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DRAMATURGIA Y NARRATIVA DE LA MEMORIA
BLOG DE IVAN VERA-PINTO SOTO
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29 de Noviembre, 2015    General

UNA REFLEXION DESDE EL PRADIGMA DE SENDERO LUMINOSO A LA EDUCACION DE LOS DERECHOS HUMANOS Y DE LA PAZ

 

UNA REFLEXION DESDE EL PARADIGMA DE SENDERO LUMINOSO A LA EDUCACION DE LOS DERECHOS HUMANOS Y DE LA PAZ

 

 

Iván Vera-Pinto Soto [1]

 

RESUMEN

 

El presente artículo es un testimonio del proceso de gestación y expansión de  Sendero Luminoso, grupo terrorista que marcó profundamente a la sociedad peruana en las últimas décadas del siglo XX. Este movimiento que paradójicamente nació en las entrañas de una institución eminentemente democrática como es la universidad, llegó a convertirse en un fenómeno que se propagó a lo largo de todo el país.

A partir del análisis de esta experiencia traumática el artículo responderá a una interrogante crucial en el campo educacional: ¿Cuál es la vigencia y pertinencia de la educación de los derechos humanos y de la Paz en la universidad latinoamericana actual? El tema aquí tratado es de la  mayor importancia en  la educación universitaria y en el rol que debe jugar la Universidad en un continente afectado por la violencia política.

 

Palabras claves: Violencia política- Sendero Luminoso- Educación de los Derechos Humanos

                                                            

ABSTRACT

 

This article is a testimony of the genesis and expansion of the terrorist group Sendero Luminoso, which markedly influenced the Peruvian society in the last decades of the twentieth century. This movement, which paradoxically originated from the inside of predominantly democratic institutions, namely universities, developed a significant social support network in a country where social segregation was a widespread phenomenon.

 

Starting with this traumatic experience this article aims at responding to a crucial dilemma in the field of education: ¿Which is the current status and pertinence of human rights education and peace latinoamerican universities? The issue raised here is of the utmost importance in university education and in the role that higher education institutions play in a continent struck by political violence.

 

Key words: Political Violence- Sendero Luminoso - Human Rights Education

 

 

 

 

1.- INTRODUCCION Y OBJETIVO

 

Este artículo analizará, en primer lugar, el paradigma violentista que sustentaba Sendero Luminoso, partido político peruano que en los años 70 surgió en el seno de la Universidad San Cristóbal de Huamanga y que se extendió provocando graves consecuencias para el Perú y los derechos humanos de los ciudadanos de ese país.

 

El argumento se irá hilvanando a partir de la revisión de investigaciones realizadas por algunos cientistas sociales peruanos,[2] y pretende demostrar que la emergencia de Sendero Luminoso no sólo fue un fenómeno político-militar; sino también fue una respuesta a las condiciones de crisis socio-económica del país y del sistema educacional rígido, anquilosado, clasista, con deficitaria infraestructura educativa y débil inversión estatal. Complementariamente, se sostiene que Sendero construyó al interior de la universidad una “escuela de cuadros” con una formación que reproducía la intolerancia, violencia, autoritarismo y dogmatismo.

 

Para aproximarnos a este fenómeno tan complejo de la violencia política que tuvo como uno de sus escenarios a la universidad describiremos y analizaremos el contexto social, económico y político del Perú (período 60-70); asimismo, algunos postulados con los que operó la ideología del PCP-Sendero Luminoso. Para ello trabajaremos en dos ámbitos: 1) entregaremos una rápida revisión de algunos conceptos claves asociados con la política e ideología senderista;2) interpelaremos descriptivamente cómo sus cuadros dirigentes impusieron el paradigma senderista en los jóvenes peruanos, a través de su sistema de adoctrinamiento.

 

En seguida, a partir del análisis Sendero, haremos una reflexión final sobre como este caso de violencia política incubada en la universidad, nos evidencia la pertinencia y vigencia que tiene el ejercicio de la Educación de los Derechos Humanos y la Paz en el currículo de nuestras universidades. Sostenemos que la presencia de esta temática en el aula universitaria es un  aspecto relevante de la ética pública en especial en nuestros países afectados por la violencia política; y; que por lo mismo, requiere de espacios académicos de reflexión, investigación y difusión, en un marco interdisciplinario de las ciencias sociales.

 

2.- MARCO TEORICO

2.1.- La violencia de Sendero

 

La Comisión de la Verdad y la Reconciliación del Perú (CVR) en su estudio sobre las causas de la violencia política en el Perú, estableció que el origen de la violencia senderista está en el pasado y en los desequilibrios históricos-sociales del país. Añade que: ”La violencia social es un producto histórico, no surge de un día para otro; una sociedad se va haciendo progresivamente violenta cuando el proceso de su formación, los elementos que la componen no logran integrarse armónicamente; cuando las relaciones étnicas, económicas, de clase, de espacios regionales y de estructuración del Estado y la nación no fluyen de manera continua y con sujeción a normas valorativas mínimamente realizables y que colman a su vez las más elementales demandas del cuerpo social, cuando las asimetrías se implantan y se consolidan de tal forma que el mismo orden, la legalidad y la organización de poder se convierten en expresiones de una violencia estructural que se acumula, se reproduce y tiende a perpetuarse…”(2003:20).

 

Precisamente, el Estado peruano arrastraba históricamente una grave crisis estructural. La inversión social no estaba orientada especialmente hacia las zonas más pobres del país, no existían espacios que facilitarán niveles de interculturalidad y combatieran frontalmente la discriminación o racismo en el país. Los jóvenes no tenían posibilidades de movilidad y ascenso social; por consiguiente,  para poder subsistir sólo tenían dos alternativas: Crear las condiciones materiales que viabilizaran su desarrollo personal, a partir de su propio esfuerzo. O tomar el camino de la violencia para luchar contra esa sociedad que lo asfixiaba y que no le daba ninguna salida. En la última opción, los jóvenes encontraron una forma de realización de sus sueños utópicos y una razón que le dio significado a su lucha. Ciertamente Sandoval afirma que  “el abandono de la educación pública de parte del estado permitió que el espacio educativo se convirtiera en un lugar donde confluyeron y germinaron propuestas radicales y autoritarias como las del PCP-SL (2004:5)

 

Por su parte, Sendero sostenía que la violencia era una constante en la historia peruana, fruto de la lucha de clases, donde el movimiento expresa los intereses de los desposeídos. A partir de este planteamiento hizo una exhortación a la violencia insurreccional y al deseo de la muerte como una senda para alcanzar la gloria. [3]

 

Portacarrero resalta:” la propia inmolación se presenta como la culminación de un camino de coherencia y santidad. Guzmán intenta seducir a los que quieren morir. Los invita a asumirse como héroes.” (1998:27). En definitiva, al igual que los ejércitos medioevales, los senderistas percibían la guerra como una representación santa y la muerte como una acción ejemplar. Apelaban a una obligación ética de llevar a cabo la guerra popular para transformar la sociedad peruana, la cual era tipificaba como semifeudal y  semicolonial.[4]

 

En conclusión, su arenga justificaba la vía violenta como único camino para emancipar a los pobres y explotados, por ello  exaltaba el odio de clases y la violencia revolucionaria.

 

2.2.- SENDERO Y SU POSTURA IDEOLOGICA-POLITICA

 

El activismo senderista estuvo presente en todos los espacios sociales, sin embargo la universidad fue su refugio natural de donde propalaba su violenta literatura, en una suerte de amenazas contra todos sus adversarios y el sistema imperante. Era la épica del terror y del absurdo. Siguiendo a Portocarrero, el odio es presentado por los senderistas “como una suerte de vivencia natural, una respuesta lógica y espontánea a la opresión. Los revolucionarios tendrían que apelar a estos sentimientos, vivificándolos. Guzmán piensa que el odio garantiza una comprensión intuitiva  de la verdad, hecho que facilita mucho la enseñanza del pensamiento guía” (1998:25)

 

Su cultura política autoritaria fue muy parecida a la  relación verticalista feudal entre el patrón y el indio o entre maestros impositivos y alumnos pasivos. Al respecto, Guzmán afirmaba "...a las masas hay que enseñarles con hechos contundentes, para con ello remacharles las ideas...las masas necesitan la dirección de un partido revolucionario, con más poder que llegue al corazón del pueblo, para posteriormente servirlo".[5] Como se observa, el lenguaje violento representa la aplicación literal del viejo adagio que expresa "la letra entra con sangre”. Este es un principio básico de las ideologías totalitarias que parten del supuesto que se actúa desde una moralidad incuestionable fundada en la fe que convierte las ideas políticas en dogmas.

 

En esa línea, hay un tema clave sin el cual no es posible entender a Sendero: Guzmán se consideraba el guía, poseedor la verdad científica incuestionable, basada en el materialismo histórico y dialéctico. En consecuencia, su ideología podía explicar racionalmente todos los fenómenos naturales y humanos, teniendo como soporte el principio de la lucha de clases. Al poco tiempo, sus partidarios lo convirtieron en un mito, un ser extraordinario que podía liberar de la miseria a los más pobres del Perú, a través de una guerra nacional y popular.[6] De esta manera se cumplió la lógica que dice que cuando los pueblos carecen de sueños, desaparecen las utopías y les falta liderazgo; entonces, casi siempre, surge una figura “mesiánica” dispuesta a redimirlos. Esta visión la tenía muy clara los senderistas, es por eso que  sus argumentos libertarios conquistaron, en un comienzo, la simpatía de muchos desamparados.

 

En cuanto a las tácticas democráticas y antifeudales que tuvo en su origen el movimiento, posteriormente involucionaron hacia la militarización. Su objetivo final era capturar la imaginación del pueblo, y crear un argumento revolucionario a prueba de refutaciones. En esa lógica para Guzmán, sólo el poder contaba, todo lo demás era ilusión. Para los senderistas, el derecho y la ética – las dos principales fuentes de defensas contra el abuso del poder-  eran irrelevantes; al igual que los valores de justicia, verdad, solidaridad,  amor y perdón, puesto que  ellos representaban los intereses de la  clase dominante. 

 

La postura dogmática llevó a Sendero, a menospreciar la tradición andina, calificando a la mentalidad campesina de fatalista y de estar impregnada de “basura feudal”. Por ende, buscó trastocar su forma de vida: organización social, ritos, creencias, festividades. No obstante, Portacarrero (1988) sostiene que la ideología senderista intentó reinterpretar algunos elementos de la visión andina de acuerdo a la doctrina marxista, pero sin tener mayor éxito.  Pese a todo, para José Coronel, “la guerra no destruyó los referentes culturales. Mitos, creencias, costumbres, resultaron mas bien revalorados en el medio del trastocamiento de la condiciones de vida” (1996:75).

 

En el juicio senderista, la cosmovisión andina debía supeditarse al materialismo histórico, a su visión racionalista y clasista. Consecuentemente, recurrió al asesinato especialmente contra los campesinos ubicados en las zonas altas de la puna y de la Amazonía. Al final, el autoritarismo y violencia ejercida por Sendero contra el campesinado fue la causante de su primera derrota estratégica, pues ello generó la masificación de las rondas campesinas que se alinearon con el Estado y las Fuerzas Armadas aislando a Sendero, lo que contribuyó a dejar expuesta a su dirección nacional en la ciudad y abrió las puertas para la detención de Abimael Guzmán y la posterior debacle del movimiento.[7]

En síntesis, si tuviésemos que definir algunos rasgos característicos de este movimiento diríamos que: 1) el fanatismo los conectó fácilmente a la violencia; 2) el mesianismo los impulsó a “redimir” la sociedad, pues sus ideas se consideraban portadoras de la salvación absoluta; 3) la intolerancia fue producto de sentirse dueño de la verdad 4) el odio social los condujo a cometer graves violaciones de los derechos humanos. [8]

 

2.3.  CONTEXTO  PERUANO

 

En la década de los 60 el Estado peruano vivía una crisis institucional que se expresaba en una grave inestabilidad social y política a nivel nacional.  Era la época que imperaba un Estado Oligárquico, en donde una minoría dominaba a las grandes mayorías. Este Estado Oligárquico se caracterizaba por concentrar el poder social bajo el dominio de los grupos agro-exportador y latifundista serrano, a los que se asociaron progresivamente los estamentos gerenciales que administraban las inversiones extranjeras en los sectores mineros, financieros e industriales. El modelo oligárquico fue el resultado de la combinación de las formas semi-feudales heredadas de la colonia y la producción capitalista europea. [9]

 

En este entorno de crisis, miseria e injusticia social,  en 1968, el General Juan Velasco Alvarado dio un golpe de estado al presidente Fernando Belaúnde e implantó un gobierno de corte nacionalista, basado en un capitalismo de Estado, el que se caracterizó por su naturaleza centralizada, autoritaria y burocrática. A pesar de las reformas que emprendió

Velasco contra el Estado Oligárquico, subsistieron los problemas fundamentales del país. Así lo corrobora Cloter, “Las reformas antioligárquicas y nacionalistas del gobierno militar

(1968-1980) y el control corporativo de la participación social cambiaron el perfil del país y dieron lugar a la emergencia de nuevos actores en la escena nacional. Paradójicamente, esas medidas y resultados derivaron en una creciente e incontenible movilización contra el gobierno, debido a las frustradas expectativas distributivas, así como la exclusión social en las decisiones gubernamentales debido al autoritarismo del gobierno militar” (1997:2) 

Ante la falta de perspectivas,  los sectores populares y los partidos de izquierda  comenzaron a exigir transformaciones profundas en el país. En ese escenario se produce  el debate ideológico comunista, las ideas maoístas ganaron terreno permitiendo  articular una teoría sobre la “guerra popular”, cuya estrategia de lucha  armada era cercar a las ciudades  desde el campo.

 

Entre tanto, en el plano educacional, a partir de 1950 en el Perú se produjo una masificación de la oferta educacional; este proceso estuvo acompañado por el deterioro de la calidad de la enseñanza, la que privilegió la memorización y la sumisión del juicio crítico del estudiante frente a una exagerada autoridad que tenía el texto y el maestro. [10] Según cifras de la CEPAL (1985) sobre la cobertura educativa de los países de América Latina, el Perú pasó del lugar décimo cuarto  que tenía en 1960 al cuarto en 1980. En ese período, el porcentaje de jóvenes de 15 a 18 años de edad que estudiaban secundaria o superior en el Perú pasó del 19% al 76%.[11]  Empero, esta masificación estudiantil avanzó en contradicción con el deterioro de la infraestructura educativa, la débil inversión estatal y a la inexistencia de un proyecto educacional sólido, especialmente en lo que se refiere a la educación superior, lo que conllevó al detrimento de la calidad de la educación.

 

Justamente, la CVR observó que, “el crecimiento del sistema educativo a partir de la segunda mitad del siglo XX suscitó, entre la población en general y entre el magisterio en particular, un conjunto de expectativas con respecto a la educación como una vía de ascenso social y con  respecto a un proceso de modernización de país que finalmente, se vieron defraudadas” (2003:551).

La reforma educacional del gobierno de Velasco no tuvo ninguna posibilidad de mantenerse vigente en el tiempo, porque no se pudo disociar del contexto autoritario, centralista y populista de su régimen. Por el contrario, ella facilitó las condiciones para el surgimiento de Sendero y MRTA, la ampliación de la pobreza, y el posterior deterioro del sistema educativo. Por lo demás, la reforma educacional no afectó al currículo escolar en sí, el cual era uniforme, determinista, rígido, memorístico, orientado al pasado, enciclopédico, dogmático, individualista, castigador, que rendía culto al orden y al método

 

Del mismo modo, el gobierno de Velasco promulgó, el año 1969, la ley 17437 que buscaba reordenar y despolitizar a las universidades públicas, transformando los consejos universitarios democráticamente elegidos, por consejos ejecutivos que teóricamente podía manejar el Estado. La medida paradójicamente permitió que los sectores radicalizados llegaran tomar la dirección de la universidad peruana. Otro desacierto de Velasco fue la promulgación (junio, 1969) del decreto 006 que recortó la cobertura de la educación gratuita. Esta medida provocó una importante movilización popular en Ayacucho, dirigida por el Frente de Defensa. Después de una violenta contienda, el gobierno se vio obligado a derogar dicho decreto.

 

Entre tanto, en el país comenzó a imponerse en la intelectualidad universitaria el discurso del marxismo-leninismo-maoísmo, el que se difundió  desde la Universidad Nacional de Educación, La Cantuta (Lima) hasta los estudiantes secundarios y universitarios provincianos, constituyéndose en la matriz de todas las carreras. Más tarde, durante los años de conflicto armado, el Estado terminó por perder su hegemonía al no poder asentar la producción de sentimientos de la comunidad nacional prevaleciendo pedagogías autoritarias y propuestas de cambio radical sólo alcanzable por la vía de confrontación y violencia” (Ansión: 2004)

 

La CVR identificó dos factores que promovieron aceleradamente la ideología radical  en las universidades: Una interna,  que se relaciona con la radicalización ideológica,  el clima confrontacional, la burocratización, corporativismo gremial, el clientelismo político, la incorporación de asignaturas sobre marxismo y el control de los gobiernos universitarios por los grupos de izquierda, los que hicieron modificaciones curriculares y la falta de capacidad de generar proyectos democráticos. Y, la otra externa, que se vincula con la  peor crisis económica del siglo XX que vivió el Perú y que desembocó en un proceso hiperinflacionario; momentos de severa crisis política que incluyeron el debilitamiento del sistema de partidos, la aparición de liderazgos providenciales, narcotráfico y un ambiente de corrupción.

 

La misma CVR advierte que “el sistema de las universidades públicas se encontraban en un proceso de franca crisis económica y académica. En este sentido, recae sobre el Estado una alta cuota de responsabilidad, pues, precisamente en los años de acelerada ampliación de la cobertura educativa, abandona a las universidades no sólo en el plano presupuestal, sino también como espacio crucial de lucha ideológica y poder simbólico”  (2003:608).

 

2.4.- Sendero y los Derechos Humanos:

 

Sendero Luminoso repudiaba expresamente la idea de los DD.HH., a los cuales consideraba meros “argumentos burgueses”; no obstante, con esta aseveración no queremos relativizar el propio comportamiento del Estado peruano, el cual también presenta una larga serie de graves violaciones de DD.HH, tal como lo comprobó el informe de CVR. Al final todo un país experimentó en carne propia las brutalidades cometidas por Sendero: Decapitaciones, asesinatos, niños inmolados, autos bombas, venganzas, periodistas asesinados, secuestros, extorsiones, atentados, poblaciones rurales desplazadas y muchísimo terror. El objetivo era proyectar la imagen de una voluntad decidida al aniquilamiento, a sembrar el pánico paralizante en la población. Pese a lo anterior,  también hay que informar de la violencia militar: “Cateos, cercos, rastrillajes militarización de ciudades y poblados, patrullajes, imposición de estado de sitio y algunos toques de queda. Bombardeos con aviones supersónicos y helicópteros, utilización de armas químicas. Además de persecuciones, detención, secuestros y desaparecimientos, tortura y exterminio de campesinos y trabajadores” (VALQUI: 1988,22). En fin, la intolerancia de ambos bandos engendró más intolerancia. El epilogo de esta dramática historia fue la muerte de miles de peruanos.[12]

La dirección senderista señalaba que los DD.HH. son construcciones ideológicas funcionales creadas  por el sistema capitalista y que, por lo tanto, no tenían ningún valor para orientar la acción. Además, negaba que los individuos tuvieran realmente derechos por el hecho de ser seres humanos, y afirmaba que toda consideración humanitaria debía consentir la exigencia de tomar el poder para los sectores sociales oprimidos, a quienes decían representar. El objetivo final era la total destrucción de las estructuras políticas existentes y su reemplazo por organismos sujetos al control directo Sendero (CVR: 2003).

Por lo demás, el ambiente político radicalizado que vivió la universidad peruana en esa época, no permitió ninguna posibilidad de reflexión y práctica de los DD.HH. Esto se manifestó en la presencia de actitudes intolerantes y abandono de climas de respeto y solidaridad entre los miembros de la comunidad universitaria. En ese período la autoridad y la comunidad universitaria de la UNSCH de ningún modo abordó responsablemente la problemática de los DD.HH. como aspecto relevante de la reflexión académica y como política institucional. Del mismo modo,  fue evidente la escasa presencia de procesos participativos y democráticos generados por el Estado; como también hubo ausencia de prácticas e iniciativas asociadas con la educación de los DD.HH en las aulas universitarias.[13]

 

3.- ANALISIS DE LA PROBLEMÁTICA:

 

3.1.- SENDERO Y LA UNSCH

 

Todo comenzó en la Universidad Nacional San Cristóbal de Huamanga (UNSCH), fundada en Ayacucho en 1667, la que después de permanecer casi un siglo cerrada fue reabierta el año 1958 para hacer frente a las condiciones de pobreza de la región. Al respecto, Granados indica que ella “asumió nuevos retos frente a las aspiraciones de los pobladores urbanos y rurales. Por primera vez tenían acceso a ella los sectores tradicionalmente marginados, ya que los hijos de las grandes familias huamanguinas preferían, como siempre lo habían hecho, estudiar en las universidades de Lima” (1999: 203).

 

La repercusión social que alcanzó la universidad en esta región fue relevante. Entre los años 60 y 70, más de la mitad de los estudiantes matriculados procedían de provincias pobres de Ayacucho, Huancavelica y Apurímac, concentrándose el 40 % de los mismos en la Facultad de Educación, en la que impartía docencia el profesor Abimael Guzmán. Para los años 70 la UNSCH ya se había consolidado como motor de desarrollo de Huamanga. Fue de esta manera que una creciente masa estudiantil dio vida a todas las actividades sociales y comerciales que nacieron en esta localidad.[14]

 

A comienzo de los 70, instalado en la universidad y valiéndose de la vinculación que ella tenía con las zonas rurales, Sendero comenzó a extender su ideología, tomando como bandera de lucha la situación de pobreza y miseria que vivía la región, prometiendo la construcción de una nueva sociedad basada en la doctrina marxista. De esta manera, los cuadros dirigentes de Sendero se aglutinaron en la Universidad San Cristóbal al estudio del marxismo, hasta construir una línea ortodoxa, con la cual expandieron su paradigma entre los estudiantes universitarios y secundarios, constituyendo un partido reducido en militantes, pero ideológica y orgánicamente muy disciplinado.[15]

 

Sendero alucinaba a los sectores estudiantiles y campesino con la idea de una revolución donde ellos serían los protagonistas. Naturalmente que hay un importante margen de audacia y también de búsqueda de ascenso social entre los jóvenes provincianos marginados que comenzaron a asistir a las “escuelas populares” que organizaba Sendero. Para el año 1978, esos mismos cuadros se distribuyeron en toda la región y actuaron como una poderosa fuerza política.

 

Paralelamente, Sendero desarrolló múltiples acciones estratégicas para acceder al gobierno universitario, en el marco de autonomía universitaria que regía a ese país.  Además tuvo una activa participación en el debate público sobre la realidad nacional e internacional; interviniendo en todos los espacios sociales  y políticos desatendidos por el Estado.

 

En conclusión – tal como señala Portacarrero-  el nacimiento de Sendero en la UNSCH se debió a “la postración provinciana frente a Lima, el hecho que la Universidad de Huamanga despertara, al fundarse unas expectativas que después se frustraron” (1998:94). En el fondo, supo canalizar estratégicamente los infortunios de la gente socialmente postergada y de los estudiantes ayacuchanos que veían muy pocas posibilidades de movilidad social por la estructura centralista y desigual del país, imponiendo una militancia radical y una ideología violentista.

 

3.2.-  SENDERO Y LA FORMACION POLITICA- IDEOLOGICA EN LA UNIVERSIDAD

 

La primera preocupación de Sendero en la Universidad fue la formación de cuadros, haciendo un trabajo de concientización, a través de sus docentes, entre los estudiantes de los primeros años. De igual manera aprovechó el concurso de estudiantes de enseñanza media, los cuales contaban con una preparación política previa. Siendo Guzmán directivo universitario, presionó para introducir un conjunto de cambios curriculares, para que se incluyeran asignaturas basadas en los manuales marxistas. Estos cambios fueron apoyados por el Frente de Estudiantes Revolucionarios (FER) de tendencia senderista y resistido por algunas Facultades contrarias. De igual forma, Guzmán, desde la Dirección de Personal, también posibilitó la contratación de profesores senderistas. Por su parte, Antonio Díaz, otro dirigente senderista que ocupó el cargo de Director de Bienestar Estudiantil, favoreció con beneficios universitarios (alimentación y residencia) a los alumnos simpatizantes de su movimiento.

 

La presencia senderista en la universidad no sólo fue discursiva y persuasiva, sino también violenta. Es decir, en muchas ocasiones utilizó la fuerza para mantener un dominio en las aulas, en medio de un clima de intolerancia. Del mismo modo, Sendero se posesionó de una Facultad clave para sus objetivos, ella fue Educación. A través de ésta pudo controlar una red de docentes jóvenes los cuales ejercían docencia en las zonas rurales y populares de Ayacucho. Para ello aplica un discurso paternalista y verticalista, sin diferenciarse de la retórica política tradicional. A pesar de ello, Sendero encontró una fuerte resistencia en otros grupos izquierdistas de la universidad, siendo incluso desplazado de algunos espacios de poder.

 

Para adoctrinar a los estudiantes, Sendero, instrumentalizó una “escuela de cuadros” al interior de la universidad. Esta se caracterizó por imponer una doctrina intransigente que reclamaba ser poseedora de la verdad universal. Por lo demás, exigía la renuncia de sus militantes a la propia individualidad y la sumisión absoluta al pensamiento y doctrina del partido. El paso a la militancia se sellaba con la conversión de la persona en partidaria de los principios del partido. Potocarrero explica: “Como cualquier convertido, el militante senderista se pretende un hombre iluminado, sin fisuras; alguien salvado de las iniquidades de la vida al haber  encontrado la verdad definitiva” (1988:59). Esta supuesta fortaleza teórica se reafirmaba al autocalificarse como seguidores de la ideología “todopoderosa” del marxismo-leninismo-maoísmo.

 

Ante la vida miserable y subvaluada, con traumas y un futuro sombrío, Sendero les ofreció a los jóvenes perfilar su nueva personalidad de revolucionario combatiente. Inculcó en el joven la idea que la vida tiene un solo sentido: edificar la sociedad comunista. La esencia de su realización sólo está en ese propósito y por eso la ideología senderista motiva el coraje y el actuar violento del joven.

 

Su “escuela de cuadros” se basó en la construcción de una línea ortodoxa del pensamiento marxista, en su lenguaje no había posibilidad de términos medios. Por ello era común escuchar en su proclama la expresión de la “lucha de dos líneas”. La ideología senderista representaba la “línea justa y correcta”, debiendo todos sus militantes obediencia y respeto ciego hasta en la intimidad. Dentro de esta organización no había margen de contradicción y los militantes solo debían acatar órdenes de la dirigencia.

 

La imposición del modelo senderista en  la juventud también se facilitó con la existencia de algunos supuestos pedagógicos tradicionales, tales como: Considerar al alumno como un mero objeto de enseñanza, no permitir que el alumno construya su propio conocimiento, creer que lo que el profesor enseña es lo que el alumno aprende, suponer que el método científico es más importante que la idea a investigar y ver al alumno como un objeto manipulable y no como persona. Por todo lo dicho, fue fácil que este estudiante adiestrado para la pasividad asimilara el mensaje senderista, sin mayores críticas ni resistencia.

 

En una somera exploración del mensaje que Sendero transmitía a los jóvenes, detectamos las siguientes constantes: Se apela a una arenga confrontacional y violenta en relación al orden establecido. Se promete a los hijos de los pobres la posibilidad de ascender socialmente por la vía del nuevo estado senderista. Se propone entregarles el poder de las armas para que controlen sus comunidades. Se otorga una identidad “total” (política-ideológica-militar) a los que tenían pocas esperanzas de progresar socialmente. Se le exige al joven absoluta obediencia al  partido. Y, finalmente, se impone un discurso castigador pero “justo” contra todos los males sociales.

 

Esta acción”piloto” que hizo la dirigencia senderista en las universidades UNSCH y Cantuta le sirvió de modelo para replicarlo en otras casas de estudios. Esta fue la razón para que Sendero planteara la tesis de “la defensa de la universidad”, interpretándola como el espacio de donde debía surgir los cuadros para la revolución.[16]

3.3. SENDERO Y LA PERTINENCIA DE LA EDUCACION DE LOS DD.HH. EN LA UNIVERSIDAD

 

La experiencia de Sendero nos demuestra que siendo la universidad una de las instancias más sensibles a las ideas y posiciones políticas existentes, corre el peligro que se deslice por el camino de la violencia política, sino se le concibe como el soporte de ideas que descubran y promuevan la senda del respeto por los DD.HH., la democracia y la paz.

 

Para los DD.HH. en el Perú, y para todos quienes lucharon por su defensa, Sendero trajo muchas consecuencias negativas. Las pérdidas humanas fueron incalculables, contando abrumadoramente entre sus víctimas a campesinos ajenos a los enfrentamientos. Al mismo tiempo, se produjo en el ambiente nacional una profunda degradación en el aprecio de la dignidad humana. Si bien Sendero fue derrotado en el plano militar, sin embargo dejó graves secuelas al nivel de la conciencias y en el tipo de valores que impuso en los jóvenes.

 

Por lo demás, la Universidad de Huamanga, después de la declaración del estado de emergencia en Ayacucho (14 de octubre, 1981), quedó prácticamente sitiada por las Fuerzas Armadas y policiales, produciéndose de manera sistemática reiteradas transgresiones de la autonomía universitaria, persecuciones a profesores y estudiantes y violaciones de los Derechos Humanos. Las instalaciones de la universidad fueron objeto de numerosos atentados perpetrados por los senderistas. El resultado final fue el aislamiento de la universidad y la marginación de sus profesores, alumnos y titulados del contexto social y académico nacional. El mismo informe de la CVR concluyó que “como saldo de la violencia política, la universidad perdió el liderazgo regional. Su imagen quedó seriamente resquebrajada al relacionarla equivocadamente con la subversión. Los miembros de la comunidad universitaria fueron estigmatizados y en muchos casos tuvieron que optar por el silencio o emigrar”. (2003:601)

 

Para que la historia de Sendero no vuelva a reiterarse en nuestros países sostenemos que es necesario que las universidades abran perspectivas de desarrollo a nuestra juventud, no sólo en el plano socio-económico, sino también en la promoción de un espíritu crítico que reemplace a la concepción verticalista de la enseñanza por una horizontal, donde el estudiante pueda cuestionar lo que el maestro pretende postular como verdad universal.

 

Al igual que en el Perú, en todos los países donde ha existido un proceso de enfrentamiento armado interno, existe la percepción en la ciudadanía de vivir una suerte de desprotección por parte de los organismos de Derechos Humanos y del Estado, como instancias defensoras. Sumemos que en nuestro continente aún se mantienen diversas formas de violencia individual o social, como consecuencia de la subsistencia de los desequilibrios económicos y sociales. La pobreza y el hambre constituyen realidades que violan permanentemente y de la manera más profunda el pleno ejercicio de los DD.HH. Al margen de la inequidad distributiva de la riqueza de los países, debemos agregar la falta de políticas públicas rectoras, el crecimiento exponencial de la corrupción y la acelerada des-democratización del sistema neo-liberal, todo lo cual conspira con los derechos esenciales del hombre.

 

Potencialmente, la universidad debería convertirse en  el escenario donde se desarrolle la praxis de la convivencia y la transformación social. Dicho de otra manera, para disminuir las formas de violencia política, la universidad debe fomentar en su comunidad una actitud crítica frente al desenvolvimiento de la sociedad y los paradigmas que hoy la gobiernan.

Igualmente, el tema debería estar asociado con la defensa, la denuncia, el debate, la acción social y la instalación de un pensamiento latinoamericano de los DD.HH. Esta reflexión va más allá de un simple ejercicio intelectual, compromete una postura ética que defienda la existencia de la vida humana con dignidad.

 

Sabemos que la simple  inclusión de ciertos temas y contenidos en un currículo educativo no garantiza una formación adecuada, además, se precisa contar con una pedagogía que facilite el aprendizaje basado en los valores que los derechos humanos. Por ello que es importante capacitar a profesores en nuevas estrategias pedagógicas para generar un aprendizaje efectivo del alumno.

A su vez, se precisa la articulación de un espacio académico reflexivo en torno del tema de la memoria -  tal como ocurrió en el Perú con la Comisión de la Verdad y la Reconciliación -  tomando de base los hechos ocurridos en  aquellos períodos de quiebres institucionales, ofreciéndole al estudiante  maneras concretas para construir la esperanza en el futuro.

 

En la misma línea, es perentorio que se incorpore en el currículo el enfoque de la educación para la paz (contenido curricular no considerado en la educación peruana en esa época), para que ayude a los educandos a desarrollar una conciencia crítica-reflexiva, les infunda el respeto por los valores éticos y le faculte una capacidad de comprensión y tolerancia por otras culturas, ideologías y maneras de vivir. De igual forma, esta perspectiva debería favorecer a los alumnos a comprender la sociedad en que viven y la interdependencia que tiene con otros individuos, grupos sociales y naciones.

 

Para ampliar el compromiso de todos los sectores sociales en la causa de los DD.HH y la Paz, es necesario promocionar, a través del currículo educacional, una cultura que coadyuve a erradicar las condiciones  implícitas que indujeron la violencia y  la guerra, tomando en cuenta las lecciones del pasado de nuestros países, toda vez que las heridas de pobreza aún se mantienen abiertas en el continente. En ese orden, la defensa de los DD.HH. en la universidad debería estar ligada con una acción solidaria que contribuya a los procesos de cambio de las realidades injustas que sufren los sectores sociales postergados. Todo ello compromete a investigar más sobre las situaciones históricas; y  desarrollar una praxis social de los DD.HH., bajo el contexto de un proceso social global y local.

En definitiva, por los antecedentes entregados, creemos que la presencia de los DD.HH. y la importancia de éstos como aspecto relevante de la ética pública de las sociedades, requieren espacios académicos donde se reflexione, se investigue y se difunda sobre los DD.HH y sobre las exigencias sociales, jurídicas, políticas, culturales y económicas de su reconocimiento y protección. La investigación sobre el sentido y los contenidos de los DD.HH. y la enseñanza y difusión de los mismos, adquiere así, una relevante importancia para la educación universitaria y para el rol de la universidad en la sociedad.

4.-  CONCLUSIONES:

 

De acuerdo a la dramática experiencia relatada podemos concluir  lo siguiente:

Hoy, más que nunca, el respeto y la defensa de los  DD.HH requieren de una inminente aplicación en nuestro continente. Sabemos que estos derechos son los más reconocidos pero los menos respetados. Pero, no se crea que sólo los gobiernos dictatoriales sean los responsables de la violación de estos derechos, también los ciudadanos, especialmente aquellos vinculados a movimientos extremistas de todas las tendencias. Precisamente, la historia descrita de Sendero es un ejemplo claro de la violación de los DD.HH ejercida por ambos bandos: Estado y partido político.

 

Para comprender el nacimiento de Sendero en una universidad pública y su posterior influencia en las zonas pobres de la sierra peruana, tenemos que reconocer los siguientes factores decidores: Contexto de pobreza, injusticia social, descontento con los poderes locales, escasa presencia del Estado y débil actividad de otros partidos políticos. Esa fue la razón que impulsó a muchos jóvenes pobres adherirse a este movimiento porque representaba su última alternativa para luchar contra la sociedad que los oprimía; además, creían que por esta vía podían ascender socialmente, desarrollar la utopía de crear una sociedad más justa y expresar todo el odio acumulado en su historia.

 

De lo anterior inferimos que para no volver a vivir estas situaciones de guerra interna en nuestros países es imperioso, por una parte, la eliminación de la pobreza y la exclusión social, mediante el desarrollo de sistemas eficaces de participación en la vida política y económica. Esta es una tarea básica del Estado y de sus instituciones para asegurar la verdadera consolidación democrática. Y, por otra parte, la universidad, como instancia creadora y crítica del conocimiento, debe contribuir a crear perspectivas de desarrollo a la juventud en el plano profesional, en el aprendizaje de  valores de respeto y defensa de los DD.HH. y en la promoción de un espíritu crítico- reflexivo frente a la sociedad y las ideologías que la sustentan. Esto implica desarrollar una reflexión teórica de investigación sobre la violencia social y política desde un enfoque interdisciplinario de las ciencias sociales.

 

En consecuencia, ante la interrogante inicial de ¿cuál es la vigencia y pertinencia de la educación de los derechos humanos y de la paz en la universidad latinoamericana actual? Diríamos que no cabe duda que las  universidades deben incorporar contenidos y acciones pedagógicas que permitan a todos los educandos hacer suyo los fines de la Educación de los DD.HH. y de la Paz, con el propósito de  que todas las personas aprendan a convivir en condiciones sociales de diferencia, distinguiendo algunos valores claves, tales como: el reconocimiento, el respeto, la autonomía y la flexibilidad.

 

En suma, consideramos que se podrá contrarrestar situaciones dramáticas como la descrita, en la medida que los Estados articulen políticas de igualdad  en todas sus formas con políticas de identidad que permitan la participación de la comunidad e incluyan en los planes nacionales la educación temas de DD.HH, Paz y democracia; a la par de diseñar políticas multisectoriales, interdisciplinarias e interculturales  de educación en derechos humanos,

 

5.- BIBLIOGRAFIA:

 

·         ANSION, Juan: “Discriminación y pluralismo cultural en la escuela. Caso del Perú. Balance General”, OREAL-UNESCO, Santiago, 2004

·         BASOMBRÍO, Carlos: “Sendero Luminoso y los derechos humanos: una lógica perversa que contagió al país”. Artículo del texto “Los Senderos insólitos del Perú: guerra y sociedad, 1980-1995”, Lima, Perú, 1998.

·         COHN, Norman: “En pos del Milenio”, Editorial Alianza Universitaria, España, 1993.

  • CORONEL, José; DEGREGORI, Carlos; DEL PINO, Ponciano y STARN, Orin “Las rondas campesinas y la derrota de Sendero Luminoso” Lima, Perú, 1996.

·         COTLER, Julio: “Política y Sociedad en el Perú”. Instituto de Estudios Peruanos, Lima, 1994.

  • COTLER, Julio  “El Sendero Luminoso de la Destrucción. Nueva Sociedad”- pp 90-97 No 150 Julio-Agosto, Lima. 1997,
  • DEGREGORI, Carlos: “Sendero Luminoso: I Los hondos y mortales desencuentros. II Lucha armada y utopía Autoritaria”. Documentos de Trabajo, 4 y 6, IEP, Lima, Perú, 1985.

 

  • DECREGORI, Carlos: “Juventud peruana rural: entre los dos senderos”. CEPAL, Chile, 1993.
  • DEGREGORI, Carlos; CORONEL, José; DEL PINO, Ponciano y STARN, Orin: “Las rondas campesinas y la derrota de Sendero Luminoso” Lima, Perú, 1996.
  • ESCALANTE, Fernando: “La política del terror. Apuntes para teoría del terrorismo”, Fondo de Cultura Económica, México, 1990.
  • HICKS, David: “Educación para la paz”, Ediciones Morata, Madrid, 1999.

·         GRANADOS, Manuel: “El PCP Sendero Luminoso y su Ideología”. Servicios Gráficos  El Huerto de Gethsemanhi, Lima, Perú, 1999.

·         GUZMAN, Abimael: "Presidente Gonzalo rompe el silencio. Entrevista en la clandestinidad", en El Diario, Lima, 24 de julio, 1988.

  • PORTOCARRERO, Gonzalo: “Razones de Sangre”, Pontificia Universidad Católica del  Perú, Fondo Editorial, 1998.
  • MAGENDZO, Abraham: Modelo Problematizado: “Un enfoque pedagógico para la educación en derechos humanos”, Documento de Estudio de la Universidad Academia de Humanismo Cristiano, 2005.
  • MAGENDZO, Abraham: “De miradas y mensajes a la educación en Derechos Humanos”. Ediciones Lom, Santiago, Chile, 2004.
  • MARIATEGUI, José Carlos: “Siete ensayos de la realidad peruana”. Editorial Horizonte, Lima,1989
  • OSSIO, Juan: “Violencia estructural en el Perú: Antropología”, APEP, Lima. 1990.
  • VALQUI, Camilo: “Perú: Una luz en el Sendero Luminoso”, Fontamarra, México, 1988.
  • SALDOVAL, Pablo: “Educación ciudadana y violencia en el Perú: una lectura al informe de la CVR” Materiales para la discusión. Avances ,IEP, Tarea, Lima, 2004
  • STERN, Steve: “Los Senderos insólitos del Perú: Guerra y Sociedad, 1980-1995”, IEP, Lima, 1999.

·         TUVILLA, José: “Derechos Humanos: propuesta de educación para la paz basada en los derechos Humanos y del Niño”, CEJA, Sevilla, España, 1990.

 

 

8.- DOCUMENTOS:

 

  • Informe Final de la Comisión de la Verdad y la Reconciliación (CVR) Lima, Perú, 2003

·         Manifiesto “Desarrollar la Guerra Popular sirviendo a la Revolución Mundial”.1986.

  • Documento “La brecha de la equidad”, CEPAL, Santiago de Chile, 1997.
  • "El surgimiento de Sendero Luminoso. Ayacucho 1969-1979: del movimiento por la gratitud de la enseñanza al inicio de la lucha armada", IEP, Lima. 1999.

 



[1] Magister en Educación Superior .Director de Extensión Académica y Cultural. Universidad Arturo Prat. ivan.vera-pinto@unap.cl

[2] En este artículo toma principalmente los trabajos efectuados por Carlos Degregori, Gonzalo Portacarrero, Carlos Basombrío, Manuel Granados, José Coronel y la CVR.

 

3 La muerte es concebida desde un punto de vista práctico y estratégico; modificando la idea sentimental de los combatientes que mueren por sus ideales. Puesto que en Sendero no existían los “individuos” sino la “masa”, la muerte de un militante es vista como la entrega necesaria para llegar al objetivo final.

4 José Carlos Mariategui en  “Siete ensayos de interpretación de la realidad peruana”, definió al Perú como un país semifeudal y semicolonial, conceptualización que retomará Guzmán para desarrollarla, aplicando al caso peruano el concepto maoísta del capitalismo burocrático. Editorial Horizonte, Lima, 1989.

 

 

[5]  Léase a Abimael Guzmán, "Presidente Gonzalo rompe el silencio. Entrevista en la clandestinidad", en El Diario, Lima, 24 de julio, 1988.

[6] El culto a la personalidad de Guzmán, reproduce el patrón chino de la Revolución Cultural en la terminología (pensamiento guía) y en las representaciones  (pinturas, grabados, imagen sobre banderas rojas), sustituyendo la figura de Mao Tse Tung por la de Guzmán

[7] Léase Carlos Degregori; José Coronel; Ponciano del Pino; Orin Starn “Las rondas campesinas y la derrota de Sendero Luminoso” Lima, Perú, 1996.

 

 

[8]  Para entender el surgimiento  y expansión de los grupos mesiánicos, léase a  Norman Cohn: “En pos del Milenio”, Editorial Alianza Universitaria, España, 1993

[9] Para comprender la desarticulación social en el Perú, léase a Julio Cotler: “Política y Sociedad en el Perú”. Instituto de Estudios Peruanos, Lima, 1994.

 

[10]  Léase Informe Final de la Comisión de la Verdad y la Reconciliación (CVR) Lima, Perú, 2003.

 

[11] Léase Carlos Degregori, Juventud rural peruana: entre los dos senderos. Instituto de Estudios Peruanos  Santiago de Chile: CEPAL, 26 al 28 de octubre de 1993.

 

 

[12] Según el Informe  de la CVR en los veinte años que duró la guerra interna en el Perú hubo 69 mil 28 muertos, de los cuales el 54 % fue responsabilidad de Sendero.

[13] En ese período el autor fue alumno de Carrera de Antropología de la UNSCH,  donde obtuvo estas observaciones

14   El informe de la CVR  señala que, de acuerdo a la Dirección Universitaria de Planificación de la UNSCH, se produce un incremento de los estudiantes entre 1969 y 1977, de 2.241 a 7.610. Paralelamente, a partir de los 60 hay una fuerte migración campesina a Huamanga.

[15]  Degregori, sustenta la tesis que Sendero fue un movimiento de élites universitarias provincianas que contagió a jóvenes provincianos desarraigados en busca de una identidad estable.(1996)

16 La CVR,  confirma que Sendero Luminoso se articuló, sobre todo, a nivel de universidades y escuelas. La correa de transmisión se iniciaba con los docentes universitarios, pasaba por los estudiantes universitarios, los maestros rurales y los estudiantes de secundaria (2003, II, 20).

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