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DRAMATURGIA Y NARRATIVA DE LA MEMORIA
BLOG DE IVAN VERA-PINTO SOTO
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16 de Septiembre, 2011    General

ANTOLOGIA DEL TEATRO DE LA MEMORIA

 

 ANTOLOGIA DEL TEATRO DE LA MEMORIA

 

 

Iván Vera-Pinto Soto

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

A modo de Prólogo

 

 

 

En las siguientes líneas se reproduce un resumen de las principales ideas vertidas por diferentes prologuistas, redactadas en las presentaciones de ediciones anteriores de las obras seleccionadas en esta Antología del Teatro de la Memoria.

 

 

CORUÑA, LA IRA DE LOS VIENTOS

 

 

En la madrugada del 4 de junio de 1925 las autoridades de la antigua provincia de Tarapacá se enteraron alarmadas de lo acaecido horas antes en el poblado de Alto San Antonio, ubicado al interior de Iquique, en plena pampa salitrera. Un grupo de policías había intentado interrumpir la asamblea de la Federación Obrera de Chile, FOCH, encontrándose con una sorpresiva resistencia por parte de los trabajadores, quienes dispararon contra sus efectivos dando muerte a dos de ellos.

 

Era el preludio de una masiva insurrección que estremeció a todo el desierto tarapaqueño durante una semana y que tuvo en la oficina Coruña su principal escenario.

 

El día anterior, la mayoría de los obreros de la pampa y el puerto de Iquique se habían declarado en huelga ante la clausura de los periódicos “El Despertar de los Trabajadores” y “El Surco” por parte del gobierno de Arturo Alessandri Palma. En el marco de dicha movilización, los obreros de Coruña, con el dirigente anarquista Carlos Garrido a la cabeza, se apropiaron de las instalaciones del lugar, especialmente la administración, la máquina, el polvorín y la pulpería, encontrando en este último lugar, la oposición armada del administrador del recinto quien fue ultimado por los radicalizados trabajadores.

 

Lo sucedido en Coruña encendió la pampa y los obreros, articulados en la FOCH, se alzaron en una rebelión que abarcó numerosas salitreras destacando Pontevedra, Felisa, Argentina, Santa Lucía, Barrenechea, San Enrique, Esmeralda, Resurrección, San Pablo, La Palma, Mapocho, Aurora, Ramírez, Jazpampa, Irene, Valparaíso, Santiago, Constancia, Rosario, Santa Rosa, Maroussia y las localidades de Huara, Alto San Antonio y La Noria, entre otros. En todas ellas, los “federados” conformaron una milicia de autodefensa, que a caballo, dinamitazos y apertrechada rústicamente, se enfrentó al que era uno de los más poderosos ejército de Sudamérica.

 

La razón principal de la confrontación radicó en que el denominado ciclo del salitre llegaba a su fin, alrededor de 60 oficinas paralizarían sus faenas y era necesario expulsar a los obreros y sus familias hacia el sur del país. El gobierno de Alessandri Palma no podía hacerlo sin una brutal represión, ya que lo sucedido en la oficina San Gregorio, en 1921, indicaba que los pampinos resistirían su traslado forzoso. Además, los grupos en el poder aprovecharon la ocasión para destruir el núcleo más fuerte y rebelde del movimiento sindical de entonces y forzaron a los trabajadores a incursionar en el sindicalismo legal propuesto por el gobierno, el que era fuertemente resistido por los insurrectos.

 

Los acontecimientos se desenvolvieron con el esquema represivo de siempre. Una fuerza expedicionaria compuesta por numerosos regimientos de infantería, artillería, caballería y de marinos provistos de ametralladoras, copó la pampa y después de intensos y desiguales combates arrasó con los rebeldes, ejecutando a los combatientes vencidos, instalando sendos campos de prisioneros de guerra y expulsando, en definitiva, a los pampinos hacia distintas localidades del sur.

 

En la tarde del 5 de junio la oficina Coruña fue bombardeada por el regimiento Salvo durante más de una hora y luego azotada por la metralla de los marinos del Lynch, para posteriormente ser asaltada por la infantería del Carampangue y la caballería del Granaderos. Carlos Garrido, quien había sido puesto a salvo por sus compañeros, se devolvió y asumió su responsabilidad siendo ejecutado después de un breve interrogatorio, al que respondió con dignidad sin abjurar de sus principios ni de sus actos. Fue el comienzo de una barbarie ya conocida en la zona, que contó con el aplauso de los empresarios salitreros y la bendición de la Iglesia de aquella época. El “palomeo de rotos” se hizo tristemente célebre y la muerte y el silencio cubrieron el desierto. La historia oficial nunca reconoció lo sucedido durante el levantamiento pampino de 1925 y un manto cómplice cubrió la masacre. Incluso, la historiografía de izquierda la redujo solamente a los incidentes ocurridos en la pulpería de la Coruña, no registrando la magnitud de los acontecimientos, el profundo significado de la rebelión ni el legado de Garrido.

 

Sin embargo, los viejos iquiqueños, muchos de ellos de origen pampino, jamás olvidaron lo sucedido y, a través de la oralidad, mantuvieron fresca en la memoria aquella heroica jornada, única en la historia del país y efectuada por el pueblo trabajador, ya que, además, contó con la activa participación de mujeres, niños y ancianos que iban a ser lanzados de sus hogares.

 

De voz en voz, de conversación en conversación, los jóvenes fueron conociendo los pormenores de la rebelión por los viejos y viejas de antes, así nunca fue olvidada. En este sentido, altamente sobresaliente resulta la obra “Coruña, la ira de los vientos”, ya que junto a algunas pocas contribuciones, es un paso importante para saldar la vieja cuenta de reconocimiento de las nuevas generaciones con los pampinos de comienzos del siglo XX, constructores de riquezas y hazañas, de patria y dignidad, de autoconciencia y organización.

 

Además, contribuye con distinguir a Luis González Zenteno, escritor iquiqueño quien hace aproximadamente cinco décadas publicó la novela “Los Pampinos”, destacada iniciativa de reivindicación histórica de los obreros salitreros del 25 desde la literatura, así como la presente obra lo hace desde el teatro universitario con compromiso social. De esta manera, la labor de Iván Vera-Pinto se transforma en un adelanto del necesario reconocimiento que todos deberemos tributar alguna vez a los hombres, mujeres y niños pampinos que murieron en la rebelión, ansiando poder vivir con un poco de felicidad.

 

LUIS ESPINOZA

Periodista

 

 

CRONICAS DE UNA MUERTE AGAZAPADA: BOLERO DE SANGRE Y EL ÚLTIMO CUPLE DEL EMPERADOR

 

 

Los textos de Iván Vera-Pinto, huelen a muerte, pero con banda de música. Hace tiempo que la música popular (más allá de lo que eso significa y quiere decir)  viene revalorándose, sobre todo en el teatro. Sin pretender hacer historia de su presencia en el teatro chileno, hay que remontarse a “La Pérgola de las flores” y a “La Negra Esther”, por sólo nombrar a las más vistas.  En este caso, el bolero y la rutilante y eterna figura de Sara Montiel, le sirven a Vera-Pinto para crear situaciones, llamar fantasmas, inventar locaciones. Y eso no es gratuito, nuestro autor es gran consumidor de música.  Los autores solemos poner en escena, camufladas o no, nuestras pasiones.

 

Pero la muerte tiene un tránsito. A Primo Levi le preguntaron si le temía a la muerte. Y dijo que no. Le teme al sufrimiento. El autor de “Si esto es un hombre” sobreviviente del campo de concentración de Auschwitz, hablaba con razón. Sabía lo que era la tortura. “Comer, volver y contar” era el trío de palabras que le permitió sobrevivir. Los chilenos sabemos de eso, aunque con razones que no logro entender, nunca hemos hecho la conexión entre el Holocausto Nazi con la dictadura de Pinochet. Y eso que para los nortinos Pisagua fue nuestro Auschwitz.  La tortura, ese acto que pone en duda el dogma de la Ilustración al afirmar que la bondad es algo natural en el ser humano, sigue siendo un tema de marca mayor. Más allá de lo macabro que resulta, vale a pena preguntarse el por qué de su práctica. ¿Por qué Guantánamo? Pero, a nuestro autor, no le gustan las respuestas cerradas, y sobre todo en este tema. Por ello con el oficio de teatrista nos deja pregunta para la casa. Y es que el arte, en cualquiera de sus manifestaciones es eso, reflexión, es poder sacar en el silencio de la casa, algo que no es habitual, las lecciones de los casos.

 

La figura del “Emperador” un torturador que cree redimirse a través de los recuerdos en busca de una madre que nunca tuvo, o que bien perdió por el camino, le sirven a Vera-Pinto para actualizar, sin poner fechas ni situaciones, uno de los más grande dramas de nuestra vida como sociedad. La voz y figura de Sara Montiel opera como esa madre que a través de la película “El último cuplé” lo remite a esa infancia donde todo pasado fue mejor. Un tema, el de la tortura, de la dictadura, de la delación, entre otros que nunca debemos olvidar.

 

El bolero con su inmensa geografía que Juan Podestá nos ayudó a desentrañar, le sirven a Iván para reconstruir la memoria popular tomando como hilo conductor un bar. Tenga el nombre que tenga, al fin de cuentas, todos los bares son iguales, sólo cambian su escenografía, estos lugares esconden y muestran un estilo de vida que se estrena cada vez que el sol se pone. 

 

Estas dos obras primas hermanas entre si: la vida y la muerte, con sus singulares acentos puesta en escena nos revelarán aspectos de nuestra sociabilidad, de nuestros afectos y miserias. Y quizás de una u otra grandeza.

 

BERNARDO GUERRERO JIMENEZ

Sociólogo

 

 

LA SINIESTRA HISTORIA DEL SEÑOR DE LARA

 

 

Vera-Pinto en esta obra intenta desentrañar en la profundidad de las emociones, en esos radicales sentimientos que mueven a las personas, en aquellos motivos que sustentan la biografía de personajes que adquieren una dimensión de universalidad. Amor, odio, deseo, decepción, alegría, tristeza, dolor, engaño, son los ingredientes que conforman la naturaleza humana y que explican el sentido profundo de sus vidas. A la vez estos mismos son los elementos que conforman y van tejiendo los vínculos personales, los acontecimientos sociales, políticos, culturales.

 

En fin, el engranaje social todo, sólo tienen sentido a través del sentimiento personal, de la vivencia, convivencia y expresión de las propias emociones. En la trama de la obra, que es la trama de la vida, el imaginario personal se va vinculando con el imaginario colectivo y universal  “La Siniestra Historia del Señor De Lara”, tiene un profundo sentido evocador, es la memoria testimonial, social, colectiva. Podemos reconocer en ella hechos y realidades de un periodo histórico de esta nuestra América Latina. Entremezcladas con las historias personales se va poco a poco haciendo manifiestos hechos y acontecimientos, con los cuales nos vamos identificando por constituir procesos de construcción colectiva, cimentación estéticamente presentada en un transcurso no lineal de los sucesos: La memoria.

 

Valladares no es un mundo lejano que evoca inquietudes, sino que es un espectáculo de ficción en que se asienta la puesta en escena de un mundo a la vez cercano y desfasado del mundo real, pero que al mismo tiempo nos expone la indispensable proximidad con las imágenes que cada uno de nosotros puede evocar nítidamente en los recuerdos de acontecimientos vividos personalmente o referidos por cercanos significativos.

 

“La Siniestra Historia del Señor De Lara”, es una obra donde están presentes las más hondas, radicales y paradójicas emociones humanas. Las contradicciones vitales, existenciales, explican y dan sentido a las situaciones, al contexto de esta fábula. En la creación se entrecruzan historias de amor y de odio, de deseo y decepción, pero también de sufrimiento y liberación. El amor no siempre es como lo imaginamos o lo anhelamos; no siempre es todo lo maravilloso y cautivante que lo soñamos y creemos.

 

A veces resulta ser todo lo contrario, encontramos en ello desilusión; en vez de sentirnos ligado al otro, responsable del otro, a veces resultamos decepcionado y desengañado. Surge entonces, la sombra de la muerte, la muerte que se expresa de distintas maneras, no es la muerte aquella que constituye el final de una trágica existencia, “el alejamiento definitivo de este mundo plagado de odio y venganza”, sino más bien aquella que se expresa en angustia y desesperación, en acontecimientos que tocan nuestra puerta y que marcan profundamente nuestra existencia íntima, personal, vital, a la vez que colectiva, social. La muerte se hace presente nítidamente en la obra, pero también en la historia, es la muerte de una época nefasta de injusticias, desesperación y convulsión social, que quisiéramos sea definitiva.

 

Precisamente, la muerte es un concepto central de la obra. Lo que ha ocurrido puede volver a ocurrir, o tal vez nunca ha cambiado y sólo se ha disfrazado. Pero queremos que sea diferente, que la historia no se repita. Por eso es necesario rememorar, interpelar, reflexionar… recrear. Por lo mismo necesitamos teatro, para hacer la vida más digerible, aceptable. Rehuir una realidad cotidiana demasiado agobiante, es uno de los caminos por los que el teatro, la ficción maravillosa, alivia y en cierto modo libera a lectores y espectadores.

 

El hombre, pasajero del tiempo y de los días, que quiere estar más allá de sus propias circunstancias, que sueña con mundos ya idos, que vive la ilusión de una vida hermosa donde el sufrimiento no tiene cabida, queda atrapado en las contradicciones de su existencia, cree haber superado emociones ya idas, pero sospecha que están por allí, al acecho, y que si aparecen pueden significar su ruina, su caída.

 

Esta historia -como nos lo hace presente el propio autor- es una historia triste, aunque no una triste historia. Dolientes son los hechos y las motivaciones; pero, también, es una historia esperanzadora, porque se mueve de las emociones y los sentimientos, a la reflexión, a la meditación, que es el terreno donde surgen las grandes y mejores convicciones… porque “La vida no vale nada si no tienes una razón para vivir”.

 

 

JUAN LUIS CERDA JOPIA

Profesor de Filosofía

 

 

LLEGO CON TRES HERIDAS Y DELIRIO

 

 

En tiempos revueltos, mueren, nacen y renacen; héroes, ideales, tendencias, artes, filosofías y formas de ver la vida que, al parecer tienen una trayectoria cíclica.

 

Es lo que podemos vivir en estos personajes que el autor recrea, para mostrarnos no sólo sus épocas - todas distintas - sino también sus pensamientos, sus necesidades, sus amores; sus poesías, sus anhelos; sus locuras, sus fantasías y sus frustraciones.

 

Sin embargo, a pesar de que todos vivieron en países y tiempos distintos, la simbología utilizada tiene, prácticamente, una sola plataforma; la miseria, el hambre, la lucha social y la discriminación.

 

Los tiempos revueltos hacen que estas obras no estén presentadas cronológicamente, de tal forma que podemos revivir, primero el Golpe de Estado en Chile, en el año 1973, y la Guerra Civil Española, para finalizar con el fatídico nazismo hitleriano.

 

Por esta razón, el autor nos lleva a conocer, en su primera obra, un onírico diálogo entre Federico García Lorca (05/06/1898 – 19/08/1936) y Víctor Jara (28/09//1932 – 16/09/1973) que “llegan con tres heridas”: la del amor, la de la muerte y la de la vida.

 

Posteriormente, en un esperpéntico monólogo de dolor y “delirio”, nos traslada a la miseria del hambre, a la miseria del hombre, a la miseria de la vida que caracterizó la época del Führer, y que Knut Hamsun, (04/08/1859 – 19/02/1952) - Premio Nobel de Literatura 1920 – resolvió apoyar, costándole, entre otras cosas, la locura y el olvido de su natal Noruega. Sin embargo, no son obras de relato fácil, ni de escenas de reproducciones históricas; más bien soslayan el pasado para dejar en la luz al hombre, a su verdad, a sus miedos, a sus amores y a su creación artística.

 

Federico y Víctor viven una explosión de poesía y canto, una lírica sensual - expresiva y dramática - y un canto popular, de compromiso y combativo. Es un juego de reconocerse en sus obras, de descubrir sus identidades y conjugar sus ideales y anhelos políticos.

 

Es un encuentro con la verdad; es un repaso de sus violentas muertes; es la oportunidad de recordar a Vicenta y a Amanda. Es reutilizar el Teatro del Guiñol de Federico para, cual marionetas, retomar la vida para volver, volver, para volver cantando el poema de Miguel Hernández: “Llegó con tres heridas: la del amor, la de la muerte, la de la vida”…

 

Y el delirio final, la otra pieza de esta edición, es eso: un delirio tremendo, con los símbolos de la miseria, fundamentalmente de el hambre que recorre toda la obra, como también la recorre la historia del hombre que la inspira, Knut Hamsun, - que por su adhesión al nazismo - su grandeza y sus libros se perpetuaron en la historia, para maldición del hombre y para la bendición de su obra.

 

Iván Vera Pinto, con su pluma nos conduce por estos caminos mágicos del teatro, con dos historias de ficción, pero que pronto se descubre que ambas están enraizadas en la historia de la humanidad, en la historia del hombre, hacedor y ejecutor de tiempos revueltos.

 

 

GUILLERMO JORQUERA MORALES

Teatrista

 

 

 

 

 

 

LA PASION DEL SASTRE

 

 

En su persistente y arduo, como sistemático escribir, Vera-Pinto, refleja desde la historia del Yo familiar, esa misma historia que Pierre Villar (2008), describe como ego historia. Revela la memoria frente a un hecho que cada vez más pasa al olvido, como fueron los sucesos de 1947, conocidos como la “Ley Maldita”. Ley que es parte de un contexto tan lejano para los estudiantes de hoy, como la Guerra Fría, siendo que nosotros fuimos partícipes y actores; mas, en la actualidad, estos hechos y pasajes son preguntas de pruebas de la asignatura de Historia Universal para la juventud del siglo XXI.

 

La Era de los Extremos (1998), señaló Eric Hobsbawm al siglo XX, esta historia, que se hace viva en actores de papel, que seguro tomarán vida al leerse, se levanta y agiganta en la prosografía familiar que nos lega el autor, a través de su padre; cercano a un personaje como Augusto Pinochet Ugarte y parte de un primer escenario que centra en un espacio triste y célebre desde sus comienzos, como Pisagua, lugar de batallas y prisiones, lugar de muerte y encierro, como la historia del Norte.

 

La obra en sí misma, invita a pensar en las formas históricas de la época. No es menor su contexto atávico en lo ideológico y hasta sísmico en los diálogos; la orden de persecución de González Videla, entre el juego dominó, señalando el padrón de lo cotidiano de la vida del hombre y la mujer común.

 

Los párrafos permiten notar la continuidad del tiempo, a pesar de las rupturas de normalidad aún suena en los oídos la bienvenida del Capitán a Pisagua “Métanse bien en la cabeza esta advertencia: ustedes están aquí como detenidos políticos, y no como ciudadanos libres ni turistas. Permanecerán en Pisagua hasta que el Gobierno disponga otra cosa.” En consecuencia, son estas frases las que sencillamente hace que se piense en el lugar y aún en su temporalidad y protagonismo en una historia del relato, que fundada en la ficción, no deja de ser relato de socialización o si se quiere de sociabilidad de los sucesos, más cuando el título evoca la ideología con la palabra Pasión.

 

“La Pasión del Sastre”, transita a esos finales de novelas históricas. Además, los diálogos dinámicos y profundos de los personajes, hace que emerja la historia de Iquique. De esta forma, el autor logra el fin de filosofar del tiempo, como señalaba Marc Bloch (1944), llega al camino conocido del pasado y se percibe el perfume del recuerdo.

 

En esta obra, Iván Vera-Pinto, nos conduce hacia la memoria y salva desde sus propios recuerdos los relatos del tiempo ocurrido. Por lo demás, pone en valor la historia, que hace demasiada falta hoy, sobre todo cuando vivimos tiempos rapidez de una modernidad que no es tan moderna y que aún en pretéritas épocas se pregonaba. Así, el dramaturgo, nos devela los hechos que sólo a dos años del horror de los campos de concentración de Europa, recreó en Pisagua su estigma de infamia.

 

 

PATRICIO RIVERA OLGUIN

Historiador

 

 

EL DESPERTAR

 

 

Algo tiene el autor que no es casual, corresponde en sí mismo al teatro helénico, el que contaba la historia de su cultura a través del teatro (Joseph Fontana: 1998).

 

Esta vez sitúa la historia dramática en la pampa salitrera con el detalle de la palabra; su texto conduce a diálogos frecuentes de ideologías de movimiento obrero, centrado en un hombre llamado Luis Emilio Recabarren, Diputado de la República, desaforado por la legalidad del poder aristocrático que nubla y arrasa con la legitimidad popular.

 

En un relato que es absolutamente coqueto con la escuela histórica francesa de los Annales, parte su obra desde el presente, buscando comprender el pasado, tal como señalaba el historiador Marc  Bloch (1944). En un argumento que inmiscuye al teatro como relato de liberación y difusión de conciencias a través de sociabilidades ideológicas. Así lo podemos apreciar en la protagonista que expresa: “Recuerden que el teatro es un medio para que los trabajadores destruyan la ignorancia y se liberen de sus cadenas… “

 

El diálogo entre Teresa y Urbano, devela dos tiempos con continuidades históricas que, a la vez, señala un rasgo de la identidad nortina que son los pampinos; éstos en su ethos y memoria, perviven su temporalidad. Tal como señala el Cuidador al describir el espacio del teatro obrero: “Este territorio es un lugar de amparo del dolor que no se olvida, la fuente de la memoria, el canto del agua…”

 

En este sentido, el texto origina dos vectores que dan forma a la historia como ciencia. En toda su obra el autor enlaza tiempo y espacio, pero con aroma a pampa y esperanza.

 

Las figuras fantasmales de Recabarren y sus obreros, señalan la derrota diaria del olvido; sin embargo, la pampa no borra de su memoria a sus héroes y éstos se manifiestan venciendo a la muerte y renacen a través del recuerdo, entre otros, de un diario que lleva la Ilustración y sus lemas de igualdad, justicia y libertad para los excluidos. El nombre del medio comunicacional, “El Despertar de los Trabajadores”, nace de esta manera de la militancia de los trabajadores del salitre.

 

La imagen de una mujer (Teresa) llevada en el tiempo a través de un espacio único, que es el teatro, es el perfecto móvil para comprender la historia. El autor entrega un relato que no sólo se circunscriba a un pasado presente, sino a un presente-presente; asimismo la obra relata pasajes constantes que entretienen, ilusionan y crean sueños, como los del siglo XX.

 

Los diálogos de los personajes invitan a una idealización de los pensamientos de una particular época en que se distinguían los roles sociales; un tiempo de glorias civiles y de compromisos alternativos de mártires laicos.

 

El texto se recarga de memoria e historia, emanadas de los senderos de Vera-Pinto, basados fundamentalmente en los escritos, diálogos e investigaciones  que realiza sobre Luis Emilio Recabarren. A partir de estas fuentes históricas,  rememora el episodio de la oficina salitrera San Gregorio en 1921, masacre obrera que promueve la dolorosa década de los años veinte en la pampa nortina; posteriormente, otro hecho funesto como el de la oficina salitrera “La Coruña” teñirá de mantos fúnebres las esperanzas pampinas.

 

Este  texto considera un camino ilustrativo que el mismo Luis Emilio Recabarren pretendía y que Teresa reconoce al final de la trama: “creo que este teatro me despertó la conciencia”

 

“El Despertar”,  es una pieza escénica que devela los idearios y utopías de un hombre que amó al pueblo, honrado y sacrificado por el interés superior de los trabajadores.

 

 

PATRICIO RIVERO OLGUIN

Historiador

 

 

 

ETERNAL: RECUERDOS ATRAPADOS EN UN ATAUD Y ENTRE ÁNIMAS Y FANTASMAS

 

 

El autor haciendo honor al vanguardismo del teatro como espacio por antonomasia de la protesta, pero esta vez no sólo la muerte es presentada como una protesta contra la vida, el autor le da voz a los muertos para que protesten contra los vivos. Los muertos adquieren conciencia, incluso extrema, peligrosa para los patrones del capital y los patronos de la patria. 

 

En la primera parte del libro: “Recuerdos Atrapados en un Ataúd”, se trata de dos personajes centrales un soldado joven y un obrero adulto mayor. Ambos dieron su vida, uno por un objeto esencia como es el pan y otro por un objeto inventado como es la patria.

 

El joven no sólo describe la “muerte segura” en la guerra, sino que además va adquiriendo conciencia en el diálogo que mantienen con el avezado obrero. Las brutalidades de la guerra transforman la vida en un campo de batalla donde todos son enemigos, y los enemigos civiles son humillados, especialmente las mujeres y niños, por ello dice “los gritos de muertes resonaban por todas las partes”. No obstante la muerte no tiene connotaciones de nadismo, es más bien el recobrar “nuevas fuerzas y nuevos sueños”.

 

Mientras que el obrero anciano tienen una visión más aciaga de la vida. Porque la guerra es una quimera para sacrificar los pobres y para ello inventan la patria. Mueren los soldados doblemente pobres; pobres soldados y soldados pobres, pero mueren en el olvido. No obstante el pero mal de los pobres es no darse cuenta de que son “la eterna carne de cañón en todos lo países”. 

 

Tanto a los soldados como a los obreros salitreros, destacados por Vera-Pinto, les pasó aquello que señaló Herbert Marcuse: “creen morir por la clase y muere por las gentes del partido. Creen morir por la Patria y mueren por los Industriales. 

 

Creen morir por la libertad de las personas y muere por la Libertad de los dividendos. Creen  morir por el Proletariado y mueren por su Burocracia. Creen morir por orden de un Estado y muere por el Dinero que lo sostiene. Creen morir por una nación y mueren por los bandidos que la amordazan”[1].

 

Vera-Pinto, con habilidad hace protestar los muertos; representa la muerte como una realidad totalmente distinta de la visión romana de la Parca o de la calavera con guadaña del cristianismo medieval. La muerte es una gélida fémina virginal “de rostro hermoso, serena, que refleja paz y sabiduría”; una novia próxima a entrar a su tálamo, ataviada de un eterno albor. Vera- Pinto en un discurso cuasi etopeya permite a la muerte cambiar su imagen infausta cuando la muerte dice: “me carga esa visión diabólica que tienen de mí, cargando una guadaña, como si la muerte fuera una cosecha”. De esta manera se produce una ruptura, pasando de la concepción medieval con la metáfora vendimia a la metáfora nupcial. Incluso se produce un dilema entre las auto representaciones de la muerte personificada, frente a las representaciones dadas por el obrero, quien enumera distintas imágenes, aludiendo al carácter sórdido.

 

Un aspecto culmine se da cuando la muerte dice: “sólo quién conoce la verdad sobre la muerte puede comprender la vida”. En estas reflexiones se deja ver la concepción idealista sobre la muerte inaugurado por Platón en su texto de Fedón, pasando por Agustín de Hipona, Pascal y el existencialismo, donde a la muerte no se le atribuye connotaciones horrendas, sino una realidad inexorable con la cual hay que aprender a convivir, y cualesquiera sean las creencias de la vida pos terrena, sea la existencia de conciencia o de inconciencia, no hay porque temerle.   

 

En el segundo capítulo, “Entre Ánimas y Fantasmas”, tiene como protagonista a un mito universal “la novia”, pero en este caso es la  “Novia de Azapa” y también aparecen en escenas la muerte y un ferroviario. En este diálogo, Vera- Pinto nos presenta la experiencia de la muerte pero desde una visión realista. En donde se hace una crítica a las creencias y ritos mortuorios que conducen al lucro, es el rédito con el dolor, en donde entran en escenas la magia y la religión dos instituciones que compiten desde tiempos inmemoriales con las creencias de las personas, pero también se critican a los “negociantes de la muerte” que se aprovechan del sentimiento culposo de los vivos, especialmente los familiares.

 

Son muy interesantes los inicios reflexivos de la novia cuando comienzan sus divagaciones sobre la vida recurriendo a la metáfora estelar. Es una protesta de la novia cuando la representan como asesina. Pero a su vez se la representan con un rol ambiguo que linda entre la perfidia y la magnimidad, sobre todo cuando las personas recurren a la nigromancia para hacer usos de sus dotes. En realidad esto no es nada más ni menos, que el poder que las creencias populares le asignan a los muertos, algo también tan primitivo como la misma muerte. Pero es interesante, las palabras que Vera- Pinto pone en boca de la novia, cuando ella cataloga a los mercaderes del óbito, como “cafiches de la muerte”; “negociante de la muerte”. Lo que muestra también la ambigüedad de la muerte: la pérdida de un ser querido pero la ganancia de los proveedores de enseres fúnebres y necrológicos, especialmente la Iglesia, quien tiene el monopolio de la administración de los bienes legítimos de ritualidades mortuorias. Pero también entra en la crítica los mismos familiares del difunto, quienes, de forma inmediata, inician la lucha por la distribución de los bienes dejado por el fallecido. Lo significativo es cuando la Novia logra redimirse de su destino fantasmagórico.  

 

El ferroviario también tiene un aporte desmitificador de la muerte en este diálogo, sobre todo cuando presenta una descripción homérica de la muerte, cuando dice “ni con Dios ni con el Diablo”. Del mismo modo, Vera- Pinto, pone palabras en boca de este protagonista, cuando crítica las distintas intenciones de los asistentes velatorios y funerarios, así como el trato que el cadáver recibe. Las reflexiones de este protagonista se parecen a “La Amortajada” de María Luis Bombal: un cadáver que tiene conciencia de su propio velatorio. Interesante, también resulta, cuando el ferroviario apela a exequias más austeras, ya que las ostentosas son vistas más “vanidad de los vivos” que necesidad de los muertos, que en última instancia propician las ventas de la industria funerarias. Otro aspecto significativo que el protagonista le asigna a la muerte, es la vieja concepción griega de vincular eros y thanatos, la muerte y la eroticidad, algo que para muchos puede parecer deleznable y necrófilo, pero es una tradición tan legitima como la atribución casta de los muertos. No obstante, el ferroviario destaca que esa es su realidad, una especie de proyección de la vida, porque concluye diciendo que “la muerte sigue siendo un misterio”.   

 

En este dialogo, igualmente Vera- Pinto, le asigna voz a la muerte quien se autopercibe como ubicua, panóptica y dictatorial. Es notoria la influencia en el autor cuando la muerte se considera como lo real, en consecuencia la vida una ilusión, pero también epicureano, materialista si se quiere, cuando concluye que la muerte es “un espacio incierto…y el cuerpo flota en el vacío”.  

 

De esta manera, Iván Vera-Pinto, nos entrega una obra fresca, renovadora y subversiva sobre las representaciones de la muerte, el morir, los muertos y los espacios postmorturios. La muerte es más bien el espacio de la conciencia prohibida y desmitologizada, donde todos los valores supremos son puestos en cuestión. Una muerte así pronto sería asesinada por los ideólogos del Estado, del capital o de la religión oficial, quienes cultivan los mitos paternos y maternos, porque ya no habría suficientes ingenuos para dar su vida por valores tan baladíes, sino otros valores considerados supremos por el propio individuo.

 

 

MIGUEL ANGEL MANCILLA

Sociólogo

 

 

LA ÚLTIMA BATALLA

 

 

Tres soldados imaginados en una plaza imaginada; tres soldados sobrevivientes de una guerra imaginada. Pero,” acaso la guerra no fue real”; claro es tan real, que aún se combate entre Chile, Perú y Bolivia.

 

La historia de los veteranos de la guerra de 1879, ha sido poco estudiada en los países que protagonizaron el conflicto; no es extraño, en este sentido, que Chile no haya desarrollado estudios históricos de la temática hasta el año 2003 con Carlos Méndez, siendo que el último veterano de guerra falleció en Arica en 1967 y fue soldado del Cuarto Línea, combatiente del ataque a las fortines del Morro. Ahora, esta actitud de la comunidad de la historia  se explica al estar influida por perspectivas positivistas y por el auge durante la segunda mitad del siglo XX de la novela histórica de la guerra de 1879,sacralizada en el ethos nacional con los tres tomos de Jorge Inostroza Cuevas y su “Adiós al Séptimo de Línea” , los que generaron un meta relato del conflicto de carácter nacionalista y romántico en generaciones de chilenos, relegando a la historia del papel de investigar el conflicto y sus protagonistas ; por otro lado, la Dictadura Militar del General Augusto Pinochet  fue también responsable de este ausentismo académico al centrar la historia militar institucional en las temáticas de 1879 , y aislar, sino también asesinar, desaparecer y exiliar a decenas de connotados historiadores y cientistas sociales, quienes asumieron que la historia de la Guerra del Pacífico era un tema de militares; en consecuencia, había un resentimiento ideológico hacia la misma temática.

 

Entonces, historiadores - principalmente de Perú y Bolivia - asumieron la tarea de rescatar a sus veteranos, pero ésta no fue muy extensa y mayoritariamente  era de carácter revanchista, alcanzando su apogeo en 1979 con el Centenario del conflicto bélico, con copiosos textos de reedición de los protagonistas de la guerra y recopilación de reportajes a veteranos de la época.

 

Pero en esta ocasión, se asiste a un rescate distinto, el cual no proviene de la historia, sino de la dramaturgia. Iván Vera- Pinto desafía a la historia y propone una articulación de nacionalidades que sólo lo permite la literatura, a través de “La Última Batalla”, de la que fui testigo en su creación. Ahora esta propuesta, en absoluto, transgrede los nacionalismos, y solamente refleja la intención de colocar los soldados en un mismo plano de igualdad, quienes -  a pesar de distintas banderas del pasado- se unen en una batalla del presente; una batalla como respuesta al hambre y el despojo; de vidas ofrecidas y de fragmentos de  cuerpos esparcidos en sangrientos campos de batalla. En las páginas de Vera-Pinto, se encuentran en una batalla distinta y, tal vez, la última. El texto es trascendental; devela lo que la historia no ha logrado: unificar a los antagonistas en protagonistas; reconvierte el tiempo y desprecia el absolutismo histórico que no existe, pero que está presente cada vez en la realidad de Chile, Perú y Bolivia, en el curso de la guerra de 1879.

 

¿Qué fue de aquellos hombres desprovistos del alto cargo castrense, y de su vínculo de parentesco con la elite y oligarquía de Chile, Perú y Bolivia, los cuales no alcanzaron el sitial de honor de ser considerados como “guerreros”, y que a la postre tuvieron que conformarse con una humilde pensión, o aún más, fueron plasmados en un detalle monolítico como “soldados o marineros desconocidos” a la usanza europea, para dedicarles un sitial monumental a sus antiguas epopeyas en el desierto nortino?, tal como se describe en los párrafos precedentes. ¿Qué ocurre posteriormente con los flamantes desfiles bajo arcos triunfales al estilo medieval, y actos en las calles y alamedas de Valparaíso o Santiago? ¿Qué fue de aquellos soldados que se quedaron a vivir y a trabajar en busca de un futuro esplendoroso en la conquistada y fértil industria salitrera tarapaqueña, cambiando el uniforme por los harapos de curtidores de caliche?  Infinidad de preguntas que surgen al alero de un cuestionamiento que intenta indagar qué fue de la vida cotidiana de aquellos hombres y mujeres que lucharon de rojo y azul por Chile, de blanco y rojo por Perú o como verdes, colorados y amarillos por Bolivia en los campos de batalla... los héroes olvidados; los soldados que no tuvieron descanso  ; los que dieron su última gota de nostalgia y reivindicación en el norte ,centro y sur peruano, luchando contra el olvido; esperando el reconocimiento negado por los gobiernos y la historia oficial que usufructuaron de sus esfuerzos y sacrificios desplegados en la guerra , como en la paz o en el honor.

 

Para finalizar, sólo decir que la respuesta a esta última interrogante está en las letras que se leerán desde la magia de Vera-Pinto, las cuales logran una intersubjetividad con los sobrevivientes de la historia, transformándose el autor en una suerte de médium, algo que los historiadores no logran, por su rigidez metodológica. Esa comunicación y encarnación en los personajes, el autor, lo resuelve, a través de una constante común en los protagonistas: la guerra, en la cual todo se resuelve en campañas y batallas.

 

 

PATRICIO RIVERA OLGUIN

Historiador

 

 

 

 

 

 

 

Palabras del Autor

 

 

 

A continuación se sintetizan las reflexiones realizadas por el autor en las ediciones anteriores de cada producción literaria.

 

 

 

CORUÑA, LA IRA DE LOS VIENTOS

 

 

Luís González, con extraordinaria veracidad social y humana, reconstruye una de las muchas masacres ocurridas en el norte grande, producto de las luchas de los trabajadores salitreros por sus justas reivindicaciones sociales, económicas y políticas. Y representa uno de los dolorosos hitos de una etapa de violencia y posterior decadencia nacional.

 

Al leer la novela descubrí un hermoso argumento de dos obreros- Carlos y Timona- que se amaron intensamente en un clima tenso y funesto, como aquel que se vivió a comienzo del siglo XX en esta tierra. Un amor que incluso fue capaz de ampliar la relación de pareja por merecer la utopía de un mundo mejor.

 

Como era de esperar, casi de inmediato, me magnetizó la idea de tornar en imágenes y movimientos la existencia de estos personajes, no sólo por un irresistible afán teatral; sino, esencialmente, porque infiero que esos paladines, de alguna manera, se conectaban con mi mundo imaginario. Quienes estamos enlazados a la estirpe iquiqueña de sobra sabemos que por nuestras venas corre esa particular mixtura cultural que nos provoca misteriosamente

 

Al empezar a escribir esta pieza escénica sabía que tenía que construir una obra que funcionara con un ritmo espontáneo; que tuviera héroes reconocibles, pero no estereotipados. Que la acción dramática se sostuviera en un buen tejido textual con progresión y quiebres emocionantes. Que se fundara en un texto trágico, sin ser denso. Que expresara toda la dureza de la realidad del trabajador pampino y que a su vez rozara con un sentimiento poético y esperanzador. Asimismo, que la “puesta en escena”, en lo posible, emocionara, pero también se instalara en la mente de las personas para hacerlas reflexionar sobre el contexto histórico en el que se apoyaba la ficción. Y, finalmente, que el desarrollo dramático tuviera un guiño de lenguaje actual y una espontaneidad actoral; conjugando lo plástico, lo cinético y lo musical con el contenido histórico.

 

La acción transcurre entre Iquique y en las oficinas salitreras. Expone sugestivos aspectos de la vida social del puerto, tales como: Las juergas e intimidades que tenían las clases privilegiadas en el Palacio de Cristal, la construcción del local de la Federación Obrera de Chile -FOCH- ; la acción de Las Ligas Patrióticas, como primera manifestación de xenofobia contra los ciudadanos peruanos y bolivianos, asentados en Tarapacá. Del mismo modo, relata aspectos de la vida de Luis Emilio Recabarren, del diario obrero “El Despertar de los Trabajadores”, la cesantía y la crisis socio-económica que asolaba al país, entre otros aspectos interesantes. Igualmente incorpora las huelgas de trabajadores, la creación de los primeros sindicatos y las aventuras y desventuras de los pampinos en las casas de remolienda, entre otros aspectos sociales relevantes.

 

Sus protagonistas están simbolizados por Carlos Garrido, joven venido de Aconcagua y Leonor Túmbez, la Timona, emigrante de Apurímac, una de las regiones más pobre del Perú. Ambos, al igual que miles de gentes, eran los llamados “afuerinos” que abandonaron sus pagos e incluso a sus familias para probar suerte en el desierto más árido y alucinante del mundo. Recordemos que en la época de apogeo de la explotación del nitrato, la cantidad de obreros llegó a un total de 30 mil trabajadores.

 

El argumento comienza con Carlos, un hombre -desarraigado del campo y de su contexto mítico- que no tiene conciencia, pero que luego la va a internalizar en el transcurso de la historia. Cuando ya la tiene sucumbe en un arenal de desolación que es la sociedad industrializada, pero entrega su ejemplo hacia el futuro. A su lado lo acompaña Timona, india estoica y agorera, que inicia su existencia dramática como líder de la mano de Luis Emilio Recabarren, guía secular que le alumbrará el camino con su ideología liberadora. De esta forma, la pareja seguirá el inexorable y cruel destino ya escrito y leído en las manos de la joven. A pesar de todo, ella le dirá alentando a su retoño: “Que poco pedimos nosotros ¿cierto hijo? Pero cuando usted sea grande, el mundo ya habrá cambiado. Escucha, hijo, tú eres la esperanza, la semilla que se abre paso en los surcos de una nueva vida.”. De esta manera, González, concilia la épica social y el desarrollo del conflicto de los obreros, con las historias privadas de sus personajes de ficción.

 

Como consecuencia de esta primera experiencia de dramaturgia conseguí vincularme emotivamente con la principal fuente espacial-temporal de identidad del teatro iquiqueño, concretamente con su inventor Luis Emilio Recabarren y con el espíritu de aquellos trabajadores que entregaron sus vidas por una sociedad más justa e igualitaria.

 

 

CRONICA DE LA MUERTE AGAZAPADA: BOLERO DE SANGRE Y EL ÚLTIMO CUPLE DEL EMPERADOR

 

 

Cuando decidí escribir estas  dos obras lo hice a partir de una idea eje: la muerte; obviamente, matizada de verdad y ficción. En esa línea nació “Bolero de Sangre”, pieza que pretende develar las historias de reconocibles personajes de una desaparecida cantina, quienes después de su fallecimiento continúan fantaseando o”penando”en una dimensión irreal y fantasmagórica. Día tras día -como en un ritual estos despojados seres se reúnen en un espacio etéreo, para llevar a cabo la catarsis de sus vidas que pudieron haber sido y no fueron. El discurso surrealista se tiñe de humor negro y música de bolero; dos efectivos medios que permiten devanar tiempos inefables, tiempos de deseos y pasiones brumosas.

 

La otra creación,”El Ultimo Cuplé del Emperador”, reflexiona sobre la tortura, práctica tan violenta y alejada de toda belleza humana que, sin embargo, es una fuente inagotable para muchos artistas y literatos; quienes, constantemente, elevan sus voces de denuncia frente a las atrocidades que se cometen desde el poder de cualquier Estado. Parafraseando al maestro de teatro argentino Eduardo Pavlovsky”Las dictaduras, a veces, cuando no matan estimulan la imaginación. Las democracias multinacionales de mercado, en cambio nos vuelven anémicos, como grupo cultural transformador...Ya no corremos peligro. Tenemos la cabeza a medio privatizar”.

 

Aunque muchos reprobemos el terror, el dolor y la sangre; no obstante, estimo que es un deber social escribir sobre la tortura. Si bien nos asusta todo lo que nos relatan sobre lo que ha ocurrido en nuestra historia y, lo que es más terrible, que sigue ocurriendo en muchas latitudes; a pesar de aquello, tenemos que tratar de impedir, con nuestra creatividad, que siga reinando la impunidad.

 

El texto intenta hacer introspección a un torturador en la fase de su decadencia final, en el crucial momento que agoniza, acorralado y atormentado por dos enemigos silenciosos: el cáncer y la locura. El lenguaje brutal y mordaz permite auscultar la subjetividad del criminal, su sombría vida privada, los dolores que arrastra desde su infancia, su incapacidad de amar y sus perversiones más recónditas.

 

En ambas anécdotas la muerte se presenta agazapada, sedienta y amenazante, esperando dar un zarpazo para desgarrar la piel de los personajes y dejar traslucir la carne viva; con sus fulgores y sombras, con sus pasiones y miserias.

 

 

LA SINIESTRA HISTORIA DEL SEÑOR DE LARA

 

 

Es posible que “La Siniestra Historia del señor De Lara”, resulte argumentalmente muy triste, pero creo que no podía ser de otra manera; puesto que sus personajes y anécdotas surgen desde ese ambiente tétrico y doliente, propio de un período histórico que dejó en muchos hombres y mujeres sendas cicatrices en sus vidas.

 

Debo reconocer que desde el momento que decidí escribir esta historia, ella fluyó en mi mente con una celeridad asombrosa; como si misteriosas voces me murmuraran al oído lo que tenía que redactar. Probablemente esta extraña sensación me sucediera porque existe en esta pieza muchas situaciones y signos que desentierran contextos históricos y personajes que en algún momento cruzaron mi existencia e imaginario personal. En el fondo, el proceso de creación consistió en reelaborar experiencias transmitidas por diferentes fuentes y fragmentos ajenos –mezcla de realidad y ficción– con la intención de recrearlos para despertar, idealmente, tanto en el lector como en el espectador una actitud crítica y reflexiva.

 

Sin el propósito de analizar exhaustivamente la propuesta estética, labor que le compete a otros, puedo sí señalar que para estructurar este drama me basé en tres ejes fundamentales: Primero, el tema de la muerte, plasmado en un escenario

Latinoamericano violento y convulsionado, muy pertinente a los años 60: gobiernos dictatoriales, luchas sociales, ejecuciones, inequidades, terrorismo de Estado, desapariciones de personas, dominación social y económica por parte de terratenientes y capitalistas, entre otras constantes.

 

Sin embargo, la idea no es sólo hablar de esa muerte real y despiadada  que se dio como resultado de la crisis estructural y política de los países de este continente; sino también, develar la otra muerte -la intestinal e existencial- de algunos arquetipos sociales que simbolizan el poder, la corrupción, la sórdida ambición, la avaricia y la crueldad, en cualquier espacio geográfico. En seguida -como antítesis del anterior concepto– está el amor. En la obra este sentimiento, tan humano, se manifiesta poblado de contradicciones y giros paradójicos. Se trata de un amor imprevisible y mutable; casi siempre sujeto a contrasentidos y determinado por los acontecimientos que viven los personajes. En ese marco, situamos como punto de partida al amor juvenil e idílico de Carmen y Román. Afecto que en el transcurso de los acontecimientos tomará diferentes rumbos y matices (amor-odio, amor-pasión, amor-sueño y amor-esperanza); provocando, en última instancia, inesperadas y trágicas consecuencias en la vida de los amantes.

 

Del mismo modo, en el tejido social de estos seres, se presentan otras opciones de amor que se mueven en aguas más turbias y torrentosas. Me refiero a ese amor que no se habla públicamente, porque lo cubre el manto del tabú: el amor incestuoso. Precisamente, De Lara, símbolo de la maldad recóndita de la clase dominante de Valladares, carga a cuesta el secreto más oscuro de su familia: el amor prohibido, la pasión y la culpa. Al mismo tiempo, la presencia del doliente Aquino, fruto de la adolescente relación entre hermanastros, se transforma para el despiadado sujeto en su karma que le recuerda su “pecado” y traición. Finalmente, el tercer aspecto clave lo constituye el mensaje moralizador y utópico que contiene la obra, variable representativa del teatro social contemporáneo. En este caso -valiéndome del discurso de los “héroes” de la pieza- intento escudriñar en el pasado de nuestros pueblos, para poder plasmar en el alegato dramático la utopía de un futuro mejor y más justo, en especial para beneficio de la gente desposeída y explotada socialmente en esta parte del mundo.

 

 

LLEGO CON TRES HERIDAS Y DELIRIO

 

 

En la época de los 70 los históricos acontecimientos que sucedieron en Chile remecieron mi conciencia, dilataron mi corazón y ensancharon mis pupilas. Fue en ese escenario que comenzó a germinar en mí un genuino sentimiento social y una militante pasión teatral. En esa convulsionada década, descubrí la poesía de Federico García Lorca y el canto de Víctor Jara. Dos ángeles maravillosos que se clavaron en mi pensamiento para siempre e inyectaron en mis venas sus torrentes de lunas y palomas.

 

Federico y Víctor; ambos fueron genios y juglares; los dos murieron a manos de un despotismo sin capacidad sino para la muerte; y respecto de estos pares la historia exige que se haga justicia. Uno y otro, en su particular espacio del tiempo, se levantaron como afluentes de un mismo río humanista que los condujo de la vida a la trascendencia universal.

 

En el presente, cuando ya he vivido más de medio siglo, renace en mí el ferviente deseo de brindar, a través de la escritura teatral, un abierto tributo a estos artistas que marcaron la piel y la conciencia de muchos hombres y mujeres que aún creen en la utopía social, a pesar de vivir en un mundo mercantil, escapista e impregnado de preocupaciones insustanciales.

 

Roque Dalton, poeta salvadoreño, decía en uno de sus versos: “A nada temo sino a la cobardía / nada me hace llorar sino el amor”. Esa expresión define fielmente las posturas creativas de Federico y Víctor, quienes mediante la poesía y el canto mantuvieron incólumes sus idearios y llenaron de amor sus universos para enaltecer la vida y liberar a los desposeídos de la tierra.

 

“Llegó con Tres Heridas”, es una obra que pretende poner de relieve las cualidades humanas, las contradicciones vivenciales, las doctrinas, las absurdas muertes, y las grandezas de estos dos íconos artísticos de la cultura contemporánea que conquistaron la paz, cuando sus cuerpos aún respiraban vida.

 

Desde lo espectral y siniestro, estos dos emblemáticos asesinados y desaparecidos fraguan su “regreso” a los brazos de sus madres; con este propósito utilizan sus voces y energías, transformando en llamas el sepulcral silencio de la noche.

 

“Mutilados de noche nos fuimos y con las fauces luminosas del crepúsculo volveremos”, es el mensaje latente que surge desde un vertedero, y que se propaga por los cuatro vientos, a pesar que los sectores de poder se niegan a escuchar, porque es un reclamo que cuestiona su “orden” establecido.

 

Por otro, “Delirio”, se sustenta en la novela “Hambre”, del premio Nóbel de Literatura (1920), Kunt Hamsum. El argumento original tiene como soporte la historia de un escritor que no tiene nombre, no tiene edad, no sabemos nada de su origen o de su familia. Es un hombre que vive en el anonimato, luchando contra la hostilidad de una sociedad, como la que habitamos.

 

Un mundo actual donde el individuo siente con más fuerza su soledad en medio de la masa, y donde, si queremos comprender a la persona, habremos de prestar atención, como el propio Hamsun enunciaba, a los "secretos movimientos que se realizan inadvertidos en lugares apartados de la mente, de la anarquía imprevisible de las percepciones, de la sutil vida de la fantasía que se esconde bajo la lupa, de esos devaneos sin rumbo que emprenden el pensamiento y el sentimiento, viajes aún no hollados, que se realizan con la mente y el corazón, extrañas actividades nerviosas, murmullos de la sangre, plegarias de huesos, toda la vida interior del inconsciente".

 

Los breves pasajes seleccionados de la novela se fusionan con los contradictorios antecedentes de vida de Hamsum, quien - en las postrimerías de su existencia - abandonó su firmamento poético para incursionar en el drama mundial. Basta recordar que al concluir la Segunda Guerra Mundial, este premio Nóbel fue juzgado y condenado por su abierto apoyo al régimen de Hitler. El mismo día en el que recibió la sentencia que lo despojaba de todos sus bienes, y lo recluía a vivir en un psiquiátrico, ese anciano de ochenta y nueve años, en su último libro, “Por las Sendas donde la Hierba Crece”, escribió: “San Juan 1948. Hoy el Tribunal Supremo ha emitido el veredicto y yo pongo punto final a mi obra”. Hasta ahí llegó este escritor noruego que cambió la literatura de su época y el político juzgado por traición a su patria.

 

Al dar a luz estas nuevas producciones literarias, se confirma en mí la hipótesis que el teatro es uno de los más efectivos medios que nos permite indagar en la historia y atribuir valor a artífices que dejaron imborrables huellas en su paso por las diferentes épocas y espacios que les correspondieron vivir. Protagonistas que, en este caso, siguen inexorablemente vivos en la memoria emotiva de sus pueblos, ya que sus conmovedoras subjetividades, acciones e invenciones aún remecen la moral social de muchos hombres y mujeres de la sociedad posmoderna.

 

 

LA PASION DEL SASTRE

 

 

“La Pasión del Sastre”, nació de mi obsesión por indagar sobre la vida de mi padre, Francisco Vera-Pinto, un prestigioso sastre que vivió en Iquique hasta la década de los 60; dejando tempranamente este mundo y legándome como herencia imágenes vagas, fragmentos de historia y fantasmas que desde los cuatro años de edad he intentado exorcizar.

 

Después de muchos años de su desaparición, llegó a mis manos un libro escrito por el general Augusto Pinochet, quien cita a mi padre como uno de los personajes con quien inicialmente mantuvo una relación de amistad; y que posteriormente, custodió como preso político en el campo de concentración de Pisagua, el año 1947.

 

A partir de este preliminar antecedente creció en mí la curiosidad por saber más sobre este cercano y a su vez desconocido protagonista, quien gozó de diversas vinculaciones sociales y que, paralelamente, mantuvo una activa militancia política comunista. Luego, en mi exploración familiar, surgieron sustanciosas anécdotas y sufrientes entornos sentimentales que directamente han marcado mi existencia.

 

A esa altura recordé las palabras del maestro teatral Eugenio Barba “El artista debe tener un ojo anfibio, uno para mirar en la superficie, y otro para mirar debajo del agua”; entonces me propuse auscultar el amor y la pasión que sintió este hombre por una mujer que lo deslumbró hasta enloquecer. Comprendí que todo lo que hizo Francisco en su vida fue movido por la pasión, ese maravilloso ímpetu que nos impulsa a entregar lo mejor de nosotros por los demás, sin que medie lógica alguna.

 

Como dramaturgo consideré que debía, con coraje, cuestionar a este hombre y, en el dolor, redimirlo con sus valores, debilidades, contradicciones y principios. Sentí que no debía idealizarlo ni representar las cosas como fueron aparentemente, sino que tenía que revelar su verdadero amor y su vida pasional, de una manera más plena y fuerte.

 

Tal vez, el ímpetu del texto no sea más que un fiel reflejo de mi embriaguez con el padecimiento y la nostalgia paternal. Hoy, sin pudor, intento reflotar a ese descarnado niño que, bajo ninguna circunstancia, compartió caracolas, regalos, cumpleaños ni navidades con su mentor. Ese niño que, de manera incesante, se preguntaba por qué su madre lloraba sin ninguna razón y, cómo hubiera sido su vida si su padre lo hubiese acompañado en su existencia. Interrogantes todas que, por largos años, no pudo develar.

 

Después del anterior ejercicio auto expiatorio, descubrí que el hilo conductor debía ser la historia sentimental y política de Francisco; un hombre que se enamoró totalmente de una mujer- siendo él casado - y quien, además, fue testigo presencial de una experiencia trágica que enlutó a trabajadores, dirigentes sindicales, profesionales, dueñas de casa, jóvenes y viejos, que convirtieron sus calvarios en una verdadera epopeya épica en el norte de Chile. Posteriormente, vino la lectura de “Pisagua: La Semilla en la Arena”, de Volodia Teitelboim, novela que me ilustró uno de los hitos de vergüenza y dolor de la historia de Chile, cuando el gobierno de Gabriel González Videla, promulgó la ley de defensa de la democracia, rebautizada por el pueblo como “la ley maldita”, la que puso en la ilegalidad al partido comunista, relegando a más de dos mil hombres y mujeres al primer campo de concentración de nuestro país: Pisagua.

 

He complementado esta búsqueda con otros escritos que describen los tortuosos y humillantes actos que se cometieron en Pisagua, el año 47. Todo aquello me ha permitido dar el realismo y emotividad a este texto, sin minimizar el contorno de ficción que debe tener toda creación artística.

 

La melancólica atmósfera de Iquique de esos años y las pesadas sombras de las derruidas construcciones patrimoniales que caen sobre Pisagua, constituyen el telón de fondo donde se desenvuelven un conjunto de acontecimientos vivenciales que han dejado profundas huellas en el imaginario de quienes hemos nacido en este confín de la tierra.

 

Sin pretender ser una obra histórica, esta creación dramática se propone – como lo expresó Mario Benedetti, en “Pedro y el Capitán” – “recuperar la objetividad, como una de las formas para recuperar la verdad”. Es por ello que el argumento está matizado con acontecimientos históricos y políticos que a veces el autor trastoca, intencionalmente, en tiempos y lugares para plasmar teatralmente un pasado no muy lejano que aún golpea nuestras vidas. No obstante, la obra no está destinada a provocar más lamentos ni añoranzas, sino más bien a recuperar la memoria histórica sepultada por un sistema político que ha intentado cubrir con un manto de olvido pasajes fuliginosos de nuestra realidad nacional.

 

“La Pasión del Sastre” es una obra abiertamente biográfica que evoca una intensa y sacrificada historia de amor, ambientada en uno de los períodos de tiempo de mayor convulsión y controversia en la memoria de nuestro país.

 

EL DESPERTAR

Debo reconocer que este trabajo literario, basado en la vida y obra de un obrero autodidacta, con una tremenda claridad intelectual, llamado Luis Emilio Recabarren Serrano, ha sido uno de los mayores desafíos que he tenido que abordar como dramaturgo. Escribir dramáticamente sobre uno de los líderes del movimiento obrero nacional, quien hizo una importante contribución al ideario del socialismo de su época, es una tarea compleja y enriquecedora para un autor que está empeñado en rescatar y valorar la memoria perdida en nuestro país.

 

Como ha sido la tónica de otras creaciones, para iniciar la escritura de esta obra, he tenido que estudiar y reflexionar sobre todos los documentos redactados por Recabarren y por aquellos estudiosos que han investigado sobre este maestro de la clase proletaria, de comienzos del siglo XX.

 

Hacer una pieza escénica sobre Recabarren me situó en la frontera de resolver tres exigencias básicas: La primera, cómo sintetizar y poner en relieve algunos aspectos del mítico dirigente sindical, pleno de antecedentes históricos, políticos e ideológicos. El segundo requerimiento fue cómo hacer una apuesta que actualice temáticas de orden social, con raíces de conflictos diferentes, pero que traspasan los límites del tiempo y el espacio al momento de poner en diálogo el sentimiento imperante en la génesis del sindicalismo. El tercer requisito fue cómo amalgamar la figura mítica del político con su perfil humano y su cotidianidad social. Por supuesto, este proceso fue muy complejo, más aún cuando nuestro público destinatario (jóvenes generaciones) tiene ideas vagas del personaje histórico, y no suelen tener el hábito de leer literatura dramática.

 

Considerando todas las variables anteriores, emprendí la exploración de todo lo que se ha publicado del líder y de aquellos antecedentes que forman parte del mito, aunque -como constante de estos personajes sociales-no siempre se tiene suficiente información acerca de sus vidas personales.

 

En el entendido que el teatro es diversión y ficción, sabía que, primeramente, debía intentar redactar un texto que resultara entretenido y didáctico para los lectores y los posibles intérpretes y; asimismo, que el argumento fuese una recreación de los hechos históricos, sin perder la esencia del discurso dramático.

 

En consecuencia, escribí una historia dramática, cuya co-protagonista es una joven actual que llega a una oficina salitrera abandonada, en búsqueda de sus raíces familiares. En la línea de la magia teatral, ella establece relación con aquellos seres especiales que pueblan estos páramos, y que la trasladen a otra dimensión, donde descubre la vida, sufrimientos y luchas que emprendieron los trabajadores en las calicheras nortinas, en los tiempos heroicos del movimiento obrero. En el transcurso de los acontecimientos, la muchacha no sólo devela a los personajes y sus idearios, sino también ella misma pasa desde un estado de ignorancia que posee sobre esta etapa histórica vivida en el país a otra actitud de comprensión, asimilación y toma de conciencia de la situación política y social que vivió el proletariado nacional.

 

Es indudable que la propuesta del autor está orientada a que los personajes, sin mayores metáforas ni rodeos, planteen con espontaneidad y verdad, sus reivindicaciones e idearios democráticos, libertarios y humanistas que sustentaron descarnadamente en una época de crisis y brutal injusticia social.

 

En la investigación y construcción del protagonista, reconozco que me conmovió su personalidad sensible y profundamente humana. Así también, me remeció como sus ideales y utopías fueron perseguidas por la oligarquía gobernante e, incluso, atacadas por sectores de su propio partido, quienes lo acusaron de blando y excesivamente liberal y socialdemócrata. Al final, creo que fue la desidia la que gatilló su suicidio (1924), cuando tenía cuarenta y ocho años de edad.

 

Al poner a la luz pública esta nueva creación, lo hago con el convencimiento que el pensamiento de Recabarren sigue vigente en estos tiempos de crisis e injusticia social; y, que si existen organizaciones sindicales y políticas que defienden a los trabajadores es gracias a que hubo un Luis Emilio Recabarren, quien primero educó, organizó y luego desarrolló el más grande movimiento revolucionario de los pobres y de la clase obrera chilena.

 

 

ETERNAL: RECUERDOS ENTERRADOS EN UN ATAÚD Y ENTRE ÁNIMAS Y FANTASMAS

 

 

Cuando escribo estas dos piezas escénicas, bajo el título de “Eternal”, lo hago con la misma mirada clara e inocente de ese niño que advirtió en una oportunidad muy cerca a la muerte, sin las angustiosas interrogantes existenciales de los adultos. Tal vez, al crear estas historias, tengo la pretensión de adoptar la misma actitud de un brujo de una tribu que señala que: sin una visión clara de la muerte, no hay orden, no hay sobriedad, no hay belleza.

 

Emulando a los chamanes, confieso que siempre he deseado volver a ver a la muerte muy cerca, con el fin de tener un conocimiento más profundo de ella y también para tener el valor de dejar todo lo estúpido e innecesario de mi vida.

 

Considero que la muerte no es una adversaria; por el contrario, ella nos da la vida y nos reta a que seamos hombres comunes o corrientes o brujos. La diferencia es que los brujos comprenden los secretos de la vida y la muerte y los hombres, en general, no.

 

No tengo duda que la muerte es una gran maestra que nos saca de nuestro estado inconsciente y nos abre la verdad de la vida y el universo. Ella, continuamente, acostumbra a susúrranos al oído la siguiente frase: “Tienes que vivir la vida, aquí y ahora, sin dejar tareas inconclusas, pues no sabemos que llegará primero, si la muerte o el próximo día”.

 

Lamentablemente, en esta sociedad se nos educa bajo una visión pesimista de la muerte. Es por ello que cuando la sentimos próxima nos consume la angustia y el terror continuo, ya que pensamos que vamos a perder todo aquello que con tanto esfuerzo nos ha costado conseguir , sin apreciar que es el respeto y el amor por todo y todos lo más valioso que debemos mantener en nuestro espíritu eterno.

 

Difícilmente, nuestros padres y maestros  están capacitados para enseñarnos el camino de ida y el de vuelta; para advertirnos que lo que pensamos que es importante no lo es tal; para hacernos reflexionar que aquello que parece que no vale nada, es, quizás,  lo más trascendental y sagrado.

 

¿Qué sucede después de la muerte? Esta es una pregunta que siempre se ha hecho el hombre en toda su historia. En lo personal, no lo sé. Posiblemente de algo me entere cuando llegue mi hora. La verdad que mi postura agnóstica y escéptica me hace dudar de algunas ideologías fundamentalistas que existen sobre el tema. Creo que ser escéptico es saludable; hace pensar, hace dudar y en la duda está la razón. Por otro lado, el agnosticismo me permite ser consciente de nuestro límite, nuestra finitud y lo que trasciende o no después de la muerte.

 

No obstante, en el plano de la ficción teatral, recreo la muerte súbita de algunos personajes vinculados con nuestra identidad regional y “coqueteo” con algunas concepciones que señalan que la muerte no es un fin, sino una puerta para otra vida. Es posible que cuando ella llegue a nosotros nos traslade a un espacio incierto: casi onírico; donde nuestros cuerpos flotarán ingrávidos en el vacío.

 

Puede ser un lugar previo a la vida, o podemos estar en un sitio donde desaparecemos al fin; un territorio casi cósmico donde sólo subsistirán nuestras energías, como polvos de estrellas. Es posible que en algún momento esta postura sea incluso científicamente comprobada o, por el contrario, simplemente sea otra creencia más inventada por el hombre. En lo personal, me rebelo contra la verdad absoluta y contra el conocimiento sin límite.

 

En último lugar, el lector es libre de pensar lo que quiera de lo que dicen los personajes teatrales de estas obras. Ellos son los únicos responsables de sus juicios y no representan necesariamente el pensamiento de su creador.

 

 

LA ÚLTIMA BATALLA

 

 

Durante muchos años rondaba en mi mente la idea de escribir una pieza teatral que valorara algunos aspectos sociales e ideológicos de estos olvidados soldados pobres. Sabía que esta tarea no era menor; requería estudiar con acuciosidad la historia del conflicto bélico, pero por sobre dar una mirada crítica a las historias oficiales y los mitos que rodean las versiones de cada país involucrado en esta guerra, para así posibilitar, a través de la historia teatral, una nueva construcción histórica abierta a nuevos relatos, desmitificando los conceptos “chauvinistas” de los discursos oficiales y planteando interrogantes desde un nuevo discurso autónomo y  no alienado.

 

A partir de este sustento teórico comencé a trabajar en el texto dramático. Las primeras preguntas que me hice fue ¿cuál sería la idea central?, ¿cuáles serían los temas complementarios?, ¿quiénes serían los protagonistas?, y ¿qué deseaba que sucediera en la mente y en los corazones de los potenciales lectores y espectadores?...

 

Debo reconocer que casi instantáneamente surgió en mi cabeza el argumento de la obra. Precisamente, una creación imborrable de Jairo Aníbal Niño, El Monte Calvo; pieza escénica que marcó mis inicios en las tablas, sirvió de imagen para comenzar  a construir el andamiaje de la historia de aquellos hombres que habían entregado su vida por una causa nacionalista y que posteriormente fueron olvidados por sus respectivos Estados y naciones, quedando sumidos en la más completa miseria.

 

De esta manera, vuelvo a enfrentar a los antiguos soldados bolivianos, chilenos y peruanos, ahora en un nuevo escenario, en una nueva guerra; en este caso la guerra para no morir de hambre. Una situación real y dramática que vivieron en su momento “en carne propia” estos soldados y que echa por tierra las manoseadas expresiones de patria y orgullo nacional.

 

El punto de encuentro es una plaza; se llama La Concordia, en cuyo ambiente reinan la basura y la miseria humana. Una estatua derruida en homenaje al soldado desconocido es el único símbolo que evoca a los héroes desaparecidos en combate. En esa atmósfera surrealista, absurda y decadente los tres combatientes, convertidos ahora en vagabundos y desprovistos de armas, intentarán luchar por un mísero pan; sin embargo, sus mentes laceradas y sus cuerpos débiles serán sus peores enemigos.

 

En este proceso de lucha por sobrevivir, en un mercado lleno de gente insensible que nos es capaz de ayudarlos, los legendarios personajes deciden dar unidos su última batalla por su vida; divorciados de toda épica nacionalista. En esa situación de extrema pobreza, toman la determinación de dejar libre su fiera locura que nace de sus entrañas y de sus intestinos retorcidos, para sitiar y destruir esa sociedad que se escuda en la indolencia y pasividad, con el fin de justificar su olvido de quienes lucharon por los intereses y bienes de las clases dominantes de su época. Ya no se enfrentan entre sí; por el contrario, se desanclan de los intereses económicos colonizadores y de los valores que se le atribuyen a la idea de ser boliviano, chileno y peruano.

 

En esta nueva perspectiva histórica, la obra intenta romper con el supuesto conflicto vitalicio que las clases de poder han fomentando y que han marcado, directa e indirectamente, las actitudes y los comportamientos sociales de muchas generaciones de ciudadanos de estos tres países, cuyas agendas personales , muchas veces, están alejadas de aquellos ideales ultra nacionalistas que se contraponen con la idea de la construcción de un nuevo porvenir más solidario, justo e igualitario para las naciones latinoamericanas.

 

¿Qué pasó con aquellos héroes olvidados? ¿Qué pasó después de la guerra con el campesino, el obrero, el niño, la mujer y el hombre común y corriente que se desangró por su patria? …La guerra enajena y los que van a la guerra, salvo los héroes oficiales -  nunca fueron pobres - terminan por sucumbir a la pobreza y la miseria, empujados por los mismos personajes poderosos que, en su momento, entregaron sus vidas.

 

“La Última Batalla” intenta enaltecer a esos héroes del pueblo, cuyos restos quedaron extraviados en los arenales de un desierto, en la fosa común, en el fondo marino o en cualquier rincón desconocido. ¡Qué importa el país, qué importa los motivos de la guerra, qué importa si se alcanzó la gloria o la derrota, qué importa si la tierra es tuya o es mía, qué importa el mito patrio, en el que la invisibilidad de las ganancias se vuelve casi sagrado!; lo que sí interesa es desenmascarar la infamia y la demencia que produce la guerra.

 

El Autor.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

CORUÑA, LA IRA DE LOS VIENTOS

 

(2007)

Drama basado en la novela "Los Pampinos", de Luis González Zenteno.

 

PERSONAJES:

 

CARLOS: 25 años

TIMONA: 27 años

RECABARREN: 40 años

HOCICO DE JUGO: 25 años

CHALACO: 25 años

JOVEN DE LA MALETA: 30 años

COSTABAL: 40 años

MISTER NORTH: 50 años

EMPRESARIO: 40 años

GITANA: Sin edad

UREÑA: 28 años

FIDELIA: 50 años

VELIZ: 40 años

ROMERO: 28 años

BORJA: 28 años

LUCHO: 40 años

JOSÉ: 28 años

RUBËN: 25 años

OTROS Y OTRAS

 

 

I ESCENA: INTRODUCCION.

(La obra comienza con una combinación rápida de imágenes, discursos y músicas correspondientes al período 1925 en Chile. Se yuxtaponen caóticamente -en una panorámica-fotografías de las industrias salitreras, cruces, cementerios, desierto, sombras de cuerpos que trabajan y fragmento de la marcha “El Séptimo de Línea”).

 

Bizarro regimiento
llegó la hora del adiós
que marcó la heroica senda
de nuestra gloria y del honor.

Al Séptimo de Línea
escuela y templo del valor
que al partir juramos todos
conservaremos la tradición.

 

(Se escuchan voces grabadas que emulan a Arturo Alessandri y Luis Emilio Recabarren).

Texto de Recabarren: "Trabajadores: de vosotros solamente depende el futuro bienestar de vuestra clase. Uníos si queréis libertad. Uníos si queréis bienestar. Uníos si queréis vuestro progreso. Uníos para conquistar vuestra propia emancipación. Uníos porque solamente unidos seréis capaces de triunfar con vuestros ideales de bienestar social."

 

Texto de Alessandri: “Hoy, como ayer, vuelvo a decir que no acepto dictaduras, y yo sería el primero en castigarme si me ocurriera la idea de abusar de la confianza que el pueblo me da. La única dictadura que yo acepto es la voluntad soberana del pueblo y de las instituciones que el pueblo seda en ejercicio de esa soberanía”

 

(Fogonazos, explosiones, disparos de metralletas, gritos, llantos, caídas e insultos retumban en el espacio. Se proyecta imagen de masacre. De la oscuridad aparece un joven, trae una maleta en la mano. Camina por la pampa. Se detiene, recoge una cantimplora, la limpia; luego la abre y deja caer una gota de agua al suelo. Saca de la chaqueta una carta).

 

JOVEN DE LA MALETA: (Lee) Timona: Amor mío. Me encuentro en un momento crucial. Parece que ya no es posible esconderme a los ojos de la muerte. Nunca imaginé que aquí en el norte iba a encontrar el amor. Aquí donde yo sólo venía a buscar dinero. Mi cholita, tú incendiaste mi corazón. Te llevo por siempre aquí en mi pecho y en mi sangre. Tú sabes que yo era un ignorante en muchas cosas, pero con tu ayuda comprendí el sufrimiento de los trabajadores de la pampa y cuál era el camino que debía seguir.

Ahora sólo quiero responder a la confianza que todos han depositado en mí. Y te juro que lo hago sin dudas ni dolor. Creo que llegó la hora de la ira de los vientos, la hora de reventar todos los silencios.

Timona, vive y protege a mi hijo. Espero que algún día él pueda leer esta carta y comprender mi decisión.

Te amo por siempre, tu compañero, Carlos Garrido.

La Coruña, 5 de junio de 1925.

 

(El joven se sienta en un espacio neutro, donde hay varios instrumentos musicales, cartas y libros. Desde allí proyectará a modo de racconto todo lo que ocurra en escena. Los demás personajes nunca lo ven. En ocasiones hará la música incidental o leerá algunos documentos. Desde el piso comienza a escucharse las voces de los actores que  se yerguen con la canción).

 

 

LA MARTINIANA

 

Son indígena mexicano


Niña cuando yo muera

no llores sobre mi tumba;

cántame un lindo son, ay mamá,

cántame la sandunga. (Bis)

 

No me llores no.

No me llores no.

Porque si lloras yo peno,

en cambio si tú me cantas

yo siempre vivo y nunca muero.

 

Lucero de la mañana,

el rey de todos los sones,

canta, canta la Martiana, ¡ay mamá!

que irrumpen los corazones.

 

No me llores más,

porque si lloras yo peno

En cambio, si tú me cantas

yo siempre vivo

y nunca muero.

 

Si quieres que te recuerde,

si quieres que no te olvide,

canta sones del alma, ¡ay mamá!...

 

 

II ESCENA: LA CUECA VELEIDOSA.

 

(De fondo, se escucha una guitarra interpretando una tonada. Una mujer con una jarra de greda sirve chicha a los concurrentes. Carlos está sentado en una mesa. Otros concurrentes beben).

 

MUJER: ¿Rica?

 

HOMBRE: ¡Rica mijita!

 

MUJER: Hecha por mí.

 

HOMBRE1: (Se acerca provocativamente) Tiene el sabor de tu cuerpo.

 

MUJER: ¡Córrete chinchoso!

 

HOMBRE 1: ¡Chi! Ahora te así la lesa. No te acordai anoche lo bien que la pasamos juntos.

 

MUJER: Anda ahora corriendo a publicarlo en “El Tarapacá”, tonto cachaciento.

 

(Risas. La mujer se escabulle. Se acerca a la mesa de Carlos).

 

MUJER: Joven de seguro que usted no es de aquí.

 

CARLOS: Tiene razón, soy nuevo por estos pagos.

 

MUJER: Haberlo dicho. Sepa que hay picante de marisco, de conejo, guatita, de entrañas, de charqui, de camarones, de...

 

CARLOS: De guatita mijita...

 

MUJER: Está bien, vuelvo luego. (Se acerca a otra mesa) ¿Le sirvo otra chicha muchachos?

 

HOMBRE 1: Venga otra chichita...

 

HOCICO DE JUGO: (Entra y se acerca a la mujer. La toma de la cintura) ¿Cómo está cosita rica?

 

MUJER: ¡Llegaste, hocico jugo! ¡Cuidado con las manos, lanzado!

 

HOCICO DE JUGO: Mijita sírvame un tintolio que vengo con todo el caldero seco.

 

MUJER: ¿Y no querí otra cosita?

 

HOCICO DE JUGO: Por ahora no, ricura.

 

MUJER: Anda a sentarte. Ya te sirvo

 

HOCICO DE JUGO: (Se ríe y se acerca a Carlos). Amigo, ¿puedo sentarme aquí con usted?

 

CARLOS: Claro que sí.

 

HOCICO DE JUGO: ¿Es nuevo por estos pagos, gancho?

 

CARLOS: Sí, soy del “sure”.

 

HOCICO DE JUGO: ¡Ah! Del sur...Por aquí hay miles de gente que viene de todas partes. Estamos llenos de afuerinos que han abandonado sus pagos e incluso a sus familias para probar suerte en este desierto.

 

(La mujer le coloca en la mesa una botella de vino y un vaso)

 

HOCICO DE JUGO: Tráigale al amigo también un vaso. ¡Ah! Y a mí me sirve un platito de conejo.

 

CARLOS: Gancho, cuénteme, ¿cómo le ha ido a toda esa gente?

 

(La mujer le pasa un vaso a Carlos).

 

HOCICO DE JUGO: Antes que nada ¡salud! (Toman ambos) La verdad amigo los trabajos por acá están malazos. Los patrones no quieren recibir a nadie. Por eso que hay mucha toletole en las oficinas salitreras. Y los administradores están saltones no quieren recibir gente hasta que pase esta bulla.

 

CARLOS: A mí me contaron que un buen “particular” gana plata como caballo. Yo me conformo con doscientos pesos libres al mes, sería hartazo. En un par de años, cuatro mil pesos. Sabe usted que en la mitad le vendían a mi taita la chacra de los Romero. Dieciséis cuadras. Un fundito. Y el resto para animales y útiles de labranza. Pero ya llevo varios días y aún no encuentro trabajo en na`. En eso estoy pu ´don...

 

HOCICO DE JUGO: Y de seguro que ya te gastaste todos los ahorros que teníai.

 

CARLOS: Así es, “ando a palo con el águila”.

 

HOCICO DE JUGO: Mira te quiero proponer algo... Pero antes dime ¿cómo te llamai?

 

CARLOS: Carlos, ¿Y usted?

 

HOCICO DE JUGO: Párale un poquito, no me digai usted. Dime tú no más. Yo soy Ramiro, pero los mal hablados me dicen “hocico de jugo”.

 

CARLOS: ¿Hocico de jugo?

 

HOCICO DE JUGO: Así me dicen, por lo cuentero que soy. Pero vamos al grano. (Confidencial) Escucha, yo me dedico al contrabando de relojes. Tengo unos algunos amigos en un par de barcos mercantes. Cuando llegan al puerto, antes que atraquen, yo me voy con mi bote al ladito de esos cachalotes y ahí me dejan caer los bultitos. ¿Qué te parece?

 

CARLOS: ¿Y qué pasa después?

 

HOCICO DE JUGO: ¿Después?... ¡Puta, fácil! Después los vendo. Son relojes finos que aquí la gente le gusta lucir. El negocio va más o menos. Mira, justo ahora necesito un ayudante de confianza. “Me caíste como anillo al dedo”. Y tú me dai buena espina huasito. ¿Qué me decís? ¿Te animai o no?...

 

CARLOS: Mire gancho lo único que a mí me interesa es ganar plata, para eso me vine al norte. Y no le tengo asco a ningún trabajo.

 

HOCICO DE JUGO: ¡Macanudo! Entonces nos estamos entendiendo. ¿Qué te parece este Waltham? (Ondea en el aire un reloj antiguo) Con un chancacazo de éstos, dai vuelta cualquiera. Mira guasito, el negocio que te estoy proponiendo es re ´peludo. Te jugai la vida, pero con buenas ganancias. ¡Ah! eso sí, tení que morir en la rueda.

 

CARLOS: No se preocupe gancho, soy como tumba para guardar los secretos.

 

HOCICO DE JUGO: ¡Hecho! Empínate otro vinito antes de empezar el trabajo.

 

(Llega la mujer con los platos).

 

MUJER: Aquí está la guatita pa´la visita y el conejito pa´el hocico de jugo. Cuidado no se vayan a quemar, está caliente la comida.

 

CARLOS: Gracias mijita.

 

MUJER: (A Carlos) ¿Joven, no quiere chicha de muco?

 

CARLOS: ¿De qué?

 

MUJER: De “muco”.

 

CARLOS: ¿De moco? No, esa cuestión me puede dar “churreta”...

 

MUJER: Si no toma algo para el plato de guatita, después se va andar a puro “apeando” no más.

 

HOCICO DE JUGO: Pruébala cabrito, viene al callo con la guatita.

 

CARLOS: ¡Güeno! ¡Qué le hace el agua al pescao!

 

MUJER: ¡Nada!

 

(La mujer recoge una jarra que tiene en otra mesa y le sirve. Carlos se toma la copa al seco).

 

MUJER: ¿Le gustó?

 

CARLOS: Mucho. Y usted también.

 

MUJER: ¡Zalamero!

 

(Se ríen. Hocico de jugo empieza a comer. Carlos toma por la cintura a la mujer).

 

CARLOS: ¿Y cuándo mi vida, cuándo?

 

MUJER: Calma, calma, guasito. “No por mucho madrugar se amanece más temprano”.

 

CARLOS: Es que a tu lado la espera es una tortura.

 

MUJER: Lo que obscurezca, recuérdamelo.

 

CARLOS: Por supuesto.

 

(Carlos le da un palmazo en el trasero a la mujer).

 

MUJER: Cuidado...que puede haber jaleo. (Señala con su mano) Esos que están en la cocina son mis hermanos.

 

CARLOS: ¡Chupalla! ¿Pero podí bailar conmigo una cuequita? No creo que tus hermanitos se enojen por eso.

 

MUJER: ¡Que no!

 

CARLOS: ¡Que sí!

 

MUJER: ¡Bueno ya pu´! Defiéndete si puedes rotito...

 

HOCICO DE JUGO: Este huaso está que corta las huinchas. ¡Oye, gancho, se te va enfriar la guatita por calentón!

 

CARLOS: La comida puede esperar, pero esta negrita no.

 

(Salen a bailar una cueca que interpreta en guitarra el joven de la maleta. Los parroquianos cantan).

 

LAS PENAS POR QUERERTE

 

Cueca DR

 

Voy a pedirle a la Virgen

que me conceda un favor,

que me conceda un favor,

que permita que me olvide

de las penas de tu amor

 

Voy a pedirle a la virgen

ya no quiero llorarte,

pero no puedo,

las penas por quererte

son sin consuelo.

 

Ya no quiero llorarte,

pero no puedo

son sin consuelo ¡ay si!

 

Sólo te pido

Señora del Carmelo

me des olvido.

El seguirte llorando

me está matando.

 

(Al terminar el baile todos aplauden. Se levanta de la mesa un borracho peruano).

 

HOMBRE 2: ¡Esa es una marinera peruana!

 

HOMBRE 1: ¿Cómo que marinera peruana? No estai viendo es una cueca chilena, cholo maricón.

 

HOMBRE 2: No te contesto porque somos unos caballeros.

 

HOMBRE 1: ¿Así que ahora la cobardía se llama caballerosidad? ¡Puta la güeá!

 

HOMBRE 2: ¿Cobardía? ¡Jamás!. Escúchame: entre Prat y Grau, me quedo con Grau, porque ese sí que fue hombre.

 

HOMBRE 1: ¡Que vení hablar de hombre, agüeonao!

 

HOCICO DE JUGO:(Se mete en la discusión) Lo que debiera hacer el León de Tarapacá es darles la cortada a estos cholos llorones. ¡Que vayan a su tierra a fregar la pita!

 

HOMBRE 1: ¡Ya me están sacando los choros del canasto! Vienen a provocarnos a nuestra propia patria.

 

HOMBRE 2: ¿Patria? ¡La tierra que nos robaron, ladrones!

 

HOMBRE 1: ¡Cállate indio hocicón! (Le lanza un puñetazo y se arma la gresca).

 

(Se escuchan gritos: ¡Desnúcalo, chalaco! ¡El chileno pelea de frente! ¡Pégale!).

 

MUJER: (Con un cartucho de dinamita. Prende la mecha) ¡Están hablando puras güevadas! ¡Me paran el güeveo o los mando a todos al infierno!

 

(Todos corren a esconderse. La mujer apaga la mecha) ¿Y dónde se metieron los patrioteros?

 

(Carcajadas de todos. Sigue la música. Apagón).

 

 

III ESCENA: EL LIDER Y SUS SEGUIDORES.

 

 

JOVEN DE LA MALETA: La memoria es muy importante. Los pueblos que han llegado a algo es porque continúan una tradición, lo que heredamos de nuestros abuelos, de nuestra tierra. Sin tradición, sin escudriñar el pasado, no creo que haya porvenir y estamos condenados a repetir la historia.

En Iquique, la Federación Obrera de Chile, fue testigo de un encendido discurso que pronunció mi madre, Timona, en enero de 1923. En esa oportunidad llegó mi padre en busca de trabajo, pero se encontró con los gritos de… ¡Viva la Timona!

 

TODOS:¡¡Viva!!

 

OBRERO 1: ¡¡Viva Recabarren!!

 

TODOS: ¡¡Viva!!

 

(Sobre una tarima está Timona. Da un discurso. A su derecha se encuentra Recabarren. La gente está distribuida por toda la platea. Unas antorchas iluminan el ambiente. Entre medio de la gente se encuentra Carlos).

 

TIMONA:(Emocionada) Aquí está el hombre que me abrió los ojos. Por él entré al camino del gremialismo, por él comprendí que no hay sacrificio estéril. Yo estaba derrotada, yo era una pobre bestia insensible y él me sacó de mi aturdimiento y me condujo al camino de la verdad. La historia de mi vida, es una tragedia horrenda. Yo tenía un marido y me lo mataron; yo tenía un hijo y me lo asesinaron. ¿Quiénes? Los mismos que ayer armaron las manos del pueblo para lanzarlo contra otra porción del pueblo. (Se desgarra la blusa y muestra sus pechos que lucen una cicatriz) Miren: esta es la herencia de la Escuela Santa María. Cicatrices. ¿Hechos por quién? Por ellos, por los bárbaros que se llenan la boca con el honor y el patriotismo. ¿Dónde están nuestros auténticos enemigos? ¿Quieren saberlo? En la sombra y no en la calle. En la oscuridad de sus guaridas, esperando, esperando los resultados de sus maniobras. Mientras los demás se matan, ellos, a buen recaudo. Comerciantes de la sangre, del odio, de la barbarie.

 

(Aplausos y gritos de la multitud).

 

OBRERO 2: ¡Viva la Timona, compañeros!

 

TODOS: ¡Viva! ¡Viva! ¡Viva!.

 

RECABARREN: Compañeros: Todo esto está claro como el agua. No se necesita ser sabio para comprenderlo. Hay malestar en las salitreras, cunde la cesantía, encarece la vida, y como no pueden darnos pan, nos dan circo. Que peleemos. Que nos entretengamos. Que nos olvidemos de nuestros problemas. Pero nosotros no somos niños chicos para dejarnos engañar. ¿Verdad compañeros?

 

TODOS: ¡No, no! ¡De ningún modo!.

 

RECABARREN: Eso es lo fundamental. Y si vienen para acá los de Liga Patriótica, esos que han atacado a los compañeros peruanos, a los compañeros bolivianos y al movimiento obrero organizado, les daremos su merecido. Que no se atrevan a tocar la sede de la Federación Obrera de Chile, la casa del pueblo.

 

TIMONA: Y eso no es todo, compañeros, escuchen lo que publicó hoy El Tarapacá (lee): Conato Revolucionario en la oficina Prosperidad fue aplastado ayer por el gobierno. Antofagasta en estado de sitio. Muertos y heridos. Presos los cabecillas. Desde hace varios meses se tenía conocimiento que elementos subversivos intentan crear un clima de descontento en el norte, al amparo de la crisis económica que azota al país. Individuos pagados por sectas moscovitas...

 

RECABARREN: ¡Basta! Lo que suponía. ¡Y este es el hombre que subió al poder en brazos del pueblo! ¡Este es el llamado “león de Tarapacá” que prometió implantar la justicia social en Chile! ¡Miserable!.

 

OBRERO 3: ¿Don Reca, qué deberíamos hacer?

 

RECABARREN: (Decidido) ¡Salir, salir a las calles, levantar tribuna, gritar a los cuatro vientos la verdad!

 

TIMONA: La prosperidad es una trampa. Es el primer machetazo. Las Ligas Patrióticas son otra trampa. Aquí los únicos sacrificados seremos nosotros. (Sarcástica) Ahora quieren mandar a los enganchados al sur.

 

RECABARREN: Hay que movilizarse. ¡Barra, Morales y González!, llamen a los compañeros anarquistas que también pueden cooperar.

 

OBRERO 4: ¿Habrá que cerrar las puertas de la Foch?

 

RECABARREN: ¡No! De ninguna manera. Las puertas de la Foch estarán abiertas de par en par. Este el refugio del pueblo. Aquí tendremos que congregarnos todos si es necesario.

 

(Gritos y vitoreo. Recabarren ordena a otros hombres y salen de escena).

 

TIMONA: Manos a la obra. (Señala a varios hombres) Tú, tú y tú, en las ventanas.

 

TIMONA: (Señala a Carlos) Tú...

 

CARLOS: ¿Yo?

 

TIMONA: Sí, a ti te digo. Quédate con Mario y Rubén cerca de la puerta.

 

OBRERO 5:(Grita) ¡Compañeros! ¡¡Viva la Federación Obrera de Chile!!

 

TODOS: ¡Viva! ¡Viva! ¡Viva!.

 

(De pronto aparecen como sombras en la panorámica unos hombres enmascarados, vestidos de negro, con gallardete en el brazo y con largos bastones que usan como armas. Desde una radio antigua se escucha la canción alemana Lili Marleen).

 

CORO LIGA PATRIOTICA:

 

                                 ¡Viva Chile, mierda!

                                 ¡Mueran los traidores!

                                 ¡Abajo los antipatriotas!

                                 ¡Abajo!

                                 ¡Salgan! ¡Salgan, cobardes!

                                 ¡No se escondan, maricones!

                                 ¡Váyanse a su tierra!

 

OBRERO 6:(Con voz afeminada) ¡Adelante chiquillos, están en su casa!

 

HOMBRE DE NEGRO: (Furioso) ¡Chucha! Se están burlando de nosotros. ¡A la carga!

 

(Se produce un alboroto y confusión. Enfrentamiento. Se escuchan disparos. Apagón).

 

 

IV ESCENA: EL PLAN AUTORITARIO.

 

 

(En un ambiente totalmente surrealista se encuentran bebiendo las autoridades).

 

COSTABAL: Señores, los he citado a esta reunión para informarles confidencialmente la delicada situación que ocurre en Antofagasta. Contra la carestía de la vida no se puede luchar, porque es la consecuencia de factores que escapan a la voluntad del gobierno, pero contra la cesantía, sí. Para tal efecto, se están habilitando albergues en la capital, adonde serán trasladados todos los desocupados de la zona norte con sus familias. El gobierno desea tener a la mano esta gente para ponerla a cubierto de la prédica insensata de los desquiciadores del orden social, y también para irla distribuyendo a las próximas faenas donde sean necesarios sus servicios. La labor de ustedes consistirá en hacer una cuidadosa selección de obreros y empleados, para librarse de aquellos cuyas actividades y filiación política no sean satisfactoria. Hay que dejar en el norte, exclusivamente a los buenos trabajadores, es decir, a aquellos que respetan la ley y a las autoridades. Los otros, a freír monos a otra parte. El presidente sabrá darles el trato adecuado. Bien, cedo la palabra...

 

EMPRESARIO: Señor Intendente, nosotros podemos asegurar que nuestra dotación esté completa. Sí. Pero ello no exime las listas azules. Las listas azules son necesarias, no sólo con los de ahora sino con los de ayer, esos que hemos detectado como subversivos y que podrían agregarse por separado como una mera información.

 

COSTABAL: Sí, no está mal la sugerencia. Sí, míster North, tiene la palabra.

 

NORTH: El asunto no es tan simple como a primera vista pudiera pensarse. Es muy... es muy (Chasca la lengua)... espinudo, abrir las inscripciones aquí. Llevar la gente, apartarla, ¡hum! Yo creo que la solución está allá y no aquí.

 

COSTABAL: A ver, a ver  explíquese míster North.

 

NORTH: Esta... esta medida... podría ponerla en práctica el Gobierno, controlando la venida de gente al norte. Digo yo. 

 

COSTABAL: ¡Ajá!

 

NORTH: Además, creo que la cesantía es conveniente para la industria y el comercio. La cesantía equilibra el precio de la obra de mano. Si sube la demanda en el mercado mundial, se absorbe inmediatamente la cesantía.

 

EMPRESARIO: Conforme, conforme, pero hay mucho descontento en el país. Y la cesantía es la causa.

 

NORTH: ¿Por qué? Porque falta de esto (Punza la boca abierta con la yema de los dedos y muestra un billete). Dinero o pan. Y el gobierno debería proporcionar dinero o pan al desocupado, como se hace en mi nación. Al desocupado se le paga una prima para que viva, mientras encuentre trabajo.

 

COSTABAL: Natural. Natural. Porque disponen de capitales.

 

NORTH: Ustedes también. Y mucho. Mal aprovechado.

 

COSTABAL:(Se exaspera) ¿Y la huelgas? ¿Y la violencia? ¿Y la subversión?

 

NORTH: ¡Oh! Eso es otro problema.

 

EMPRESARIO: Es lo mismo.

 

NORTH: Yo digo que es otro problema.

 

COSTABAL: En fin, señores, no es el momento para discutir, sino para actuar con firmeza. Por lo mismo, ya ordené a la Pacific Steam Navigation Company y a la Sud Americana la máxima disponibilidad de pasajes de tercera en sus próximos barcos. Y ahora a brindar por nuestra sincera amistad...

 

 

V ESCENA: EL ENCUENTRO.

 

 

(Se escucha redoble tambor. Entran corriendo por la platea Carlos y Timona. Se detienen en el escenario y miran asustados hacia al fondo de la sala. Luego proyectan en la panorámica el mar y se tranquilizan paulatinamente en la conversación).

 

CARLOS: Menos mal que nos escapamos de esos desgraciados.

 

TIMONA: Si nos agarraban esos matones nos mataban.

 

CARLOS: ¡Chi! Menos mal que tenemos buen pique.

 

TIMONA: Sí... ¿Tienes un cigarro?

 

CARLOS: Sí.

 

TIMONA: Dame uno.

 

(Carlos saca un cigarro lo prende y lo coloca en la boca de la mujer. Ella da una larga chupada, cerrando los ojos).

 

TIMONA: Fumar calma los nervios... ¿No crees tú?

 

CARLOS:(Sonríe) Para mí, fumar es una manera de matar el tiempo.

 

TIMONA: Tienes razón. De no aburrirse. Lo que nos distrae, nos salva. En mi casa, fumaban hasta los niños. 

 

CARLOS: ¿Y no se quedaron enanos esos cabros?

 

TIMONA: Claro que no pues... Con permiso. Me siento cansada (Se recuesta).

 

CARLOS: ¿Me permite? (Se saca su poncho y hace un almohadón) ¿Le arreglo una almohada? ¿Qué le parece aquí, al lado mío?

 

TIMONA: (Sigue el juego) Un poquito más cerca mío.

 

CARLOS: ¿Aquí?

 

TIMONA: Un poquito más cerca.

 

CARLOS: (Muy cerca de ella) ¿Aquí?

 

TIMONA: Sí, pues. Aquicito no más. Gracias.

 

(Carlos enciende un cigarrillo).

 

TIMONA: Parece que ya te has visto en estos trabajos.

 

CARLOS: En realidad no, es la primera vez.

 

TIMONA: (Ríe en sordina) Y yo te creo...

 

CARLOS: ¿Le puedo hacerle una pregunta?

 

TIMONA: Pregunta no más.

 

CARLOS: ¿De dónde es usted?

 

TIMONA: Del norte.

 

CARLOS: ¿Y de qué parte del norte?

 

TIMONA: Del Perú. De Apurímac, en la Chumba.

 

CARLOS: ¿La Chumba? Que nombre más raro...Oiga, ¿Y por qué se vino pa´acá?

 

TIMONA: Porque estaba recién casada y mi esposo quería mejorar la situación.

 

CARLOS: Como siempre todo comienza y termina en dinero.

 

TIMONA: Tienes razón. Todo. El dinero es el amo del mundo, el becerro de oro ante cual todos nos arrodillamos.

 

CARLOS: ¿Pero, hay alguna cosa que se dé gratis?

 

TIMONA: No pues, ninguna. Mira, tu camisa, mi pantalón, este zapato, esa carreta que cruza la calle, el burrito que la arrastra. Tú no podrías subir a un barco si no compraras un pasaje; no podrías viajar en tren si no pagaras un boleto; no podrías servirte un plato de comida si no dispusieras de plata. O sea, que hay un gran verdugo de la sociedad que se llama don dinero.

 

CARLOS: ¡Qué bien habla! Debo confesarle que desde el momento que la divisé hablar en la Foch, quedé encantado con su labia. Me quedé así, con la jeta abierta (Hace un gesto cómico. Timona se ríe) Claro que no sólo por su labia, también quedé prendido por otras cosas más (Ríe maliciosamente). Y por esa pasión  que le pone pa´defender los derechos de toda su gente...

 

TIMONA: Todo lo que sé lo aprendí de don Reca. El ha sido mi maestro y mi padre... Pero cuéntame de ti. ¿De dónde vienes?

 

CARLOS: Antes que nada me presento: Carlos Modesto Garrido, pa´servirla. Yo soy del Aconcagua ¡Ah, mi tierra! El sure es lindo, lleno de árboles, de color y vida. Si todavía me acuerdo cuando mi taita me levantaba por las mañanas a puro varillazos en culo, pa´que le fuera a sacarle la leche a la vaca (Ríe).

 

TIMONA: ¿Y por qué te viniste para acá?

 

CARLOS: Me vine con la ilusión de ganar unos pesitos para poder ayudar a mi taitita. El está inválido.

 

TIMONA: ¿Qué le pasó?

 

CARLOS: Se cayó de un caballo y vomitó los pulmones a pedazos, en medio de la impotencia de todos.

 

TIMONA: ¡Que tragedia!

 

CARLOS: Y aquí estoy, “naca la perisnaca”, “más botado que pucho de cigarro”. Casi muriéndome de hambre.

 

TIMONA: Te cuento, mi mamita me decía: Tener un pedazo de tierra, niña, es mucha cosa, mucha cosa. Mira, allá viene tu papacito. Más es lo que debe que lo que trabaja este desagradecido. Mira, allá viene el indio Tumbes...  ¡Ya bebió!, decía rezongando mi mamita. Un sorbito no más – decía mi tatita- cuando estaba cerca mendigándole besos con su trompa de ratón. Porque, tú sabes, si uno no acepta, los compadres se enojan. Y si aceptas ¡caramba!, hay que seguir chupando. Pero, ¿qué importa si no hace mal?...

 

CARLOS:(Ríe) ¡Claro que no tiene nada de malo! Yo también me pego mis buenos pencazos y me pongo hasta “picado la araña”.

 

TIMONA: (Ríe) Ya me imagino.

 

CARLOS: Timona, le puedo hacerle otra pregunta... No se me vaya a enojar, no más...

 

TIMONA: Anda, pregunta en confianza.

 

CARLOS: ¿Usted... quería a su marido?

 

TIMONA: (Breve silencio) Sí. Lo quería, desde los dieciséis años que me casé (Pausa. Saca de su bolsillo una moneda) Sin embargo, el amor lo mató esto. Esta moneda asesinó a mi esposo. Esta moneda asesinó a mi hijo ¡Es verdad, es verdad! Todo empezó por las fichas con que se pagaba en las pulperías. Con lo que se ganaba, carajo, no alcanzaba para nada. ¿Dónde se ha visto? El pan a cobre ¡Que mierda! (Llora con rabia).

 

CARLOS: (La consuela) ¡Cálmese, ya pasó, ya pasó...!.

 

(Carlos la besa en la frente, luego la abraza. Timona levanta la cabeza, lo mira y lo besa en la boca. Carlos responde. Ambos caen abrazados al suelo. Apagón).

 

 

ESCENA VI: PREMONICIONES.

 

 

(Se escucha el sonido de una zampoña. Se proyecta en la panorámica una imagen de un lugar misterioso. Los personajes hablan desde diferentes niveles, pero están conectados con el discurso).

 

TIMONA: (Con voz de madre) Y esta guagüita. ¿Qué irá a ser cuando grande?

 

GITANA: Pasa la mano.

 

TIMONA:(Con voz de niña) ¡No!

 

    GITANA: Pasa la mano, te digo.

 

TIMONA:(Con voz de niña. Lloriquea) ¡No, no!

 

GITANA: ¡Qué testaruda! ¡Si no te voy a comer, hija!

 

TIMONA: (Con voz de madre) Anda, no tengas miedo. Si no es nada malo (Estira las manos).

 

GITANA: ¡Ooohh! ¡Ooohhh! ¡Caraicito! Te traes unas líneas y unos signos, pequeña. 

 

TIMONA: (Con voz de madre)  ¿Imata qawanki? (¿Qué ve?).

 

GITANA: Acércate. Esta es la línea del destino. Se halla cortada por una cruz.    Habrá muerte, violencia.

 

TIMONA:(Con voz de madre)  ¿Wañuchiwanku? (¿La matarán?).

 

Gitana: No, no se sabe. Puede ser un accidente.

 

Timona: (Con voz de madre) ¿Waykupichu wañusunchik? (¿Nos ahogaremos en una avenida?).

 

Gitana: Se casará. Tendrá un hijo. Dos viajes largos. Le persigue la mala suerte, Enviudará muy joven.

 

TIMONA: (Con voz de madre) ¿Warmachaqa? (¿Y el niño?).

 

GITANA: Warmachaqa, el niño también desaparecerá. Se borra. Larga, larguísima soledad. Esta niña tendrá mucho carácter. ¡Humm! Esta es la línea de la cabeza. Curvada hacia Marte. Mujer de un jefe, de un general, de un gran guerrero. ¡Glorias y honores! ¡Bravo! ¡Ay, mujeres! (Alza a la niña imaginaria) ¿Adónde podrás marcharte, fuera de tu sierra? ¿Adónde? Yo te voy a decir, no lo que leo en tus manos, sino lo que me dicta la intuición. ¿Ves ese volcán? Ahí hay un príncipe encantado que te vendrá un día a buscar para hacerte su esposa.

 

Timona: ¡Yuyaskani!, ¡Yuyaskani!...

 

 

VII ESCENA: LA VELADA.

 

 

JOVEN DE LA MALETA: En la Foch estaban los trabajadores disfrutando de las veladas artísticas: teatro, poesía, cantores populares, cómicos y números de variedades era el pan de todos los días.

 

OBRERO1: (Se dirige a un supuesto músico) ¡Vamos compañero tóquese un valsecito!

 

(El joven de la maleta comienza a interpretar en guitarra el Vals, la gente canta y algunos bailan).

 
QUE NADIE SEPA MI SUFRIR
 
Ángel Cabral y Enrique Dizeo
 
 
No te asombres si te digo lo que fuiste,
una ingrata con mi pobre corazón,
porque el brillo de tus lindos ojos negros
alumbraron el cariño de otro amor.
 
Y pensar que te adoraba tiernamente,
que a tu lado como nunca me sentí.
Y por esas cosas raras de la vida
sin el beso de tu boca yo me vi.
 
Amor de mis amores,
reina mía, qué me hiciste
que no puedo consolarme
sin poderte contemplar.
Ya que pagaste mal
a mi cariño tan sincero,
lo que conseguirás
que no te nombre nunca más.
 
Amor de mis amores
si dejaste de quererme,
no hay cuidado que la gente
de eso no se enterará.
 
Qué gano con decir
que una mujer cambió mi suerte,
se burlarán de mi,
qué nadie sepa mi sufrir

 

(Carlos besa a Timona. El baile y el canto se detienen. Los actores quedan en un cuadro plástico. La guitarra sigue de fondo).

 

CARLOS: ¡Cómo besas!. La verdad que sacas el alma (La mira seriamente).

 

TIMONA: ¿Qué te pasa?

 

CARLOS: No sé, no sé.

 

TIMONA: ¿Tienes celos de mí?

 

CARLOS: En realidad sí.

 

TIMONA: ¿Te he dado yo algún motivo?

 

CARLOS: No, ninguno.

 

TIMONA: ¿Entonces...?.

 

CARLOS: Es que me daría mucha pena que hubieras besado a otro hombre así.

 

TIMONA: (Ríe) ¡Tontito! ¡Tontito! En primer lugar, no he besado a nadie de este modo ¿Estás contento?

 

CARLOS: Sí.

 

TIMONA: Y en segundo lugar, es muy feo que un revolucionario sienta celos.

 

CARLOS: ¿Es que acaso soy un revolucionario? ¿Crees tú sinceramente que lo soy?

 

TIMONA: Sin lugar a dudas. El cerebro puede traicionar; el corazón nunca. ¿Verdad? ¿Verdad?

 

(Carlos la besa en la mejilla).

 

CARLOS: ¡Te quiero tanto!

 

TIMONA: Yo también te quiero.

 

CARLOS: Gracias, gracias amor mío. Nunca imaginé que aquí en el norte iba a encontrar el amor. Aquí donde yo sólo venía a buscar dinero.

 

TIMONA: Jamás se sabe lo que nos depara el destino.

 

CARLOS: Te puedo hacer otra pregunta... ¿Crees tú en don Reca?

 

TIMONA: A ratos sí y a ratos no. Como buena india que soy, llevo la superstición en la sangre. Pero de una cosa estoy cierta; que si la tristeza es el destino de los pobres, la intranquilidad el destino de los ricos. Y entre intranquilidad y tristeza, ¿qué prefieres tú?

 

CARLOS: No lo preguntes. Tu tristeza me embrujó.

 

TIMONA: Una tristeza que ahora desaparecerá (Sonríe).

 

CARLOS: Así me gusta, verla sonreír, que se le vean esos dientes blanquitos que tiene. Oiga, dígame ¿los compañeros no se molestarán por nuestra unión?

 

TIMONA: ¿Por qué? ¿No es humano que uno busque su felicidad?

 

CARLOS: Es que para ellos la Timona es intocable.

 

TIMONA: Sí, pues. En todo caso, don Reca está contento. Si  supieras como me aconseja en tal sentido.

 

CARLOS: ¡Ojalá!... ¡Ojalá!

 

(La  besa en la boca. Vuelve la música, cantan y bailan hasta terminar el vals. Aplausos de todos).

 

 

VIII ESCENA: ESTUDIO Y NUEVA VIDA.

 

 

(Se ilumina otra área donde está Timona dando clases a Carlos).

 

TIMONA: El progreso de la técnica ha hecho posible ya la producción socializada. Estados Unidos, por ejemplo, ha cumplido la más importante etapa de evolución económica. Lo mismo pasa con Alemania y Gran Bretaña. Por eso es que hay que socializar la producción...

 

CARLOS: Sí, pero qué es eso de socializar la producción...

 

TIMONA: No me interrumpas.

 

CARLOS: Es que “este poncho me queda grande”.

 

TIMONA: Después discutimos.

 

CARLOS: Ya estoy cansado y mañana me tengo que levantar temprano para ir a trabajar al puerto.

 

TIMONA: Ya pues, que me da cólera.

 

CARLOS: Está bien, no se enoje.

 

TIMONA: Le digo, pues, que no sólo hay que socializar la producción sino también la distribución. Que el bienestar alcance no sólo a los ricos, que son la minoría, sino también a los pobres, que somos la mayoría.

 

CARLOS: Sí, pero lo que te quiero decir es que siempre hubo injusticias. El mundo desde que es mundo es así. Esa cosa es más vieja que el hilo negro.

 

TIMONA: Eso es precisamente lo que tenemos que cambiar. Tenemos que crear una nueva vida, donde todos seamos iguales.

 

CARLOS: (Se ríe a carcajadas) Eso es imposible. Cómo vamos a ser todos iguales. Estay puro soñando. Es como si lo malos se convirtieran en buenos por gracia del espíritu santo.

 

TIMONA: No es un problema de buenos y malos. Es una cuestión de intereses. Nosotros defendemos los intereses de los trabajadores y los otros su capital.

 

CARLOS: ¡Chi!  Lo que estay hablando es re ´peligroso. Te van a meterte presa.

 

TIMONA: Ya basta de porfía, es mejor que ahora te pongas a leer todos esos periódicos, folletos y revistas que te pasó don Reca.

 

CARLOS: Es que tengo un enredo re ´grande en la cabeza. No comprendo ni jota las palabras difíciles que hay ahí.

 

TIMONA: No te preocupes yo te voy ayudar. Para eso soy tu compañera ¿o no? Y por cada materia que aprendas te daré un besito. ¿Qué te parece?

 

CARLOS: ¡Ah! eso sí me gustó. Voy entonces aprender rapidito. ¿Por qué no me da un adelantito?

 

(Se besan. El joven de la maleta comienza a cantar y en la panorámica  se proyectan paralelamente imágenes de Iquique de 1925).

 

 

LIBERTAD

 

Juan Carlos Rocha

 

Aún trabajando en el puerto

Aconcagua no olvidó,

la tierra donde nació

 

En él la lucha ha comenzado.

La carencia de los prados

se ha extendido a estos lados

 

Hacia la pampa hay que emigrar.

Ahí el pan encontrará,

pero no sé si la igualdad

 

Cada mañana se levanta

con los brazos entorchados

y el orgullo amoratado.

 

Mi madre dice dulcemente,

codo a codo llegaremos

al final de este sendero

 

Hacia la pampa hay que emigrar,

allí las cosas cambiarán.

Los compañeros gritarán

Libertad, Libertad, Libertad

 

(Entra Carlos con unas bolsas de papel. Timona sentada en una mesa fuma y lee).

 

TIMONA: ¿Cómo está mi negrito de alma? (Lo besa en la boca).

 

CARLOS: Aquí estamos cabreao. Tuve que “pelar el ajo” en el puerto.

 

TIMONA: Paciencia papito ya vendrán tiempos mejores.

 

CARLOS: Timona, “estoy que echo la yegua”. No podemos seguir en esta situación.

 

TIMONA: Por supuesto que no. Y yo estoy contigo en todas las decisiones (Mira sus brazos) Mira, estos verdugones.

 

CARLOS: Nada se consigue sin sacrificios.

 

TIMONA: ¡Pobrecito!... ¿Qué trajiste?

 

CARLOS: (Le pasa las bolsas) Trigo revuelto con porotos. Con eso tiene listo el guiso. En ese otro viene el arroz que le gusta a usted, el carolino. Los buitres en el puerto nos sobajearon de lo lindo, pero no vieron ni medio.

 

TIMONA: (Oprime amorosamente las provisiones) ¡Vales un Perú!

 

CARLOS: No, una peruana (Le da una palmada en el trasero).

 

TIMONA: Cuidado pues, no me dé “lapos”.

 

CARLOS: Cholita, tengo unas ganas tremendas de mandarme a cambiar. El sur me llama. Yo soy campesino “de tomo y lomo”. Además, en todo te he cumplido.

 

TIMONA: Sí pues, papacito. Pero yo se que también te gusta esta tierra y aquí mal que mal hay posibilidades de trabajo, en la pampa. (Saca debajo de una mesa una garrafa de vino) Mira, le tengo una sorpresa, vinito de Lontué.

 

CARLOS: ¡Agüita! Le gusta fregar la pita a usted.

 

TIMONA: Tome para que calle.

 

(Timona le sirve una copa de vino al joven. Carlos la bebe de un sorbo. Luego sale de escena)

 

CARLOS: ¡Chi, güena oh! (Bebe) ¡Esto es vino mierda!

 

(Timona vuelve con una olla)

 

CARLOS: (Huele) ¿Guatitas?

 

TIMONA: ¡Guatitas!

 

CARLOS: ¡Mi negra!

 

(Carlos toma otro vaso y llena las dos copas con vino)

 

CARLOS: ¡Salud!

 

TIMONA: ¡Chóquela!... (Bebe) ¡No! ¡Qué amargo! ¡Cómo pueden tomar esta cosa!

 

CARLOS: Pero si es vino no más. No se ponga arrugadita como pasa... (Golpea la mesa) ¡Ya! No se discute más. Nos vamos a la pampa. Lo que se piensa mucho, no se hace re ´nunca.

 

TIMONA: De acuerdo. Pero usted se va primero. Y una vez que tenga todo arreglado, me manda a buscar.

 

CARLOS: Pero no, cómo me voy a ir yo solo.

 

TIMONA: Es mejor así. ¡Ya! ¡Vamos, arriba el ánimo!

 

CARLOS:(Se desanima) Como usted mande mi cholita.

 

TIMONA: ¡Vamos, con más ánimo! (Le da un beso).

 

CARLOS: “La necesidad tiene cara de hereje”.

 

(Ella lo vuelve a besar y lo anima. Ahora Carlos más animado le hace un saludo militar con la mano).

 

CARLOS: ¡Como usted mande mi cholita!

 

TIMONA: Así es...Eso sí que, mucho cuidado. Mira que si saben que tú eres el marido de Timona, no te darán pega en ninguna parte.

 

CARLOS: ¿Tan peligrosa soy?

 

TIMONA: ¡Imagínate!

 

(Carlos estrecha por la cintura a Timona)

 

CARLOS: Nada tení que temer. Y apenas pueda te mando a llamar para que esté a mi lado.

 

(Carlos la besa. Luego ella toma las manos de Carlos)

 

TIMONA: Otra cosa, en la pampa tengo un amigo que le dicen el Negro. Es muy buena persona. Trata de ponerte al habla con él.  No sé si estará en la Diez de Septiembre o en Bellavista. Tú lo averiguas.

 

CARLOS: Sí, mijita.

 

TIMONA: Ahora espera, tengo que darte algo importante (Sale de escena).

 

CARLOS: Ojalá que sea algo pa´comer, porque me han contado que el viaje pa´la pampa es  largazo.

 

(Timona vuelve con un gran caracol. Se lo da Carlos).

 

TIMONA: Toma, llévalo de recuerdo. Este caracol me lo regaló don Reca y ha sido el fiel compañero de mi existencia. Ahora quiero que sea tuyo. Colócalo en tu oído. ¿Dime qué escuchas?

 

CARLOS:(Escucha) ¡El mar!

 

TIMONA: (Rectifica) No, es la multitud... El rumor de la multitud, que debe estar siempre contigo. ¿Sí? (Carlos afirma con la cabeza).

 

CARLOS: ¡Gracias! Que nada me aparte de ti.

 

(La besa. En la panorámica comienza a proyectarse imágenes de la salida del tren que lleva a Carlos a la pampa. Se ve una multitud de gente en la estación. Sonido de tren).

 

 

ESCENA IX: LA PAMPA Y EL AMIGO.

 

 

JOVEN DE LA MALETA: En Agosto de 1924, mi padre, Carlos Garrido, se adentró en los secretos de la pampa. Fue uno más del montón, uno de tantos que buscaba en el norte el trampolín para labrarse una vida mejor.

 

(Se da la luz están Ureña y Carlos. Ambos toman desayuno. Hay otros pensionistas. Beben en jarras. Hace frío. En la panorámica se ve una imagen de la oficina salitrera).

 

UREÑA: (Pícaro) Con que aparejado con la Timona el putita (Ríe) ¿Cómo ocurrió eso? Cuente. Cuente.  Nosotros creíamos que la Timona era intocable.

 

CARLOS: Yo también.

 

UREÑA: (Ríe) Sin embargo, se tiró el salto el hijuna. ¡Audacia, hermano, audacia! El que no se moja no pasa el río.

 

CARLOS: Así dicen.

 

UREÑA: Así es. (Grita) ¡M´hijita! ¡Quibo la cebollita! ¿Estamos vivos o estamos muertos?

 

FIDELIA:(En off) ¡Ya va, carajo!

 

UREÑA: Sabe gancho, recibí la carta el lunes, y le juro, le rejuro que me produjo una tremenda impresión.

 

(Entra una muchacha con una fuente que coloca en la mesa de Ureña).

 

MUCHACHA: Tomen. Sírvanse ensalada.

 

UREÑA: Gracias, prenda. Qué bonita va... (Le toma la mano) Usted sabe que entre nosotros, corre mucha agüita.

 

MUCHACHA: (Coqueta) ¡Seguritamente! (Sale).

 

CARLOS: Ese huevito quiere sal.

 

UREÑA: ¡Cosa más rica! Por esa minita se me hacen agua los helados (Risas).

 

FIDELIA: (Grita en off) ¡Los churrascos!

 

UREÑA: (Se burla) ¡Los jilgueros!

 

FIDELIA: (Entra con los platos) Con una sartén te voy a dar en la cabeza por hocicón.

 

UREÑA: No se enoje iñora. Usted sabe que la quiero.

 

FIDELIA: ¡Me estai pelando!

 

UREÑA: Te estoy alabando, Fidelia.

 

FIDELIA: ¡Zalamero!

 

(Risas de los demás pensionistas. Sale de escena).

 

UREÑA: (Ríe. A Carlos) ¿Y qué te parece el puchero?

 

CARLOS: Hartazo. Igualito que en mi casa.

 

UREÑA: En la pampa se come, pues, iñor, porque si no se come no hay fuerza para pegarle a los cerros. Y a propósito hablando de trabajo, Estica, el pasatiempo, quedó de meterte en una cuadrilla de particulares. Ojalá que sea en la mía, para que trabajemos juntos ¿Trajiste cama?

 

CARLOS: No, no tengo cama.

 

UREÑA: ¿Y dónde vai a dormir, jetita?

 

CARLOS: Con el poncho me las arreglaré mientras tanto.

 

UREÑA: ¿Con está güevá?

 

CARLOS: Oiga, si me lo regaló mi mamita.

 

UREÑA: Anda y dile a tu mamita que aquí en la pampa es indispensable el “patas de oso”.

 

CARLOS: (Desconcertado) ¿El qué...?.

 

UREÑA: “Patas de oso”. ¿Qué, no lo conocí?

 

CARLOS: No pu´.

 

UREÑA: Soy harto agilao cabrito... Mira compinche, son cuatro tarros parafineros, con una calamina arriba. ¡El catre, pu´!

 

CARLOS: ¡Ah! Hable así pu´. Oiga y ¿usted tiene pieza solo?

 

UREÑA: ¡Chi! Nadie tiene pieza solo aquí. Vivimos de a tres. Contigo seremos cuatro.

 

CARLOS: ¿Cuatro?

 

UREÑA: ¡Chi! ¿Tení miedo?

 

CARLOS: Claro pu´...

 

UREÑA: (Ríe) Entonces, tení que dormir pegadito a la pared, no más.

 

CARLOS: ¿Y son de confianza?

 

UREÑA: ¿De confianza? No. Yo no me fiaría de ellos.

 

CARLOS: ¿Y por qué?

 

UREÑA: Porque son muy hediondos a patas (Ríe) Ya sé que el chiste es malo, pero ríete igual pu´cabro.

 

CARLOS: Déjese de payasadas. Quiero saber si son de los nuestros.

 

UREÑA: Algo les tinca, pero poco (Un tren pitea a la distancia) Disculpa cumpita, tengo que irme. Ahí viene el “costrero”. Pasa el rato como podai. A la tarde conversamos.

 

(Ureña sale de escena y también los otros pensionistas. Música de transición. Proyección de imágenes de las oficinas salitreras. Se ilumina otro plano está Carlos escribiendo una carta sobre un cajón).

 

CARLOS: Mi cholita, te escribo confesándote que no puedo conciliar el sueño. Me despierto todas las noches persiguiendo el olor de tu cuerpo, pero sólo logro pellizcar recuerdos. Los días aquí en Bellavista son todo un sufrimiento. Veo muchas injusticias y me causa un rechinar de dientes el pensar que nadie hace na´pa´ frenar los abusos. El campamento es un peladero, no tiene na´, ni una comodidad. Trabajamos de sol a sol pa´recibir de pago fichas que tenemos que cambiar en la pulpería de la empresa. Nos sacamos la cresta pa´arrancar de las entrañas de la tierra el salitre sin recibir ninguna recompensa. En cambio, en Iquique, los potentados duermen en los palacios, viven la vida del oso y del gran lujo. Esto no puede continuar. Hay que hacer lo que dice don Reca, acabar con el régimen capitalista. Esa es la madre del cordero. Hay que darle huaraca a los poderosos...

 

Timona, te quiero mucho y te necesito a mi lado...

 

UREÑA:(Entra y lo queda mirando) ¿Echas de menos a tu prenda?

 

CARLOS: Clarinete, gancho.

 

UREÑA: Aquí también hay mujeres para matar las penas. Hay de todo como en la botica. Negras, trigueñas, rucias, morenas. Claro que para que te hablo de rucias al queltehue, cuando ya conozco sus preferencias (Ríe).

 

CARLOS: ¿No hay niebla aquí?

 

UREÑA: ¡Preguntita! No, no hay.

 

CARLOS: ¿Y por qué?

 

UREÑA: Porque yo le tengo prohibida la entrada (Ríe). Ya sé que soy fome, pero ríete un poco. Cabrito, estai más triste que el salario...

 

CARLOS: (Pausa) ¡Qué noche más eterna!

 

UREÑA: Noches de Pan de Azúcar. Y cuando sale la luna, ¡Ave María! Te dan ganas de llorar, de llorar a gritos.

 

(Se va la luz. Se ilumina otra área. Timona escribe una carta).

 

TIMONA: Papito, te quiero contar que don Reca se nos va a Valparaíso. Los marítimos quieren que él intervenga en la solución de sus problemas. Además, le han propuesto la dirección de un periódico. Esta mala la cosa, hay ruido de sables. Los milicos no están contentos con el presidente Alessandri. Muchos creen que en cualquier momento le darán un golpe de estado. No sé qué pasará... Por cierto te quiero y te necesito mucho a mi lado...

 

(La voz se va extinguiendo. En el otro plano se ilumina a Ureña y Carlos, durmiendo en unas camas. Se levanta Ureña y enciende una vela que está sobre un tarro de durazno. Se despereza).

 

UREÑA: ¡Huasito!...¡Huasito! …¡Huaso cabeza de adoquín! ¡Despierta!.

 

(Se levanta y toma un zapato y comienza a golpear en una calamina).

 

CARLOS: (Despierta asustado) ¡Timona! ¿Qué pasa?

 

UREÑA: Qué Timona, ni niño muerto. Aquí estamos en la pampa, iñor. Despierta. Ya son las cinco de la mañana. Sonó la campana, llegó el profesor, entraremos a clase a oír la lección.

 

CARLOS: (Se levanta) ¿Y ahora qué?

 

UREÑA: A esperar el tren.

 

CARLOS: ¿Sin desayunar?

 

UREÑA: No te apurí. En el camino pasamos por la pulpería y le echamos algo al buche.

 

(Salen corriendo. Apagón).

 

 

ESCENA X: JUEGO Y MUERTE.

 

 

JOVEN DE LA MALETA: Corría el mes de Octubre de 1924, en la oficina Bellavista,  mi padre vivía desconsolado por estar lejos de mi madre. En tanto la gente mataba las penas jugando y emborrachándose. Eran las únicas entretenciones que los trabajadores tenían.

 

(Se da luz. Un grupo de personas juegan a la lotería).

 

MUCHACHA: (Grita) ¡Se va la lota...Se va la lota!... ¡Par de estriberas!

 

CARLOS: ¿Qué es eso?

 

OBRERO: (Tartamudea) ¡Puta, que es güeón!

 

UREÑA: El cuarenta y cuatro, gancho.

 

MUCHACHA: ¡Triste don Juan Montoya!

 

UREÑA: (A Carlos) Ese es el tres.

 

MUCHACHA: ¡Par de anteojos!

 

CARLOS: ¡Ah! Ese es el ¿Ochenta y ocho?

 

UREÑA: Estai aprendiendo rápido cabrito.

 

MUCHACHA: ¡Se sentó!

 

MUJER: Sesenta.

 

MUCHACHA: ¡La edad de las niñas!

 

OBRERO: (Tartamudea) El quince.

 

MUCHACHA: Negra, aquí está el que gusta. ¡Los golosos!

 

MUJER: ¡Qué rico!

 

UREÑA: (A Carlos) Ese es el sesenta y nueve.

 

MUCHACHA: ¡El jorobadito!

 

MUJER: El nueve.

 

MUCHACHA: ¡Y el culito se le mueve!

 

UREÑA: ¡Espérese! ¡Espérese! ¡No vaya tan ligero! ¿No ve m´hijita que mi compañero se queda  atrás?

 

MUCHACHA: Que no sea “maniado” el guasito.

 

OBRERO: (Tartamudea) Puta que es “agilao”.

 

UREÑA: Ya pu´no lo agarren de “pato casero”.

 

MUCHACHA: ¡Par de trenes!

 

OBRERO: (Tartamudea contento) ¡Terna!

 

MUCHACHA: Tiene una suerte el moca... Ya me cansé. Ahora voy a cantar más rapidito, porque tengo que darle la teta a la guagua.

 

CARLOS: ¡Chita! La suertecita de la guagua.

 

UREÑA: Se va a empachar la pobre con tanta teta.

 

MUCHACHA: Chistosito, el concha su madre... Vamos mejor con los últimos números (Grita rápido) ¡El uno!

 

UREÑA: (A Carlos) Ese es el uno cabrito.

 

MUCHACHA: ¡El tres!

 

UREÑA: (A Carlos) Ese es el tres.

 

MUCHACHA: ¡Alí Babá!

 

UREÑA: Ese es el cuarenta.

 

MUCHACHA: ¡Los doce apóstoles!

 

UREÑA: El doce.

 

MUCHACHA: ¡Par de patitos!

 

MUJER: Mi edad, veintidós.

 

MUCHACHA: ¡El viudo! ¡Caga torcido! ¡Collera de gringos!

 

OBRERO: (Tartamudea jubiloso) ¡Loota! ¡Loota! ¡Por la gran puta! ¡Por la gran puta!

 

MUCHACHA: ¡Chucha, la suerte de este güeón! Ven pa´ca “moquita”, deja darte tu premio.

 

(El obrero sale persiguiendo a la muchacha. Risas. Se escuchan en off: gritos, caballos y persecución. Todos salen de escena a mirar. En otro plano entran dos guardias persiguiendo a un hombre).

 

GUARDIA1: ¡Ladrón! ¡Indio maricón!

 

(Lo azotan con correas).

 

INDIO: ¡Socorro! ¡Auxilio! ¡Perdón!.

 

GUARDIA 2: ¡Ahora vai aprender quién manda aquí! ¡Indio de mierda!

 

(Entran corriendo Carlos y Ureña).

 

CARLOS: ¡Suéltenlo cobardes!

 

(A uno de los guardias le arrebata la correa. Ureña le pega al otro un puñetazo. Se siente unos disparos. Cae herido Ureña).

 

UREÑA: ¡Me jodieron, mierda! ¡Me jodieron! Escapa...

 

(Siguen los disparos. Carlos escapa. Apagón).

 

 

XI ESCENA: PERDIDO EN EL DESIERTO.

 

 

JOVEN DE LA MALETA: Ese fin año de 1924, mi madre la pasó negra. Se la pasó llorando días enteros. Fueron más de dos meses que no tuvo noticias de mi padre. El estaba escapando, perdido por algún recoveco de la pampa.

 

(En tres planos diferentes la gitana, Carlos y Timona hablan de manera  alucinante. Se escucha de fondo campanillas. Se proyecta la imagen de un paraje solitario).

 

CARLOS:(Solloza) ¡Timona! ¡Mi Timona! ¿Por qué...por qué? Cuando tú me lo dijiste:”Veas lo que veas, muérdete, muérdete “Yo...yo ¿Qué tenía que meterme?

 

TIMONA: ¿Qué es de Carlos? Un mes que no sé una palabra de él. ¿Está muerto? ¡Quiero saber la verdad!

 

GITANA: Se perdió en el desierto. Allá está delirando. Extraviado en la soledad. Muriendo como un animal perdido en un infierno de agujeros.

 

CARLOS: ¡Ureña! ¡Pobre negro! ¡Dios mío! ¡En la que nos vinimos a meter!

 

TIMONA: Pero, ¿qué pasó? ¿Qué pasó? ¿Lo mataron? No me mienta.

 

CARLOS: Si camino contra el sol, tengo que encontrar el sol, tengo que encontrar  una carretera o una línea férrea.

 

TIMONA: ¡Carlos! ¡Por Dios escúchame! ¡Aquí estoy!

 

GITANA: ¡Larga, larguísima soledad!

 

CARLOS: ¡Chola! ¡Cholita! ¡Señor! ¡Señor! ¿Quién me sacará de aquí?

 

TIMONA: Carlos, llevo en mis entrañas parte de ti. Nacerá, será hombre o mujer y alumbrará mis días.

 

CARLOS: ¡Un hijo! ¡Un hijo! ¿Por qué no me lo dijiste antes? ¿Por qué?...

 

TIMONA: Tú hijo que siempre soñaste viene lleno de luz. Tienes que verlo. Carlos, ¿dónde estás?

 

CARLOS: ¡Esas voces me atormentan! ¡Me estoy volviendo loco! ¡Esto no es verdad!

 

GITANA: ¡Aléjate ponzoñosa muerte! ¡Aún es temprano!

 

CARLOS: ¡Timona, cholita!

 

TIMONA: (Grita) ¡Carlos, ven por favor!

 

 

XII ESCENA: LA CORUÑA.

 

 

JOVEN DE LA MALETA: Luego que mi padre y mi madre se encontraron en el desierto, se fueron juntos a la Coruña a rehacer sus vidas… Claro que la bienvenida no fue la que ellos esperaban. Las injusticias y las necesidades aumentaban día a día, al igual que el descontento de los trabajadores.

 

MUJER 1: (Suplica) ¡Don Lucho por favor, véndanos leche!

 

LUCHO: No hay leche, coño, puñeta. No hay leche.

 

(Timona lleva en sus brazos un bebé).

 

TIMONA: ¿Cómo que no hay leche?  Sabemos que tiene llenas las bodegas de mercadería. Qué poco pedimos  nosotros. Y aún esto se nos niega.

 

LUCHO: No hay leche. ¿No entienden? O no hablo castellano ¡Que joder!

 

MUJER 2: Pero nosotras necesitamos leche. Usted sabe que tenemos niños chicos y ellos necesitan ese alimento.

 

LUCHO: ¡Vaya! ¿Y qué me importa a mí eso? ¿Me voy a volver leche yo? ¡Quieren que yo me vuelva leche! Lo que pasa es que no hay leche. Se acabó. ¿Comprenden, tozudas?

 

TIMONA: ¡Mentira! Nosotros sabemos que hay muchos cajones en la bodega.

 

LUCHO: Largo de aquí me sacan de quicio (Las empuja con violencia) ¡Fueraa! ¡Fueraa!.

 

MUJER 3: ¡Suelta desgraciado!

 

MUJER 4: ¡Coño muerto de hambre!

 

(El hombre empuja a las mujeres y sale).

 

TIMONA: ¡Coño hijo e´puta!

 

(Gritan insultos todas las mujeres. Se ilumina otro plano a un grupo de hombres protestando).

 

CARLOS: ¡Compañeros, calma! Tenemos que esperar que llegue el jefe de oficina. El contador no está autorizado para...

 

HOMBRE 1: ¡Desgraciados! Nosotros no vivimos del aire.

 

HOMBRE 2: ¡Pulmoneros! ¡Chupasangre!.

 

CARLOS: Tranquilos compañeros. Nada ganamos con ofuscarnos. En último término, podemos decretar el paro.

 

TOODOS: Sí. ¡Vamos al paro! ¡Al paro! ¡Todo o Nada!

 

 

XIII ESCENA: AIRES DE TORMENTA.

 

 

JOVEN DE LA MALETA: Luego del suicido de Luis Emilio Recabarren, el 19 de diciembre de 1924, nubes y confusiones entorpecieron las mentes de todos. Ese año terminó malamente. Era tanto el desaliento que un dirigente obrero llamó a una reunión en la FOCH, a principios de 1925.

 

BORJA: Don Reca no está muerto, porque los hombres ilustres no mueren jamás. Esos viven eternamente en el pensamiento de los hombres y mujeres.

 

VELIZ: Claro pues, queda su ejemplo y su obra, que no puede morir. Hagámonos dignos de ella.

 

CARLOS: No podemos echarnos a morir. Eso sería olvidar sus enseñanzas. Por eso estamos aquí y no vamos a desteñir, menos ahora. Y como lo primero es lo primero, elijamos al delegado de la Foch en la Coruña.

 

ROMERO: Usted, pues, compañero. Usted.

 

(Los demás lo apoyan).

 

CARLOS: No, no se apuren. Despacito y buena letra. Hay compañeros con mejores condiciones que yo. Borja, don Baudi y el maestro Bravo, son tres hombres calados.

 

TODOS: ¡No, no, usted no más!

 

FLORA: (Sonríe) Garrido, no nos tire el muerto a nosotros.

 

BORJA: Yo renuncio. Yo no sirvo para mandar.

 

CARLOS: La cosa es demasiado seria para que la resolvamos así. Pido votación.

 

TODOS: ¡De acuerdo! ¡De acuerdo!

 

ROMERO: ¡Chi! Qué nos demoramos.

 

FLORA: Levanten la mano los que apoyan al compañero Carlos Garrido.

 

(Todos la levantan).

 

BORJA: ¿No ve? ¿No ve?  Si no había caso con usted. Era carrera corrida.

 

VELIZ: (Ríe) Nos tenía comprado a toditos.

 

CARLOS: Silencio, silencio compañeros. Gracias por esta demostración de confianza. Pero no se olviden que nada puedo hacer yo, si ustedes no me respaldan.

 

TODOS: ¡Estamos dispuesto apoyarlo! ¡No tenga cuidado!

 

CARLOS: El primer punto de la tabla es nuestro pliego de reclamos. Ofrezco la palabra. Hasta ahora hemos perdido, “pero la tortilla se les puede dar vuelta”.

 

BORJA: Si ellos pueden, nosotros también podemos presionar.

 

CARLOS: (Gatilla en el aire los dedos) Pero nosotros no tenemos esto.

 

(Saca del bolsillo del pantalón una dinamita).

 

BORJA: Pero tenemos de esto.

 

CARLOS: (Imperativo) Guarde eso. Nuestras armas son otras.

 

VELIZ: ¿Cuáles?

 

CARLOS: La huelga general.

 

TODOS: Sí. ¡La huelga general!

 

(Los personajes corean: ¡Huelga, huelga! Se desplazan por toda la escena. Salen. Se ilumina el sector neutro).

 

JOVEN DE LA MALETA: El 17 de enero de 1925, Elías Lafertte, envía una carta al intendente denunciando la actitud provocadora de los Industriales. En ella advierte: Los industriales para soportar el duro impacto del salitre artificial, han echado mano del arbitrario recurso de cercenar los salarios del obrero, so pretexto del ahorro obligatorio. Esta provocadora actitud es sumamente peligrosa, debido al alza experimentada por los artículos de primera necesidad. Por otra parte, deben saber los empresarios y las autoridades, que el pueblo no acepta ni aceptará estos atropellos. La Federación Obrera de Chile, consciente de sus responsabilidades, vigila. Y si los encargados de resguardar los intereses de Chile se han olvidado de sus obligaciones, la clase trabajadora organizada sabrá cumplir con su deber. Este memorial cayó como una bomba de tiempo en las Compañías. La ola de represión arrasó con los dirigentes sembrando el pánico y el dolor en esta tierra desolada.

 

(Cambio de luz. Es de noche en la pampa. Hace mucho frío).

 

CARLOS: ¡Cresta! con esta camanchaca no se ve nada. Debías haberte quedado en casa. Que porfiada soy.

 

TIMONA: No podía. Bien sabes que no podía dejarte solo.

 

CARLOS: Mira la helada que hace.

 

(De pronto dos focos relumbran a lo lejos).

 

TIMONA: Ojalá que sea el Administrador.

 

CARLOS: Ojalá.

 

(Se ocultan. Se sienten las cabalgaduras. Reflectores cruzan la escena).

 

BORJA: (Susurra) Carabineros.

 

(Se aleja el sonido de los caballos. Siguen la caminata y se encuentran con una pareja).

 

CARLOS: ¿Quién va?

 

MUJER: ¡Jesús!

 

TIMONA: No se asuste. Somos nosotros.

 

MUJER: ¿Ustedes?

 

CARLOS: Sí. Nosotros: Timona, Borja y Carlos.

 

JOSE: ¡Quiubo! ¿Vienen también para que los apaleen?

 

TIMONA: ¿Por qué? ¿Qué pasó?

 

MUJER: ¡Chist! No hablen tan fuerte.

 

JOSE: Esta mañana casi molieron a garrotazos a la gente de San Pablo. Fue una salsa en regla.

 

BORJA: ¿Pero por qué?

 

MUJER: Porque se opusieron a que detuvieran a varios dirigentes, y entonces las emprendieron con todos.

 

JOSE: Hay como treinta heridos graves botados en plena pampa.

 

TIMONA: ¡Qué horror! ¿Y por qué no los socorren?

 

JOSE: Nosotros quisiéramos, pero al primero que pase para allá le menearán balas.

 

CARLOS: ¿Y la Foch?

 

JOSE: Ya no hay tal Foch. Ahora está ahí el cuartel de policía.

 

TIMONA: ¡Cuidado vuelven los carabineros!

 

(Otra vez las luces iluminan la oscuridad buscando a alguien).

 

BORJA: Ahora más que nunca tenemos que ir al paro.

 

CARLOS: Eso me preocupa. Si fueran todas las oficinas las que estuvieran metidas en el conflicto, la cosa cambiaría, pero un paro aquí en este solo sector, no lo veo claro.

 

JOSE: No te pongas pesimista. Aunque el paro no sea general, yo sé que las otras oficinas nos apoyarán de inmediato.

 

CARLOS: ¡Viejito! Usted sabe que nada sacamos con meternos a encachados cuando sabemos que por hacernos los guapos, nos acribillarán sin piedad.

 

BORJA: ¿Y nosotros, por eso, nos vamos a cruzar de brazos? La dinamita también saca roncha.

 

MUJER: ¡Y dale con la misma cuestión!

 

(Comienza a escucharse vehículos que trasladan armamento pesado. Todos se ocultan. Un seguidor alumbra por todas partes. Se siente una ametralladora a lo lejos. Apagón).

 

 

XIV ESCENA: LA TORMENTA SE DESATA.

 

 

(Se da la luz en el tercer plano y aparecen todos los obreros gritando).

 

TODOS: ¡Pan, pan! ¡Pan, pan! ¡Queremos pan! ¡Que salga Garrido! ¡Garridooó! ¡Garridooó! ¡Garridooó!.

 

CARLOS: (Entra a escena) ¿Qué pasa compañeros?

 

HOMBRE1: Lo que pasa no tenemos que comer.

 

MUJER 1: Queremos pan y leche para nuestros hijos.

 

HOMBRE 2: ¿Cómo te fue con la mercadería que ibas conseguir?

 

CARLOS: ¡Estamos jodidos! Anoche no pudimos comprar la mercadería en la otra oficina. Nos corrieron a balazos.

 

TODOS: ¡Hijos de puta!

 

CARLOS: Es la verdad. Nos balearon.

 

MUJER 2: ¿Y ahora qué vamos hacer?

 

CARLOS: Ahora a la pulpería. Será nuestra, pase lo que pase.

 

TODOS: ¡Bravo! ¡Viva Carlos Garrido!

 

(La multitud grita: ¡Pan. pan. pan!).

 

JOVEN DE LA MALETA: El gentío hambriento no vaciló un instante. Hombres y mujeres corrieron hacia los amplios galpones, entraron en el salón de amasijo y echaron abajo la puerta que separaba la panadería de la carnicería.

 

(Los hombres avanzan gritando. Sale el español, dispara contra la multitud. Se produce una vacilación. Carlos le dispara al hombre y lo mata).

 

MUJER 2: ¡Miren, se escapan los demás empleados! ¡A ellos!

 

(La turba grita y sale corriendo detrás de los empleados. Disparos. Transición. Se ilumina en otro espacio a Carlos y Timona).

 

CARLOS: ¿Y el niño?

 

TIMONA: Lo tengo en casa.

 

CARLOS: Tráelo para acá.

 

TIMONA: ¿Crees tú que será mejor?

 

CARLOS: Sí, tráelo. Aquí nos acomodaremos. Si el coño no tuvo la valentía de quedarse en la pulpería, alguien lo tiene que reemplazar. Trae al niño.

 

TIMONA: Está bien (Sale).

 

CARLOS:(Soliloquio) ¿Querían pelea? Tendrán pelea ¿Querían sangre? Tendrán sangre. Yo no me he metido en esto por puro gusto. (Grita hacia afuera) ¡Don Cayetano!.

 

CAYETANO:(Entra) Aquí estoy Carlitos.

 

CARLOS: Todo lo que hay acá debe quedar anotado. ¿Estamos claro?

 

CAYETANO: Como el agua.

 

CARLOS: ¿No ve que mañana nos pueden venir con el cuento de que hemos saqueado los almacenes? La compañía nos debe plata y nos estamos pagando, y si nos pasamos, reconocemos la deuda.

 

CAYETANO: De acuerdo, compañero.

 

CARLOS: (Llama a los demás) ¡Compañeros, vengan un rato!

 

(Entran a escena los demás obreros)

 

CARLOS: Hay un punto que quiero abrir el debate es la muerte del coño. Yo no niego que lo maté...

 

BORJA: ¡Lo matamos!

 

CARLOS: Lo maté. Estoy bien seguro de ello y no me arrepiento. Lo merecía. ¿Qué otra cosa podíamos hacer?

 

TODOS: ¡Nada! ¡Nada!.

 

MUJER 1: Usted lo único que hizo fue defenderse.

 

MUJER 2: ¿Cuántas veces no nos sacó a empujones de la pulpería el coño maricón?

 

MUJER 3: ¡Abusaba de la debilidad de los pobres!

 

CAYETANO: El coño estaba alzado y había que darle su merecido.

 

CARLOS: Así es...

 

(Entra la Timona con el niño en los brazos. Mira a Carlos orgullosa. Luego deja al bebé a una caja).

 

CARLOS: Otro asunto, hace rato que me pregunto en qué va a terminar esta trifulca. Francamente no lo sé. Pero por lo que pueda ocurrir, tenemos que alistarnos. Es necesario armar un grupo de obreros que estén al “aguaite”. ¿Quién se ofrece voluntario para esta misión? (Ninguno responde) ¿Nadie quiere guardia de defensa? Díganlo, díganlo no más. Yo estoy para hacer lo que ustedes resuelvan.

 

RUBEN: ¿Me permite compañero? Creo que la gente está dudosa de su convite, porque tiene miedo que se crea que nosotros estamos dispuestos a armar camorra.

 

CARLOS: A armar camorra no, pero a defendernos sí... Todos estamos en ésta para defender nuestros derechos. Como los empresarios no cumplen con los tratados, hemos decido ir a la huelga. El patronato se niega a desaparecer las infames ‘fichas-salario’ y los ‘vales’, y no quiere escuchar hablar de una reducción a ocho horas de trabajo. Estos problemas nos atañen a todos. Por eso, ciento treinta oficinas ya se han plegado al paro, lo que significa lisa y llanamente la paralización de las exportaciones de salitre...

 

TIMONA: ¿O pretenden acaso que se repita lo que pasó hace dos meses atrás en Marusia, cuando arrasaron con numerosos dirigentes y los llevaron sabe Dios dónde?

 

TODOS: ¡Eso no, no!

 

TIMONA: ¿Entonces?

 

MUJER 1: Tienen toda la razón Garrido y la Timona.

 

MUJER 2: Que los hombres se pongan los pantalones y que se dejen de mariconeos.

 

MUJER 3: ¡Tenemos que defendernos! ¡Vamos!.

 

MUJER 1: ¿Hasta cuándo vamos a tolerar que nos pisoteen?

 

MUJER 4: ¡No vamos a defender hasta el último momento!

 

TODOS:(Gritan) ¡Todo o nada!

 

(Todos salen de escena gritando consignas).

 

JOVEN DE LA MALETA: Desde mediados del mes de mayo, de 1925, llegaron fuerzas de línea a Tarapacá y Antofagasta. Estas maquinaciones provocaron una huelga de 24 horas en las Oficinas La Coruña, Argentina, Barrenechea, San Enrique y otras. Entonces las fuerzas represivas iniciaron la refriega y en las oficinas sublevadas fueron masacradas miles de personas.

 

(Se ilumina la escena. Se escucha el soplar del viento en la pampa que aumenta a medida que trascurre la acción).

 

CARLOS: ¡Cholita, te suplico, ándate al tiro con el niño!

 

TIMONA: (Decidida) ¡Yo no salgo de aquí! o te olvidaste que en mi pecho llevo clavada la ira y el dolor de muchos hermanos. Así como en la Escuela Santa María, lucharé hasta el último momento.

 

CARLOS: Cholita, te quiero, te quiero porque estas viva. Y aunque me muera te seguiré queriendo, pero esto no es un juego. Esta es una lucha a muerte.

 

TIMONA: Yo también por tu alma te quiero.

 

CARLOS: Timona, entiende después de ésta, quizás, nadie quede para contar la historia.

 

TIMONA: Lo sé, lo sé. No es la primera vez que asisto a una masacre.

 

CARLOS: No seas porfiada. Yo me puedo escapar solo; pero con ustedes ¿cómo cruzo las barreras militares con una mujer y un niño?

 

TIMONA: Es inútil. No insistas. Me quedo hasta últimas consecuencias.

 

CARLOS: ¿Te quedai?

 

TIMONA: (Muy segura) ¡Sí, me quedo!

 

(Carlos, la golpea con un rápido y corto gancho a la barbilla. Ella se desploma como un maniquí al suelo).

 

CARLOS: ¡Perdóname cholita! No tenía más remedio.

 

(La besa. Transición. Grita).

 

CARLOS: ¡Don Cayetano! ¡María!

 

CAYETANO:(Entra) ¿Qué pasa compañero? (Mira a Timona) ¿Qué le pasó a la Timona?

 

MARIA: (Entra) ¡Santo Dios qué le pasó a la compañera!

 

CARLOS: No tengo tiempo para explicarles. Por favor, llévense a la negrita y al niño. Escapen rápido fuera de la oficina.

 

CAYETANO: Pero usted compañero...

 

CARLOS: No hay nada más que hablar. Si me tienen algo de estima, háganme este  favor... ¡Vamos, váyanse al tiro que ya va empezar la trifulca!

 

CAYETANO: Carlitos, tome quédese con mi cantimplora. (Le da una cantimplora)Va necesitar pegarse sus buenos tragos para levantar el ánimo.

 

CARLOS: Gracias. Y ahora váyanse de aquí.

 

(Cayetano toma en sus brazos a Timona y la carga. María toma al niño que está en la caja. Carlos besa en los labios a Timona.  Cayetano se lleva a la mujer fuera de escena).

 

CARLOS: ¡Espere, María! Tome,  quiero que le entregue esta carta a Timona. Ojalá algún día pueda leérsela a mi hijo. (Sale María)  ¡Pobre! Te ibas a casar con un general y se cumplió tu destino. Vamos a luchar hasta la muerte. Seremos ejemplo de coraje en la historia de este país.

 

(Cambio de luces. Comienza a sentirse un sonido parecido a una manada de toros salvajes. El ruido de los animales se transforma en tambores de guerra. Disparos y cañonazos. Aparecen los obreros armados en una barricada. La matanza puede ser una coreografía violenta y surrealista).

 

HOMBRE 1: ¡Nos bombardean!

 

MUJER 1: ¡Mamacita linda! ¿Qué ira a ser de nosotros?

 

HOMBRE 2: ¡Nos jodieron! ¡Nos jodieron!

 

HOMBRE 3: ¡Cabrones! ¡Hijos de perra!

 

MUJER 2: ¿Qué irá a ser de nosotros, Jesús mío?

 

MUJER 3: ¡Sálvese!... ¡Sálvese Garrido!...¡Sálvese!...

 

CARLOS:(Grita) ¡Hijo, hijo mío! ¡Que no te pille la máquina! ¡Que no te venza la adversidad! ¡Timona! …¡Timona!... ¡Cholita!…¡Timona, cuida a nuestro hijo!...

 

(Se escucha de fondo el piano interpretando el tema “La Martiniana”. Los caídos  se levantan y cruzan el escenario repitiendo en un eco de voces: ¡Cuídalo! En la panorámica se proyecta la imagen de muchas cruces).

 

 

XV ESCENA: EPILOGO.

 

(Aparece Timona, vestida de negro, lleva  a un niño en espalda, sujeto a una manta. Parece como trastornada. Se detiene. Mira al horizonte. Desata la manta y alza al niño).

 

TIMONA: ¡Calladito! ¡Calladito! ¡Mi huairurito! Es lo único que me han dejado, pero es bastante. Lo único que espero que seas un digno hijo de tu padre. ¿Cierto querido?

 

VOZ 1: ¿Qué no es la Timona?

 

VOZ 2: ¡Claro que es la Timona!

 

VOZ 3: ¡Compañera! ¡Compañera!.

 

VOZ 4: ¡Somos de la Noria!

 

VOZ 5: ¡Somos de Bellavista!

 

VOZ 6: ¡Somos de Santa Lucía!

 

VOZ 7: ¡Somos de la Foch!

 

VOZ 8: ¡Somos de la Coruña!

 

VOZ 1: ¡Somos de Iquique!

 

VOZ 2: ¡Todos compañeros tuyos!

 

(Timona al escuchar las voces comienza a iluminarse su semblante y cambia la actitud. Ahora es más segura y consciente).

 

TIMONA: ¡Qué suerte! No saben la alegría que me provocan.

 

VOZ 1: A nosotros también  ¿Y para dónde marcha?

 

TIMONA: ¡Para Pintados!

 

VOZ 2: No se apure entonces compañera. Vamos con usted.

 

VOZ 3: Somos una muralla de corazones...

 

VOZ 4: Dispuesta a oponerse a todos los designios.

 

TIMONA: Hijo, hemos sido hasta ahora los más desamparados del mundo. Desamparados, mientras no conocíamos nuestra capacidad de lucha y la fuerza de nuestra acción solidaria. Y de repente descubrimos que no sólo somos una parte del mundo, sino la parte más importante, a pesar de nuestro abandono. Que poco pedimos nosotros ¿cierto hijo? Pero cuando usted sea grande, el mundo ya habrá cambiado. Escucha, hijo, tú eres la esperanza, la semilla que se abre paso en los surcos de una nueva vida. Sí, de una nueva vida...

 

(La luz se hace brillante. Se escucha el canto final).

 
VAMOS POR EL ANCHO CAMINO
 
Celso Garrido Leca y Víctor Jara
 
Ven, ven conmigo ven.
Ven, ven conmigo ven.
Vamos por ancho camino
nacerá un nuevo destino, ven.
 
Ven, ven conmigo ven.
Ven, ven conmigo ven
Al corazón de la tierra
germinaremos con ella, ven.
 
El odio quedo atrás.
No vuelvas nunca,
sigue hacia el mar.
Tu canto es río, sol y viento.
Pájaro que anuncia la paz.
 
Amigo tu hijo va,
hermano tu madre va,
Van por el ancho camino
Van galopando en el trigo, van
 
Ven, ven conmigo ven.
Ven, ven conmigo ven
Llego la hora del viento
Reventando los silencios, ven.
 
El odio quedó atrás.
No vuelvas nunca,
sigue hacia el mar.
Tu canto es río, sol y viento
Pájaro que anuncia la paz.
 
Ven, ven conmigo ven

Ven, ven conmigo ven

 

 

 

 

TELON

 

BOLERO DE SANGRE

 

(2008)

 

(Fue lo que pudo haber sido y no fue)

 

 

PERSONAJES:

 

 

ARTURO: 60 años

RUBELINDA: 58 años

CAROLINA: 25 años

HERIBERTO: 26 años

GUITARRISTA 1: No tiene edad

G UITARRISTA 2: No tiene edad

 

 

 

 

(La acción transcurre en un espacio indefinido. La atmósfera es fantasmagórica. Algunos muebles de lo que fue una cantina. Al empezar la obra   se escucha un saxo triste interpretando el bolero de Bobby Capó “Poquita Fe”; luego la melodía se fusiona con la voz  y el sonido de las guitarras, ejecutadas por dos hombres vestidos rigurosamente de negro y de expresiones dramáticas. En la penumbra se divisan las siluetas de  los  demás  personajes.  Al  terminar  el  tema  musical  los guitarristas se miran lúgubres, enseguida de sus bolsillos sacan grandes pañuelos y secan unas imaginarias lágrimas. Dejan sus guitarras en una mesa y levantan unas copas de vino, con ellas se dirigen al público y beben después de cada intervención).

 

 

ESCENA I: LLANTO DE COCODRILO.

 

 

GUITARRISTA 1: Esta noche estamos reunidos para conmemorar un año más de la desaparición de la cantina con más tradición en este puerto, me refiero a “Poquita Fe”.

 

GUITARRISTA 2: “Poquita Fe”, nombre que repiquetea a triste esperanza y manipulada caridad.

 

GUITARRISTA 1: Y aunque el tiempo pase y convierta en polvo los recuerdos, tengo la certeza  que desde los escombros volverá a surgir ese viejo rincón donde muchas veces borrachos salimos a perseguir la madrugada.

 

GUITARRISTA 2: Porque usted debe saber que quien pierde la fe ya no puede perder más.

 

GUITARRISTA 1: Estas viejas añoranzas que arden en melancolía, siguen su camino  con  la  perversa  intención  de  removernos algún  enrollado recuerdo y así hacernos llorar a “moco tendido”.

 

GUITARRISTA 2: Y no olvide que en la fe no hay espacio para la desesperación ni el llanto de cocodrilo.

 

GUITARRISTA 1: Por  esta  apasionada  aspiración  de  querer  ver  lo que no existe, mi corazón se reanima  y vuelvo esta noche a encontrarme con aquella cantina en donde el hígado no existía y el humo era libre.

 

GUITARRISTA 2: (Mira al otro) Compañero, parece que hay demasiada congoja en este vino y resaca de todo lo bebido.

 

GUITARRISTA 1: Tienes  razón,  las  copas  nos  hacen  resurgir  sepultadas historias escritas con sangre, con tinta sangre del corazón.

 

GUITARRISTA 2: Cualquier  palabra  más  que  digamos  es  igual  a  estar ausente.

 

GUITARRISTA 1: Es mejor disfrutar en silencio los brumosos sueños que cuelgan  de  la  pared  del  recuerdo.  Compañero,  en  esta hora de la ceniza es necesario buscar un pecho fraterno. ¿Bailamos?

 

GUITARRISTA 2: Sí,  bailemos.

 

(Bailan.  Se  vuelve  a  escuchar  en  saxo interpretando el bolero “Poquita Fe”. Se va extinguiendo la luz del cenital).

 

 

ESCENA II: ENGAÑOS Y DESENGAÑOS.

 

 

(Se da la luz. La atmósfera del bar es irreal. Carolina se encuentra junto a Arturo, quien mantiene la mirada vaga en el horizonte, sentado en una mesa).

 

CAROLINA: Don Arturito, usted como siempre tan puntual  para llegar a su cita.

 

ARTURO: Por supuesto, si tú me dices ven lo dejo todo. Si tú me dices ven será todo para ti.

 

CAROLINA: (Ríe) ¡Qué buena labia tiene!

 

ARTURO: Esta es la ruta que estaba marcada. Sigo insistiendo en tu amor que se perdió en la nada.

 

CAROLINA: Siga esperando no más.  Usted  sabe  que  aún  muerta sigo casada, así por lo menos dice mi madre. Aunque debo confesarle que en vida me hubiera gustado haber tenido un compañero romántico y florido para hablar. Lamentablemente estuve amarrada con un tipo bruto que nunca estuvo a mi lado.

 

ARTURO: No te quejes, por lo menos él tenía un sueldo seguro y ayudó a tu madre. En cambio para qué me sirvió a mí ese romanticismo añejo. Para nada. Carolina, recuerda que en esos tiempos todos vivían con  el alma fría. Lo único que les interesaba era el dinero. Tal vez ellos murieron antes que nosotros y ahora están en el infierno. Ellos no tenían corazón porque se les había terminado desde hace tiempo el deseo de amar.

 

CAROLINA: Don Arturo, esa ausencia de amor también la viví en carne propia.

 

ARTURO Probablemente también te diste cuenta que sin un amor la vida no se llamaba vida. Sin un amor el alma vive derrotada, desesperada en el dolor, sacrificada sin razón. Sin un amor no tenemos salvación.

 

CAROLINA: Siempre me acuerdo que usted mucho hablaba del amor. Pero después que su mujer lo dejó, nunca más lo vimos con otra pareja.

 

ARTURO: No me hables de aquello que me trae malos recuerdos. Ahora, en este rincón de muertos, menos necesito de la compañía de una mujer. Únicamente me basta mis dos fieles amigos: el vino y los boleros (Canta).

 

LA PUERTA

 

Luís Demetrio

 

La puerta se cerró detrás de ti

y nunca más volviste a aparecer.

Dejaste abandonada la ilusión

que había en mi corazón por ti…

 

(Rubelinda le hace una señal a Carolina  para que  le traiga algo de comer a Arturo. Carolina asiente).

 

CAROLINA: Don Arturito, arriba el ánimo, no se me ponga triste como antes. Le traigo de inmediato algo rico para que coma y calle (Sale).

 

ARTURO: (Soliloquio)  Pasaron  desde  aquel  ayer  ya  tantos años, dejaron en su gris correr mil desengaños (Al darse cuenta que no hay música, grita) ¡Qué pasa con “Los Inolvidables”!. ¿No van a seguir cantando?

 

RUBELINDA: Don Arturito ya no existe “Los Inolvidables”. Hace mucho tiempo que desaparecieron. Quién sabe dónde estarán.

 

ARTURO: Pero recién los escuché cantar “Poquita Fe”.

 

RUBELINDA: Es el eco que nace de estas paredes angustiadas. Son las voces de las almas pérdidas que nos acompañan en nuestra última morada. (Ambos se miran con resignación). Pero no se preocupe aún me queda algunos discos de boleros que no los devoró el incendio. ¿Qué quiere escuchar?

 

ARTURO: A  ver,  tiene  algún  disco  del  inmortal  José  Alfredo Jiménez.

 

RUBELINDA: Creo que sí.

 

(Busca en una maleta y saca un disco. Va y lo coloca en un tocadiscos antiguo. Se escucha el tema “Pa´ todo el año” José Alfredo Jiménez. Carolina  vuelve con un plato de comida y lo coloca en la mesa de Arturo).

 

CAROLINA: Don Arturito aquí tiene la especialidad de la casa para que picotee. Como siempre está como usted le gusta: frito con el aceite quemado de un año.

 

ARTURO: (Sonríe) Gracias. Total en el patio de los callados la comida chatarra ya no me puede hacer mal...

 

(Carolina se ríe y sale de escena. Rubelinda se acerca a la mesa de Arturo con un libro de contabilidad medio quemado). 

 

RUBELINDA: Don Arturo, no le molesta que le haga compañía, aquí se está más cómoda.

 

ARTURO: (Toma un diario) Está en su casa, doña.

 

(Rubelinda le sirve vino a Arturo. Mira el libro de contabilidad. Silencio breve. Los diálogos de ambos personajes no estarán conectados en esta escena).

 

RUBELINDA: ¡Aquí está la madre del cordero!  ¡Está más claro que el vino tinto! Estas deudas fueron la causa que terminaron por volverme loca.

 

ARTURO: (Lee)  Sin  discursos,  pero  con  muchos  recuerdos fue despedido en la tarde de ayer  Arturo Martínez, popular cantante de boleros de la bohemia de este puerto.

 

RUBELINDA: En  esos  días  estaba  desesperada. Los  intereses  de  la financiera sepultaron mis últimas ilusiones.

 

ARTURO: (Lee) Ante familiares, escritores, pintores, músicos, amigos y antiguos parroquianos de la desaparecida cantina “Poquita Fe”, el diácono realizó un breve acto litúrgico que concluyó con las estrofas del canto yo les resucitaré en el día final.

 

RUBELINDA: La culpa de todo la tuviste tú viejo de mierda. Me dejaste empeñada  hasta  mis  sacros  huesos.  Al  final no  pude responder a los compromisos y “Poquita Fe” se fue a la mierda.

 

ARTURO: (Lee)  Fue  un  acto  simbólico,  porque  la  cremación se realizará después que la  autorice un juez.

 

RUBELINDA: Desgraciado, te hiciste famoso por mujeriego y viciosos jugador.  Puteaste  tanto  o  más  que  Daniel  Santos.  Y de pronto, en una noche traicionera, te dio el ataque al corazón. Y ahí quedaste más tieso que Tutankamón. Tu muerte fue de un solo tiro, como un disparo certero de un francotirador de Al Qaeda.

 

ARTURO: (Lee) Quienes  le  vieron  en  las  últimas  semanas lo consideraron   como   un   ser   solitario   y   tímido,   que últimamente presentaba fuertes síntomas de depresión e incluso rasgos de un trastorno más severo.

 

RUBELINDA: Fueron diez años de agonía y de huelga de hambre contra el mundo. Fue un tiempo de quijotadas y de sacrificios. De pactos y negociaciones con el demonio para evitar la catástrofe. Además, todas las noches no podía dormir, tenía pesadillas por las deudas y por haber permitido que mi hija perdiera la virginidad con ese “viejo verde”.

 

ARTURO: (Lee) Su decisión de quitarse la vida, ingiriendo una copa de veneno, fue recibida con asombro entre sus amistades. Algunos cercanos comentaron que en vida fue un cantante frustrado  y  un  hombre que  sufrió  un  duro  desengaño amoroso.  Esta  situación  se  agravó después  de  perder  a sus mejores amigos en el terrible siniestro ocurrido hace algunos meses atrás en la cantina “Poquita Fe”, recinto ubicado en el populoso barrio portuario.

 

RUBELINDA: Viejo, te quería como a nadie te ha querido. Te adoraba ciegamente como a Dios; te burlaste de mi amor y de mi vida, te reíste de mi llanto por tu amor. (Con rabia) Fui tu fiel compañera, prostituta y paño de lágrimas. Te di mi vida y  para qué: para sufrir sólo tormentos.

 

ARTURO: (Deja el diario y proyecta al vacío) Quiero que sepas mujer que es imposible seguir viviendo de esta manera; yo te agradezco con toda el alma tu noble empeño y te prometo sentirme fuerte cuando digas que no me amas, que es para otro tu corazón.

 

RUBELINDA: (Proyecta al vacío) Juro quitarme la vida para olvidarte, pero  prometo  resucitar  en  tres  días  más,  porque  hay amores que se vuelven resistentes a los azotes masoquistas y a las balas pérdidas.

 

(De la sombra aparece el Guitarrista 1, porta un cáliz).

 

GUITARRISTA 1: (Con unción apostólica) Hermanos: Soy el oficiante mayor de esta misa del olvido. Suministro el brebaje embriagador para expiar las culpas escondidas y corregir los cuerpos más torcidos de la vida. Perdono los pecados, sin imponer más penitencia que el recuerdo eterno de lo perdido. Tomad y bebed, esta es mi sangre sagrada.

 

(Invita a beber a ambos. El hombre  lo hace con devoción y ella con placer. Aparece el Guitarrista 2 y canta en tono sacro “La Copa Rota”, de José Feliciano).

 

RUBELINDA: (Bebe) Licor mío, sangre de mi Dios, asesina a todas mis soledades y desengaños.

 

ARTURO: (Bebe) Licor mío, llévame a morir entre siluetas que no puedan caminar derechas y que balbuceen idioteces.

 

GUITARRISTA 1: Hermanos: En  este  templo  donde  nacen  los  mitos  y los  héroes,  quiero  que  se  reconcilien  con  sus  antiguos fantasmas y pesadillas.

 

ARTURO: (Mira a la mujer) Mujer impía: Te pido que te estrelles en mi carne viva con la avidez suicida de un Kamikaze, para que te quedes hundida en mis osamentas pérdidas.

 

RUBELINDA: (Mira  al  hombre) Viejo cornudo: Quiero que  en este rincón infinito, en esta cantina donde mueren los valientes y también los otros, seas el antropófago de mi dolor. No olvides que el canibalismo es la forma más sublime del amor. Por eso ven, no esperes más. Muerde mi boca y mi lengua envenenada para acabar con mi sufrimiento.

 

(Ambos se besan con dolor).

 

GUITARRISTA 1: Ahora hermanos, vayan en paz, les absuelvo en nombre de Chivas Regal y el espíritu de Bacardi. Amén.  

 

(La luz se extingue).

 

 

ESCENA III: PIEL ARDIENTE.

 

 

(Se ilumina otra área. Heriberto se encuentra en ropa  interior. Carolina busca algunas ropas entre varias cajas).

 

HERIBERTO: ¿Es necesario que me quede así en pelota?

 

CAROLINA: Por supuesto, aquí hay tanta ropa que tienes que probarte todo. Recuerda que los mozos siempre deben lucir limpios y ordenados.

 

HERIBERTO: Bueno, si tú lo dices, así será.

 

(La muchacha le pasa un pantalón al joven)

 

CAROLINA: A  ver  pruébate  cómo  te  queda este pantalón.

 

(El se coloca el pantalón y ella le cierra la cremallera).

 

CAROLINA: Se te ve bien el “paquete”.

 

HERIBERTO: Te gusta aprovecharte de la ocasión.

 

CAROLINA: ¿Por qué lo dices?

 

(La joven busca entre las cajas otra prenda de vestir).

 

HERIBERTO: Es que no te da vergüenza mirar y tocarme.

 

CAROLINA: Y qué nuevo voy descubrir de lo que ya conozco.

 

HERIBERTO: ¿Y cómo sabes?

 

(El muchacho le roza con su mano el trasero a la joven).

 

CAROLINA: (Enojada)  ¡Mierda!  Cometiste  un  grave  error. ¡Toma!

 

(Le aprieta con la mano los genitales al joven).

 

HERIBERTO: (Grita) ¡Aaaaay! ¡Chucha me cagaste el cabeza de ajo!

 

(El muchacho cae sobre las cajas).

 

CAROLINA: El trabajo que te dimos no incluye toqueteo. Este no es un café con piernas. Sólo yo puedo tocar. (Como ve que no se levanta por el dolor se acerca preocupada). ¡Levántate! Además  de caliente  eres  más  gritón  que  corneta  de cumpleaños… (El  muchacho se  sigue  quejando  de  dolor) ¡Cresta, parece que la embarré! Disculpa… ¿Te apreté muy fuerte?

 

(Le ayuda a levantarse, pero él la toma de los brazos y la lanza sobre sí mismo. Se inicia una lucha lúdica. El la besa y la acaricia. Ella al principio lo rechaza y luego cede).

 

CAROLINA: (Irónica) ¡Qué exquisito tu aliento! Hueles a muerto de siete días.

 

HERIBERTO: Tal vez más. Parece que me estoy descomponiendo por dentro.

 

CAROLINA: Sin abrir la boca, bésame, con un beso enamorado, como nadie me ha besado. Pero no la abras, por favor…

 

(Se besan en los labios. Ella le pasa la lengua por todo el rostro. El se excita. De pronto ella lo muerde en el cuello y escapa. El la sigue. Carreras por el salón. Ríen y juegan. Aparece Rubelinda).

 

RUBELINDA: ¡Carolina! ¡Carolina!

 

CAROLINA: ¡Qué  pasa! 

 

(Heriberto  queda  estático.  En este pasaje el joven es invisible para Rubelinda).

 

RUBELINDA: ¿Dónde te metiste? Te estaba llamando desde hace rato.

 

CAROLINA: No  pasa  nada.  Usted  sabe  que  aquí  en  estas sombras es muy fácil perderse. Bueno, la verdad…Estaba buscando un vestuario para Heriberto.

 

RUBELINDA: (Irónica) Así  que  estabas  buscando  un  vestuario para Heriberto. Pero si él ya no existe. Sácalo de tu tonta cabeza. Deja en el nicho esos extraños juegos eróticos del pasado. Además,  estemos  donde estemos,  no  olvides  que  estás comprometida más allá de la muerte con el hombre que una vez nos salvó la vida. Incluso en estas circunstancias debes comportarte como una digna señora, casada por la santísima iglesia católica. Pero, no sé lo que tienes en la  “mollera”,  nunca  entiendes  mis  consejos. Tu viciosa promiscuidad te persigue por todos lados, eso seguro lo heredaste de los genes paternos.

 

CAROLINA: No me venga a comparar con el sinvergüenza de mi padre que me  dejó  botada  en  mis  primeras  menstruaciones y  mucho  antes  que  tuviera  mis  mejores experiencias sado masoquistas.

 

RUBELINDA: De tu padre no  voy  hablar  ni  una  sola  palabra. Bien chamuscado está en el infierno. Pero yo no me sacrifiqué para  criar  a  una  puta  de  mala  muerte.  Así  que  mucho cuidado con las palabras que escupas al aire, porque todo lo que digas puede ser usado en tu contra. Ahora ponte de inmediato cubos de hielo en tu sapo encantado y no te  muevas

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publicado por goliath a las 21:20 · Sin comentarios  ·  Recomendar
 
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