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DRAMATURGIA Y NARRATIVA DE LA MEMORIA
BLOG DE IVAN VERA-PINTO SOTO
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22 de Noviembre, 2015    General

VIDEO CANCION DE CUNA PARA UN ANARQUISTA

Palabras claves ,
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22 de Noviembre, 2015    General

Testimonios del Teatro Expresión

Palabras claves ,
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24 de Abril, 2011    General

ARTICULO: TEATRO GLOBALIZACION

Palabras claves ,
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24 de Abril, 2011    General

ARTICULO : LA SAGA DE LOS PAMPINOS

LA SAGA DE LOS PAMPINOS... Continuar leyendo

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23 de Abril, 2011    General

LA SINIESTRA HISTORIA DEL SEÑOR DE LARA


1
la siniestra historia del señor de lara
2
iván vera-pinto
3
la siniestra historia del señor de lara
4
iván vera-pinto
La Siniestra Historia del Señor de Lara
Iván Vera-Pinto Soto
ISBN 978-956-302-058-8
Propiedad Intelectual Nº 179729
Edición, Diagramación y Estilo
Miriam Salinas Pozo
Secretario Ediciones Campvs
Pedro Marambio Vásquez
Impresión
Hernán Jeraldo Jorquera
Compaginación
José Castillo Jara
Imprenta Universidad Arturo Prat
Ediciones Campvs
Universidad Arturo Prat
Av. Arturo Prat 2120
Fonos 57-394 382 / 394 272
Iquique. Región de Tarapacá
Chile
Abril 2009
5
la siniestra historia del señor de lara
La Siniestra Historia
del Señor De Lara
Iván Vera-Pinto Soto
6
iván vera-pinto
7
la siniestra historia del señor de lara
ÍNDICE
A Modo de Prólogo......................................................................................9
Presentación............................................................................................. 13
Escena I
El Despertar...................................................................................................... 23
Escena II
la Muerte Acecha............................................................................................. 27
Escena III
Amor y Turbulencia........................................................................................ 31
Escena IV
La Cena.............................................................................................................. 37
Escena V
La Promesa........................................................................................................ 42
Escena VI
Revuelta y Engaño........................................................................................... 45
Escena VII
Tiempo de Sangre............................................................................................ 48
8
iván vera-pinto
Escena VIII
El Secreto........................................................................................................... 53
Escena IX
La Fuga............................................................................................................... 57
Escena X
Sueño de Libertad............................................................................................ 61
Escena XI
El Fantasma Acecha........................................................................................ 64
Escena XII
El Levantamiento............................................................................................. 69
Escena XIII
La Partida .......................................................................................................... 71
Escena XIV
Epílogo............................................................................................................... 75
9
la siniestra historia del señor de lara
A MODO DE PRÓLOGO
Iván Vera-Pinto, es un hombre de reconocida trayectoria en el
ámbito de la cultura de la región y particularmente en el mundo del teatro,
donde ha sido autor, actor y director de diversas y prestigiadas obras. Se
podría decir que el teatro iquiqueño está ligado a Iván Vera-Pinto y que él
ha hecho de esta expresión de la cultura un factor de acercamiento entre
las personas, proximidad que trasciende las edades, las clases sociales, las
diferencias culturales.
En sus obras se ejercen el imaginario, la sensación, la sensibilidad,
la emoción, la pasión; siempre con la vista puesta en una interpretación
del mundo, de la vida, de la muerte, del amor, del pasado, para conseguir
construcción de una representación lo más coherente posible de la
identidad, de los acontecimientos, del contexto, del tiempo y del espacio.
¿Qué carajo pasa? Es lo que Vera-Pinto en esta obra intenta desentrañar
en la profundidad de las emociones, en esos radicales sentimientos que
mueven a las personas, en aquellos motivos que sustentan la biografía de
personajes que adquieren una dimensión de universalidad. Amor, odio,
deseo, decepción, alegría, tristeza, dolor, engaño, son los ingredientes que
conforman la naturaleza humana y que explican el sentido profundo de
sus vidas. A la vez estos mismos son los elementos que conforman y van
tejiendo los vínculos personales, los acontecimientos sociales, políticos,
culturales. En fin, el engranaje social todo, sólo tienen sentido a través del
sentimiento personal, de la vivencia, convivencia y expresión de las propias
emociones. En la trama de la obra, que es la trama de la vida, el imaginario
personal se va vinculando con el imaginario colectivo y universal
10
iván vera-pinto
“La Siniestra Historia del Señor De Lara”, tiene un profundo sentido
evocador, es la memoria testimonial, social, colectiva. Podemos reconocer
en ella hechos y realidades de un periodo histórico de esta nuestra
América Latina. Entremezcladas con las historias personales se va poco a
poco haciendo manifiestos hechos y acontecimientos, con los cuales nos
vamos identificando por constituir procesos de construcción colectiva,
cimentación estéticamente presentada en un transcurso no lineal de los
sucesos: La memoria.
Valladares no es un mundo lejano que evoca inquietudes, sino que es
un espectáculo de ficción en que se asienta la puesta en escena de un mundo
a la vez cercano y desfasado del mundo real, pero que al mismo tiempo
nos expone la indispensable proximidad con las imágenes que cada uno de
nosotros puede evocar nítidamente en los recuerdos de acontecimientos
vividos personalmente o referidos por cercanos significativos.
“La Historia del Siniestro Señor De Lara”, es una obra donde están
presentes las más hondas, radicales y paradójicas emociones humanas.
Las contradicciones vitales, existenciales, explican y dan sentido a las
situaciones, al contexto de esta fábula. En la creación se entrecruzan
historias de amor y de odio, de deseo y decepción, pero también de
sufrimiento y liberación.
El amor no siempre es como lo imaginamos o lo anhelamos; no
siempre es todo lo maravilloso y cautivante que lo soñamos y creemos.
A veces resulta ser todo lo contrario, encontramos en ello desilusión; en
vez de sentirnos ligado al otro, responsable del otro, a veces resultamos
decepcionado y desengañado. Surge entonces, la sombra de la muerte, la
muerte que se expresa de distintas maneras, no es la muerte aquella que
constituye el final de una trágica existencia, “el alejamiento definitivo de
este mundo plagado de odio y venganza”, sino más bien aquella que se
expresa en angustia y desesperación, en acontecimientos que tocan nuestra
puerta y que marcan profundamente nuestra existencia íntima, personal,
vital, a la vez que colectiva, social. La muerte se hace presente nítidamente
11
la siniestra historia del señor de lara
en la obra, pero también en la historia, es la muerte de una época nefasta
de injusticias, desesperación y convulsión social, que quisiéramos sea
definitiva.
Precisamente, la muerte es un concepto central de la obra. Lo que ha
ocurrido puede volver a ocurrir, o tal vez nunca ha cambiado y sólo se ha
disfrazado. Pero queremos que sea diferente, que la historia no se repita.
Por eso es necesario rememorar, interpelar, reflexionar… recrear. Por lo
mismo necesitamos teatro, para hacer la vida más digerible, aceptable.
Rehuir una realidad cotidiana demasiado agobiante, es uno de los caminos
por los que el teatro, la ficción maravillosa, alivia y en cierto modo libera a
lectores y espectadores.
El hombre, pasajero del tiempo y de los días, que quiere estar más
allá de sus propias circunstancias, que sueña con mundos ya idos, que vive
la ilusión de una vida hermosa donde el sufrimiento no tiene cabida, queda
atrapado en las contradicciones de su existencia, cree haber superado
emociones ya idas, pero sospecha que están por allí, al acecho, y que si
aparecen pueden significar su ruina, su caída.
Esta historia -como nos lo hace presente el propio autor- es una
historia triste, aunque no una triste historia. Dolientes son los hechos y
las motivaciones; pero, también, es una historia esperanzadora, porque se
mueve de las emociones y los sentimientos, a la reflexión, a la meditación,
que es el terreno donde surgen las grandes y mejores convicciones… porque
“La vida no vale nada si no tienes una razón para vivir”.
Juan Luis Cerda
12
iván vera-pinto
13
la siniestra historia del señor de lara
PRESENTACIÓN
Recuerdo que cuando niño una de las buenas entretenciones que
compartíamos en el barrio -principalmente en las eternas noches de
vacaciones- era inventar breves fábulas que intentaban sorprender y atrapar
a los cautivos receptores. Posteriormente, creo que esta afición infantil de
“cuenta cuentos”, me impulsó, casi de manera mágica, a explorar las artes
de la representación, en las últimas cuatro décadas. Hoy en día, siento
que escribir historias teatrales es la mejor pasión solitaria que tengo y que
decididamente pienso seguir cultivando hasta mis últimos momentos de
existencia.
Es posible que “La siniestra historia del señor De Lara”, mi reciente
creación, resulte argumentalmente muy triste, pero creo que no podía ser
de otra manera; puesto que sus personajes y anécdotas surgen desde ese
ambiente tétrico y doliente, propio de un período histórico que dejó en
muchos hombres y mujeres sendas cicatrices en sus vidas.
Debo confesar que desde el momento que decidí escribir esta
historia, ella fluyó en mi mente con una celeridad asombrosa; como
si misteriosas voces me murmuraran al oído lo que tenía que redactar.
Es muy posible que esta extraña sensación me sucediera porque existe
en esta pieza muchas situaciones y signos que desentierran contextos
históricos y personajes que en algún momento cruzaron mi existencia
e imaginario personal. En el fondo, el proceso de creación consistió en
reelaborar experiencias transmitidas por diferentes fuentes y fragmentos
ajenos –mezcla de realidad y ficción– con la intensión de recrearlos para
14
iván vera-pinto
despertar, idealmente, tanto en el lector como en el espectador una actitud
crítica y reflexiva.
Sin el propósito de analizar exhaustivamente la propuesta estética,
labor que le compete a otros, puedo sí señalar que para estructurar este
drama me basé en tres ejes fundamentales:
Primero, el tema de la muerte, plasmado en un escenario
latinoamericano violento y convulsionado, muy pertinente a los años
60: gobiernos dictatoriales, luchas sociales, ejecuciones, inequidades,
terrorismo de Estado, desapariciones de personas, dominación social y
económica por parte de terratenientes y capitalistas, entre otras constantes.
Sin embargo, la idea no es sólo hablar de esa muerte real y despiadada
que se dio como resultado de la crisis estructural y política de los países
de este continente; sino también, develar la otra muerte -la intestinal e
existencial- de algunos arquetipos sociales que simbolizan el poder, la
corrupción, la sórdida ambición, la avaricia y la crueldad, en cualquier
espacio geográfico.
En seguida -como antítesis del anterior concepto– está el amor.
En la obra este sentimiento, tan humano, se manifiesta poblado de
contradicciones y giros paradójicos. Se trata de un amor imprevisible y
mutable; casi siempre sujeto a contrasentidos y determinado por los
acontecimientos que viven los personajes. En ese marco, situamos como
punto de partida al amor juvenil e idílico de Carmen y Román. Afecto
que en el transcurso de los acontecimientos tomará diferentes rumbos
y matices (amor-odio, amor-pasión, amor-sueño y amor-esperanza);
provocando, en última instancia, inesperadas y trágicas consecuencias en
la vida de los amantes.
Del mismo modo, en el tejido social de estos seres, se presentan otras
opciones de amor que se mueven en aguas más turbias y torrentosas. Me
refiero a ese amor que no se habla públicamente, porque lo cubre el manto
del tabú: el amor incestuoso. Precisamente, De Lara, símbolo de la maldad
15
la siniestra historia del señor de lara
recóndita de la clase dominante de Valladares, carga a cuesta el secreto más
oscuro de su familia: el amor prohibido, la pasión y la culpa. Al mismo
tiempo, la presencia del doliente Aquino, fruto de la adolescente relación
entre hermanastros, se transforma para el despiadado sujeto en su karma
que le recuerda su “pecado” y traición.
Finalmente, el tercer aspecto clave lo constituye el mensaje
moralizador y utópico que contiene la obra, variable representativa del
teatro social contemporáneo. En este caso -valiéndome del discurso de los
“héroes” de la pieza- intento escudriñar en el pasado de nuestros pueblos,
para poder plasmar en el alegato dramático la utopía de un futuro mejor
y más justo, en especial para beneficio de la gente desposeída y explotada
socialmente en esta parte del mundo.
Ahora deseo depositar este texto en la orilla del mar, como si fuera un
barquito de papel, para que las eternas olas lo lleven a navegar libremente,
hasta que algún día llegue a un buen puerto y allí pueda despertar, quizá,
ardientes fulgores en el alma de los soñadores.
El autor
16
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la siniestra historia del señor de lara
El artista es testigo de su propia época, y no tiene la culpa
de ser un testigo de cargo.
Si es auténtico, el realismo ha de ser antinaturalista. El
verdadero realismo consiste en sacar fuera todo lo que se
tiene dentro, no esconder nada, no seleccionar.
Giulio Carlo Argan
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la siniestra historia del señor de lara
Dedicado a los ángeles de Julio Miralles
Mis sinceros agradecimientos a:
Miriam Salinas
Lautaro Cáceres
Alicia Rojas
Juan Carlos Rocha
Jeannette Baeza
Giovanna Díaz
Juan Luis Cerda
Actores Teatro Expresión
A la familia y amigos que me alientan
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la siniestra historia del señor de lara
LA SINIESTRA HISTORIA DEL SEÑOR DE LARA
PERSONAJES
De Lara
Carmen
Aquino
Román
Isaura
Menéndez
Mujer
Líder
Otros
(Esta historia pudo haber sucedido en un país sudamericano a finales de la década
de los sesenta).
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iván vera-pinto
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la siniestra historia del señor de lara
Escena I
El Despertar
(Al iluminarse el escenario, se descubre el ambiente de un dormitorio antiguo,
sombrío y austero. Sobre una cama metálica de perillas de bronce, duerme
Vittorio de Lara. Es un hombre de aproximadamente 60 años. Su aspecto es
duro, frío y cínico. Cubre su ojo izquierdo con un parche negro; este elemento
sólo lo usa en el tiempo presente. A lo lejos se escuchan disparos de escopeta y el
hombre se despierta asustado por una pesadilla) .
De Lara: ¿Qué carajo pasa? ¡Tropa de muertos de hambre; quieren
asesinarme para robarme! Mi dinero no lo tocarán nunca
(Saca detrás de la almohada una pistola). Tengo un solo
ojo pero no soy idiota y si se atreven a tocarme un peso les
volaré la cabeza con esta pistola. Desgraciados vienen a mí a
suplicarme para que los ayude y ahora me quieren degollar
como un cordero. Ya verán como les agujereo la barriga
de balazos (Sentada a los pies de la cama, se encuentra
una mujer de 35 años, pero muy acabada físicamente. En
sus manos lleva un pequeño conejo de peluche. De Lara
se sorprende con su presencia). ¿Y tú qué haces aquí tan
temprano? Aún no me levanto y ya estás a mis pies para
pedirme tu droga (Ríe maliciosamente y le acaricia sus
senos). Querida Carmen, ahora me perteneces; eres mi
esclava. No te queda otro camino. Ya no eres la bailarina
de ballet atractiva que a todos volvías locos. Ahora eres
una deplorable piltrafa humana que no te puedes ni
siquiera las piernas. Vives aquí encerrada, con tu mente en
otro mundo. Créeme, me das pena, mucha pena (Ríe. Se
sienta al borde de la cama y se despereza). Ahora no quiero
tener sexo contigo; hace mucho tiempo que no me atrae
24
iván vera-pinto
tu escuálido cuerpo. Es mejor que me traigas un café y
unas tostadas
(La mujer se levanta con dificultad y sale de escena en silencio a cumplir
la orden. Normalmente, sus movimientos son torpes y lentos. De Lara se
levanta, se despereza, se saca la parte superior del pijama, y luego se dirige
a encender una radio antigua que está sobre un mueble. Se escucha un vals
peruano; luego va hacia otro mueble donde tiene un fino lavatorio enlozado,
vierte agua de un jarrón y se lava la cara y los sobacos. De pronto, la música
se interrumpe y se escucha la voz de un locutor).
Locutor: ¡Extra, extra! Hace pocas horas, en la Región de Maldonado,
ocurrió un vil atentado contra el primer mandatario de la
nación, quien se encontraba en una importante reunión
con su alto mando militar. Informes preliminares no
confirmados señalan que estaría involucrado en este acto
criminal más de algún miembro de la comitiva presidencial,
ya que se hallaron en dichas dependencias restos de una
maleta que portaba una bomba de tiempo. Fortuitamente,
nuestro querido presidente sobrevivió a este infame ataque
de sus enemigos y ha sido trasladado inmediatamente
a un hospital militar para curar sus heridas en la cara y
en la mano. El atentado cobró cuatro víctimas y más de
diez heridos de consideración. Los últimos informes
que llegan a nuestra central de información señalan que
funcionarios de inteligencia acaban de detectar un centro
de operaciones de un movimiento sedicioso, creado,
supuestamente, por el ex Comandante de la Base Aérea
de Palo Blanco, Julio Martinelli, cuyo objetivo final era
aprovechar la confusión para que, en la capital, otro grupo
de oficiales dieran un golpe de Estado al gobierno militar.
En breve ampliaremos las informaciones (Sigue el vals).
25
la siniestra historia del señor de lara
De Lara: ¡Malditos traidores! Espero que lo agarren a ese Martinelli
y a sus secuaces, para hacerles pagar caro esta canallada.
Ojalá que atrapen a todos quienes están en contra del
régimen y los sentencien a muerte, sin proceso ni defensa
alguna. A esos perros, hay que aniquilarlos como lo hizo
Hitler, utilizando sogas de metal para que la muerte sea
lenta y dolorosa. Y ojalá que las ejecuciones sean vistas por
toda la población, para que sirva de escarmiento a otros
que pretendan hacer lo mismo (Se seca la cara y el cuerpo
con una toalla. Carmen vuelve con una bandeja en la cual
trae el café y las tostadas; la coloca en una pequeña mesa). ¿Le
pusiste una sola cucharada de azúcar? (La mujer asiente
con la cabeza). Bueno, ahora el ritual de siempre: primero
tomas tú un sorbo de café (Le da de beber) y después tu
papi. Ahora un mordisco de pan para ti (Le da de comer) y
luego para mí. No es que desconfíe, pero en estos tiempos
hay que tomar sus providencias; en cualquier momento tu
mejor amigo –como ese tal Martinelli- te da la puñalada
por la espalda (Toma su desayuno y la mujer se sienta a sus
pies. La queda mirando). Calma, no te angusties; es aún
muy temprano. Espera, deja tomar mi café y después te
atiendo (La mujer se abraza a sus pies). Está bien, no me
ruegues. Últimamente te has portado de buena forma y
yo siempre recompenso a mis amigos (Se dirige hacia
una caja de fuerte empotrada en la pared, cubierta por un
gran cuadro. Ingresa la clave y abre la puerta de la caja. En
seguida, extrae una jeringa y una droga. Prepara el inyectable
que luego coloca en el brazo de la mujer). Querida, ahí está
tu desayuno; ahora descansa.
(La mujer se recuesta en la cama. La escena es interrumpida por gritos
y piedras que vienen desde la calle. De Lara se levanta, apaga la radio y
va hacia una ventana para ver que ocurre. Se ilumina otra área donde se
26
iván vera-pinto
encuentra Aquino. Es un joven de unos 25 años, insano, inválido de la pierna
derecha y pobremente vestido. Por su limitación física, no puede permanecer
mucho tiempo erguido y se sienta habitualmente en el piso. En el transcurso
de la historia, tiene momentos de lucidez y otros de violencia).
Aquino: (Grita a personajes imaginarios) ¡Tíooo! ¡Tíooo Vittorio!
Esos “pendejos” que están ahí me están molestando ¡Me
están pegando, así! (Se golpea fuertemente en el pecho y en
la cara. Llora) . Me quieren quitar el pan que usted me dio;
me quieren pegar en la cabeza, así (Se golpea en la cabeza).
Los voy a agarrar y les voy a pegar con esta piedra, para
que les duela ¡Aaaay! (Golpea el piso con una piedra que
tiene en la mano. Se levanta y comienza a lanzar piedras al
foro, mientras vocifera palabras ininteligibles).
De Lara: (Enojado) ¡Termina de una vez Aquino con tu escándalo!
¡Si no tendré que encerrarte toda la semana en tu cuarto!
Aquino: No, tío, no me encierre. Le prometo que me voy a portar
bien. Tío, quiero que los mate con su pistola a esos
malditos que me están pegando, así (Se golpea el rostro).
No me dejan tranquilo, se ríen de mí y me tiran piedras…
De Lara: ¡Ya está bien! ¡Cálmate Aquino! Les voy a pedir a mis
hombres que se encarguen de esos desgraciados y les
revienten las bolas. Y ahora vuelve a casa (Paran los gritos
del enfermo. Se oscurece el ambiente del loco. De Lara
vuelve la mirada hacia la mujer). Y tú no te quedes ahí
como tarada estirada en la cama; tráeme el terno negro.
Hoy tengo una reunión muy importante con unos amigos
influyentes (La mujer intenta levantarse pero no puede;
cae desplomada en la cama) ¡Estúpida drogadicta! No sé
para qué mierda te tengo(Se dirige hacia un ropero y saca
un terno negro y una camisa blanca. Comienza a vestirse.
27
la siniestra historia del señor de lara
A lo lejos, se escucha el sonido de una banda de pueblo que
interpreta una música popular. Vuelve a proyectar a la mujer
y la amenaza). Cuando salga, no quiero que tomes nada.
Si te pillo robando en mí despensa, te cerceno el cuello
y después tu cabeza se la doy de postre a los buitres (Ríe.
Apagón).
Escena II
La Muerte Acecha
(Vuelve la luz al área de Aquino; éste realiza un paso caricaturesco, mientras
pasa un cortejo fúnebre. De pronto, se detiene y se cubre el rostro con sus manos.
Transición. Su habitual expresión deforme se transfigura a un semblante
lúcido y tranquilo. Su discurso en esta escena será muy racional y claro. La
comitiva quedará congelada. Todos los diálogos se desarrollarán de manera
paralela y estarán marcados con cambios de luces).
Aquino: Otra víctima más que se va de este mundo plagado de
odio y venganza. Otro degollado que se irá a descansar
para siempre con la muerte. Su cuerpo tieso se acurrucará
fuertemente a ella, como un animal sumiso y enfermo,
igual que los perros que me asedian, muerden y lamen mi
culo. En su fosa ya no verá la luz del sol ni las estrellas; sólo
le acompañarán las tinieblas y los gusanos en un eterno
festín de pellejos y harapos.
De Lara: (Enciende un habano) Amigos míos, escuchen: no me
interesa el número de víctimas. Si fueron 500.000 o
1.000.000 personas, me da lo mismo. Si muchas de esas
muertes no fueron consecuencias de los combates, sino
de las ejecuciones sumarias y “paseos”, eso es lo de menos.
28
iván vera-pinto
Está claro que ese es un problema de ustedes y de los
historiadores. Lo que a mí me interesa es continuar con
mi negocio, porque en toda época y en todo régimen, la
gente necesita plata para hacer funcionar el país. Yo sé
que ustedes están empeñados en reconstruir la nación y
aquí estamos nosotros para colaborarles, y por ello tener
una justa recompensa. Como ustedes saben, su servidor
no es más que un simple representante en esta región
de un consorcio mayor que puede auxiliarlos a parar la
insurrección, cubrir las deudas de su gobierno y darles
recursos para pagar a sus soldados y empleados. Mis socios
solicitan, a cambio, un tratamiento preferencial para las
inversiones de sus empresas. Bueno, no me voy a extender
en ese tema porque sé que ustedes platicarán directamente
con mis socios en la capital. En lo que a mí concierne,
lo único que les pido- por ahora- son algunos terrenos
que por estos pagos sobran. Con esos nuevos territorios,
podré ampliar mi fábrica de tabaco y, además, hacer otras
inversiones para ayudar al progreso de Valladares. Por
ejemplo, he pensado instalar el primer hipermercado en
la zona (Ríe satisfactoriamente).
Aquino: En esa época, las desapariciones de gente y los asesinatos
eran el pan de todos los días. La multitud estaba loca: se
mataban unos contra otros. Había manifestaciones en
las calles en pro y a favor del gobierno. Yo -cuando podía
escapar de la casa del tío Vittorio- vagaba por las avenidas,
aunque mi presencia no le importaba a nadie, ni siquiera a
la muerte que rondaba por todas partes.
De Lara: Señores: ¿Qué es el amor? ¿Qué significa la piedad? ¡Qué
palabras más raras y atroces ha inventado el hombre! ¿Para
qué sirve toda esa poesía? ¿De qué valen las religiones y
29
la siniestra historia del señor de lara
los sueños? Creo que en estos tiempos de crisis, a nadie le
interesa esos temas, menos a un hombre como yo que vive
de los negocios. Como diría algún poeta extraviado: yo
vivo en la otra vereda de la vida.
Aquino: (Ingresa al área De Lara) ¡Calla! Esas palabras son mías;
me las has robado. Yo soy el que vivo en la otra primavera:
la de los versos tristes y amargos. Pero a pesar de aquello,
siento que soy el único que puede desafiar al poder de la
muerte. ¡Bendita locura! Tío Vittorio, toma, aquí está el
mísero dinero que un día me diste. Ya no lo quiero; está
manchado con sangre (Coloca el dinero en un bolsillo de la
chaqueta de Vittorio. Luego regresa a su área y se une con
su postura habitual de enfermo a la comitiva fúnebre que
continúa su marcha).
De Lara: (Saca los billetes de su bolsillo y los lanza a los personajes
imaginarios) Señores, aquí tienen esta pequeña remesa,
pero no se olviden de nuestro pacto de honor. Más tarde
que temprano deberán pagarme todo, incluso con sus
propias almas (Ríe. A los lejos, se escucha una ráfaga de
ametralladora y gritos. Se ilumina otro ambiente y se ve a
dos hombres corriendo desesperados).
Hombre 1: ¡Mierda! Casi me acribillan las balas.
Hombre 2: ¡Corre más fuerte! No tenemos escapatoria.
Hombre 1: Si nos pillan, somos hombres muertos.
Hombre 2: ¡Puta! Y al final no encontramos nada.
Hombre 1: Busqué en el water, incluso entre los mojones y no hallé
nada.
30
iván vera-pinto
Hombre 2: Me imagino que rebuscaste bien.
Hombre 1: Sí, por todos lados: en la caja fuerte, rompí todos los
muebles y nada ¿Dónde carajo habrá fondeado la plata?
Hombre 2: A lo mejor no guarda nada en su casa.
Hombre 1: Viejo zorro. Espero que se pudra con su dinero (Se escucha
otra ráfaga de balas. Ambos se lanzan al suelo y susurran).
Hombre 2: ¡Somos unos idiotas! Justo el día que derrocaron al
Presidente de la República se nos ocurre ir a robarle a De
Lara, precisamente al amigo de los golpistas.
Hombre 1: Muy mal ojo ¡Silencio! Están cerca de nosotros; parece
que nos llegó la hora.
Hombre 2: Vamos a morir como perros en la calle.
Hombre 1: No, no pienses en eso. Supón que uno de nosotros corre
una cuadra y sube a un taxi, en el que escapa. El otro se
mete a un hospital y se confunde entre la gente. Los
comandos cierran todas las salidas del edificio y lo revisan
piso por piso durante casi cinco horas, pero no hallan al
ladrón. ¿Qué te parece?
Hombre 2: Prefiero imaginarme la fuga del primero. Amigo, vengan
esos cinco dedos (Le estrecha la mano al otro) Ahora a
la cuenta de tres, corramos hasta perdernos, salga lo que
salga.
Hombre 1: Está bien, vamos: ¡Uno, dos y tres! (Se levanta y corren
desesperadamente. Una ráfaga los alcanza. Silencio. Apagón.
Se ilumina a De Lara).
31
la siniestra historia del señor de lara
De Lara: (Habla por teléfono) Buen trabajo. Esos imbéciles querían
robarme ¿A mí? (Ríe). No sabían con quienes se metían
¡Cretinos! … Bien, ahora bótenlos como perros al río.
¡Qué gracioso! también se llevaron a Aquino como
sospechoso. ¡Saquen a ese huevón de ahí! Sí, tráiganmelo
para la casa (Apagón).
Escena III
Amor y Turbulencias
(Se escucha, de Tchaikovsky, el concierto en piano Nº 1, inb flat minor op
23 - Parte 1: allegro non troppo e molto maestoso. Carmen realiza una
breve coreografía de ballet, con mucha energía y precisión. De Lara la mira
embobado).
Carmen: ¿Te acuerdas de mis presentaciones de ballet en la
universidad?
De Lara: Eran otros tiempos.
Carmen: Aunque nunca fui muy bonita, mis veinte años atraía a la
mayoría de los hombres.
De Lara: A mí me provocabas un secreto orgasmo cuando te veía
bailar.
Carmen: Tú eras igual que hoy: egoísta, ambicioso, mezquino,
codicioso, ególatra…
De Lara: (Ríe) Ruin, envidioso, individualista, sórdido y avaro.
Carmen: Una mierda de hombre, pero excelente manipulador.
32
iván vera-pinto
De Lara: (Adopta una actitud persuasiva) ¿Quieres servirte un trago
para celebrar el estreno de tu obra?
Carmen: Gracias, eres todo un caballero.
De Lara: Espera también te traje este bouquet de flores.
Carmen: ¡Me encantan!
De Lara: ¡Ah! y algo que no podía faltar: bombones suizos con
licor.
Carmen: ¡Qué delicia! No sé que decir.
De Lara: Ahora cierra tus ojos. Te tengo una sorpresa (De su
vestimenta, extrae una caja pequeña que porta un anillo y se
la da a Carmen). Toma, es muy fino. Un pequeño regalo
de tu fiel admirador.
Carmen: (Abre la cajita) ¡Es hermoso! No puedo aceptarlo; debe
ser muy caro.
De Lara: Es tuyo. Permíteme colocarlo en tu dedo (Le coloca el
anillo).
Carmen: Don Vittorio, me impresiona con sus atenciones y
galanterías.
De Lara: Un momento, nada de don Vittorio; sólo Vitto para ti
(Ambos ríen). Carmen, podría colocar el mundo entero a
tus pies si me dejarás rozar tu tierna piel.
Carmen: Por supuesto don Vitto; perdón, Vitto, puedes hacerlo.
Aquí está mi mano (El hombre le acaricia la mano y luego
el brazo). Por favor, no sigas, están mirando mis profesores
y compañeros del elenco.
33
la siniestra historia del señor de lara
De Lara: ¿Por qué no nos vamos a un lugar más íntimo? Me gustaría
que conocieras mi residencia; está en la colina, frente al
río; tiene una vista maravillosa y podríamos compartir la
exclusividad de la casa: Baba Ganusch.
Carmen: ¿Qué es eso?
De Lara: Es un plato árabe hecho de puré de berenjenas, además de
una ensalada clásica llamada Tabule que contiene tomate,
pepino, menta, cebollín y burgol. ¿Qué te parece?
Carmen: ¡Fantástico!
De Lara: Vamos entonces.
Carmen: Está bien, vamos.
De Lara: La comida fue lo menos importante; era tu virginidad la
que me atraía. Me imaginaba mis manos perdidas en tus
pechos duros y apretados. Mi obsesión era penetrarte
una y otra vez. Eras única; es más, en un momento pensé
contigo realizar un proyecto más serio. Pero no, éramos
muy distintos. A mí, me cargaban esos ensayos eternos de
ballet y tu grupo plagado de afeminados.
Carmen: Odiabas a los artistas y tenías celos por mi novio.
De Lara: No quiero que me nombres a ese maricón. El muy perro
casi me mata.
Carmen: Me recuerdo que estábamos cenando en el restaurante
Dos Gardenias cuando apareció Román. Fue un espantoso
suceso que marcó la vida de los tres.
De Lara: El muy desgraciado me atacó como un desquiciado.
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iván vera-pinto
Carmen: Fui una niña estúpida que se dejó seducir por tu dinero y
tu poder.
De Lara: Eras capaz de hacer todo lo que te pidiera en la cama, con
tal que mantuviera a tus padres, te pagara tus estudios y
hasta tu novio pobretón.
Carmen: Román, era un idealista: amaba su arte y luchaba por una
sociedad más justa.
De Lara: Era un vago, comunista y amanerado.
Carmen: ¡Desgraciado! Nunca te voy a perdonar su muerte (Le da
un bofetón en la cara).
De Lara: (Le devuelve la bofetada) Y yo nunca voy a borrar de mi
mente que me haya dejado tuerto. El infeliz como no
sabía defenderse tomó traidoramente una insignificante
cucharita y me la clavó aquí dentro de mi ojo.
Carmen: ¡Bien merecido lo tenías! Fuiste un hijo de puta. Lo hiciste
expulsar de la universidad; delataste a sus compañeros y
luego lo desterraste del país.
De Lara: Haberlos despachado de este mundo era lo mejor que
hubiera hecho contigo y tu noviecito.
Carmen: ¿Acaso no lo hiciste? Tus amigos de seguridad masacraron
a Román. Le rompieron las manos y luego su cuerpo
descuartizado lo botaron a un vertedero. A mí me hiciste
inyectar la maldita droga hasta convertirme en una adicta;
es decir, en una muerta en vida (Fuera de sí, se lanza contra
el hombre para golpearlo. De Lara le da un certero puñetazo
en el vientre y la mujer cae desfalleciente de dolor. De Lara se
levanta, se arregla su ropa, se aproxima a un espejo grande y
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la siniestra historia del señor de lara
se queda estático, observándose con una mirada cínica. De la
oscuridad aparece Aquino; se encamina hacia Carmen y la
abraza. Le acaricia la cara y la acurruca como a un bebé).
Aquino: Tía Carmen, despierte. No se duerma. Yo la voy ayudar.
Vamos a salir de aquí antes que vuelva el tío Vittorio. La
voy a llevar a un lugar seguro; allí nadie la va encontrar.
Por favor, vamos (La mujer vuelve en sí y habla alucinada,
creyendo ver en Aquino a su enamorado).
Carmen: Román, mi amor. ¿Dónde estabas? Déjame tocar tus
manos y tu cuerpo. Dime que no estás muerto. Dime
que nada te hicieron. Dime que todo lo que pasó fue una
absurda pesadilla. Dime que me perdonas. Deja besar tus
labios. Román, te amo porque tienes una mirada sincera
y tierna. Te amo porque eres un artista creativo, lleno de
esperanzas, que luchas dejando atrás los fantasmas y el
dolor. Amo tus manos que me guían, enseñan, apoyan,
comparten, sienten y trasmiten. Llévame a tu mundo, a
esa dimensión que nos arrebataron. Quiero perderme
contigo en sueños, plumas, nubes, hojas, tormentas, flores
y gotas; pasos y silencios, grillos y luciérnagas, noches y
días; mariposas y colores, música y secretos, pasión y
deseos, muerte y vida; desierto y tempestades, azules y
transparencias, encierros y horizontes, profundidades y
alas.
Aquino: (Habla como si fuera Román) Carmen, yo también te amo,
a pesar de todos los sufrimientos que me provocaste. No
te juzgo ni te desprecio, porque sé que tú también eres una
víctima. Lo único que quiero que sepas es que siempre te
amé, porque me hiciste sentir en plenitud mi corazón,
36
iván vera-pinto
sentirlo lleno de deseos, sentir cada latido y sentir la sangre
corriendo por mis venas.
Carmen: Román, vuelvo a sentirme enamorada. Siento que
estás aquí a mi lado y que ya no tendrás que escapar ni
desaparecer, sin dejar rastros. Puedo mirarte, palpar tu
piel y sentir tu cuerpo que se estremece, descubriendo el
deseo, ese sentimiento que surge desde el fondo de tu ser
expeliendo aromas y calor.
De Lara: ¡Buaaa! ¡Qué cursilería más grande es el amor! Idiotas,
debería quitarles hasta el espíritu que poseen. De nada
me ha servido haber eliminado al muchacho y convertido
en escoria a su novia. Todo ha sido inútil. Aún siguen
enamorados, pregonando -como almas en pena- palabras
de amor por las calles (Coge el teléfono y llama). ¡Hola!…
Gastón. Escucha, necesito que encuentren a Carmen de
inmediato… Aquino, el loco, se la llevó a su guarida. Sí,
sí, mi protegido también me traicionó. Atrápenla y me
la traen de vuelta. Del loco me encargaré yo mismo. Sí,
gracias, adiós.
(Aparece en otra área el espectro de Román).
Roman: Mi amor, regresaré a tu lado el día que vuelva a brillar la
luz en estas tierras. Estaré contigo en un nuevo amanecer
cuando tú puedas bailar libre y apasionada para mí. Por
ahora, mi nombre te acompañará en el aire y mi espíritu
estará contigo aunque la tormenta intente borrar todo lo
que existe en la faz de la tierra. Carmen, te amo, te amo.
Aquino: (Habla a unas sombras) ¿Qué hacen en mi escondite?
¡Váyanse de aquí! Dejen a la tía; está enferma. Yo la voy
a cuidar. Si no la dejan tranquila, los voy acusar al tío
37
la siniestra historia del señor de lara
Vittorio. ¡Ya van a ver lo que les va a pasar! ¡No, no se
acerquen más! (En la penumbra se ve a dos hombres que
toman de los brazos a Carmen y la arrastran hacia el foro.
La mujer se resiste con poca fuerza) ¡Maricones! ¡Dejen a
la tía Carmen! ¿A dónde se la llevan? Ahora van a ver;
con estas piedras los voy a cagar. (Saca unas piedras del
bolsillo de su chaqueta y las lanza hacia el foro. Se siente una
ráfaga de ametralladora. Aquino, se lanza al suelo y habla
en murmullos. Las sombras vuelven corriendo y se llevan al
muchacho, el que vocifera garabatos. Sonido a un motor de
jeep que arranca. Apagón).
Escena IV
La Cena
(De Lara está sentado en la cabecera de una mesa y a su lado está en silencio
Carmen. Completan el cuadro tres hombres vestidos formalmente. Hay
botellas de licores y fuentes con alimentos).
Hombre 1: (Con una copa en la mano) Don Vittorio de Lara, sus
amigos aquí presente desean testimoniar el profundo
afecto y agradecimiento que tenemos hacia su persona.
Es por ello que hemos preparado esta humilde cena de
camaradería para reconocer los favores recibidos por
usted. Don Vittorio, usted ha sido para nosotros un ángel
de la guarda, porque nos ha facilitado recursos financieros
para poder continuar adelante con nuestros pequeños
negocios en esta bella región de Valladares. ¡Salud!
Todos: ¡Salud!
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iván vera-pinto
De Lara: Gracias caballeros por sus emotivas palabras y por esta
apetitosa cena. Siendo muy sincero con ustedes: no tienen
nada que agradecer, puesto que los dineros facilitados han
tenido que cancelarlos con los correspondientes intereses.
Como ustedes bien saben, todo es negocio en la vida,
incluso hasta esta misma cena. Estoy pensando que a lo
mejor quieren ablandar mi corazón para que les baje los
intereses o buscan que les de más prórrogas para pagar sus
deudas ¿Me equivoco?
Hombre 2: De ninguna manera, Don Vittorio. De corazón, estamos
agradecidos, porque usted sin mayores reparos nos facilita
habitualmente el dinero que necesitamos.
De Lara: Señores, no se olviden: Todos ustedes están endeudados
conmigo hasta los huesos y si no tienen para pagar en
efectivo, en ese caso, también sus tierras, negocios e hijas
para mí son apreciadas (Se dirige al hombre 3). A propósito
Manuel, tú hija está muy encantadora y provocativa. Tal
vez, podríamos arreglar nuestra deuda con un pequeño
servicio personal ¿no te parece?
Hombre 3: Señor Vittorio, me resulta descabellado su pedido…
De Lara: No, hombre, no te ofendas; es una broma (Ríe cínicamente).
La verdad que tengo muchos planes: En primer lugar,
tengo que desalojar algunos colonos y peones que habitan
mis tierras para ampliar la zona de producción de tabaco.
Y, por supuesto, voy a introducir técnicas agrícolas mucho
más modernas y construiré una carretera pavimentada
que vaya directamente desde mi hacienda hasta la estación
de tren. Lo único que me preocupa son esos líderes que
andan agitando a los indios para que se tomen las tierras,
se sindicalicen y reclamen un montón de beneficios.
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la siniestra historia del señor de lara
Hombre 1: Don Vittorio, no tiene que preocuparse por eso. Mientras
tenga el apoyo de las autoridades, usted seguirá siendo el
amo y señor de Valladares.
Hombre 2: Señores, por favor, no sigamos hablando de negocios;
la cena se enfría. Don Vittorio, por favor, sírvase este
exquisito faisán con uvas al oporto (Le acerca una fuente
metálica con los alimentos. De Lara se sirve un trozo en su
plato. Entra Aquino a escena y queda mirando la mesa) .
De Lara: (Va a comer y se percata de Aquino) ¡Ah! me estás pidiendo
que te de comida. Ven, Aquino, ven, prueba este faisán, te
va a gustar (Le va a dar su plato. Aquino se aproxima, pero
el hombre 3 lo detiene del brazo).
Hombre 3: ¡No, no es conveniente!
De Lara: ¿Y por qué no?
Hombre 1: Lo que pasa es que Aquino está enfermo del estómago,
eso es…
De Lara: ¿Enfermo del estómago? ¡Qué extraño! él tiene una
barriga de cerdo.
Hombre 2: Cuando llegamos, uno de sus guardias personales nos
informó que está enfermo.
De Lara: Bueno, si está enfermo, es mejor que se vaya para afuera.
Hombre 3: Don Vittorio, yo me encargo de sacarlo (Toma del brazo a
Aquino quien no entiende nada. Todos comienzan a comer;
no obstante, los tres hombres nunca sacan ninguna presa
de faisán; únicamente prueban los alimentos de las otras
fuentes).
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iván vera-pinto
De Lara: Bueno, vamos a la carga con esta rica comida (Va a empezar
a comer, pero se detiene bruscamente). Se me olvidaba, antes
debo hacer mi ritual: Toma Carmencita, primero comes
tú (Le lleva a la boca de la mujer un trozo de ave; ella lo
escupe). Mi amor ¿por qué esos modales? No se da cuenta
que tenemos visitas. Disculpen señores, mi mujer desde un
tiempo a esta parte no apetece nada, pero yo sí con placer
degustaré este delicioso faisán (Come una presa y luego
saca otra más) ¡Mmmm! ¡Qué bueno está este pajarraco!
¡De chuparse los dedos! Pero, ustedes, señores, no les veo
que coman faisán.
Hombre 1: No se preocupe por nosotros; está comida es en su honor..
Así que coma todo el faisán que desee; en la cocina tenemos
más.
De Lara: Está muy bueno este pajarito, pero le encuentro un sabor
extraño. Sabe a salsa media amarga. Díganme,¿qué le
pusieron?
Hombre 5: Bueno, los ingredientes que tiene son: Faisán, aceite,
cebollas, zanahorias, laurel, tomate, harina, vino tinto,
oporto, brandy, uvas blancas, sal y pimienta.
De Lara: ¡Mmm! No sé, pero hay algo amargo (Toma otra copa de
licor. Mira a Carmen).
Hombre 2: Si no le gustó, entonces puede probar este venado al vino
tinto.
Hombre 3: Sírvase la presa que guste. Todo es suyo.
Hombre 1: ¡Salud señores, por nuestro distinguido anfitrión! (Todos
beben).
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la siniestra historia del señor de lara
De Lara: Querida, tú como siempre no comes nada y tu semblante
está cada día peor. ¿No te apetece este faisán? (Ella niega
con la cabeza). Toma una copa de este buen vino (Le sirve
licor, pero ella lo rechaza con la mano). ¡Ah, ya sé! ¿Quieres
bailar? (La mujer no responde). Sé que te encanta bailar,
como en los viejos tiempos. ¿Te acuerdas de tus lecciones
de ballet? Espera un momento; voy a colocar una música
adecuada para la ocasión (Se levanta de la mesa y va hacia
un antiguo reproductor de discos y coloca uno de acetato.
Se escucha el tango “Por una cabeza”. Toma a la mujer
y comienzan a bailar. Ella, al principio, se mueve como
muerta, pero luego interpreta el baile correctamente, pero
sin pasión. En medio del baile De Lara se detiene).
De Lara: ¡Qué extraño! Siento un frío que me cala los huesos; es
como un viento helado. Algo así como un velo húmedo
que me sube por mi espalda, como el manto de la muerte
(Todos quedan mirando a De Lara fijamente y en silencio.
El hombre comienza a ahogarse, trata de caminar y cae
pesadamente al suelo. La mujer queda atónita mirando la
escena, sin reaccionar) ¡Mierda! Me ahogo. Criminales, me
dieron veneno ¡Auxilio, socorro! ¡Me matan! (Se arrastra
hacia la puerta de salida).
Hombre 3: Hay que detenerlo sino va a llamar a sus hombres.
De Lara: ¡Asesinos!
Hombre 1: No creo que pueda avanzar mucho; le puse una buena
porción de toxina botulínica. El sistema nervioso le va a
comenzar a fallar y morirá con fuertes dolores.
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iván vera-pinto
Hombre 2: Está bien, pero tapémosle la boca con una servilleta para
que no escuchen los gritos sus hombres (Entra nuevamente
Aquino y se sorprende con la escena).
Aquino: ¿Qué le hicieron al tío Vittorio? (Grita) ¡Lo quieren
matar!
Hombre 3: ¡Agarremos al loco! (Se abalanzan los tres hombres sobre
Aquino. Se produce una lucha, forcejeo. Vittorio aprovecha
la oportunidad para escapar tambaleándose).
De Lara: (Grita) ¡Me quieren matar! (Se escuchan voces de otros
hombres que se acercan al lugar de los hechos. Carreras y tiros
de escopetas). Ahora verán traidores de lo que soy capaz.
Morirán todos como perros. Querían matarme, pero no
saben que hierba mala nunca muere (Apagón).
Escena V
La Promesa
(En un salón amplio se encuentra muy concentrada Carmen practicando unos
pasos de baile, al compás de una música de ballet que surge de un reproductor
de discos de acetatos. Detrás de ella, aparece Román. Es un hombre de unos
25 años. Trae en su mano un pequeño regalo. Abraza a la joven por la espalda
y le besa en la mejilla. Ella detiene su baile y se deja acariciar con placer).
Carmen: ¡Mi amor! Me sorprendiste. Estaba muy concentrada en
mi rutina.
Román: Disculpa, pero tenía tantas ganas de verte y abrazarte.
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la siniestra historia del señor de lara
Carmen: Eres muy amoroso. Tú sabes perfectamente que cuando
me das un beso, yo te pido otro, otro y otro. No puedo
resistirme a tus caricias y hasta ahí llegan mis ensayos.
Román: Mira, te traje este pequeño regalo (Le da el regalo).
Carmen: ¡Qué tierno! ¿Qué es?
Román: Sorpresa. Ábrelo y lo verás,
Carmen: Sí, de inmediato. Soy muy curiosa (Lo abre y descubre un
pequeño conejo de peluche y una lámina de corteza de árbol)
¡Qué divertido! ¡Es un conejito! ¡Ah! Ya sé ¡Eres tú! Sí, mi
conejito más lindo del mundo (Le besa en la boca).
Román: Y tú mi conejita más bella del universo.
Carmen: Veamos, ¿qué dice esta lámina? (Lee) “Te amo” (Le vuelve
a besar). Eres muy encantador. Román, estoy enamorada
de ti.
Román: Yo también. Lo único que deseo es vivir para siempre
contigo.
Carmen: ¡Cuánto deseo que terminemos pronto nuestros estudios!
Y que luego hagamos realidad todos nuestros sueños.
Román: Quiero que conserves este conejito y cuando te encuentres
solita o con penas, lo mires y recuerdes que siempre estaré
a tu lado, acompañándote y dándote valor.
Carmen: Sí, siempre estará conmigo. Será también como mi
cábala para todos los exámenes de baile que deba dar en
la universidad (Huele la lámina) ¡Mmm! Tiene olor a
eucaliptos, el árbol típico de esta sierra.
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iván vera-pinto
Román: Los aromas de los árboles nos recuerdan a los amores y a
la belleza. Las cortezas, aunque sean muy frágiles, siempre
encierran historias de vida.
Carmen: Dicen que los olores permanecen en la memoria y nunca
se pueden olvidar.
Román: Este aroma a eucaliptos será el nuestro. El deberá
recordarnos los momentos en los cuales fuimos muy
felices.
Carmen: ¡A mí me encanta ser envuelta por tu aroma! Esa fragancia
natural compuesta por tu piel. Me excita. Me despierta.
Me envuelve. Me desata.
Román: A mí tu perfume sutil y cautivante me obsesiona.
Carmen: El tuyo me despierta el alma y me embriaga de pasión.
Román: Carmen, te juro que te amo y te amaré pase lo que pase en
nuestras vidas.
Carmen: Román, te juro que si algún día no te puedo ver más, me
convertiré en una ola de mar para bañar tu playa, para ser
la brisa marina que se mece contigo, que te acompaña y
que pueda escribir tu nombre en la infinita arena (Se besan
y luego comienzan a bailar la música de ballet que ensayaba
la mujer. Apagón).
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la siniestra historia del señor de lara
Escena VI
Revuelta y Engaño
(Se ilumina un salón donde hay algunas parejas bailando al compás del
tema Lágrimas Negras, de Miguel Matamoros. Vittorio está sentado en una
mesa con dos mujeres; beben y fuman. Otros parroquianos conversan. En
un extremo bailan románticamente Carmen y Román. De pronto, entra
corriendo a escena una mujer muy agitada y llorosa).
Mujer: ¡Dios mío! Ha ocurrido una terrible desgracia. Los
militares, en el mercado municipal, abrieron fuego contra
los estudiantes y campesinos que exigían la derogación
de la ley que termina con la gratuidad de la enseñanza
superior. Y en el mitin, los desgraciados mataron a mamá
Asunta Mollado, porque que le enrostró a un militar su
proceder y se lanzó contra él, diciéndole: “una sola es la
vida y una sola es la muerte”, por la que recibió una ráfaga
de balas que, al instante, cegaron su vida, siendo la primera
victima de esta manifestación (Llora. La gente se agolpa
asustada a su alrededor. Entra corriendo un hombre).
Hombre 1: ¡Dios Santo! La ciudad se ha convertido en un polvorín de
guerra y las balas corren por doquier. Ahora, los militares
acaban de cercar la universidad y están metiendo balas a
los estudiantes que se resisten a rendirse.
(Se escucha por un alto parlante una proclama desde un camión militar que
cruza la calle).
Voz: Ante los graves disturbios que están ocurriendo en
estos momentos en la ciudad, a consecuencia de grupos
sediciosos que han subvertido el orden público, el
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iván vera-pinto
supremo gobierno de la nación ha declarado el estado de
emergencia en la región de Valladares.
(Se sienten de fondo sonidos de camiones militares, griterío de personas y
disparos. La gente del salón comienza a salir despavorida).
Román: Mi amor, debo ir a ver a mis compañeros.
Carmen: ¡No, no vayas! Te van a matar.
Román: No puedo quedarme aquí con los brazos cruzados,
mientras que a ellos los están masacrando. Me siento muy
responsable de no haber estado en el mitin. Yo sabía que
se iba a marchar por las calles pidiendo la derogación de la
ley y preferí estar contigo. ¿Por qué, por qué lo hice?
Carmen: ¿Y qué vas hacer tú sólo? Nada. Si no te matan, te llevarán
preso y se arruinará la vida de ambos.
Román: No puedo ser tan egoísta y pensar exclusivamente en mi
futuro.
Carmen: Querrás decir en nuestro futuro.
Román: Amor, no es el momento de discutir estas cosas
personales; debo ir a la universidad para estar junto a mis
compañeros.
Carmen: Eso significa que me dejas sola (Lloriquea).
Román: Cálmate, voy a volver pronto.
Carmen: Pensé que yo era más importante para ti
Román: Eres muy valiosa para mí, pero en estas circunstancias
tengo que resolver algo más urgente.
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la siniestra historia del señor de lara
Carmen: Román, tú no vas a cambiar la ley ni el mundo.
Román: Tengo que hacer lo que me corresponde; luchar contra esa
ley injusta que nos perjudica a todos los estudiantes. Se
han unido los campesinos, los profesores y mucha gente
de la ciudad. No estamos solos; hemos organizado un
Frente de Defensa del Pueblo.
Carmen: Eres un idealista y testarudo. No entiendes nada. Va ser
imposible entrar a la universidad ¿Acaso no oíste? Está
cercada. Por favor, te lo suplico, no te vayas a meter en la
boca del lobo (Román besa en los labios a Carmen y sale
corriendo. Ella se sienta en una mesa desolada. Se acerca De
Lara y le sirve una copa).
De Lara: Señorita, por favor, sírvase esta copa para pasar las penas.
Carmen: No, gracias.
De Lara: Comprendo su dolor y me gustaría acompañarla en este
trance. Todos han escapado a esconderse y no es bueno
que una chica como usted deambule sola por la calle.
Uno nunca sabe, una bala pérdida puede cegar su bella
existencia.
Carmen: Por favor… déjeme sola.
De Lara: Como usted quiera. No pretendo molestarla; mi intención
es prestarle mi protección para salir de este lugar peligroso.
Si gusta, la puedo trasladar en mi auto a donde quiera
Carmen: No sé qué hacer. Vivo en una pensión que queda al otro
lado de la ciudad y debo cruzar obligatoriamente por
donde está la protesta.
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iván vera-pinto
De Lara: En ese caso, permítame ofrecerle un lugar más seguro.
Carmen: ¿Dónde?
De Lara: Bueno, tengo en lo alto de la colina sur una pequeña casa
de campo. Habitualmente por allí nadie transita y tengo
hombres de seguridad que protegen el terreno.
Carmen: No me parece buena idea que a una joven la vean
acompañada con un hombre maduro por esos parajes.
De Lara: No se preocupe por la gente; en este pueblo siempre hablan
por hablar. Le prometo ser todo un caballero con usted;
tiene mi palabra. Además, usted podría ser mi hija, ¿no?
Por lo menos quédese un par de horas lejos del peligro y
luego cuando todo se calme me comprometo a enviarla a
su residencia.
Carmen: Está bien, con una condición que me permita llamar por
teléfono a mi novio a la universidad.
De Lara: Por supuesto, en mi residencia lo puede hacer
tranquilamente y ahora beba esa copa para darse valor
y salgamos luego de aquí (Carmen bebe un sorbo y salen
ambos. Apagón).
Escena VII
Tiempos de Sangre
Román: Antes que cayera el sol, las fuerzas armadas tenían
controlada toda la ciudad. Se llevaron a cientos de
detenidos; a algunos nunca más los volvimos a ver en
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la siniestra historia del señor de lara
Valladares. El informe oficial reconoció 30 muertos y más
de una centena de heridos.
Carmen: A partir de ese día nunca más pude escapar de la presencia
de Vittorio De Lara. Al principio, me enamoraba con
regalos y atenciones costosas; después me acosaba en la
universidad, en la calle y por donde anduviera.
De Lara: Asumí, gustosamente, cubrir los estudios de Carmen e
incluso ayudaba a su familia empobrecida que vivía en una
zona rural.
Carmen: Yo le decía a mis padres que tenía una beca en la universidad
y que trabajaba como asistente de un dentista, quien
hipotéticamente me pagaba un buen sueldo.
Román: A mí me llevaron detenido y estuve aislado veinte días en
un calabozo, donde tenía que dormir en posición fetal,
arrodillado y acurrucado, postura que, por lo demás, no
me era difícil de realizar gracias a mis ejercicios de ballet.
Carmen: Tarde o temprano caí en las garras de Vittorio, quien me
convirtió en su concubina, después que hizo liberar a
Román, haciendo uso de sus influencias con las autoridades
de la ciudad.
De Lara: El precio que tuvo que pagar por la liberación de su
novio, creo, fue justo. Una vida vale más, mucho más, que
cualquier “sacrificio” erótico (Ríe de manera cínica).
Carmen: Al comienzo, sentía vergüenza por los comentarios que
hacían en la universidad sobre mi relación con De Lara,
pero después me dio lo mismo; acepté todo por la vida de
Román y por mi seguridad.
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iván vera-pinto
Román: Los agentes de seguridad me llevaron a la capital, me
pusieron en un avión y me expulsaron del país. A Carmen,
por un largo tiempo, no la volví a ver.
Carmen: Pasaron cinco años y nunca tuve noticia de Román. Lo
único que sabía era que estaba vivo y fuera del país. Al final,
tampoco terminé mis estudios; ya no tenía interés por el
arte y el entorno se puso muy difícil para mí. Ninguno de
mis antiguos compañeros se acercaba por temor que algo
les ocurriera. Todos hablaban en secreto: “Ahí va la puta
de Vittorio, el mafioso”.
De Lara: En febrero del año 1970, época de lluvia en Valladares,
invité a Carmen a pasar unas vacaciones en la capital,
aprovechando que tenía unas reuniones con mis socios
extranjeros.
Carmen: Recuerdo que hacía mucho calor y fuimos a servirnos
helados en el restaurante Dos Gardenias. Le pedí al mozo
que nos acomodara en una mesa del boulevard. Miraba,
distraídamente, las palomas que picoteaban algo en
el piso, cuando de pronto vi a Román a dos metros de
nuestra mesa; no lo podía creer.
Román: El gobierno había declarado la amnistía general, porque
quería aparecer frente al pueblo con una máscara
democrática y, de esta manera, asegurar la victoria en el
plebiscito nacional para convertir al dictador en presidente
vitalicio.
De Lara: Las aguas estaban relativamente calmadas en el país. La
oposición hacía manifestaciones pero no deseaba tensionar
la situación por el peligro que se suspendiera la consulta
51
la siniestra historia del señor de lara
popular; además, se habían asegurado de traer veedores de
organismos internacionales.
Román: Nunca me imaginé que el destino me volvería a llevar
hacia Carmen. Tenía sentimientos encontrados con ella.
Mis amigos se habían encargado de informarme acerca
de toda su vida. No podía creer que perdiera sus ideales
y se convirtiera en amante de uno de los personajes más
siniestros de Valladares.
Carmen: Al verlo, no sabía qué hacer. Si escapar o abrazarlo con
todo mi amor. Intenté levantarme, pero la mano fuerte de
Vittorio me detuvo.
De Lara: Yo también divisé al desgraciado, pero no me imaginaba
cuál iba ser el desenlace de ese fatal reencuentro. Además
-para mala fortuna mía- no andaba armado. Así que esperé
en alerta.
Román: ¡Maldito el momento que me acerqué a ellos! Algo
me ocurrió en mi interior que me impulsó a desafiar
a ese mafioso. No podía soportar su sonrisa cínica y
despreciativa. Me ardía la sangre al ver cómo tomaba
el cuerpo de Carmen, como expresándome que le
pertenecía.
Carmen: Sin mediar ninguna palabra, Román, se lanzó
violentamente contra Vittorio.
De Lara: Caímos al suelo, nos golpeamos y rodamos entre medio de
las mesas.
Román: Todo ocurrió en un abrir y cerrar de ojos. De pronto, sentí
que me azotaba la cabeza contra el pavimento.
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iván vera-pinto
De Lara: Lo tenía desfalleciente. Era mío y lo iba a rematar con un
golpe final, pero la muy perra me golpeó por la espalda
con una silla.
Carmen: Tenía que ayudar a Román. No podía permitir que
Vittorio le quitara la vida. Quería que me creyera que
estaba de su lado, que todo lo que había sucedido fue para
salvar su vida.
Román: No sé cómo tomé una cucharita que estaba en suelo y de
un certero golpe la clavé en su ojo izquierdo (Se lanza
contra Vittorio y hace el movimiento de clavar el cubierto en
su ojo).
De Lara: ¡Aaaaaay! ¡Hijo de puta! ¡Mi ojo! ¡Aaaaaaaaay! (Cae al
piso gritando de dolor).
Carmen: En ese momento no me interesó lo que me pudiera ocurrir
(Le habla en forma directa al joven) Román, te ruego,
escapemos lejos, muy lejos de este infierno. ¡Vamos!
¡Llévame contigo! (Ambos escapan a otra área).
Román Nos fuimos a la casa de un amigo. El miedo y el dolor no
fueron ningún obstáculo para que esa noche hiciéramos
apasionadamente el amor.
Carmen: No dormimos ni un solo minuto; sólo queríamos
abrazarnos, besarnos y entregarnos al otro, como si fuera
el último minuto de nuestras vidas.
Román: Por un momento fuimos felices y olvidamos todo lo
pasado. (Se besan, se acarician y hacen el amor. La atmósfera
es tiera, romántica y poética).
53
la siniestra historia del señor de lara
De Lara: No fue fácil ubicarlos; se habían escondido como topos
bajo la tierra; sin embargo, mis perros sabuesos hallaron
a los tortolitos en su nido. La orden era: matar al perro y
hacer sufrir en vida a la puta (Apagón).
Escena VIII
El Secreto
Aquino: Tío Vittorio, ¿me deja ver a la tía Carmen?
De Lara: ¿Para qué quieres verla?
Aquino: Para cuidarla
De Lara: ¿Tú cuidarla? No me hagas reír.
Aquino: Yo no le voy hacer daño a la tía.
De Lara: ¡Qué daño le podrás hacer cuando eres un idiota! Fuera de
acá; no estoy de humor.
Aquino: ¿Tío, quiere que le cante una canción? (Balbucea una
canción).
De Lara: ¡Fuera te he dicho! (Lo toma de la camisa y lo empuja;
el muchacho cae al suelo y se pone a llorar como un niño)
¡Cállate, cállate! (Aquino se calma de a poco). Anda y saca
de esa alacena una botella de whisky y sírveme (El joven le
hace caso y trae la botella y una copa). Si quieres anda y saca
una copa para ti (Aquino trae otra copa y se sirve un trago.
Ambos beben un sorbo. Luego De Lara queda mirando
fijamente al muchacho). Ahora que te miro bien, creo
que tenemos algún parecido. Sí. En algo nos parecemos
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iván vera-pinto
físicamente, a pesar que eres un adefesio de hombre.
(Ríe).
Aquino: ¿Usted cree que nos parecemos?
De Lara: Claro, si somos como dos gotas de agua. (Ríe).
Aquino: ¿Qué quiere decir “como dos gotas de agua”?
De Lara: Mira mi copa y ahora mira la tuya. ¿Se parecen o no una
a la otra?
Aquino: Sí tío. Se parecen.
De Lara: Ves, eso es lo que te quiero decir (Se sirve otra copa. Le va
servir otra a Aquino pero este la rechaza).
Aquino: No quiero más; el trago me produce un fuerte dolor de
cabeza y después me da rabia, mucha rabia…
De Lara: Ya está bien, no te voy a obligar a tomar ¿Sabes por qué tú
vives conmigo?
Aquino: Porque usted es mi tío
De Lara: Yo no soy tío tuyo, imbécil. ¡Cómo voy a ser tu tío! Sería
el hazme reír de todo el pueblo.
Aquino: ¿Y por qué, entonces, vivo en su casa y me alimenta?
De Lara: Porque soy cristiano; por lo tanto, soy un hombre bueno.
(Ríe).
Aquino: ¿Y si es bueno por qué no me deja ver a la tía Carmen?
De Lara: Mira, loquito, parece que te estás sanando; piensas mejor
que una persona cuerda.
55
la siniestra historia del señor de lara
Aquino ¿Quiere que le prenda una vela a los santitos que tiene en
su cómoda?
De Lara: Sí, claro (Aquino va hacia la cómoda, toma unas velas y
las prende. Le llama la atención un relicario que está en el
mueble. Lo abre y ve la foto de una mujer).
Aquino ¿Quién es esta mujer?
De Lara: Sin poner atención) ¿Cuál?
Aquino Esta que tiene su foto en el relicario.
De Lara: (Se levanta ofuscado y le quita el relicario) ¡Loco de mierda,
deja eso!
Aquino ¿Quién es?
De Lara: Una mujer.
Aquino ¿Cómo se llama?
De Lara: Isaura.
Aquino ¿Isaura
De Lara: Sí, Isaura.
Aquino Es muy bonita Isaura.
De Lara: Era. Murió.
Aquino ¿Murió tan joven?
De Lara: Sí. Murió
Aquino ¿Y cómo?
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iván vera-pinto
De Lara: Es una historia muy triste (Toma otra copa de licor al seco).
Aquino ¿Me la puede contar?
De Lara: ¿Para qué? Tú no la entenderías.
Aquino: A mi me gusta que me cuenten historias. Dígame, ¿cómo
murió esa niña? (Silencio. De Lara vuelve a tomar otra
copa) ¿Cómo murió?
De Lara: Se mató
Aquino: ¿Se mató? ¿Por qué?
De Lara: Porque dio a luz un niño desequilibrado.
Aquino ¿Qué es desequilibrado?
De Lara: Un tipo como tú: loco.
Aquino: ¡Ah! ¿Y por eso se mató?
De Lara: Bueno, no fue por eso precisamente.
Aquino: Entonces ¿por qué?
De Lara: Porque… (Pausa) su hijo era de su hermano.
Aquino: ¿De su hermano?
De Lara: Sí, de su hermano.
Aquino: ¿Y eso qué tiene de malo?
De Lara: Aquino, tú no sabes nada de nada. Mira, tener relaciones
entre hermanos es pecado y te vas al infierno. Además,
a toda tu familia le cae la desgracia por muchos años
¿Entiendes?
57
la siniestra historia del señor de lara
Aquino: ¿Qué es pecado? ¿Qué es infierno? Qué raro suena todo
eso. No entiendo.
De Lara: Es mejor que no entiendas nada. Al final, tú eres el único
que está libre de pecado en este mundo.
Aquino: ¿Y qué pasó con el hermano de la niña Isaura?
De Lara: No sé… (Pausa). Al parecer, el joven escapó muy lejos y
no volvió hasta que sus padres murieron. Más tarde se
convirtió en un hombre rico, poderoso y muy influyente
en el pueblo.
Aquino: ¿Y por qué usted tiene la foto de Isaura?
De Lara: Tú sí que eres un metiche. Esa es otra historia que no te
la voy a contar. Ahora vete, quiero estar solo. ¡Ya, fuera!
(Suena el teléfono. De Lara se levanta con dificultad
y contesta. Aquino sale de escena) ¡Hola! ¿Cómo va,
Menéndez?... Sí, estoy bien, un poco borracho, pero bien…
¿Qué dices? ¿Qué vaya urgente al edificio del Cabildo? ¿A
esta hora? ¿Y para qué?... Entiendo, está bien. Llegaré por
allá en media hora. Sí, no tardo (Apagón).
Escena IX
La Fuga
(La escena transcurre en una oficina lúgubre. Durante el diálogo Menéndez,
guarda documentos en una maleta y otros los quema en un pequeño cilindro
metálico. De Lara está sentado en una silla, fumando nervioso un habano).
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iván vera-pinto
Menéndez: Vittorio, la situación se puso muy fea para nosotros.
Después de la derrota en el plebiscito, la debacle se vino
en cadena. Nos informan del gobierno que la elección
presidencial prácticamente la tenemos perdida.
De Lara: ¿Están seguro de ello? ¿No se estarán adelantando con el
pronóstico?
Menéndez: Para nada. Me acaba de llamar el Ministro del Interior,
avisándome que del 85 % de las mesas escrutadas en el
país, la oposición tiene una ventaja del 67 %. Estamos
reventados. El ministro me ordenó desmantelar de
inmediato todos nuestros centros de operaciones y los
recintos de detención en Valladares. Imagínate el trabajo
que tenemos: hacer desaparecer archivos, elementos
comprometedores y borrar cualquier indicio de tortura
contra los opositores.
De Lara: ¡Mierda! Eso significa que tenemos que esfumarnos del
mapa.
Menéndez: Está más claro que el agua. Yo salgo mañana a primera
hora del país. Te recomiendo que, por tu seguridad, hagas
lo mismo.
De Lara: ¿Y qué hago con mis bienes y propiedades? ¿Quieres que se
las regale a los indios? Figúrate cuántos años me ha costado
amasar mi fortuna y mis tierras. No puedo tirarlo todo por
la borda porque se viene un gobierno democrático.
Menéndez: Entiéndeme, apenas las nuevas autoridades asuman
van a comenzar –como ha pasado en otros países- las
investigaciones a las violaciones de los derechos humanos,
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la siniestra historia del señor de lara
y luego vendrán todas las acusaciones a cada uno de
nosotros. Nos van a volar las cabezas.
De Lara: Pero yo no he estado vinculado a las maniobras de
ustedes.
Menéndez: Directamente no. Pero sí nos has financiado nuestra guerra
interna, o ¿se te olvida que gracias a ti pudimos armar a
nuestros hombres para realizar las operaciones rastrillos,
y montar nuestros centros de interrogatorios? Y qué me
dices de esa multimillonaria suma que depositaste para
que el gobierno hiciera su campaña electoral.
De Lara: Yo simplemente era un intermediario de los capitales que
les facilitaban mis socios extranjeros. No tuve ninguna
responsabilidad en los fines para los cuales se ocupaban
esos dineros.
Menéndez: Vittorio, es cosa tuya si quieres quedarte en el país para
saber si te declaran inocente. Lo que puedes estar seguro
es que nadie se la va jugar por ti, incluso hasta los políticos
que nos apoyaban te van a dar vuelta la espalda. Esos son
los primeros maricones que flotan como corchos en las
aguas.
De Lara: Lo sé. De los políticos nunca me he fiado, pero ya
encontraré la fórmula para salir victorioso de este entuerto.
Tú sabes quien tiene el poder económico siempre tiene el
poder político.
Menéndez: No se cuánto tiempo te durará el poder, porque la oposición
apenas asuma va llevar a cabo una reforma agraria. Además,
los indios se subirán al carro de la victoria, y en pocas horas
te quitarán todas tus propiedades.
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iván vera-pinto
De Lara: Esa es una lectura de la situación, pero también existe la
otra posibilidad que mis amigos extranjeros apoyen al
nuevo gobierno en el consabido plan de desarrollo del
país, brindándole créditos con atractivas condiciones de
pago. Menéndez, tú eres un hombre de armas y déjame
decirte que no tienes la visión política ni la astucia de un
hombre de negocio como yo.
Menéndez: Ahora no voy a discutir el tema contigo. Lo único que
me interesa es largarme cuanto antes del país. No quiero
pasar el resto de mis días en una cárcel. Puedes hacer
lo que estimes conveniente con tu vida, pero yo no voy
a quedarme a mirar cómo los indios se toman el poder.
(Suena el teléfono del despacho. El oficial contesta) ¿Diga?...
Sí, Gutiérrez, páseme a buscar en seguida. No, no usemos
ningún auto militar. Es mejor que nos traslademos en el
coche privado… Sí, pronto (Cuelga). Querido amigo,
ahora hay que sumergirse por un buen tiempo. Quizás, más
adelante, tengamos la oportunidad para volver a tomar las
riendas del país. Tú sabes que en este país de mierda, los
gobiernos nunca alcanzan a terminar sus períodos. Bueno,
venga ese abrazo de compadre (Se abrazan fuertemente).
De Lara: Voy a extrañar el respaldo que me diste, así como las
famosas fiestas que hacíamos en el cuartel ¿Te acuerdas
cuando traíamos a todas las putas del pueblo y armábamos
unas tremendas orgías?
Menéndez: Claro que me acuerdo. El cuartel parecía un burdel. ¡Ah!
Pero lo mejor de todo era que las fiestas, a nosotros los
uniformados, nos salían gratis, ya que el señor De Lara era
el que costeaba los servicios (Se ríe. Se escucha un auto que
se estaciona. Salen los hombres de escena. Apagón).
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la siniestra historia del señor de lara
Escena X
Sueño de Libertad
(Carmen está recostada, durmiendo en la cama y, al lado, se encuentra
Aquino, observándola detenidamente. Ella se despierta y se asusta al ver al
hombre)-
Carmen: ¿Qué haces mirándome con esos aterradores ojos? Me das
miedo.
Aquino: Tía, no se asuste. No le voy hacer daño.
Carmen: ¿Y qué quieres?
Aquino: Ayudarle, tía.
Carmen: ¿Tú? ¿Y cómo? Si estás más perdido que yo en este
mundo.
Aquino: No siempre estoy así. Hay momentos que entiendo todo
lo que pasa.
Carmen: Sí, pero luego te viene la locura y destruyes todo.
Aquino: Pero yo me doy cuenta de todo. Se que odia a mi tío.
Carmen: Eso es verdad; lo odio con toda mi alma, pero no puedo
escapar de sus garras; me tiene en su prisión, no sólo porque
me tiene encerrada bajo llave, sino también porque estoy
enganchada con su droga.
Aquino: Tía Carmen, déjeme ayudarla.
Carmen: No, es muy peligroso. Si se entera que intentamos escapar
nos mata.
Aquino: Hoy no va a venir temprano; fue a la fiesta en el cuartel y
ahí se queda hasta el otro día.
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iván vera-pinto
Carmen: Aquino, entiende, apenas puedo caminar y ya me está
viniendo la angustia.
Aquino: Tenga fuerza y resista. Yo sé donde guarda una copia de la
llave de la puerta. Tía, quédese tranquila, voy a la cocina.
La llave está dentro de un santo de yeso. Espere, la voy a
traer.
Carmen: Por favor, no lo hagas. Recuerda que afuera tiene a sus
guardias.
(Aquino, sale de escena. La mujer se levanta de la cama y trata de caminar,
pero no tiene fuerza en las piernas y está mareada. Cae al suelo. Se vuelve a
levantar y se apoya en un mueble. Vuelve Aquino; trae en su mano la llave).
Aquino: (Feliz) ¡Tía, aquí está la llave! Ahora podemos escapar.
¡Vamos!
Carmen: Aquino, no puedo caminar. Me siento débil.
Aquino: Yo le ayudo (La mujer se apoya en los hombros de Aquino.
Dan un par de pasos y caen los dos al suelo) ¡Mierda! Mi
pierna no me sirve. Espere. Mis brazos son fuertes y la
puedo arrastrar (Toma de las manos a la mujer y comienza
a arrastrarla hacia fuera).
Carmen: ¡Espera, espera! Esto no va a resultar. ¿Cómo vamos a
cruzar la entrada sin que los guardias nos vean?
Aquino: Tía, tenemos que llegar a la puerta, nada más. A dos metros
está amarrado el antiguo carretón de tabaco. Yo la subo y
luego nos vamos.
Carmen: Tú sí que estás loco de remate. ¿Acaso sabes manejar un
carromato?
63
la siniestra historia del señor de lara
Aquino: Sí, puedo. El tío me enseñó cuando niño.
Carmen: (De pronto le viene una convulsión y un espasmo comienza
a recorrer todo su cuerpo) Por favor, busca la droga.
Aquino: No, tía, eso no.
Carmen: (Desesperada) ¡Mierda! Te digo que la busques. Me voy a
volver loca.
Aquino: No, la voy a sacar de aquí.
Carmen: ¡Retardado, hijo de puta! Necesito que me des una dosis,
sino te mato.
Aquino: ¡Nooo! ¡No le voy a dar nada!
Carmen: (Da puñetazos a Aquino en su cuerpo. Este lo único que
hace es esquivar los golpes) ¡Desgraciado me vas a matar!
(Grita) ¡Ayúdenme, Ayúdenme; este loco me va a matar!
¡Socorro, guardias, ayúdenme! (Aquino se pone nervioso,
golpea en el mentón a la mujer y ella cae inconsciente. Se
altera el muchacho y comienza también a golpearse en su
cabeza) ¡Aaaay! ¡La tía Carmen me quiere pegar, así!
(Se golpea con violencia su cuerpo y su cara) ¡Aaaay! ¡Me
duele, me duele! (Se pone a llorar. Luego se calma y queda
mirando a la mujer) Es linda la tía; es muy linda (Se acerca
suavemente y le da un beso en la mejilla a la mujer). Tía, yo
la voy a sacar de acá. Nunca más el tío la va maltratar. Yo la
voy a cuidar. Nunca más va a llorar, nunca más (Comienza
a arrastrarla de los brazos). Si llegamos al carretón,
estamos salvados. ¡Vamos, tía, vamos, tenemos que huir!
(Apagón).
64
iván vera-pinto
Escena XI
El Fantasma Acecha
(De Lara, de rodillas, reza cerca de una cruz clavada al piso. Llueve
torrencialmente. A lo lejos, se sienten unos truenos. Aquino se encuentra
amarrado con el torso desnudo a un poste. Dos hombres con sendos látigos le
dan golpes en la espalda de manera alternada. El muchacho grita de dolor.
Los rezos y los gritos van en aumento, hasta llegar al paroxismo. Aquino
termina desfalleciendo de dolor. Los hombres se retiran. De Lara se levanta y
lo abraza al joven, llorando) .
De Lara: ¡Pobre bastardo! ¡Tu maldición siempre me perseguirá!
Es mejor darte muerte para que no me acechen más los
fantasmas y demonios en mi condenada existencia. Tú
eres mi gran pecado. Nunca Dios perdonará mi crimen.
Nunca perdonaré mi cobardía. Aquino, aunque no tienes
la culpa de nada, eres mi karma.
(De la oscuridad surge la figura de una mujer vestida con una mortaja blanca.
Viene descalza y su rostro es muy pálido e inexpresivo. Trae una pistola en la
mano).
Isaura: Vittorio, hice lo que acordamos. Puse la pistola en mi
boca y me disparé un tiro. Fue todo muy rápido. Casi no
sentí dolor; sólo percibí un gran resplandor que cegaron
mis ojos (De Lara se asusta al ver a la mujer).
De Lara: ¿Qué haces aquí?
Isaura: Vengo por ti.
De Lara: ¡Nooo! Tú estás muerta. No existes.
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la siniestra historia del señor de lara
Isaura: Toma, te traje la pistola. Debes apretar el gatillo y así todos
tus sufrimientos terminarán. Ya nadie nos culpará de nada
y seremos felices como soñamos cuando jóvenes. Podrás
acariciar mi cuerpo y hacerme tuya todas las veces que
quieras.
De Lara: Esto no es cierto. Eres una pesadilla, una ilusión.
Isaura: No. Te equivocas. Ven, toca mis manos. Aquí están para
que juegues con ellas y las beses como lo hacías antes en la
oscuridad.
De Lara: (Se cubre la cara con sus manos) La sangre salía de su cabeza
como un chorro de agua. No sabía qué hacer. Entré en
pánico y corrí despavorido del lugar.
Isaura: Fuiste un cobarde. El pacto era morir los dos. ¿Para qué
seguir viviendo? La vida no vale nada sino tienes una
razón para vivir. Y yo no la tenía después que me quitaron
a mi hijo enfermo.
De Lara: ¡Oh Dios! ¿Por qué lo hice? Este pecado me pesará hasta
la eternidad.
Isaura: (Le pasa la pistola. Vittorio la toma y la guarda en el
bolsillo de su chaqueta) Toma, no sufras más. Te insisto que
aprietes el gatillo para concluir con esta siniestra historia.
Vittorio, durante todo este tiempo te he esperado. Ven te
necesito. Aquí siento mucho frío sin ti. Quiero sentir tu
cuerpo, ardiendo de pasión sobre el mío. Quiero llevarte
a mi huerto para alimentarte con el néctar de mis pechos.
Aún recuerdo que me trastornabas cuando me hacías el
amor en cualquier rincón de nuestra casa. Conocías todo
mi cuerpo y me gustaba mucho cuando lo apretabas,
66
iván vera-pinto
nervioso, contra el tuyo. Tus manos recorrían todos los
surcos de mi piel y se hacían un nudo con las mías durante
el éxtasis.
De Lara: ¡No, basta, déjame en paz!
Isaura: ¡Jamás te dejaré! Tú me hiciste tu mujer. Me prometiste
amarme para siempre y enfrentarte a todas las condenas
divinas y terrenales.
De Lara: Sí, te prometí estar unidos irremediablemente por la
muerte. Pero no fue así. Me arrepentí; era muy joven.
Cometí muchos errores. Reconozco que fui un cobarde y
escapé de ti y de todos.
Isaura: Te acuerdas que todo partió ese día que cumplía quince
años. Yo estaba bañándome cuando, de improviso, entraste
y me viste desnuda en la tina. Al principio, me ruboricé y
te grité no sé que cosa. Pese a ello te quedaste sin moverte
del lugar: inmóvil y fascinado por mi cuerpo.
De Lara: (Habla con sinceridad) Es verdad, a mis treces años, fue
la primera mujer desnuda que veía en mi vida. En ese
momento, me dejé llevar por los instintos; me acerqué a la
tina, me arrodillé y con curiosidad te rocé con mis dedos
tus rosados pezones, impregnados de pompas de jabón.
Tú te quedaste muda, sin reaccionar; luego, mis manos
tomaron confianza y se deslizaron suavemente por tu
cuello y cuerpo húmedo. De pronto, percibí que tu boca
resplandecía con un bello fuego. En aquel momento, mis
manos se hundieron en el agua espumosa y te acariciaron
con toda libertad tu precoz sexo, exaltado por el ardor.
De pronto, la voz de mi madre buscándome por la casa
interrumpió nuestro breve e imborrable encuentro.
67
la siniestra historia del señor de lara
Isaura: Después nos buscábamos todos los días para acariciarnos
mutuamente. Una tarde, cuando nuestros padres salieron
al pueblo, nos perdimos en el huerto y allí, sin demora y
sin premura, me sacaste la blusa para besarme la espalda
hasta hacerme estremecer con la sal de tu saliva.
De Lara: Nunca pensamos si lo que hacíamos era bueno o malo;
simplemente nos deseamos.
Isaura: Tampoco yo me imaginé te iba a desear y luego amar tanto.
Tú eras muy diferente. Aún te recuerdo un muchacho muy
tímido e introvertido.
De Lara: Sí, es verdad; era muy tímido. Bueno, debes recordar mi
posición. Era el segundón de la familia. Tú eras la hija
legítima y yo era el bastardo que había nacido de la relación
de nuestro padre con una campesina.
Isaura: Mi mamá fue una santa. Después que tu progenitora
murió de tuberculosis, aceptó que te quedaras en la casa y
que fueras parte de la familia.
De Lara: Ustedes dos me hacían sentir muy protegido. Ella me
abrazaba como si fuera su hijo de verdad, y tú me llenabas
de besos en la cara, a lo que yo respondía con retraídas
caricias.
Isaura: Al tiempo -casi como jugando- las caricias y los besos
pasaron a momentos más íntimos. Aún me viene a la
memoria la noche de verano cuando fuiste sigilosamente
hasta mi cuarto, y te metiste tembloroso a mi cama.
De Lara: (Se aproxima a la mujer) Sí, recuerdo que fue casi de
madrugada, cuando entré a tu habitación y divisé en las
68
iván vera-pinto
sombras tu cuerpo desnudo, ardiendo sobre las sábanas.
(La abraza y besa apasionadamente).
Isaura: Claro, te esperaba; sabía que vendrías y quería que
me hicieras de una vez por toda tuya (Se recuestan
amorosamente en el piso. Se miran y acarician).
De Lara: Te confieso que los días domingos para mí eran un
verdadero calvario, porque tenía que ir a misa y el cura
exigía que le confesara todos mis pecados. ¡Oh Dios!
Todo era una mentira. Yo sabía que estaba pecando y eso
me golpeaba en la cabeza. Pero al atardecer, mi estado de
ánimo cambiaba; sabía que te volvería a encontrar en el
huerto y en aquel lugar nos perderíamos hasta oscurecer
(Besa el rostro de la mujer).
Isaura: Fuimos unos adolescentes alocados e irracionales.
Vivíamos un mundo muy especial, una relación que
estaba por sobre lo que nuestros padres nos inculcaban y la
iglesia nos machacaba. Vittorio, yo te amé, pero creo que
tú nunca llegaste a sentir los mismo, por eso me dejaste ir
sola.
De Lara: (Se levanta repentinamente y vuelve adoptar su habitual
actitud dura y cínica). Isaura, tú debes comprender que
desde esa época han pasado muchas aguas debajo del
puente. Y ahora ya no quiero recordar más lo que sucedió.
Nunca más ¿Me entiendes? Por eso te pido que te largues
de aquí a tu oscuro nicho.
Isaura: Vittorio, te miro y no te reconozco. Lamentablemente,
te convertiste en una miserable ave carroñera que devora
los despojos humanos e incluso hasta la carne de tu carne.
69
la siniestra historia del señor de lara
¡Mírame! Date cuenta lo que hiciste conmigo y con mi
pobre hijo.
De Lara: ¡Cállate! No quiero oír más tu voz, sacudiendo mi mente.
No quiero escuchar tu grito final: desgarrador y profundo.
¡Isaura, no quiero verte más! (Dispara contra el fantasma
de la mujer que desaparece en la oscuridad. Los rayos suenan
estridentes en el espacio. Apagón).
Escena XII
El Levantamiento
(Se escucha una multitud que viene gritando consignas; portan antorchas y
carteles. De pronto, se produce una breve pausa y surge la presencia de un líder) .
Líder: Hermanos: El día de hoy, los campesinos de Valladares,
hemos tomado la firme decisión de terminar con las
injusticias y la explotación de los latifundistas que nos
han dominado durante largos años. Ahora cuando ha
caído el gobierno dictatorial por la vía de las elecciones
presidenciales, es el momento oportuno para exigir que
se nos devuelvan nuestras tierras usurpadas, y que se nos
respete los derechos como trabajadores del campo.
Carmen: (Lúcida al hablar) Esa noche, todo el campo de Valladares
se incendió. Desde los cerros, bajaron los pobladores más
pobres y se sumaron los estudiantes y centenares de vecinos
para expulsar de su territorio, a quienes por muchísimos
años los habían explotado.
Líder: Nosotros no estamos luchando por los capitales, por un
cargo político o por aparecer en los libros de historia.
70
iván vera-pinto
Estamos luchando por las tierras de nuestros antepasados,
por la herencia de nuestros abuelos y padres. Ellos, desde
tiempos inmemoriales, sacaron el fruto de esta tierra para
beneficio de sus familias y de nuestra región.
De Lara: (Con pistola en mano) Los indios, hijos de puta, venían
dispuestos a todo para robarme mi propiedad y hacerme
desaparecer de este mundo. Pero yo soy un guerrero y allí
los esperé para saldar las cuentas pendientes con Dios o el
diablo.
Líder: No hemos ni habremos de escatimar sangre y muerte para
reconquistar lo nuestro. No le tememos a nada ni a nadie,
porque lo único que podemos perder en esta lucha son
nuestras cadenas. Siempre hemos sido los olvidados de los
gobiernos y de los partidos políticos tradicionales. Somos
los eternos mudos de la historia, los sin voz y sin rostro:
los abandonados, los muertos sin cifras, pero a la vez los
sembradores de ternura y esperanzas.
Carmen: No sólo había rabia contra De Lara y muchas autoridades
de la zona, sino también la gente tenía ansias de cambios
más profundos que dieran una vida más digna a los
campesinos y a todos los ciudadanos.
Líder: Hermanos: Aquí estamos los campesinos y la gente
de este pueblo para cambiar la historia, para terminar
definitivamente con los latifundistas, en especial con
uno de los más explotadores y criminales de Valladares;
me refiero a Vittorio De Lara. Sé que tenemos mucha
rabia acumulada contra este “chupasangre” que nos ha
empobrecido; sin embargo, lo fundamental es aunar
nuestras fuerzas para cambiar las estructuras sociales y
económicas de nuestro país. El grave problema social de
71
la siniestra historia del señor de lara
la miseria en el campo se ha acrecentado en los últimos
años. Sumado a la crisis económica que sufre el país desde
comienzo de los años 60, ha convertido al sector rural
en una bomba de tiempo que está a punto de explotar.
Nosotros somos la fuerza capaz de llevar a cabo la misión
de libertad, democracia y justicia.
Aquino: (Expresivo al hablar) Y fue así que, en un santiamén, la
refriega comenzó cuando uno de los guardias disparó
contra la masa campesina.
Líder: Hermanos: ¡Tierra o muerte!
Todos: ¡Venceremos!
(Se desata el vendaval de balas, gritos y confusión. De pronto, De Lara
queda frente a frente al líder; ambos disparan a la vez. De Lara, cae herido.
Apagón).
Escena XIII
La Partida
(Aquino y Carmen aparecen raudos en una estación de tren. A la mujer se le
ve más consciente que en las escenas anteriores. Porta una pequeña maleta).
Aquino: Tía Carmen, la hacienda está en llamas; ahora es su única
ocasión para escapar de las garras del tío Vittorio. Por favor,
por su bien, váyase lejos y no vuelva más a Valladares.
Carmen: Aquino, gracias por auxiliarme a salir de este infierno. Aún
no me siento bien; estoy débil y, en cualquier momento, me
viene la angustia por la droga. Sin embargo, estoy decidida
72
iván vera-pinto
a cambiar mi vida y a tratar de olvidar el oscuro pasado.
Sé que no será fácil porque estoy llena de cicatrices en mi
cuerpo y en mi alma, pero lo intentaré.
Aquino: Váyase lejos, a la costa, donde su prima Dolores; ella
le ayudará. Quiero verla nuevamente, como antes,
mirándome con su linda sonrisa.
Carmen: Eres un buen hombre, nunca te olvidaré (Le da un beso en
la mejilla).
Aquino: (Muy alegre) ¡Tía, me besó, me besó! Me siento el hombre
más feliz del mundo (Se siente un tren que se acerca).
Carmen: Quizás algún día nos volvamos a ver. Por favor, cuida que
nadie sepa mi paradero. Si alguien te pregunta por mí, di
que no sabes nada.
Aquino: Sí, tía; no se preocupe. Mi boca será como una tumba
(Señala con un gesto). Mire, ahí viene el tren.
Carmen: (Saca de su vestuario un relicario) Antes de salir de la
hacienda le saqué a Vittorio este relicario. Toma, guárdalo,
es tuyo.
Aquino: (Sorprendido) ¿Mío? No, eso no es mío.
Carmen: Es largo de explicar, pero aquí hay una fotografía de una
mujer que te quería mucho.
Aquino: Ese es el relicario lo conozco, es del tío Vittorio. La mujer
que está en la foto se llama Isaura.
Carmen: Bueno, cómo te explico, ella fue la mujer que te trajo al
mundo: tu madre.
73
la siniestra historia del señor de lara
Aquino: (Más sorprendido) ¿Cómo? No entiendo nada ¿Mi madre?
… (El tren llega a la estación).
Carmen: Quizá en otro momento te lo comente mejor. Ahora,
conserva este relicario; ella te lo dejó para que algún día
supieras quién eres realmente
(Aquino, abraza a la mujer, emocionado. Por detrás de la pareja, aparece
De Lara; viene herido de un brazo y de una pierna. Apunta a la pareja con
su pistola) .
De Lara: Por fin, los encuentro. Creyeron que iba ser muy fácil
escapar de mi dominio. (Se dirige a Carmen) Y tú
grandísima puta, sólo muerta podrás desaparecer de mi
vida.
Carmen: (Muy asustada retrocede y Aquino se agazapa en el piso) Por
favor, Vittorio, te imploro: déjame ir ¿Qué más quieres de
mí? Ya estoy destruida como mujer.
De Lara: Tú no vas a ninguna parte; antes te mato.
Carmen: No, no lo hagas, ten piedad de mí (La mujer comienza a
retroceder para subir por la escalerila al vagón del tren. De
Lara la amenaza con su pistola).
Aquino: Tío Vittorio, déjela ir. No le haga daño.
De Lara: No te entrometas en este cuento. Ya voy arreglar cuentas
contigo ¡Loco de mierda! ¡Debí liquidarte cuando
naciste!
Aquino: (Comienza a trastornarse y a golpearse con su mano en la
cara y en el cuerpo. Con furia se interpone en el camino De
Lara) ¡Tía, váyase, váyase!
74
iván vera-pinto
De Lara: ¡No te metas, carajo! (Empuja a Aquino, quien cae
pesadamente al suelo. Luego apunta con su pistola a la
mujer) ¡Perra, traidora! Ahora sí que te vas a ir para
siempre… (Va a dispararle a la mujer, pero Aquino se alza
con furia desde el piso y se abalanza contra Vittorio).
Aquino: ¡Nooo!
(Caen ambos hombres a la línea férrea. Carmen aprovecha de subir rápido
al vagón y la máquina emprende la marcha. Se escuchan gritos de dolor que
se entremezclan con los sonidos de la locomotora. Silencio. De la sombra,
se divisa un cuerpo inerte y otro que se arrastra herido entre medio de los
rieles).
De Lara: (Sufriente, se apoya en el cuerpo de Aquino) ¡Maldita sea!
¿Por qué tuviste que morir? ¿Por qué? ¡Oh Dios mío! He
asesinado al único inocente de esta tierra. He asesinado
a mi propia carne ¡No merezco vivir más en este mundo!
¡Dios Santo! ¡Quítame la vida! ¿Pero, acaso valga morir?
Tal vez, ni la muerte pueda redimir mi abominable vida.
¡Por piedad! Qué alguien recoja mis despojos y los arroje al
fondo del mar para que se desintegren y no quede rastro de
mí. No tengan miedo, ya que mis males ningún mortal, sino
yo, puede arrastrarlos (Llora. Apagón).
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la siniestra historia del señor de lara
Escena Xiv
Epílogo
(Carmen se encuentra sola en la playa. Se perciben sonidos de olas y aves
marinas. Tiene en su mano el conejo de peluche y la lámina de la corteza
del árbol. Mira al juguete y lo acaricia con ternura, luego lo deja sobre
una roca. Toma la madera, la huele y queda un momento en silencio.
Luego va hacia la orilla del mar y deja que la corteza se deslice por el
agua. Finalmente, en la arena dibuja un corazón y escribe “Román te
amo”).
Carmen: (Alegre y romántica). Román, mi amor, ahora que estoy
de pie frente a la inmensidad de este mar, amparada por
la suave brisa que acaricia mi piel, quiero decirte que te
percibo en mi cuerpo y en el aire. Que estás presente en las
gotas de agua que salpican de la arena a mi rostro y en el
vuelo libertario de las aves que cruzan todas las fronteras.
Quiero decirte que te veo y palpo en todas las cosas bellas
y sencillas del firmamento. Y que en esta soledad no me
siento desamparada, ya que tu espíritu y este mar generoso
están conmigo, para entregarme el fulgor que se mantendrá
vivo, aunque se pose el manto oscuro de la noche.
Román, te amo, en todos los rincones y avenidas más
oscuras de los recuerdos. Te amo y estás en mi sangre. Te
amo y te llevo conmigo. Me llevo tu mirada, me llevo tus
palabras y el eco de tu risa, en los sueños y esperanzas. ¡Mi
vida! Nada ni nadie pudo impedir que nos siguiéramos
amando, a pesar de los tiempos de furia y dolor.
76
iván vera-pinto
En este nuevo tiempo, cuando el sol brilla para todos,
quisiera lanzar a los vientos el descanso de la libertad
prisionera de tu amor, y sentir el temblor que dejas en el
agua de tanto ir y venir, adentrándote en mi corazón.
(Se vuelve a escuchar la música de Tchaikovsky. Carmen baila libre por todo
el espacio. Se detiene, va hacia la roca y toma al conejito. Pausa. Mira al mar
y se interna en él hasta perderse entre las olas infinitas. La luz se extingue
suavemente)
Cae el telón
77
la siniestra historia del señor de lara
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iván vera-pinto
79
la siniestra historia del señor de lara
80
iván vera-pinto
La Siniestra Historia del señor De Lara
de Iván Vera-Pinto
se imprimió en el taller gráfico
de la Universidad Arturo Prat,
en iquique, Región de tarapacá ,
en mayo de 2009.
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Palabras claves ,
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23 de Abril, 2011    General

OBRA DE TEATRO: LA PASION DEL SASTRE




PASIÓN DEL SASTRE
Iván Vera-Pinto Soto
Registro Propiedad Intelectual Inscripción 181434
Impreso en Oñate Impresores
Iquique, Chile
Proyecto ejecutado gracias al Fondo Regional de Cultura, financiado con
el 2% del FNDR 2009, del Gobierno Regional
4
LA PASIÓN DEL SASTRE
5
LA PASIÓN DEL SASTRE
A modo de prólogo
Por qué será que no resulta extraño ni casual que este cruzado de la
memoria, quien, además, utiliza como armas las tablas y los libros y
que obedece al nombre de Iván Vera-Pinto, entregue nuevamente un
material de rescate sobre la historia de este Norte, a través de la obra
“La Pasión del Sastre”.
En su persistente y arduo, como sistemático escribir, refleja desde la
historia del Yo familiar, esa misma historia que Pierre Villar (2008),
describe como egohistoria. Revela la memoria frente a un hecho
que cada vez más pasa al olvido, como fueron los sucesos de 1947,
conocidos como la “Ley Maldita”. Ley que es parte de un contexto
tan lejano para los estudiantes de hoy, como la Guerra Fría, siendo
que nosotros fuimos partícipes y actores; mas, en la actualidad, estos
hechos y pasajes son preguntas de pruebas de la asignatura de Historia
Universal para la juventud del siglo XXI.
La Era de los Extremos (1998), señaló Eric Hobsbawm al siglo XX,
esta historia, que se hace viva en actores de papel, que seguro tomarán
vida al leerse, se levanta y agiganta en la prosografía familiar que nos
lega el autor, a través de su padre; cercano a un personaje como Augusto
Pinochet Ugarte y parte de un primer escenario que centra en un espacio
triste y célebre desde sus comienzos, como Pisagua, lugar de batallas y
prisiones, lugar de muerte y encierro, como la historia del Norte.
En la lectura sus personajes son cercanos a la cotidianidad de este
paisaje: el nombre Esmeralda, hundida en un puerto, como la
corbeta de Prat, el Capitán, nombre de similitudes en el imaginario
nortino. Gabriel, como el Presidente González Videla…el regimiento
6
LA PASIÓN DEL SASTRE
“Carampangue”, que aún pena, como ánima en los recuerdos de quienes
lo conocieron desde dentro o fuera en la calle Riquelme de Iquique,
la Unión Soviética, Moscú, rogelios y otros conceptos, propios de una
memoria del siglo XX, trágica de esperanzas y condenatoria hasta la
actualidad por la rigidez capitalista.
La obra en sí misma, invita a pensar en las formas históricas de
la época. No es menor su contexto atávico en lo ideológico y hasta
sísmico en los diálogos; la orden de persecución de González Videla,
entre el juego dominó, señalando el padrón de lo cotidiano de la vida
del hombre y la mujer común.
Los párrafos permiten notar la continuidad del tiempo, a pesar de
las rupturas de normalidad aún suena en los oídos la bienvenida del
Capitán a Pisagua “Métanse bien en la cabeza esta advertencia:
ustedes están aquí como detenidos políticos, y no como ciudadanos
libres ni turistas. Permanecerán en Pisagua hasta que el Gobierno
disponga otra cosa.” En consecuencia, son estas frases las que
sencillamente hace que se piense en el lugar y aún en su temporalidad
y protagonismo en una historia del relato, que fundada en la ficción,
no deja de ser relato de socialización o si se quiere de sociabilidad
de los sucesos, más cuando el título evoca la ideología con la palabra
Pasión.
En sus páginas se transita a esos finales de novelas históricas.
Además, los diálogos dinámicos y profundos de los personajes, hace
que emerja la historia de Iquique. De esta forma, el autor logra el
fin de filosofar del tiempo, como señalaba Marc Bloch(1944), llega
al camino conocido del pasado y se percibe el perfume del recuerdo.
Cada vez me convenzo que el autor del apellido compuesto, se erige como
7
LA PASIÓN DEL SASTRE
un miembro de los que se hacen más conocidos que los historiadores,
provocando a veces los celos del ego de la Academia.
En esta obra, Iván Vera-Pinto, nos conduce hacia la memoria y salva
desde sus propios recuerdos los relatos del tiempo ocurrido. Por lo
demás, pone en valor la historia, que hace demasiada falta hoy, sobre
todo cuando vivimos tiempos rapidez de una modernidad que no es
tan moderna y que aún en pretéritas épocas se pregonaba. Así, el
dramaturgo, nos devela los hechos que sólo a dos años del horror de
los campos de concentración de Europa, recreó en Pisagua su estigma
de infamia
Aprendamos del Teatro, de los libretos del tiempo. Gracias por esta
obra Iván, a la sazón nombre de colosos del frío.
Patricio Rivera Olguín
Historiador
Académico de la Universidad Arturo Prat
Barrio El Colorado
Iquique
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LA PASIÓN DEL SASTRE
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LA PASIÓN DEL SASTRE
Un hombre que ame la vida y que luche por ideales
A través de la curiosidad y la búsqueda de su propio padre el autor, Iván
Vera-Pinto, nos transporta a las perdidas memorias de su niñez y del
pasado de nuestra nación, y es que (para quienes lo hemos experimentado
por cualquier motivo) la ausencia del padre, del progenitor, de un “guía”
o una figura paternal en nuestras vidas, ciertamente puede generar
las más diversas pasiones, curiosidades o bien fuerzas creativas. Por
supuesto, nuestro padre no está del todo ausente, siempre nos asecha
su figura fantasmal, generada por nuestra propia imaginación, la cual
tiene el poder potencial de deformar y alejarnos de él, o bien devolvernos,
a través de fragmentos, partes de nuestra propia vida (pasada y futura),
parte en fin de nuestra propia identidad.
Todo ello parece desprenderse en esta exploración que realiza el autor
para retratar y reconstruir, mediante la ficción, el arte, y sobre todo
a través de su pasión teatral, la historia y el alma de su propio padre.
Aquel progenitor ausente que evoca en las memorias de su infancia,
que se desprende suavemente de las lágrimas de su madre y que
innegablemente han marcado a un ser humano que parece buscar un
poco de verdad en la ficción, en su pasión tan personal por contar
historias y, de esta manera, alimentar su alma y la de los espectadores.
Además, se nos devuelve parte de nuestra memoria histórica, de una
forma poética y artística. Las pasiones y conflictos de nuestra nación
nos asaltan nuevamente, llanas, sencillas y explícitas. Pisagua,
mediados de los años 40. Iquique, los conflictos sociales, la continua
represión en el gobierno del presidente Videla; la altanería y ansias
de poder de los militares, simbolizada por la figura del “Capitán”,
el partido comunista y su continua lucha por concretar los deseos y
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LA PASIÓN DEL SASTRE
derechos de las clases más bajas, etc.
Aquellos hechos tan olvidados y que, sin embargo, para pesar de
muchos se encuentran en las venas de nuestra ciudad, casi escritos por
el tiempo en los ya roídos edificios del centro histórico de la ciudad; de
este Iquique nostálgico y suave como la camanchaca en las mañanas
de invierno. Los hechos acontecidos, las luchas sociales y las pérdidas
de vidas en pro de los derechos más innegables del ser humano están
hoy en día tan palpables como siempre, tan reales y frontales como la
obra en cuestión.
En “La Pasión del Sastre” presenciamos las vidas en contraposición
y las opiniones tan dispares de una misma realidad; tanto la realidad
de los trabajadores y la muy distante situación de las autoridades.
Punto aparte merece la magistral escena del Presidente, un magnífico
momento de sátira sobre la escapista fantasía con que muchas veces
las autoridades ejercen sus cargos. Aunque, por sobre todo, asistimos
a la historia de amor irrefrenable de Francisco y Esmeralda. Y es
que el amor y las pasiones humanas son la clave de esta obra. Un
amor ante todo, puro y trágico. Este amor que se abre paso a pesar
de los problemas y las convulsiones sociales. Un amor por el cual el
protagonista estará dispuesto a entregarlo todo.
La sinceridad con la cual Iván Vera-Pinto trata los temas de su propia
gestación otorga a la obra una fuerza innegable, profundamente
autobiográfica y cruda a ratos. Sin quedarse corta en unos “escapes”
del realismo escénico a mundos poéticos que contrastan con el día
a día de los trabajadores. Devolviéndole al teatro la capacidad de
asombrar y alimentar estéticamente los sentidos y emocionalmente
al alma.
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LA PASIÓN DEL SASTRE
No debe olvidarse que los hechos presentados en la obra, a pesar de ser
lejanos, tienen una rima a lo largo de toda la historia de Chile, por
lo que tocan de una forma u otra al espectador. Y es que en todas las
obras del autor subyace una visión poética y realista al mismo tiempo;
siendo ésta no una relación conflictiva, como podría llegar a pensarse
en una primera instancia, sino más bien de complementación, como
si mediante la fantasía y la ficción el artista puede comprender mejor
su realidad y a fuerza de delirios poéticos tocar más firmemente el
suelo de la autenticidad cotidiana, para así obsequiarnos un poco
de esa conciencia y responsabilidad social venida de la pasión por
contarnos una historia.
De esta forma se perfila esta obra en la cual se utiliza a las artes
escénicas como una forma de reinventar poéticamente la realidad,
maravillándonos e impactándonos al mismo tiempo; hurgando sin
tapujos en su propia historia personal y en la del país, devolviéndonos
parte de nuestra propia identidad tanto de chilenos como de iquiqueños.
Iván Vera-Pinto, nos regala un relato genuino y cargado de emotividad
que sintetiza muchos de los tópicos ya tratados por el autor: el amor en
tiempos de agitación social, las luchas y tragedias ocurridas en Chile,
perpetradas por las manos que debían protegernos y permitirnos por
fin el derecho de vivir en paz.
Manuel Alejandro Sánchez S.
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LA PASIÓN DEL SASTRE
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LA PASIÓN DEL SASTRE
La verdad develada
Tengo la certeza que el espíritu del teatro es capaz de trascender
el mar encrespado y las nubes fatídicas que cíclicamente acechan
nuestras existencias. El teatro tiene la fuerza para comunicar, más
allá de las fronteras geográficas y culturales, las imágenes mentales,
los conceptos y emociones que cobran vida a través del diálogo y la
acción teatral.
“La Pasión del Sastre”, nació de mi obsesión por indagar sobre la vida
de mi padre, Francisco Vera-Pinto, un prestigioso sastre que vivió
en Iquique hasta la década de los 60; dejando tempranamente este
mundo y legándome como herencia imágenes vagas, fragmentos de
historia y fantasmas que desde los cuatro años de edad he intentado
exorcizar.
Después de muchos años de su desaparición, llegó a mis manos un libro
escrito por el general Augusto Pinochet, quien cita a mi padre como
uno de los personajes con quien inicialmente mantuvo una relación
de amistad; y que posteriormente, custodió como preso político en el
campo de concentración de Pisagua, el año 1947.
A partir de este preliminar antecedente creció en mí la curiosidad
por saber más sobre este cercano y a su vez desconocido protagonista,
quien gozó de diversas vinculaciones sociales y que, paralelamente,
mantuvo una activa militancia política comunista. Luego, en
mi exploración familiar, surgieron sustanciosas anécdotas y
sufrientes entornos sentimentales que directamente han marcado
mi existencia.
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LA PASIÓN DEL SASTRE
A esa altura recordé las palabras del maestro teatral Eugenio
Barba “El artista debe tener un ojo anfibio, uno para mirar en la
superficie, y otro para mirar debajo del agua”; entonces me propuse
auscultar el amor y la pasión que sintió este hombre por una mujer
que lo deslumbró hasta enloquecer. Comprendí que todo lo que hizo
Francisco en su vida fue movido por la pasión, ese maravilloso ímpetu
que nos impulsa a entregar lo mejor de nosotros por los demás, sin que
medie lógica alguna.
Como dramaturgo consideré que debía, con coraje, cuestionar a
este hombre y, en el dolor, redimirlo con sus valores, debilidades,
contradicciones y principios. Sentí que no debía idealizarlo ni
representar las cosas como fueron aparentemente, sino que tenía que
revelar su verdadero amor y su vida pasional, de una manera más plena
y fuerte. Tal vez, el ímpetu del texto no sea más que un fiel reflejo
de mi embriaguez con el padecimiento y la nostalgia paternal. Hoy,
sin pudor, intento reflotar a ese descarnado niño que, bajo ninguna
circunstancia, compartió caracolas, regalos, cumpleaños ni navidades
con su mentor. Ese niño que, de manera incesante, se preguntaba por
qué su madre lloraba sin ninguna razón y, cómo hubiera sido su vida
si su padre lo hubiese acompañado en su existencia. Interrogantes
todas que, por largos años, no pudo develar.
Después del anterior ejercicio auto expiatorio, descubrí que el hilo
conductor debía ser la historia sentimental y política de Francisco; un
hombre que se enamoró totalmente de una mujer- siendo él casado - y
quien, además, fue testigo presencial de una experiencia trágica que
enlutó a trabajadores, dirigentes sindicales, profesionales, dueñas de
casa, jóvenes y viejos, que convirtieron sus calvarios en una verdadera
epopeya épica en el norte de Chile.
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LA PASIÓN DEL SASTRE
Posteriormente, vino la lectura de “Pisagua: La Semilla en la Arena”,
de Volodia Teitelboim, novela que me ilustró uno de los hitos de
vergüenza y dolor de la historia de Chile, cuando el gobierno de
Gabriel González Videla, promulgó la ley de defensa de la democracia,
rebautizada por el pueblo como “la ley maldita”, la que puso en la
ilegalidad al partido comunista, relegando a más de dos mil hombres
y mujeres al primer campo de concentración de nuestro país: Pisagua.
He complementado esta búsqueda con otros escritos que describen los
tortuosos y humillantes actos que se cometieron en Pisagua, el año
47. Todo aquello me ha permitido dar el realismo y emotividad a
este texto, sin minimizar el contorno de ficción que debe tener toda
creación artística.
La melancólica atmósfera de Iquique de esos años y las pesadas
sombras de las derruidas construcciones patrimoniales que caen
sobre Pisagua, constituyen el telón de fondo donde se desenvuelven un
conjunto de acontecimientos vivenciales que han dejado profundas
huellas en el imaginario de quienes hemos nacido en este confín de
la tierra.
Sin pretender ser una obra histórica, esta creación dramática
se propone – como lo expresó Mario Benedetti, en “Pedro y el
Capitán” – “recuperar la objetividad, como una de las formas para
recuperar la verdad”. Es por ello que el argumento está matizado con
acontecimientos históricos y políticos que a veces el autor trastoca,
intencionalmente, en tiempos y lugares para plasmar teatralmente
un pasado no muy lejano que aún golpea nuestras vidas. No obstante,
la obra no está destinada a provocar más lamentos ni añoranzas, sino
más bien a recuperar la memoria histórica sepultada por un sistema
político que ha intentado cubrir con un manto de olvido pasajes
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LA PASIÓN DEL SASTRE
fuliginosos de nuestra realidad nacional.
Por ende, “La Pasión del Sastre” es una obra abiertamente biográfica
que evoca una intensa y sacrificada historia de amor, ambientada en
uno de los períodos de tiempo de mayor convulsión y controversia en
la memoria de nuestro país.
Al terminar este texto me quedo con la sensación que es muy complejo
construir una historia de amor en momentos revueltos, cuando todos
conviven permanentemente con la muerte, cuando los protagonistas
son herederos de un período de enfrentamientos y odios fraticidas;
sin embargo, también siento el convencimiento que cuando el amor
es verdadero trasciende a la muerte, a las ilusiones y a los sueños;
conmueve a los más fríos, diluye todas las fronteras y vuelve a florecer
en un día de primavera.
El autor
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LA PASIÓN DEL SASTRE
No podemos vivir eternamente rodeados de muertos y de muerte.
Y si todavía quedan prejuicios hay que destruirlos.
“El deber”
digo bien
“EL DEBER”
del escritor, del poeta, no es ir a encerrarse cobardemente en un
texto, un libro, una revista de los que ya nunca más saldrá, sino
al contrario salir afuera
para sacudir
para atacar
al espíritu público
si no
¿para qué sirve?
¿Y para qué nació?
Antonin Artaud
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A la memoria de Victoria y Francisco,
por las alas que me dieron para volar
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Mis sinceros agradecimientos a:
Lautaro Cáceres
Juan Carlos Rocha
Jeannette Baeza
Patricio Rivera
Luis Espinoza
Francisco Sibulka
Manuel Alejandro Sánchez
Actores Teatro Expresión
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LA PASIÓN DEL SASTRE
LA PASIÓN DEL SASTRE
Iván Vera-Pinto Soto
Personajes
Francisco, 45 años
Capitán, 32 años
Cecilia, 42 años
Esmeralda, 30 años
Ángel, 45 años
Ernesto, 40 años
Alejandro, 40 años
Animador, 25 años
Gabriel, 48 años
Jorge, 50 años
Niño, 5 años
Segundo niño, 10 años
Otros hombres
Tal vez, esta historia ocurrió a mediados de los años 40 del siglo
pasado, en el norte de Chile.
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LA PASIÓN DEL SASTRE
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LA PASIÓN DEL SASTRE
ESCENA I: PASIONAL
(Se proyecta en una panorámica la escena final de una película
antigua, en blanco y negro. En ella aparece un niño que mira
curiosamente desde un estrecho balcón hacia la calle. Abajo, frente
a la puerta de casa, se encuentra un carro mortuorio, tirado por
unos caballos que esperan impacientemente la orden de partida.
De pronto, aparece Esmeralda, vestida con un riguroso traje
negro. Se detiene, mira al niño y le abraza con mucha ternura.
Unas lágrimas extensas y silenciosas bañan el moreno rostro de
la mujer. Pausa. El niño suavemente se desprende de sus brazos
y se desplaza hacia un antiguo mueble donde yace una figura
de yeso con la imagen de la diosa Venus, descabezada. Se queda
un momento silente mirando la divinidad, luego toma su cabeza
entre sus manos y dirige su mirada hacia el infinito. Esmeralda,
contempla al niño y ahoga su llanto; luego, presurosa, se desplaza
hacia un piano. Se sienta y acaricia con sus manos la cubierta
del instrumento musical; después, ceremoniosamente, abre la tapa
y comienza a interpretar con decisión el tango “Pasional”, letra
de Mario Soto y música de Jorge Caldara. Desde la oscuridad,
emerge la sombra de Francisco que canta con voz añeja y cansada.
El pequeño se acerca hacia la mujer y le da un beso en su mejilla.
Finalmente, se dirige hacia Francisco y le entrega la cabeza de
Venus)
No sabrás... nunca sabrás
lo que es morir mil veces de ansiedad.
No podrás... nunca entender
lo que es amar y enloquecer.
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LA PASIÓN DEL SASTRE
Tus labios que queman... tus besos que embriagan
y que torturan mi razón.
Sed... que me hace arder
y que me enciende el pecho de pasión.
Estás clavada en mí... te siento en el latir
abrasador de mis sienes.
Te adoro cuando estás... y te amo mucho más
cuando estás lejos de mí.
Así te quiero dulce vida de mi vida.
Así te siento... solo mía... siempre mía.
Tengo miedo de perderte...
de pensar que no he de verte.
¿Por qué esa duda brutal?
¿Por qué me habré de sangrar
si en cada beso te siento desmayar?
Sin embargo me atormento
porque en la sangre te llevo.
Y en cada instante... febril y amante
quiero tus labios besar.
¿Qué tendrás en tu mirar
que cuando a mí tus ojos levantás
siento arder en mi interior
una voraz llama de amor?
Tus manos desatan... caricias que me atan
a tus encantos de mujer.
Sé que nunca más
podré arrancar del pecho este querer.
27
LA PASIÓN DEL SASTRE
Te quiero siempre así... estás clavada en mí
como una daga en la carne.
Y ardiente y pasional... temblando de ansiedad
quiero en tus brazos morir.
(La canción es interrumpida por el galope muy cercano de
unos caballos que emprenden su marcha, arrastrando el carro
mortuorio. Los dedos de la mujer quedan congelados sobre las
teclas del piano, el rostro se pone tenso y livianamente su cuerpo
se desploma. Francisco desaparece. Apagón)
ESCENA II: LONDON 1946
(Se ilumina la escena de una sastrería de los años 40. En algunas
mesas hay revistas, telas y diversas reglas de madera. En un
rincón hay un maniquí y a su lado una máquina de coser antigua.
Francisco, muy bien vestido; toma medidas con un centímetro
el cuerpo de un cliente. Con paciencia hace anotaciones en un
cuaderno. De rato en rato, come de un plato pequeños trozos de
queso y tocino. Además, tiene en un mesón una copa de vino que
bebe esporádicamente)
FRANCISCO: Disculpe, ¿me dijo que su apellido es Padilla?
CAPITÁN: Sí, José Ramón Padilla. Y su nombre es Francisco Téllez
¿no?
FRANCISCO: Pancho, para los amigos… ¿Es nuevo por estos pagos?
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LA PASIÓN DEL SASTRE
CAPITÁN: Sí. Llegué desde Santiago hace pocos meses, en diciembre.
Fui destinado al Regimiento Carampangue.
FRANCISCO: ¡Ah! ¿Entonces usted es uniformado?
CAPITÁN: Sí, soy capitán de ejército.
FRANCISCO: ¡Qué bien! (Medio serio y medio en broma) Capitán:
en nombre de todos los vecinos de este puerto le doy la más cordial
bienvenida. (Le da un apretón de mano) Mire usted, suele ocurrir
que cuando llegan los afuerinos a Iquique, habitualmente no se
acostumbran a vivir entre estos acantilados pelados y el desierto
más árido del mundo. Pero, con el tiempo, se adaptan a nuestra
tranquilidad, al eterno sol y a nuestras hermosas playas. Creo que a
usted le va a pasar lo mismo. Acuérdese de mí.
CAPITÁN: Espero que así sea, porque en abril pasé el primer susto.
FRANCISCO: ¿Susto?
CAPITÁN: Sí, pues, por la salida del mar que hubo en la ciudad.
FRANCISCO: Le aseguro que con el pasar del tiempo los temblores y
marejadas no lo van asustar. Este es pan de todos los días. Ahora, si
come guayabas de Pica se va a quedar aquí para toda la vida.
CAPITÁN: Es posible…No sé. A lo mejor cuando sea General me
compro una casa por aquí y me vengo a radicar con toda la familia.
Uno nunca sabe lo que le depara el destino. Por ahora me interesa
tener un buen terno para asistir a las infaltables fiestas que suelen
invitarme.
29
LA PASIÓN DEL SASTRE
FRANCISCO: Tenga confianza que el terno le va a quedar a la ”pinta”.
Usted sabe, los sastres debemos preocuparnos hasta de los mínimos
detalles. La técnica de mi oficio está en hacer el corte preciso de la
tela, para que los varones luzcan siempre elegantes, como verdaderos
gentlemen: así reza la publicidad de la sastrería London.
CAPITÁN: Me han contado que usted hace verdaderos milagros con
los ternos; incluso, hasta los cuerpos más extraños los hace parecer
normales y perfectos. Eso sí que es un arte.
FRANCISCO: Tiene razón, el oficio del sastre es un arte. En mi caso
heredado de mi familia peruana.
CAPITÁN: (Asombrado) ¡Ah! ¿Usted es peruano?
FRANCISCO: Mitad peruano y mitad chileno, como muchos de los
habitantes de este puerto. Mi madre era chilena y mi padre peruano.
Bueno, después del plebiscito del 25, uno se quedó por acá y el otro
se fue a su tierra natal. Usted seguramente se habrá enterado que
la Ligas Patrióticas persiguieron a muerte a todos los peruanos y
bolivianos que se quedaron en la ciudad.
CAPITÁN: Las Ligas Patrióticas ayudaron a chilenizar esta zona,
porque sino corríamos el riesgo de perder nuestros territorios ganados
con la sangre de nuestros valientes soldados en la Guerra del Pacífico.
FRANCISCO: Capitán, creo que en ese tema no nos vamos a entender.
Usted se dará cuenta que por mis venas corre sangre chilena y peruana.
CAPITÁN: Lo entiendo. Como dice el refrán:”para hablar de política
y comer pescado, hay que tener mucho cuidado”. Pero cuénteme de su
30
LA PASIÓN DEL SASTRE
oficio. ¿Cuándo comenzó a trabajar en esta actividad?
FRANCISCO: Hace mucho tiempo. Tenía exactamente diez años, en
esa época vivía sólo con mi padre, en Arequipa; el tenía una sastrería.
Ahí empecé sacando hilvanes a los ternos. Al tiempo me enseñó a
coser, pero no a cortar tela, hasta que agarré la mano y aquí estoy.
CAPITÁN: Y ahora es un prestigioso maestro. Me imagino que entre
tantos clientes, no deben faltar los difíciles; a esos que nada le gusta
y que nada le queda bien.
FRANCISCO: Sí, de todo hay en la viña del Señor. Pero en esa
situación siempre hay que usar la astucia.
CAPITÁN: ¿Cómo así?
FRANCISCO: Usted escuchó alguna vez la vieja fábula del rey que
era muy difícil de satisfacer. Y cuando se mandó hacer un traje,
su sastre se le ocurrió aquella genial idea de decirle que le había
confeccionado una tenida tan maravillosa que era invisible para las
personas comunes. Solamente los inteligentes podrían ser capaces de
ver la belleza de esa prenda.
CAPITÁN: ¡Ah, sí! Recuerdo que el rey no deseaba parecer como un
tonto frente a sus siervos, por eso que afirmó que veía perfectamente
el supuesto vestuario. Al final, compró el engaño y salió a la calle “en
pelotas” (Ríe)
FRANCISCO: (Ríe) Así es capitán. Me parece que de ese cuento
podemos sacar, por lo menos, dos moralejas: La primera, que a veces
la vanidad nos traiciona. Y, la segunda, ¿acaso el oficio del sastre no
31
LA PASIÓN DEL SASTRE
consiste en disimular la realidad?
CAPITÁN: Y yo agregaría una tercera.
FRANCISCO: ¿Cuál?
CAPITÁN: Que los sastres son unos mitómanos (Ríe)
FRANCISCO: Quizá usted tenga razón (Ríe)
CAPITÁN: Pero no olvide lo que dicen en mi tierra: “Siempre cae más
pronto un mentiroso que un cojo” (Socarrón) Así que, don Francisco,
tenga mucho cuidado con mentir en su vida.
FRANCISCO: (Sonríe) Sí, por supuesto, lo tendré. Capitán, tengo el
presentimiento que vamos a tener muchos temas para conversar en el futuro.
CAPITÁN: Posiblemente. Además, déjeme decirle que siempre admiro
a los hombres que hacen bien su trabajo y cumplen a cabalidad lo que
se les ordena.
FRANCISCO: De mi trabajo no tendrá motivos para quejarse. Vuelva
el próximo viernes para hacerle la primera prueba de su terno; más o
menos, a las 20.00 horas.
CAPITÁN: Estaré aquí en punto. (Se estrechan las manos. Apagón)
32
LA PASIÓN DEL SASTRE
ESCENA III: LA AGONIA
(Se proyecta en la panorámica otra escena de la película. Ahora
se ve una cama donde yace Cecilia agonizante. De espalda a ella y
cerca de una ventana abierta se encuentra Francisco leyendo una
carta. Se escucha la voz de Esmeralda)
CECILIA: (Con voz desfalleciente) Francisco, escúchame en estos
mis últimos minutos de vida. Tú sabes que hace mucho tiempo que
dejé de sentir el calor de tu piel sobre mi piel y la humedad de tus
labios en los míos. Nuestros últimos años han estado impregnados de
muchos silencios, mentiras, hipocresías y ausencias…
VOZ DE ESMERALDA: Estoy segura que lo nuestro no es una
pasión suspendida en el aire; al contrario, es un proyecto que anida
fantasías y sueños compartidos. Quisiera volar contigo, no dejar
nunca tus labios y el calor de tus manos. Pero, sé que la vida no te
regala nada, por eso sufro en estos momentos de soledad. Por ahora
no tengo otra alternativa, debo conformarme con ser tu mejor alivio,
tu deseo y tu locura…
CECILIA: Sé que nada es eterno y que el amor que nos prometimos cuando
joven se fue marchitando, día a día. Si crees que no sé lo que ocurre, no me
conoces; recuerda que una vez me amaste igual que hoy a ella…
VOZ DE ESMERALDA: ¡Cómo es la vida! Aunque parezca extraño,
trato de comprenderte y consolarte por el momento que vives con tu
esposa. Estoy clara que la parte que me toca vivir en esta relación es
ingrata. A pesar de aquello, estoy contigo; te acompaño en tu mudez,
en tus preocupaciones, en las locuras, en las palabras que afloran de
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LA PASIÓN DEL SASTRE
ti; en las pequeñas y grandes cosas que hemos vivido…
CECILIA: ¿Por qué no dices nada? ¿Acaso no tienes nada qué hablar?
Tienes el aspecto de un hombre vacío. Pareciera que el moribundo eres
tú y no yo. (Silencio) Está bien, no digas nada, no te culpo. Tal vez, si
tuviera la oportunidad de vivir una vez más nuestro matrimonio, haría
todo de una manera distinta a como la hice… (Su voz se desvanece)
VOZ DE ESMERALDA: Te amo con ganas de apartarte de este
mundo que asfixia. Te amo y me dan ganas de contarle a todo el
mundo que esto es así. Te amo con ganas de dormir a tu lado, abrigada
a tus brazos y besando suavemente tu boca.
Tu Esmeralda
(Francisco, huele la carta y la guarda en un bolsillo interior de su saco.
A lo lejos se escucha el sonido de un barco entrando al puerto. Apagón)
ESCENA IV: PENTOLACCIA 1940
(Se escucha una música de carnaval de los años 40. Un animador
habla por medio de un micrófono)
ANIMADOR: Buenas noches, damas y caballeros. Hoy, al igual que
todos los años, nos reunimos en este hermoso local del Círculo Italiano,
para celebrar esta fiesta carnavalesca de la Pentolaccia. Esta noche
tenemos numerosos premios para los mejores disfraces individuales y
comparsas. Pero, antes de pasar a ese momento culminante y muy esperado
por los asistentes, les quiero invitar a seguir divirtiéndose con la música del
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LA PASIÓN DEL SASTRE
maestro Choche Mérida ¡Vamos a bailar un valsecito peruano!
(Se escucha el vals “Alma, corazón y vida”, de Adrián Flores.
Francisco está sentado, con la pierna cruzada; en una mano
sostiene una copa y en la otra un cigarro con boquilla. Al frente
está Esmeralda, vaporosamente vestida, habla y ríe con otras
personas. Francisco, la mira fijamente y ella responde con sonrisas
coquetonas. El hombre se levanta y se aproxima hacia ella)
FRANCISCO: Señorita ¿me concede este baile?
ESMERALDA: Con todo gusto. (Bailan en la pista)
FRANCISCO: (Persuasivo) Disculpe, qué mal educado soy. Aún no
me he presentado. Mi nombre es Francisco Téllez Rivero. Panchito,
para las amigas y amigos.
ESMERALDA: Mucho gusto. Me llamo Esmeralda.
FRANCISCO: (Sugestivo) ¡Qué bonito nombre! Igual que nuestra
gloriosa fragata.
ESMERALDA: Sí, llevo el mismo nombre de la nave de Arturo Prat,
aunque debo decirle que también tengo sangre peruana, por parte de
mi abuela. Contradicciones de la vida ¿No le parece?
FRANCISCO: Sí, claro. A mí me pasa lo mismo: los parientes los
tengo repartidos en uno y otro lado de la Línea de la Concordia.
ESMERALDA: Todos estamos entremezclados en este puerto:
peruanos, bolivianos, italianos, chinos, ingleses, españoles…
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LA PASIÓN DEL SASTRE
FRANCISCO: (Le interrumpe) Esmeralda, su belleza es única,
incluso, me atrevería a decir exótica.
ESMERALDA: (Sonríe) ¿Exótica?... ¿No cree que exagera?
FRANCISCO: No estoy seguro si es esa la palabra adecuada; pero sí
puedo asegurar que usted posee una belleza jamás vista por mis ojos.
Me atrevería a compararla con la de la actriz María Félix; o mejor
dicho María Félix es el retrato vivo suyo.
ESMERALDA: ¿Es así con todas las mujeres que conoce en un baile?
FRANCISCO: Por supuesto que no, sólo me motivan las bellezas como
la suya.
ESMERALDA: (Deja de bailar) ¿No le parece que va muy rápido
con su plan de conquista, señor Casanova?
FRANCISCO: Por favor, no me interprete mal. No soy un Don Juan.
ESMERALDA: Mire, don Francisco…
FRANCISCO: Panchito para usted…
ESMERALDA: Don Francisco, usted es muy conocido por su
galantería con las mujeres.
FRANCISCO: Le ruego que no haga caso a la mala reputación que
me dan algunos envidiosos. Debe creerme, soy un hombre formal,
respetable y muy cortés con las damas.
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LA PASIÓN DEL SASTRE
ESMERALDA: (Irónica) Sí, claro, le creo todo. Estoy segura que
con el desplante que tiene no es capaz de seducir a ninguna mujer.
Don Francisco, todos nos conocemos en nuestra ciudad y usted tiene
fama de conquistador.
FRANCISCO: Con una belleza como usted no se debe discutir nada,
únicamente acatar su decisión…Esmeralda ¿le parece que vayamos a
tomar una copa de champagne al balcón para refrescarnos?
ESMERALDA: ¿Una copa al balcón?
FRANCISCO: Sí, los dos solitos, contemplando la luna.
ESMERALDA: ¿Y después?
FRANCISCO: Bueno, después, lo que usted mande.
ESMERALDA: (Interesada) ¿Lo que yo mande?
FRANCISCO: Tal como escuchó: lo que usted mande.
ESMERALDA: Muy bien, entonces nos tomamos la copa de licor a la
luz de la luna y después se va derechito a su casa, para que se ocupe
de su esposa y sus cuatro hijos que lo deben estar esperando. Adiós,
señor Casanova (Decidida se aleja de la fiesta)
FRANCISCO: (Sin atinar a nada) ¡Esmeralda! ¡Espere, por favor!
¡Qué mujer! Tiene el mismo carácter de María Félix. No hay duda: Es
la doña (Sonríe. Apagón)
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LA PASIÓN DEL SASTRE
ESCENA V: LOS AMIGOS
(En un restaurante típico se encuentran sentado en una mesa
circular Francisco, junto a dos hombres. Beben vino y comen trozos
de queso. De fondo se escucha un vals de la época)
ERNESTO: (Lee el titular del Diario Tarapacá) “Otro día sin pan
estará la población de Iquique”
ALEJANDRO: Cuenta una nueva. Todo escasea: el aceite, la carne, la
leche y el azúcar. En las mañanas hay largas colas de personas frente
a los negocios.
ERNESTO: Lo que pasa es que hay comerciantes inescrupulosos que
están acaparando los alimentos para subir los precios.
FRANCISCO: A esos tipos deberían meterlos presos.
ALEJANDRO: No, todo lo que ocurre es por culpa de los comunistas.
FRANCISCO: No, lo que pasa es que el gobierno se abanderizó con los
conservadores y olvidó el compromiso con los más pobres; es por eso
que los trabajadores se están movilizando.
ERNESTO: (Lee el diario) Escuchen la cartelera de miedo que tiene
el cine Nacional: “Mañana se presentará la película más esperada:
Doña Bárbara, la mujer que devora a los hombres; interpretada por
María Félix” ¿Qué les parece muchachos?
ALEJANDRO: A mí me gustaría que me comiera la María Félix,
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LA PASIÓN DEL SASTRE
sería el hombre más feliz del mundo.
ERNESTO: ¡Pucha que es rica esa mujer!
FRANCISCO: Ya no se pasen películas cabritos y juguemos mejor al
dominó. El que pierde paga el pedido. (Abre una caja de dominó y
revuelve las piezas) ¡Ya cabritos, empezó el juego! ¡Aquí voy con el
chancho seis! (Coloca la pieza en la mesa)
ERNESTO: ¡Sigo yo! (Juega)
ALEJANDRO: ¡Me toca! (Juega)
FRANCISCO: A ver déjenme servirle un poco más de vinito. ¡La sangre
de Cristo! (Coloca vino en todas las copas) Ahora ¡Salud! (Todos
responden. Sigue el juego) ¿Y qué novedades políticas tenemos ?
ERNESTO: La verdad es que la situación está que arde. ¿Supieron la
última orden que dio el presidente González Videla?
FRANCISCO: No ¿Cuál?
ERNESTO: Mandó arrestar a Neruda por la carta que leyó en el
Congreso diciendo que el presidente es un dictador.
ALEJANDRO: (Admirado) ¡Nooo! Las huevadas que habla el poeta.
¡Está cagado! Puede ser un buen escritor, pero de política no sabe
nada…(Apagón)
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LA PASIÓN DEL SASTRE
ESCENA VI: JORGE Y GABRIEL
(Se siente el sonido ascendente de una locomotora que inunda el
espacio. Ambiente irreal. Surge una pareja de hombres bailando
románticamente el tema de Cole Porter, Begin the Beguine,
interpretado por Frank Sinatra)
JORGE: Gabriel, amor, para qué te calientas la sangre con el poeta.
GABRIEL: Jorge, escuchaste la carta que leyó en el Congreso...
JORGE: Sí, amor, no le hagas caso…
GABRIEL: Pero, cómo es posible que diga que soy un tirano. Stalin,
ese sí que lo es.
JORGE: (Le da un beso en la cara) Gabi, mi vida, no te amargues con
esa gente. Tú asumiste el mandato por la vía democrática, con el 40
por ciento de las preferencias, incluso, con el apoyo de los comunistas
y socialistas.
GABRIEL: Aún recuerdo mi primer discurso: Yo les aseguro a ustedes
que no habrá poder humano ni divino capaz de romper los lazos que
me unen al partido comunista y al pueblo (Ríe) ¡Qué estupidez decía!
JORGE: Cielito mío, los únicos culpables son ellos: los bolcheviques
criollos. ¡Es el colmo! Recientemente propiciaron una huelga de la
locomoción colectiva en Santiago; luego han anunciado otras huelgas en
los minerales de Lota, Coronel, Curanilahue y Lirquén. Y más adelante
será Chuquicamata. Me imagino las tremendas pérdidas para el país.
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LA PASIÓN DEL SASTRE
GABRIEL: Es por eso que me vi forzado a expulsar a los comunistas
de todos los cargos públicos. No son de mi confianza.
JORGE: Lo sé Gabriel, están atornillando al revés. Ellos obedecen
exclusivamente a los jerarcas de Moscú.
GABRIEL: En todas partes los rojos no dejan gobernar a los
demócratas. Por eso también rompí relaciones diplomáticas con la
Unión Soviética.
JORGE: (Detienen el baile) Ese es mi Gabriel: enérgico y decidido.
Ven, abrázame fuerte, así… (Se abrazan y se besan suavemente)
Amor, deja fluir tus sentimientos y deseos. Hazte respetar y desátate
de las camisas de fuerza que te quieran poner…
GABRIEL: Tienes toda la razón. Seré duro contra todos los enemigos
de nuestra democracia…
(Retorna el sonido fuerte de la locomotora. Apagón)
ESCENA VII: POR LA RAZÓN O LA FUERZA
ERNESTO: (Se dirige a Alejandro) Compadre, no le permito que
hable mal del compañero Neruda. Te aseguro que si fueras otro ya te
hubiera dejado tendido en el piso de un sólo puñetazo.
ALEJANDRO: Compadrito, quédese calladito mejor, porque en
cualquier momento se lo pueden llevar los uniformados a guardar
quién sabe dónde.
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LA PASIÓN DEL SASTRE
ERNESTO: (En son de burla) ¡Mira como tirito!
ALEJANDRO: (Mira hacia fuera) Y hablando de militares, miren
quién viene allí (Entra al local el capitán. Hace una venia a los
hombres) ¡Capitán! Por favor, venga a sentarse con nosotros a esta
mesa (El oficial se acerca a los hombres que dejan de jugar)
CAPITÁN: Señores, buenas noches (Todos responden al saludo)
ALEJANDRO: Capitán, no es común verlo por estos lados.
CAPITÁN: Estoy de franco y salí a caminar un poco.
ALEJANDRO: ¡Qué bien! (Le sirve al capitán una copa de vino)
Sírvase un vinito con nosotros. ¡A su salud!
CAPITÁN: Gracias. ¡Salud! (Bebe) Parece que están muy entretenidos
jugando.
ERNESTO: Después de una ardua jornada de trabajo nos relajamos
y conversamos de todo un poco.
ALEJANDRO: Adivine de qué estábamos discutiendo.
CAPITÁN: No sé me ocurre.
ALEJANDRO: De política.
CAPITÁN: (Poco convencido) ¡Ah!
ALEJANDRO: (Señalando a sus amigos) Es que mis amigos son
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LA PASIÓN DEL SASTRE
“rogelios”, es decir comunistas.
CAPITÁN: (Admirado) ¡No le puedo creer!
ALEJANDRO: Sí, así como usted escucha. Y con carné en mano.
¿Qué le parece?
CAPITÁN: (Con el seño fruncido) ¡Mmm...! No me parece bien.
(Mirando a Francisco) Me extraña, don Francisco, que usted siendo un
hombre de negocios y respetado en la ciudad tenga esa afiliación política.
FRANCISCO: Capitán, estamos en un país libre y cada ciudadano
piensa de acuerdo a su conciencia.
CAPITÁN: Entiendo que vivimos en democracia, pero el marxismo
es una lacra que corrompe a todas las naciones. Hay que frenarlo
antes que nos destruya.
ERNESTO: Capitán, eso es lo que dicen los yanquis. Usted sabe
perfectamente que el mundo está dividido en dos. La amenaza de la
guerra fría pone saltones a los gringos por el avance de las fuerzas
progresistas.
CAPITÁN: Iquique está muy lejos de la capital y las informaciones
no siempre llegan aquí de manera completa; no obstante, yo que he
tenido que viajar por razones de servicio a Santiago me he dado cuenta
que vivimos a las puertas de una guerra civil.
ALEJANDRO: No va ser ninguna sorpresa que el gobierno dicte una
ley contra el comunismo. No le queda otra alternativa, ya que en estos
días sus antiguos socios son sus peores enemigos.
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LA PASIÓN DEL SASTRE
ERNESTO: El gobierno tiene miedo porque en las recientes elecciones
municipales de abril el partido comunista se transformó en la tercera
fuerza política con el 16% de los votos, seguido por los radicales y los
conservadores, cada cual con el 20%.
FRANCISCO: Además, los comunistas tienen un gran peso a nivel
sindical.
CAPITÁN: Tengo la impresión que el gobierno ya tiene un plan para
resolver los conflictos con todos los agitadores.
FRANCISCO: Sí, ya me imagino la forma cómo va a resolver los
problemas: con represión.
CAPITÁN: No se olvidé lo que dice el lema de nuestro escudo nacional:
“Por la razón o la fuerza”. Hay gente que no entiende razones, por lo
mismo la autoridad tiene el deber de obligarlos a respetar las leyes y
el Estado de Derecho.
FRANCISCO: (Va a responder, pero se queda absorto mirando a
alguien que pasa por la calle. Se levanta apresurado) Disculpen
señores, no crean que me rindo en esta discusión, pero mis ojos han
visto a Esmeralda, la mujer que amo en mi vida. Permiso, luego nos
vemos… (Sale muy rápidamente. Los otros quedan sorprendidos
mirándolo)
ERNESTO: (Ríe) Panchito, nunca va a cambiar. Si ve una escoba
con pollera es capaz de seguirla hasta el fin del mundo.
ALEJANDRO: (Ríe) Así es. Pero esta vez parece que su relación es en serio.
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LA PASIÓN DEL SASTRE
ERNESTO: ¡Ah!, sí, la conozco de vista. Me contaron que a esta mujer
la abandonó su esposo cuando tenía nueve meses de embarazo.
CAPITÁN: ¿Y quién fue ese desgraciado?
ERNESTO: El desgraciado era un militar, igual que usted. (El
capitán le da una mirada muy seria)
ALEJANDRO: Oye, Ernesto, cuidado. No ofendas al capitán.
ERNESTO: No, compadrito, yo no ofendo a nadie. Únicamente digo
que hay desgraciados que no saben respetar a las mujeres. Usando las
mismas palabras del capitán, a esos cobardes hay que enderezarlos
“por la razón o la fuerza”.
ALEJANDRO: Capitán, no le haga caso a mi compadre, a esta hora
se pone odioso.
CAPITÁN: No se preocupe, tengo el cuero duro. Estoy acostumbrado a
lidiar con odiosos y rabiosos (Da una mirada penetrante a Ernesto)
Buenas noches, señores (Sale)
ERNESTO: (Se mofa por atrás) ¡Hay mira como tirito! A éste no le
alcanzó el “mate” (Hace un gesto con la mano en la cabeza) y tuvo
que meterse de milico. ¡Tan arrogante el tipo!
ALEJANDRO: ¡Ya córtala, hombre! Uno de estos días te vas a meter
en problemas.
ERNESTO: (Con coraje) No le tengo miedo a nadie. Y si algún día me
quieren llevar detenido por mis ideas, aquí estoy ¡Que me lleven preso!
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LA PASIÓN DEL SASTRE
ALEJANDRO: (Ríe) ¡Comunista de mierda!
ERNESTO: (Ríe) Y tú ¡Momio de mierda!
ALEJANDRO: Ernesto, creo que a pesar de nuestras diferencias
políticas, seguiremos siendo amigos hasta la muerte ¿Qué me dices?
ERNESTO: Por supuesto, Alejandro.
ALEJANDRO: Entonces venga esa copa ¡Salud! (Ríen y beben. Apagón)
ESCENA VIII: EL ENCUENTRO
(Esmeralda está parada en una estación mirando a un tren partir.
Se escuchan sonidos de locomotoras, gente y vendedores. Toda esta
escena debe tener un tono poético y mágico)
ESMERALDA: (Soliloquio) Nunca tuviste la valentía de decirme
que te ibas para siempre. Simplemente un día tomaste tu maleta y te
perdiste entre la bruma de un camino desconocido, sin considerar a
tu esposa ni a la niña que llevaba en sus entrañas. Me dejaste con el
cuerpo marchito y las manos vacías. Ahora, en la última hora del
crepúsculo, busco fría y solitaria el recuerdo amargo de ese atardecer…
(Sin que la mujer se de cuenta aparece Francisco y coloca
suavemente una mano en su hombro)
FRANCISCO: (En susurro) Esmeralda…
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LA PASIÓN DEL SASTRE
ESMERALDA: (Se mantiene quieta y levemente esboza una
sonrisa) ¿Quién eres?
FRANCISCO: (En susurro) Soy simplemente un hombre enamorado
que te invita a extraviarte en mares de amor intenso. Un desconocido
que con desesperación desea quedarse dentro de ti, en un cautiverio
eterno. Un amante que quiere naufragar en tu piel y volver a resurgir
con el roce suave de tus morenos pechos. Un apasionado que quiere
encender el fuego de tu intimidad silenciosa.
(Francisco besa a la mujer en el cabello y en su cuello. Luego
suavemente acaricia sus senos. La mujer expresa una sutil
fascinación en todo su cuerpo. En seguida, Francisco desabrocha
por la espalda el vestido de Esmeralda, éste cae livianamente al
suelo, quedando en ropa interior. El la vuelve a besar en la espalda.
Ella gira y se aferra a él, formando un solo cuerpo plástico, sensual
y poético. Hacen el amor en el suelo. En seguida, Esmeralda yergue
su cuerpo y mira amorosamente a Francisco)
ESMERALDA: Será que el amor que siento por ti transformó las
barras de hielo en primaveras de colores. Será que mi pecho se hincha,
cuando estás contra mis senos embriagados y apretados, dejando caer
saliva caliente y fría, Será que mis piernas son tu camino a mis íntimas
cavernas que te esperan mojadas. Será que mi sangre contiene más de
la tuya. Será que nuestra unión despierta las mínimas verdades. Será
que ya no puedo vivir sin ti... sin tu nombre...sin tus besos…
FRANCISCO: (Levanta a Esmeralda del piso. Ahora ambos están
de pie) Esmeralda, me desnudo ante tu luz, ante tu deseo, mi deseo
... consecuencia de este sentimiento que nació, entre el aire que mecía
las palabras, emoción de un reflejo interior, agobiante de soledad y
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LA PASIÓN DEL SASTRE
tumbas selladas; sin aromas, sin placer, sin vida, sin piel, sin agua
fresca de vertientes silenciosas.
(Vuelven a besarse. Se produce un cambio de luz. La atmósfera
ahora es realista. Se ilumina una habitación. La mujer continúa
en ropa interior y Francisco le prueba un traje)
FRANCISCO: Negrita, este traje te va a quedar hermoso en tu cuerpo.
Vas a lucir como princesa para las fiestas de fin de año.
ESMERALDA: Si lo dices tú, así será. Francisco ¿amas tu trabajo?
FRANCISCO: Sí, amor, como tú al piano.
ESMERALDA: Algún día deberías enseñarme tu arte.
FRANCISCO: Por supuesto, debes seguir la tradición. Y después tú me
enseñas el tuyo. No, la verdad que no sería buen alumno de piano. Mis
manos nacieron con una tijera para perpetuar este oficio familiar.
ESMERALDA: ¿Pancho, has pensado qué va a ser de nuestras vidas?
FRANCISCO: No sé, me dan vueltas muchas cosas en la cabeza. Por
el momento arrendaré una casa muy cerca de la tienda. Ahí vivirás
con tu hija.
ESMERALDA: Y con tu hijo que viene en camino.
FRANCISCO: Sí, con mi hijo soñado.
ESMERALDA: Pero tú seguirás viviendo con tu familia. ¿No te parece
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LA PASIÓN DEL SASTRE
extraño? ¿Cuánto tiempo más esperarás para vivir definitivamente
conmigo?
FRANCISCO: Negrita, comprende que me resulta difícil dejar la
familia, mucho más ahora que mi mujer se encuentra grave de salud.
El cáncer lo tiene avanzado y sufre mucho.
ESMERALDA: Te entiendo. (Pausa) Sabes, esta situación me hace
sentir muy mal. Seguramente tus hijos deben odiarme; pensarán que
soy la rompe hogares que se interpuso en tu camino.
FRANCISCO: (Conciliador) Esmeralda, ya hemos hablado mucho
sobre el tema. Yo quiero vivir contigo como una pareja normal, pero
no deseo en estas circunstancias causar dolor a mi familia.
ESMERALDA: ¿Y tú crees que manteniendo una vida paralela
solucionas todos los problemas? No te entiendo. ¿Por qué te mientes?
Todo el mundo sabe que vives conmigo, que soy tu amante, la otra…
FRANCISCO: (Cariñoso) Por favor, no sigas torturándote (Besa sus
labios)
ESMERALDA: (Dura) No trates de apaciguarme. Sabes que mi
familia también está en mi contra. Estoy sola frente al mundo y, a
pesar de todo, sigo creyendo en ti. Qué difícil es ser amante, querer y
no poder vivir al sol.
FRANCISCO: (La abraza) Crees en mí porque me amas y porque
sabes que te amo.
ESMERALDA: (Penosa) Cuando se está enamorada cualquiera le
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LA PASIÓN DEL SASTRE
puede mentir.
FRANCISCO: No digas eso. Confía en mí. Yo no te dejaré nunca. Me
preocuparé de ti y de nuestros hijos. (Pausa. Le da un beso) Negrita,
me gustaría que nos tomáramos unas vacaciones.
ESMERALDA: (Molesta) Pancho, vuelves a cambiar la
conversación… Ahora no me interesan las vacaciones…
FRANCISCO: (La abraza) Ven, no te pongas fiera como María Félix.
Te aseguro que todo va cambiar a favor nuestro. (Le besa el rostro)
¿Dime, a dónde te gustaría viajar? (Ella no responde. Pausa) Te voy
a contar un secreto que te había guardado hasta el momento oportuno.
ESMERALDA: (Curiosa) ¿Cuál? Dímelo, tú sabes que soy muy
curiosa.
FRANCISCO: Está bien. (Pausa) Estoy haciendo los trámites para
separarme de mi esposa. Sólo falta su firma y al parecer aceptará.
ESMERALDA: (Suplicante) ¿Es verdad? ¿No me mientes?
FRANCISCO: Es verdad. (Le besa) No te miento. Ahora, dime ¿a
dónde te gustaría pasar unas vacaciones? Me tendrás todo el tiempo
contigo.
ESMERALDA: (Satisfecha) ¿Me hablas en serio?
FRANCISCO: Sí, amor.
ESMERALDA: Si es verdad me haces la mujer más feliz del mundo.
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LA PASIÓN DEL SASTRE
FRANCISCO: Es verdad…Vamos, dónde te gustaría ir.
ESMERALDA: (Alegre) Me gustaría que viajáramos a Santiago,
dicen que es muy linda la capital.
FRANCISCO: (Resuelto) No se piensa más y nos vamos entonces a
Santiago.
ESMERALDA: (Vacilante) Pero es muy largo el viaje.
FRANCISCO: (Animándola) Mejor, así disfrutaremos cada momento
del trayecto; contemplaremos todo el desierto y luego el verde valle
central. ¡Vamos, no lo dudes más!
ESMERALDA: (Presurosa) Espera, deja colocarme una ropa
apropiada para viajar…
FRANCISCO: Mi amor, no necesitas vestir de una manera especial. Ven
a mi lado y abrázame, como la primera vez. (La mujer se acerca y se
abrazan) Ahora cierra los ojos y déjate llevar por mi voz. (La mujer
cierra los ojos. La escena se vuelve irreal) Esmeralda, ¿sientes los ruidos
de la estación? Mira, está llena de gente; algunos trabajadores van para la
pampa y otros sin destino. (Se perciben los sonidos ambientales de una
estación de tren) Ahora estamos subiendo al coche del tren, llevamos
nuestro equipaje y una canasta de mimbre con alimentos para el camino.
En este momento comenzamos a alejarnos del mundo que nos agobia.
Nos sentimos libres para vivir nuestro apasionado amor. Me imagino
que tú vas colmada de felicidad y yo muero de gozo contemplándote.
(Esmeralda camina soñadora hacia el foro. Se pierde en
la oscuridad. Queda únicamente la luz de Francisco que la
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LA PASIÓN DEL SASTRE
sigue mirando. Paralelamente, se enciende la pantalla y
aparece Esmeralda interpretando un tema musical en piano.
Repentinamente, Francisco siente un fuerte dolor en su pecho,
inclina su torso y cae de rodillas. Esmeralda presiente la situación,
deja de tocar el piano y se levanta rápidamente. Camina de manera
acelerada y nerviosa)
ESMERALDA: (Angustiada) Tu corazón está muy delicado. Quédate
esta noche conmigo. Quédate este día conmigo. Quiero que seas mío,
sólo mío. Quiero que veas a tu hijo crecer. Tengo miedo quedarme
sola. Todos me apuntarán con el dedo. Los niños se burlarán de mi
hijo. Le dirán “huacho”.¿Por qué no siento tus brazos? ¿Por qué no
siento tu aliento? ¿Por qué no me haces el amor? (La mujer se sienta
frente al piano y golpea con furia todas las teclas. Apagón)
ESCENA IX: DÍAS DECISIVOS
CAPITÁN: (Amable) Don Pancho, quiero felicitarlo por el elegante
terno que me confeccionó. Usted es un gran artista y por eso confío
que me haga una vestimenta especial para celebrar mi próximo
aniversario de matrimonio. Claro sí, tengo urgencia. Debo estar en
Santiago en dos semanas más.
FRANCISCO: En ese caso tendremos que trabajar rápido. No es
mucho el tiempo que tenemos. ¿Tiene algún modelo definido?
CAPITÁN: La verdad que no. A lo mejor usted me puede orientar.
FRANCISCO: (Le pasa una revista) Vea estas revistas. Allí hay
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LA PASIÓN DEL SASTRE
algunos ternos de moda. Elija con tranquilidad.
CAPITÁN: No. Prefiero que usted me seleccione algún modelo clásico.
Confío en su buen criterio.
FRANCISCO: Está bien. (Hojea la revista) Me parece que éste le
puede quedar muy bien a su talla, por supuesto lo haremos de casimir
Tomé, cien por ciento lana pura.
CAPITÁN: (Mirando la revista) Sí, me parece. Lo quiero en un
color café oscuro.
FRANCISCO: Disculpe la franqueza, pero hay un dicho inglés que
dice: ‘’Un caballero jamás viste de café”.
CAPITÁN: Está bien, entonces hágalo color azulino.
FRANCISCO: Muy bien. Se lo haré con mis propias manos. Estoy
seguro que este traje lo mantendrá por muchos años. Es más, algún
día cuando llegue a ser un personaje muy importante, incluso, se va a
subastar para los coleccionistas.
CAPITÁN: Me hace mucha propaganda y eso que no soy de su bando.
FRANCISCO: El trabajo es el trabajo. En mi tienda no existen
diferencias políticas. A todos se les trata por igual.
CAPITÁN: Usted no se parece a sus camaradas. Por el contrario es
un caballero, amistoso y elegante. Un perfecto burgués. No sé por qué
tiene relación con esa “chusma”.
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LA PASIÓN DEL SASTRE
FRANCISCO: (Seguro) Capitán, si desea discutir sobre política, no
tengo problemas. Pero veo que con usted no voy a llegar a ninguna
parte, porque tiene una manera de pensar muy rígida. Sepa usted que
el objetivo del comunismo es establecer una sociedad más justa…
CAPITÁN: (Cortante) Usted no me va a dar clase de comunismo. Lo
he estudiado y soy testigo de sus nefastas consecuencias. Lo único que
le pido a Dios que hasta el último segundo de mi vida me dé la fuerza
y la lucidez para combatirlo...
(Sorpresivamente se escucha el sonido de aviones de guerra.
Luego; a lo lejos, un bombardeo. Los personajes quedan atentos
observando el espacio. La luz cambia, ahora es irreal. El capitán,
con resolución, se dirige hacia un maniquí, de allí toma una
capa gris que coloca sobre su cuerpo. Enseguida, se mira en un
espejo grande y adopta la postura de un líder frente a una masa
imaginaria. Se escucha una marcha militar de fondo.)
CAPITÁN: (Discursivo) Compatriotas: Nuestro gobierno
nacionalista ejercerá con energía el principio de autoridad,
sancionando drásticamente todo brote de indisciplina o anarquía.
Despersonalizará el poder, evitando todo caudillismo ajeno a nuestra
idiosincrasia. Se colocará siempre por encima de todo grupo particular
de cualquier naturaleza, desterrando el juego de las influencias,
protegiendo al más débil de todo abuso por parte del más fuerte…
(La marcha es más intensa cubriendo las últimas expresiones del
capitán. Se apaga su cenital. Vuelve la luz al área de Francisco,
quien saca de una maleta un saco negro de terno que coloca en el
maniquí. Entra rápido a escena Ernesto)
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LA PASIÓN DEL SASTRE
ERNESTO: (Nervioso) Pancho, me vine muy rápido para avisarte
que la situación está muy grave en el país.
FRANCISCO: Sí, ya me enteré por las noticias de la radio.
ERNESTO: El traidor de Gabriel González Videla, logró que
el Congreso despachara una ley que se declara zona en estado de
emergencia las regiones de Tarapacá y Antofagasta.
FRANCISCO: ¡Maldición! Hizo precisamente lo que sospechábamos.
ERNESTO: La ley maldita dispone la desaparición del partido
comunista, como asimismo y el borrado del registro electoral de sus
militantes. Esto significa que los regidores, alcaldes, diputados y
senadores electos serán inhabilitados y despojados de sus cargos.
FRANCISCO; Entonces, ahora nos van a perseguir a muerte.
ERNESTO: Eso ya está ocurriendo en Santiago. En la madrugada
el gobierno ordenó la detención del comité central del partido. Y en
nuestra ciudad, a las tres de la madrugada detuvieron al Alcalde, José
Barreda.
FRANCISCO: Me contaron que han paralizado varias oficinas salitreras,
entre ellas: Mapocho, Victoria, Humberstone, La Santiago y San José.
ERNESTO: Exacto. Sin embargo, han enviado a los militares para
reprimir y detener a los obreros.
(Se da la luz en el área del capitán. Tiene un papel en la mano.
Paralelamente, se ilumina la panorámica, donde se proyecta,
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LA PASIÓN DEL SASTRE
en forma de flash diversas imágenes de Pisagua, años 47 y 73.
Los cuadros se yuxtaponen rápidamente y no tienen un orden
cronológico. Se mantendrá esta proyección en los diálogos
siguientes, como ambiente difuminado)
CAPITAN: El 29 de Octubre de 1947, mi unidad de infantería
recibió la orden de dirigirse a la Oficina Humberstone y detener a los
comunistas.
(Vuelve la luz al área de Francisco y Ernesto)
FRANCISCO: ¿Qué vamos hacer?
ERNESTO: Está claro: desaparecer por un tiempo.
FRANCISCO: Va a ser difícil. Iquique es muy pequeño y en un abrir
y cerrar de ojos nos encontrarán.
ERNESTO: Tenemos que salir de aquí.
FRANCISCO: ¿Dónde?
ERNESTO: Yo me voy a fondear a la capital. Allá tengo amigos que
pueden ayudarme.
FRANCISCO: ¡Mmm...! Yo no sé… Quizás podría ir a la Argentina,
tengo un primo en Buenos Aires ¿Pero cómo salir del país?
ERNESTO: ¡Mierda! Nunca nos preparamos para esta cagada y ahora
estamos improvisando una fuga.
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LA PASIÓN DEL SASTRE
(Vuelve la música y la luz al capitán)
CAPITÁN: El día 30 de octubre se inició el traslado de los detenidos
desde Humberstone al puerto de Pisagua. Aún recuerdo que esos
mismos agitadores prepotentes, violentos y groseros, que días antes
proferían insultos contra el ejercito, en esos instantes eran otros que
no decían palabras, o lloraban y gritaban pidiendo clemencia, para
que no los llevaran. Como todo se había desarrollado rápidamente,
Pisagua no estaba preparada para recibir inicialmente cerca de 500
personas. Así que a la gente se le mantuvo en el teatro, mercado y en
algunas casas.
(Se ilumina el área de los dos hombres)
ERNESTO: Pancho, ¿por qué no te vas conmigo a Santiago?
FRANCISCO: No puedo. Tú sabes toda mi historia. Mi esposa tiene
un cáncer terminal y Esmeralda va tener nuestro hijo.
ERNESTO: ¡La cagadita! Ese sí que es un problema grandote.
Panchito, tú tienes más historias que el mismísimo Pedro Urdemales.
¿Cómo lo vas hacer? Si te quedas, con seguridad te detienen.
FRANCISCO: (Nervioso) Ernesto, de verdad que no sé qué hacer.
ERNESTO: (Piensa) ¡Ah, ya sé! Se me ocurre que podrías ir a vivir
a la casa de mi compadre Alejandro. Nadie sospecharía, ya que es
acérrimo conservador y amigo de los militares.
FRANCISCO: ¿Y tú crees que él aceptaría correr tremendo riesgo?
57
LA PASIÓN DEL SASTRE
ERNESTO: No te preocupes yo lo voy a convencer. Además es nuestro
amigo. El es el único del otro bando que nos puede ayudar.
FRANCISCO: No sé. No me gustaría crear una situación de peligro
para él y su familia.
ERNESTO: No hay otra alternativa. Nadie va a sospechar.
(Vuelve la luz al capitán)
CAPITAN: En enero de 1948 asumí como Jefe de las Fuerzas
Militares en Pisagua. La situación había cambiado. Me encontré
con barracas, comedores, cocina y baños. Además, muchos relegados
habían reparado algunas casas y vivían con las esposas que habían
aceptado acompañarlos.
(Concluye la proyección de la película con imágenes de Pisagua
Vuelve la luz a los dos hombres. El diálogo es en paralelo.)
FRANCISCO: Lamentablemente, nuestros planes no prosperaron. A
Ernesto lo tomaron detenido, en el preciso momento que se preparaba
para salir de la ciudad.
ERNESTO: Francisco, en cambio, permaneció dos meses lejos de sus
captores, en casa de mi compadre Alejandro. Pero una noche, confiado
de su buena suerte, salió de su escondite.
FRANCISCO: Cuando cruzaba la Plaza de Armas un policía de civil
me descubrió, a pesar de mi disfraz de obrero. La verdad que nunca
fui un buen actor. Mi postura y los zapatos impecablemente lustrados
me delataron.
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LA PASIÓN DEL SASTRE
ERNESTO: No, no fue eso. Lo peor que hiciste fue entrar a la sastrería,
cuando sabías perfectamente que estaban tras tus pasos.
FRANCISCO: Debía ir a ver a Cecilia, estaba moribunda.
(Se vuelve a iluminar el área del capitán)
CAPITÁN: Métanse bien en la cabeza esta advertencia: ustedes están
aquí como detenidos políticos, y no como ciudadanos libres ni turistas.
Permanecerán en Pisagua hasta que el Gobierno disponga otra cosa.
No podrán caminar más allá del hospital por el sur, ni de esta estación
por el norte, ni se permitirá ir hacia arriba pasada la Casa del Agua.
Pero tendrán libertad para andar por el pueblo, a condición de que
cumplan con todas las normas establecidas. Que quede muy claro: yo
soy aquí el que manda y ustedes acatan como prisioneros, lo que no
significa que esto sea un campo de concentración, como cierta gente
alarmista vocifera por ahí. Este es un campo de vigilancia, algo propio
de nuestra nación libre y soberana.
(Se ilumina tenuemente otra área. Se escuchan las campanas del
reloj de una torre. Son las tres de la mañana. Francisco camina
con dificultad entre medio de sombras de hombres y mujeres que
yacen en el piso. Se escuchan quejidos y murmullos. El ambiente
es surrealista. Se percibe el sonido del mar)
FRANCISCO: Esa misma noche me trasladaron al campo de
concentración, promediando las tres de la madrugada. De inmediato
me llevaron, junto a otros compañeros, al teatro. Allí sentí un escalofrío
que recorrió todo mi cuerpo. Todo estaba tan oscuro en esa sala, que las
sombras de los relegados parecían verdaderos fantasmas. (Enciende
un fósforo para ver mejor. Se escuchan en off algunos insultos de
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LA PASIÓN DEL SASTRE
la gente: ¡Deja dormir huevón! ¡Apaga la luz jetón! , etc) El aliento
y el corazón se me paralizaron por unos instantes al chocar con gente
tendida en los pasillos, en el escenario y en los palcos. Al final, ciego,
palpando cabezas, piernas, espaldas y brazos subí unas gradas y fui a
parar a la caseta del operador de cine. (Se acurruca para dormir. El
sonido del mar se escucha en aumento. Breve apagón. Vuelve la luz
intensa. Un grupo de presos seriamente canta la última estrofa del
himno nacional. Un preso iza una bandera)
CAPITÁN: (Se acerca a los detenidos irónico) Espero que los señores
recién llegados hayan dormido cómodamente, acompañados por la
natural sinfonía del mar. (Adopta una actitud persuasiva) Ahora
quiero que esos rostros secos como el desierto se iluminen porque les
tengo una propuesta. Quiero ofrecerles a los que aún tenemos en el
teatro y también a los nuevos, que construyan con sus propias manos
sus casas. (Silencio) Ciertamente, le vamos a pagar por su trabajo.
(Silencio)
FRANCISCO: (Seguro) Capitán, no nos parece justa ni conveniente
su oferta. Es muy cruel que construyamos nuestras propias prisiones
(Se escuchan voces apoyando la moción)
ANGEL: Capitán, le habla Ángel Veas, Intendente de Tarapacá, el
compañero tiene toda la razón. Es despiadado lo que nos pide.
CAPITÁN: (Altanero) Usted no es nadie acá.
ANGEL: Esto es un atentado a los derechos humanos.
CAPITÁN: Los derechos humanos son una invención, muy sabia,
de los marxistas. Ya me aburrieron. Se terminó la fiesta. Tendrán
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LA PASIÓN DEL SASTRE
que acomodarse en las condiciones actuales; no podemos darles
mayores comodidades. ¡Y ahora retírense! No deseo más comentarios.
(Dirigiéndose a Francisco) Espere, usted, el que está en el fondo, el
atrevido que me habló. ¡Venga para acá!
FRANCISCO: (Se acerca) Aquí estoy capitán. ¿Qué desea?
CAPITÁN: (Le mira asombrado) ¡Ah! ¡Es usted! Ya me parecía
conocida esa voz. Pero si es el mismo Francisco Téllez, mi querido
sastre. (Ríe) ¡Hombre, por fin lo agarraron! Ya lo daba por perdido,
pero el destino lo regresó a mis manos. Tal como le dije en nuestro
primer encuentro: “Siempre cae más pronto un mentiroso que un cojo”.
FRANCISCO: Yo no soy un mentiroso, capitán.
CAPITÁN: (Enojado) Cómo que no. Conozco muy bien su vida. Acaso
no sé que usted salió del país a mediados del año 1945 y nadie supo de
su paradero durante un largo tiempo. Me informaron que durante ese
período anduvo recibiendo instrucción revolucionaria en algún lugar
de Argentina.
FRANCISCO: (Afirmativo) Eso es totalmente falso.
CAPITÁN: (Irónico) ¿Falso? (Ríe) No me haga reír…Bueno, no
se preocupe, no lo voy a interrogar. Ahora es mi huésped de honor.
Aunque no me crea, siento mucho que se encuentre aquí relegado.
Muchas veces le insistí que terminará sus vinculaciones con los
comunistas, pero usted es cabeza de piedra.
FRANCISCO: Capitán, soy un hombre de conciencia y mis convicciones
no las voy a cambiar …
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LA PASIÓN DEL SASTRE
CAPITÁN: (Cortante) ¡No se haga el valiente conmigo! (Pausa)
Siempre me pareció usted una persona agradable, aunque nunca
llegamos a ser amigos.
FRANCISCO: ¿Amigos? Eso era imposible.
CAPITÁN: Créame, nunca vi una niña vestir a su muñeca con más
cuidado y deleite que los que usted ponía para confeccionar mis ternos.
Por eso y sólo por eso, quiero que se traslade de inmediato a una casa
que está desocupada en la antigua estación de trenes.
FRANCISCO: Capitán, no quiero ninguna regalía. Usted no debe
hacer ninguna diferencia en este campo de concentración; por el
contrario, debe tratarme como un preso político más.
CAPITÁN: Francisco, hay que hacer las cosas y no pensar. Esta es
una orden y éstas se acatan. (Mira su reloj) Ya lleva cinco minutos
perdidos. Se me va volando a la casa asignada; de lo contrario, será
castigado con la suspensión de las visitas. ¡Ah! Y, también, le ordeno
que este domingo vaya almorzar conmigo al casino de oficiales. Van a
ir algunos amigos suyos: Ernesto Meza y Ángel Veas. Y ahora retírese
(Apagón)
ESCENA X: EL NIÑO
(En la panorámica, Esmeralda, aparece en el filme interpretando
en piano una pieza musical infantil. Cerca de ella se encuentra
el mismo niño sentado sobre un caballito de madera. Mira al
horizonte y con una voz dulce habla)
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LA PASIÓN DEL SASTRE
NIÑO: Papá, te quiero contar que mi mamá tiene mucha pena. Lo único
que hace todo el día es tocar el piano y llorar. No sé por qué llora tanto.
Papá, ¿me llevarás a ver un circo? ¿Me sentarás en tus rodillas? ¿Me
traerás un regalo en navidad? ¿Me traerás caracoles? Papá, me encantan
los caracoles. (Canturrea) ¡Caracol, caracol, saca tu cachito al sol!
¡Caracol, caracol, saca tu cachito al sol! (El niño se sigue meciendo en
su caballito de madera, mientras la imagen se extingue lentamente)
ESCENA XI: CAUTIVERIO
(Francisco, Ernesto y Ángel, en ropa interior extraen moluscos
de una playa. Están semidesnudos y tienen en sus cinturas
amarradas unas redes para echar los mariscos)
ANGEL: ¿Supieron la última?
ERNESTO: No ¿Qué pasó?
ANGEL: Se recuerdan que vino hace poco el senador Salvador
Allende.
FRANCISCO: Sí, claro, estuvimos con él.
ANGEL: Supe que no le fue fácil entrar a este campo de concentración.
Tuvo un altercado con el capitán Padilla.
ERNESTO: ¿Qué pasó?
ANGEL: El capitán le puso mil trabas para que entrara aquí.
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LA PASIÓN DEL SASTRE
FRANCISCO: ¿Y entonces?
ANGEL: Entonces, Allende, le dijo: ¿Cómo un capitancillo trata de
impedir el paso a un senador de la República? Apártese - vociferó el
compañero - y Padilla hizo “pucheritos” y se apartó.
FRANCISCO: ¡Qué buena! ¡No te puedo creer! Ese senador sí tiene
cojones. (Ríen gozosos los tres hombres)
ERNESTO: Dime Pancho ¿Y alcanzaste a terminar los 800 ternos
para los trabajadores del Sindicato de la Oficina Iris?
FRANCISCO: Sí, fueron tres meses de trabajo con ayuda de las señoras
de los obreros.
ERNESTO: Me imagino que quedaron contentos. De seguro que
muchos te deben extrañar.
FRANCISCO: Es posible. Pero ahora lo que más me preocupa es
Esmeralda y mi hijo que viene en camino.
ERNESTO: (Chistoso) ¡Ah, verdad compadrito que usted tiene dos casas!
FRANCISCO: (Convincente) Dos casas, pero un sólo corazón. Y ese
pertenece a Esmeralda.
ERNESTO: Nosotros no te vamos a discutir. Es tu vida personal.
Pero, sinceramente, como amigo te digo: ese amor te está trayendo
más problemas, incluso con el partido. No se olvide compañero de la
moral revolucionaria.
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LA PASIÓN DEL SASTRE
FRANCISCO: No me preocupa el partido. Lo único que me importa es
Esmeralda, lamentablemente con mi detención cambió todos nuestros
planes. (Angustiado) ¡Cresta, que problema!
ANGEL: (Le anima) ¡Vamos Panchito! ¡Arriba la frente!
FRANCISCO: Sí. Tienes razón, hay que tirar para adelante…
(Transición) ¿Y tú Ángel, cómo te sientes del corazón?
ANGEL: Más o menos. He tenido que ir aquí varias veces al hospital.
Tengo la sensación como si se me apretara el corazón. Yo creo que
debe ser la angustia de estar privado de libertad.
FRANCISCO: Yo estoy igual que tú. El médico no me dio un buen
pronóstico de mi corazón.
ANGEL: Lo seguro es que ambos nos vamos a ir de un solo “guaracazo”
de esta vida.
FRANCISCO: Así es negrito. Y ahora díganme de qué se trata el
almuerzo con el capitán.
ERNESTO: La verdad que fue a él que se le ocurrió estos almuerzos.
Debe sentirse aburrido el hombre, por eso nos invita todos los domingos.
Conversamos de todo un poco. (Se dirige a Francisco) ¡Ah! Una cosa
importante: No se puede hablar de política. Aunque te contaré que
siempre manejamos la conversación para llevarla a ese terreno. A esa
altura casi siempre él se espanta y acaba la velada. (Ríe)
FRANCISCO: (En secreto) ¿Y no han pensado la forma de escapar
de este encierro?
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LA PASIÓN DEL SASTRE
ERNESTO: Ni se te ocurra. Recuerda que está decretada la ley
marcial en toda la zona. Eso significa que cualquier intento de fuga
es penada con la muerte.
ANGEL: Es lo mismo que en una guerra, en este caso de chilenos
contra chilenos.
FRANCISCO: Inventemos una forma de escapar.
ERNESTO: Pancho, escucha: En esta caleta no tienes salida por
ninguna parte. Estás rodeado de acantilados, mar y puestos militares
que te vigilan desde los cerros.
(Sorpresivamente aparece delante de ellos una mujer vestida
de manera andrajosa y muy cansada. Trae una maleta. Es una
figura casi fantasmal)
MUJER: Caballeros, acabo de llegar a Pisagua. De madrugada
escabullí a los guardias de los controles. Me llamo Carmen Vivanco.
También fui relegada en Chillán, pero no por mucho tiempo, porque
al mes y medio me fugué. Ahora estoy buscando a mi esposo, Oscar
Ramos. Me quiero quedar con él. Sé que no puedo hacerlo. Es muy
peligroso para ambos ¿Qué hago caballeros? ¿Ustedes conocen a Oscar
Ramos? (Comienza a marearse) ¡Ah, ya no soportó más este calor, me
arde todo el cuerpo! (Se desmaya. Los hombres corren a socorrerla)
ERNESTO: ¡Mierda! Se desmayó ¿Qué hacemos con ella?
ANGEL: Si se queda de manera clandestina, no tendrá derecho a
ración, se muere.
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LA PASIÓN DEL SASTRE
FRANCISCO: Yo le daré mi ración.
ERNESTO: No podrá ir a ninguna parte.
ANGEL: ¡Cresta! Y arriesga su pellejo, todo por amor a su esposo.
FRANCISCO: (Presuroso) Saquémosla de inmediato de acá.
ERNESTO: Sí, sí. (Se viste rapidamente) Yo la llevo a mi cuarto;
queda más cerca. Después veremos cómo solucionamos el problema.
Si pregunta el capitán por mí, díganle que fui al toilette de mi chalet
Suizo (Ríe. Se escucha galopes de caballos)
ANGEL: (Observa) ¡Chucha! vienen los guardias por la playa.
(Francisco y Angel se visten rapidamente)
FRANCISCO: Ernesto, ándate rápido antes que te pillen los guardias.
(Ernesto sale rápido de escena, cargando a la mujer. Apagón)
ESCENA XII: AMENAZAS Y REVUELTA
CAPITÁN: Recibí un comunicado oficial muy delicado del Gobierno.
Se las voy a comentar, porque sé que ustedes tienen influencias entre
su gente. (Pausa) Fui informado que ustedes van a incendiar Pisagua.
Se sabe que habrá siniestros simultáneos en Santiago y acá. Todo esto
desató una guerra de nervios en el país. En todas partes se rumorea
una sublevación de tropas, levantamientos obreros y asesinatos. La
gente está asustada. Y se supone que la revuelta va a comenzar el
67
LA PASIÓN DEL SASTRE
próximo primero de mayo.
ANGEL: Todo eso dice González Videla para justificar la represión
contra nosotros. ¿Usted cree todo ese alboroto que está haciendo el
gobierno?
CAPITÁN: Aquí no interesa lo que yo crea. En Santiago jóvenes
del barrio alto están formando guardias blancas, grupos civiles de
defensa.
FRANCISCO: ¡Ah! Esa es la Alianza Anticomunista Chilena. Ese
grupo paramilitar de derecha ha comenzado a perseguir y asesinar a
todos nuestros militantes.
CAPITÁN: (Enojado) ¡Mierda! Todo lo que pasa es por culpa de
ustedes. (Pausa. Saca de su chaqueta militar un sobre) Miren, recibí
una copia de una circular que señala que se preparan sabotajes en las
fábricas, ferrocarriles y medios de comunicación. Por lo mismo, tengo
instrucciones precisas: Si algún perro se atreve a cometer semejante
crimen pagará con su vida. El gobierno nos dio carta blanca a los
militares para que cortemos cabezas.
ANGEL: ¡Todo esto es una estupidez! ¿Qué potencia extranjera
amenaza invadir nuestro territorio? ¿Qué movimiento popular o
sindical existe que pueda poner en peligro la estabilidad del país?
FRANCISCO: El gobierno debería preocuparse mejor de los problemas
de fondo del país: la inflación y el bajo crecimiento. Sino extirpa de
raíz estos males los estallidos sociales se repetirán.
CAPITÁN: ¡Cállense! No sean groseros. No les voy a permitir
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LA PASIÓN DEL SASTRE
insubordinaciones. Yo sé que ustedes “no dan puntada sin hilo”
y es por eso que los tengo siempre bajo la mira. Les advierto que
mientras yo esté quedan prohibidas las lecturas de libros moscovitas
y las asambleas secretas. Me sacan todos los diarios murales de las
barracas. ¡Ah! Y otra cosa: El primero de mayo queda prohibido salir
a las calles, pararse en las esquinas y salir a pescar. Tendré armado a
cada soldado con cincuentas tiros por si alguien desobedece.
FRANCISCO: Capitán, algún día el pueblo lo juzgará por sus acciones.
CAPITÁN: (Irónico) ¿El pueblo me juzgará? No diga huevadas
sastre de pacotilla (Ríe sarcásticamente) Gracias a Dios, tengo los
pantalones amarrados con fierro para cumplir mi misión.
ANGEL: Le aseguro capitán que mañana o más tarde, se abrirá un
sumario a cada uno de los responsables en los crímenes y violaciones
cometidos contra los ciudadanos.
CAPITÁN: Qué me importa lo que digan ustedes y la gente de su
calaña. Mis hijos no me odian y duermo tranquilo (Pausa. Se acerca
a pocos centímetros de Francisco y Ángel) Miren, voy a ser muy
sinceros con ustedes. ¿Saben lo que verdaderamente pienso? No estoy
de acuerdo de tenerlos aquí. Creo que es más fácil eliminarlos para
limpiar el país (Transición. Relame su idea) Y ahora ¡Váyanse! No
estoy de humor para almorzar ni conversar con ustedes (Apagón)
ESCENA XIII: ALZAMIENTOS Y DESVARIOS
(En un área se encuentra el capitán vociferando. Tiene la postura
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LA PASIÓN DEL SASTRE
de un perro y sus palabras suenan como ladridos. Corre y brinca
como un animal. Intenta comerse a los hombres. Se escuchan voces
en off y sonidos de cacerolas)
CAPITÁN: (Ladra) ¿Qué quieren los huevones?
VOZ 1: ¡Queremos mejor rancho!
CAPITÁN: ¡Se acabaron las comilonas!
VOZ 2: ¡Queremos celebrar el primero de mayo!
CAPITÁN: ¡Se acabaron las concentraciones y los himnos!
VOZ 3: ¡Queremos darle digna sepultura a nuestros compañeros!
CAPITÁN: ¡Se acabaron los funerales con banda!
VOZ 1: ¡Qué se acaben las muertes!
CAPITÁN: ¡Se acabaron las insolencias!
VOZ 2: ¡Qué se acabe la represión!
CAPITÁN: ¡Haré cumplir la ley con la sangre de ustedes!
VOZ 3: Capitán: estoy listo. De la orden.
VOZ 1: ¡Yo también estoy listo!
VOZ 2: ¡Y yo!
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LA PASIÓN DEL SASTRE
CAPITÁN: (Su orden es ininteligible) ¡Disparen! ¡Fuego!
(Silencio. Sólo se ve en el espacio un fuerte resplandor de luz.
Surge del foro un hombre, trae en su mano un globo rojo. Se
detiene. Observa con mirada esperanzadora hacia lo alto y deja
que el globo vuele libremente por el espacio. Todos los personajes
quedan estáticos. Apagón.
ESCENA XIV: DESVARÍO
Se ilumina otra área a Francisco que duerme en un camastro. Una
vela diminuta puesta sobre una botella, da una luz etérea. Entran
Cecilia y Esmeralda, visten ambas trajes negros)
CECILIA: Francisco, no te inquietes; no vengo a reprocharte nada.
Lo nuestro ya es una historia muerta y amarga. Es mejor que te vayas
de mí, así como el humo de tu cigarro.
ESMERALDA: Amor, ven a casa para que veas a tu hijo. Es un
varón, tal como tú soñaste. Se llamará Francisco, como tú. Soñará y
se enamorará como tú. El descubrirá tu pasión.
FRANCISCO: (Se despierta asustado y se sienta en el camastro)
¡Noo! ¡No quiero que ese hijo reviva mi historia! ¡Mis secretos me
los llevaré a mi tumba! ¡Guardias detengan a ese hijo que pretende
descubrir mi pasado! ¡Qué los tiranos quemen todos sus escritos!
¡Qué mis descendientes le quiten mi apellido! ¡Qué no tenga derecho
a ninguna herencia! (Cae al suelo y llora en silencio. Transición.
Luego se vuelve a levantar desesperado) ¡No, no, eso no quiero!...
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LA PASIÓN DEL SASTRE
¡Guardias saquéenme de aquí! ¡Debo volver a Iquique! ¡Debo reconocer
a mi hijo! ¡Debo pedir perdón antes de morir! Perdón a los que engañé,
herí, traicioné y abandoné. (Transición. Mira extraviado al cielo)
¿Perdón?... ¡Jamás! ¿Por qué voy a pedir perdón? ¿A quién voy pedir
perdón? ¿A Dios? ¿A mi esposa? ¿A mi amante? ¿De qué me voy
arrepentir? ¿De amar? No quiero pedir perdón a nadie. Prefiero morir
de un infarto al corazón. Prefiero cortarme mis muñecas, tobillos,
rodillas, muslos, dedos y estómago, antes que pedir perdón por amar.
(Toma la botella que sostiene la vela y la quiebra sobre el camastro,
luego la lleva a sus brazos y se hace un profundo corte. Cae sobre el
camastro. Se escucha sus quejidos dolorosos)
ESMERALDA: Pobre Francisco, la prisión lo trastornó.
CECILIA: Siempre fue un cobarde...
ESMERALDA: Fue amigo de todos.
CECILIA: (Irónica) Y también de todas.
ESMERALDA: Fue un idealista.
CECILIA: Fue un burgués.
ESMERALDA: Fue un buen amante.
CECILIA: Fue un infiel.
ESMERALDA: Fue mi pasión (Canta la última estrofa del tango
“Pasional”)
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LA PASIÓN DEL SASTRE
Te quiero siempre así... estás clavada en mí
como una daga en la carne.
Y ardiente y pasional... temblando de ansiedad
quiero en tus brazos morir.
CECILIA: (Interrumpe el canto) ¡No le cantes a ese desgraciado!
ESMERALDA: (Enérgica) ¡No me levantes la voz!
CECILIA: (Irónica) Claro, cantas porque cogiste con él y te sientes
satisfecha.
ESMERALDA: Canto porque estoy viva y sueño.
CECILIA: (Iracunda) Cantas porque te revolcaste como una
ninfómana por todos los rincones.
ESMERALDA: Canto porque tengo una pasión encendida en mi
corazón.
ESPOSA: Cantas porque te acuerdas cuando te penetró una y otra vez,
como un perro caliente.
ESMERALDA: Canto porque su aroma aún pervive en mi lecho.
CECILIA: ¡Basta! No quiero que sigas hablando, porque sé que al sólo
nombrarlo se humedece tu vagina. Antes que escuchar tus cochinadas,
prefiero sentir los dolores más atroces del cáncer que corroe mi cuerpo.
(Se miran ambas mujeres amenazadoras. Silencio gélido. Luego
se acercan con pasos decididos para enfrentarse. Se abrazan con
73
LA PASIÓN DEL SASTRE
fuerza y comienzan a bailar el tango Pasional. Se escucha la música
de fondo. La danza debe ser fuerte y desafiante. Al terminar el
baile, ambas giran con fuerza sus cuerpos y se separan. Se dan una
mirada de muerte. Apagón)
ESCENA XV: LA PASIÓN
(En el mismo camastro Francisco se encuentra con sus brazos
vendados. En toda la escena delira)
CAPITÁN: Francisco, realmente eres un estúpido. Mira lo que
hiciste con tus brazos y manos. En el futuro no podrás tener la misma
habilidad con las tijeras. Me da lastima tu falta de hombría. No tuviste
cogones para soportar el encierro. Te ocurrió lo mismo que a muchos
de tus compañeros que se hacían los valientes en los discursos y en las
marchas, pero cuando llegó la guerra se cagaron en los pantalones.
(Ríe) Francisco, me agradas, pero no podía hacer ninguna excepción.
Era imposible autorizarte para que fueras al nacimiento de tu hijo.
Entiende, ésta no es una casa de reposo que uno pueda salir cuando
desee o cuando se sienta sano. Por lo demás, estoy seguro que ustedes
nunca van a sanar. Tal vez, lo mejor es hacerlos desaparecer en el mar.
FRANCISCO: (Delira) Esmeralda ¿Dónde estás?
CAPITÁN: ¿Todavía te acuerdas de ella?
FRANCISCO: Aunque esté preso, ella está conmigo.
CAPITÁN: ¿Te gustaría verla?
74
LA PASIÓN DEL SASTRE
FRANCISCO: Sí, me gustaría abrazarla.
CAPITÁN: Aquí, la tengo para ti.
FRANCISCO: ¿Cómo? ¿Qué hace ella aquí? Es imposible, esto no es
verdad.
CAPITÁN: (Ríe) Claro que es cierto. (Llama con voz fuerte)
¡Esmeralda, pasa!
ESMERALDA: (Entra a escena. Quiere ir hacia Francisco, pero la
detiene del brazo el capitán) Francisco, ¿qué le han hecho a tus manos?
FRANCISCO: Esmeralda ¿Eres tú? No, no puede ser. Creo que me
estoy volviendo loco.
CAPITÁN: No te la traje para que reinicien su romance. ¡Ni cagando!
Yo no soy ningún alcahuete; por el contrario, la traje para interrogarla.
FRANCISCO: Pero ella no tiene nada que ver. Nunca se ha involucrado
con la política.
CAPITÁN: Eso yo lo determinaré. (Se dirige a la mujer) Esmeralda,
siéntate en esa silla. (Ella lo hace) Y ahora dime ¿desde cuándo
conoces a Francisco? (Esmeralda se queda en silencio) ¿Qué te
pareció un chiste o qué mierda te pasa?
ESMERALDA: Desde hace siete años.
CAPITÁN: ¿Cómo lo conociste?
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LA PASIÓN DEL SASTRE
ESMERALDA: Es amigo de mi padre.
CAPITÁN: ¿Tu padre también es un comunista?
ESMERALDA: No, él es ferroviario.
CAPITÁN: ¿Y eso qué tiene ver? Da lo mismo el oficio. ¿Crees que
soy huevón?
ESMERALDA: Quiero decir que nunca ha tenido relación con
ningún partido político.
CAPITÁN. ¿Y tú?
ESMERALDA: Yo menos.
CAPITÁN: ¿Y por qué te metiste con él?
ESMERALDA: (Segura) Por amor.
CAPITÁN: ¿Por amor? (Irónico) Por amor a su plata y prestigio.
ESMERALDA: No, por amor.
CAPITÁN: Eso no es amor. Eso se llama calentura…
ESMERALDA: (Enérgica) Qué sabe usted de mis sentimientos. No
me conoce.
CAPITÁN: Te conozco muy bien. Se que estuviste casada con un
militar y que eres la mujer más apetecida en este desierto. (Se acerca
76
LA PASIÓN DEL SASTRE
y le toma los senos)
ESMERALDA: ¡Asqueroso! (Le escupe en la cara e intenta escapar,
pero el capitán la toma fuerte del brazo)
CAPITÁN: (Desenfunda una pistola) ¡Quédate quieta maraca!
FRANCISCO: (Grita) ¡No la toques, mierda! (Esmeralda se detiene.
El capitán ríe)
ESMERALDA: Te sientes valiente porque tienes un arma. (El
capitán sigue riendo)
ESMERALDA: Un día con esa misma arma asesinarás a tus
hermanos.
CAPITÁN: (Furioso dispara el arma en la cabeza de la mujer,
pero no sale la bala) ¡Silencio descarada! No estás en condiciones
de acusarme de nada y menos pronosticar mi futuro (Le da un golpe
seco en el vientre a Esmeralda. Francisco da un fuerte grito. Ella
se dobla de dolor y luego se levanta con dignidad)
ESMERALDA: (Extraviada) Ha quedado un olor entre los cañaverales:
Una mezcla de sangre y cuerpo, un penetrante pétalo nauseabundo.
(Serena, le mira fijamente a los ojos del capitán) Todos los verdugos
como tú deben ser fusilados por crímenes contra la humanidad.
CAPITÁN: Y todas las amantes como tú deben ser recluidas en
manicomios bajo el titulo “LOCA PELIGROSA” (Le vuelve a
disparar en la cabeza y no sale la bala. Pausa) Entregarás la
información de cualquier manera. Es inútil resistir… ¿Qué sentías
77
LA PASIÓN DEL SASTRE
cuando Francisco debía quedarse algunas noches con su esposa?
ESMERALDA: No sé
CAPITÁN: (Amenazante) Sí, lo sabes ¡Dilo! (Le vuelve a disparar
en la cabeza, pero no sale la bala)
ESMERALDA: (Apenada) Al principio no quería pensar en eso, lo
borraba de mi mente. Después sentía muchos celos. Me lo imaginaba
haciendo el amor con ella. Eran terribles esas noches y también los
días de fiesta, porque sabía que no vendría a mi lado.
CAPITÁN: ¿Y te quemaba la ira, no?
ESMERALDA: No, no era ira. Lo amo con toda su historia. Más
bien sentía pena, mucha pena.
CAPITÁN: ¿Y no te dio vergüenza que todos hablaran mal de ti?
ESMERALDA: No, una mujer no puede sentir vergüenza cuando
ama de verdad.
CAPITÁN: ¡Qué bonitas palabras! ¡Una mujer no puede sentir
vergüenza cuando ama de verdad! ¡Cita para el bronce! (Ríe)¡Qué
cagada! ¡Me cargan los imbéciles que hablan y escriben con palabras
clichés! (Pausa). Está bien, sigamos: Tú sabías perfectamente que el
mentado romance no tendría un final feliz.
ESMERALDA: Sí, lo sabía. Nunca me hice muchas ilusiones.
CAPITÁN: Como suele ocurrir en estas historias de amores imposibles,
al final la amante se queda sola con su bastardo.
78
LA PASIÓN DEL SASTRE
FRANCISCO: No, eso no es verdad. Yo voy a estar siempre con ella.
CAPITÁN: A ti ya no te queda tiempo para nada. Tu existencia es
corta. En poco tiempo no existirás.
FRANCISCO: (Desesperado) Capitán, deje que se vaya Esmeralda
(Grita) ¡Déjela ir! (Cae abatido. Esmeralda se acerca a Francisco
y acaricia su cabeza, como a un niño. El no la ve, ni la siente)
CAPITÁN: (Cambia la actitud bruscamente, ahora es conciliador)
Francisco, ¿qué te pasa? Estás delirando. Tu Esmeralda no está aquí.
Nunca estuvo. Es tu fiebre que te hace ver visiones. Ella está en
Iquique preocupada por sus senos secos que no pueden amamantar a
tu crío.
FRANCISCO: (Más desesperado) Tengo que terminar con esta
pesadilla. Debo volver con ella.
CAPITÁN: ¿Volver? Posiblemente vuelvas a hallarla, tal vez, después
que se calmen las aguas. Aunque todo es tan relativo en este país. Sabes,
Francisco, a pesar de nuestras grandes diferencias, creo que te recordaré
cuando escriba mi primer libro, después de alcanzar la gloria.
(Se vuelve a escuchar el ruido de aviones de guerra. El capitán
queda expectante, luego se arrodilla y se persigna ante un Dios
imaginario. Sale muy rápido de escena. El sonido de los aviones es
más fuerte. Francisco, siempre alucinado, se levanta del camastro y
se saca rápidamente las vendas de sus manos. Esmeralda comienza
a deambular por el espacio, sin rumbo fijo. Se pierden los aviones.
Se enciende la panorámica y se proyecta la imagen de una playa de
noche. De fondo, se escucha una melodía triste, interpretada en piano)
79
LA PASIÓN DEL SASTRE
FRANCISCO: (Alucinado y poético)
Soñar, siempre soñar,
con banderas y besos;
la libertad y el aire
soplando en mi cabello.
Campo y aire sin fin
—oh, luz—, sin otro cerco
que el amor de unos brazos
enlazando mi cuello.
Soñar, siempre soñar,
con los ojos sin sueño,
que soy un hombre vivo…
siendo tan sólo un preso.
(Fragmento poema de Marcos Ana)
ESMERALDA: Fue una noche de mayo de 1949 que Francisco
intentó fugarse de Pisagua.
FRANCISCO: (Hipnotizado) Debo escapar de este puerto estéril, lleno de
dolores ancestrales; donde la historia se consume al ritmo de las mareas.
ESMERALDA: En su mente alucinada rondaba la idea que después
de la violenta tormenta iba a nacer un nuevo tiempo, donde se iba a
encontrar la justicia bajo la arena del desierto.
FRANCISCO: (Deslumbrado) Sé que en unos años más en estos
oscuros acantilados volverá a encallar otro barco, cuyos sobrevivientes
repetirán la historia de los ignorados héroes.
(Se quita parte de su vestimenta. Queda semi desnudo, a pie
descalzo. Juega por todo el espacio como si estuviera a la orilla
de una playa. Se escucha el sonido del mar y una bandada de
80
LA PASIÓN DEL SASTRE
gaviotas que cruzan el espacio)
¡Cómo volver a ser inocente como el sol, la tierra y el agua, para evitar
que naufrague el hombre, para que las serpientes arrojen su añosa
piel y para que de los labios de los pequeños broten cantos de alegría!
(Grita alegre) ¡Cómo volver a ser inocente! (Su excitación es más
fuerte. Comienza a correr; al principio es un trote suave y luego va
aumentando su velocidad)
ESMERALDA: Esa noche no paró de correr por la infinita playa
hasta perderse en la complicidad de las sombras.
FRANCISCO: (Se detiene) ¿Ves hijo? Este es el vacío. Cuando
quieras volar vas a venir aquí, vas a tomar aire, vas a saltar al abismo
y, extendiendo las alas, volarás… (Corre un momento. Se detiene y
toma un puñado de arena. La deja caer de su mano lentamente
mientras dice su texto) Esmeralda, eres mi amor en el espacio
infinito y en la profundidad de la tierra; en los verdes y rojos del
fuego, en los celestes de la madrugada y en los amarillos del atardecer.
ESMERALDA: (Paciente toma un puñado de arena. La deja caer
de sus manos lentamente mientras dice su texto) Te llevo en todo
momento conmigo; aquí en mi cuerpo, en mis pensamientos y en los
deseos más ardientes que nacen desde el primer momento que me
hiciste tuya.
(Se proyecta simultáneamente en la pantalla la imagen del
Capitán acompañado de guardias a caballo que se desplazan por
la playa. El Capitán grita: ¡Alto o disparo! Un breve silencio y una
descarga de rifles retumban en todo el espacio. Francisco cae de
rodillas y luego se desploma totalmente. Se apaga la panorámica)
81
LA PASIÓN DEL SASTRE
ESMERALDA: (Serena) A pesar de su estado de gravedad, Francisco,
no murió esa noche en las playas de Pisagua. Malherido fue trasladado
al hospital de la localidad donde salvó milagrosamente. El año 1950
fue liberado y cinco años después falleció de un infarto al corazón en
mi lecho.
ESCENA XVI: EPÍLOGO
(La mujer se acerca a Francisco que yace en el suelo; se arrodilla y
le besa en los labios. Apagón) (Vuelve a encenderse la pantalla y se
proyecta al mismo niño inicial. Ahora es más grande. Se encuentra
parado en la orilla de una playa solitaria. Tiene un clavel rojo en
la mano.)
NIÑO: Papá, mi madre dice que la vida se pasa en un santiamén y
que muy pronto seré grande. Y cuando sea grande, dice que debo ser
como tú: un hombre que ame la vida y que luche por ideales (Pausa.
Respira hondo) Aún no entiendo mucho lo que me quiere decir .
Papá, estés donde estés, quiero me regales un barco, aunque sea de
papel. Es mejor un barco que más lágrimas de mamá ¿Un barco?
No, creo que es muy poco. Mejor mándame cien barcos. Te prometo
portarme bien. Lo único que deseo es que esos cien barcos me lleven
a conocer otros lugares, donde pueda jugar, donde pueda hacer lo que
yo quiera, donde toda la gente se sienta alegre y donde el sol les de
calorcito a grandes y chicos. Papá, te cuento un secreto: me quiero ir
contigo en un barquito muy lejos y desaparecer en el horizonte azul.
Estoy seguro que allá nos aguardan otras tardes de alegrías y sonrisas
juntas. Papá, te quiero mucho…
82
LA PASIÓN DEL SASTRE
(El niño lanza el clavel al mar. Transición. Se muestra el inmenso
océano. Luego, se fusiona la imagen con otra de Esmeralda
interpretando en piano el tango Pasional. Finalmente, vuelve a
fundirse con una escena del presidente Gabriel González Videla,
en los balcones de la Ilustre Municipalidad de Iquique, en agosto
de 1948, dando un discurso)
GONZÁLEZ VIDELA: “Pueblo de Iquique: Desde el instante mismo
que asumí la Presidencia de la República he reclamado la cooperación
de todos los chilenos sin distinción de banderas políticas y he pedido
a todos los partidos el apoyo para la obra de bien nacional en que me
encuentro empeñado.
Vive el mundo horas demasiado graves para que los hombres nos
mantengamos alejados unos de otros por pequeñas y bastardas
pasiones o sentimientos. El Presidente de la República ha querido
dar el ejemplo sobreponiéndose a todo sentimiento y consideración
para buscar los cooperadores dondequiera que ellos se encuentren, sin
otra exigencia que su capacidad personal y su patriotismo…”
(Bajo las imágenes aparecen unos caracteres que señalan: “Hoy, 7
de septiembre de 1986, a las 18.35 horas, acaba de morir el capitán
general del ejercito José Ramón Padilla Foguet, producto de un
atentado perpetrado por un comando revolucionario. Del mismo
modo, en el enfrentamiento perdieron la vida cinco de sus escoltas
y uno de los guerrilleros, cuyo nombre era Francisco Téllez
Martínez, un joven sastre, oriundo de la ciudad de Iquique…”)
CAE EL TELÓN
83

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publicado por goliath a las 15:42 · Sin comentarios  ·  Recomendar
 
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