerar que la historia del arte nos ha demostrado que no necesariamente los períodos de prosperidad y crisis económica afectan de manera directa a la creación y la producción en esta materia. Eso nos explica que la relación entre cultura y sociedad es conflictiva, desigual y compleja. Es claro que los análisis deterministas de la cultura y de la economía no conceden lugar alguno a la libre intervención humana o a los factores endógenos de cada cultura, ya sea en la creación de instituciones económicas y políticas, o en la elección de creencias y valores. Sobra con revisar la historia del teatro europeo del siglo XX para darnos cuenta que, precisamente, en los momentos de crisis (guerras mundiales) -aunque resulte paradójico- se han generado importantes movimientos teatrales, obras, sistemas, escuelas, líderes y prácticas que se han convertido en los principales soportes del teatro contemporáneo y universal. Algo parecido ha ocurrido en el teatro latinoamericano que frente a las crisis políticas, económicas y sociales, el teatro se ha transformado en un momento en bisagra que ha dado origen a una explosión del teatro social que interpreta las demandas de los sectores marginados y explotados de cada país.

 

Ante ello resulta oportuno puntualizar que, el arte y, en especial, el teatro, constituyen mecanismos a través de los cuales los ciudadanos, las comunidades y las regiones se definen a sí mismos. En este caso, podemos suponer que el teatro de ese período buscó satisfacer en un sentido social a la identidad de una colectividad, convirtiéndose, a su vez, en un vehículo para despertar la capacidad colectiva a definir el derecho a hacer suya la manifestación artística, como una necesidad básica.

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publicado por goliath a las 16:27 · Sin comentarios  ·  Recomendar
 
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